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LA REVISTA DE AVANCE (1927-193O). Vocero de Vanguardismo y P�rtico de Revoluci�n

  Descripci�n
  Fundamento: Trinchera de ideas

  Forma: La primera prosa
  Notas

La revista de avance es un importante episodio en la historia literaria de Cuba. Desde sus p�ginas el verso y la prosa reciben el impulso renovador de una �poca ansiosa de cambios profundos. No fue un �rgano estridente del m�s violento vanguardismo, porque sus editores hicieron una selecci�n cuidadosa y asimilaron solamente lo m�s productivo del arte nuevo. Ese equilibrio le permiti� ser el medio por el cual Cuba se comunicaba con lo mejor del revolucionario mundo art�stico que ya hab�a surgido en Europa y Am�rica.

Mientras realizaba su misi�n literaria, la revista recoge tambi�n los empe�os de un grupo generacional que nace en 1923 para intentar la renovaci�n integral de la vida cubana. Como en otros lugares donde lleg� la insurrecci�n art�stica, con ambiente propicio, encontramos en ella las primeras voces que anuncian una revoluci�n en el pa�s. La suma de su fundamento ideol�gico, de las actitudes que all� se adoptan y de su material literario, confiere a la revista de avance la categor�a de precioso instrumento de investigaci�n. Es que "las revistas, cuando llegan a encajar en determinado momento hist�rico del arte o de las ideas, vienen a ser un reflejo del per�odo cultural en que les toc� vivir y sirven para iluminarlo o aun para revivirlo�1.Y al �revivir� aquellos a�os vehementes, surgen ante nuestros ojos los or�genes de acontecimientos subsiguientes que merecen estudio. Ser�a aventurado afirmar que todo lo que nace all� (en el terreno de la cultura y la pol�tica), pasa hoy en Cuba, pero quiz�s no lo ser�a tanto concluir que todo lo que sucede en Cuba hoy tuvo all� su ra�z, en aquella d�cada entre 1923 y 1933, enmarcada por el nacimiento un grupo generacional y una revoluci�n pol�tica. El centro cronol�gico de ese per�odo hist�rico lo ocupa la revista de avance que se publica desde 1927 hasta 1930.  

Reconociendo la trascendencia de aquellos a�os, se ha dicho en Cuba: �Los estudiantes de las letras cubanas tienen que revisar esta etapa... porque es uno de los instantes m�s fecundos y m�s interesantes de nuestra vida intelectual�2  El �esfuerzo �ltimo� de las voluntades que entonces se conjugaron lo constituye la publicaci�n de la revista. Ella no recoge todos los matices de tan rico momento hist�rico �el m�s abundante y pr�digo desde el nacimiento de la Rep�blica� pero s� sintetiza su ideario esencial y el �nfasis renovador de la �poca. Lleg� a ser como una resultante de las fuerzas que quisieron conmover el acontecimiento art�stico para trascender en la vida nacional. Por ese doble aspecto suyo se ha podido afirmar con justicia que �fue una revista intelectual, si, una revista predominantemente literaria. Pero igualmente una revista con los ojos bien puestos en Cuba y en sus problemas y con el ansia de verlos resueltos�3

Un estudio de esta singular publicaci�n, por lo tanto, no puede limitarse a s�lo un aspecto de la misma. Al ser vocero de un n�cleo generacional con pretensiones tan amplias de renovaci�n espiritual y art�stica, estamos obligados a medirla en esas dos dimensiones que la proyectan con m�s acusado relieve. Su base ideol�gica podemos encontrarla al analizar la revalorizaci�n del pensamiento martiano que all� se intenta. Iniciado en aquella d�cada el �rescate de Mart�, se enriquecen sus p�ginas con la valiosa doctrina que luego sigue, pol�mica, proyect�ndose hasta nuestros d�as. La est�tica de la revista se nos revela al recorrer la ruta del vanguardismo: sus luchas contra el medio hostil, su alcance po�tico y la raz�n �ltima de su insurgencia.

Siguiendo una breve descripci�n de su contenido, el estudio de esos dos aspectos �fundamental y formal� nos puede dar la mejor visi�n de la revista de avance.

Descripci�n

Durante sus cuatro a�os de vida la revista de avance public� cincuenta n�meros. El primero aparece fechado el 15 de marzo de 1927 y el �ltimo el 15 de septiembre de 1930. El ansia de renovaci�n de sus editores sugiri� un titulo cambiante para la publicaci�n; es as� como la revista va apareciendo con el n�mero del a�o: 1927, 1928, 1929 y 1930, pero el subt�tulo revista de avance es el que ha prevalecido para identificarla4.  Adem�s de los ordinarios, se publicaron algunos n�meros especiales: el 25 est� dedicado a Ram�n G�mez de la Serna; el 28 a M�xico y sus escritores; el 31 a Jos� Mart�; el 42 es un homenaje a Waldo Frank con motivo de su visita a La Habana; el n�mero 47 rinde tributo p�stumo a la memoria de Jos� Carlos Mari�tegui. Los editores (que firmaron sus colaboraciones conjuntas como �Los Cinco� o simplemente �Los 5�) fueron en su inicio Jorge Ma�ach, Juan Marinello, Francisco Ichaso, Alejo Carpentier y Mart� Casanovas. Muy pronto entraron Jos� Z. Tallet y F�lix Lizaso a substituir a los �ltimos mencionados.

La m�s importante secci�n de la revista es la que denominaron �Directrices�. Va apareciendo en cada ejemplar para decir el criterio editorial sobre temas y acontecimientos culturales, art�sticos o pol�ticos de Cuba y otros pa�ses. El primer comentario que all� escriben, expone los prop�sitos de la publicaci�n: �Lo inmediato en nuestra conciencia, es un apetito de claridad, de novedad, de movimiento. ... Modestos como somos, llevamos, eso s�, nuestra peque�a antena, lista para cuantos mensajes de otras tierras y de otros mares podamos interceptar en nuestra ruta. Los descifraremos, y hasta puede que seamos alguna vez osados en contestarlos�5 A�os m�s tarde, las  �Directrices� del �ltimo n�mero presagian la tormenta donde cesar� la revista.6 Sus editores se preguntan: ��A d�nde vamos, a d�nde queremos ir con esta pol�tica cuya crueldad s�lo resulta levemente atenuada junto a su torpeza?" (V,50,258). Entre esos dos momentos extremos escribieron en aquella secci�n sobre el Centenario de G�ngora (I,4,69), y el de Goya (III,21,15); auspician la exposici�n �Arte Nuevo�, de pintura (I,3,41); protestan por el encarcelamiento de Mari�tegui (I,8,181); defienden la Reforma Universitaria (I,9,213); denuncian la �norteamericanizaci�n de la prensa en la Am�rica Latina� (IV, 35,159); estudian el fundamento pesimista del car�cter cubano y el �imperialismo econ�mico� de los Estados Unidos (IV,41, 351); respaldan las �juventudes vanguardistas� (V, 46,129); hacen un balance cr�tico de los veinticinco a�os de Rep�blica (I,5,97); etc. En las secciones �Letras hisp�nicas� y �Letras extranjeras� se recogen abundantes notas sobre temas correspondientes, escritos por los directores de la revista y por valiosos colaboradores.7 En �Almanaque� se publicaban rese�as sobre la vida cultural europea y americana junto a las que reflejaban el acontecimiento nacional. De esa manera muchos empe�os generosos recibieron el aplauso o la orientaci�n de la mejor cr�tica cubana.8

En un ��ndex Barbarorum� iba apareciendo la conciencia nacional del estilo. Desde aquella secci�n se enjuiciaba los errores y los abusos del lenguaje que comet�an escritores o conferencistas descuidados. La constante vigilancia, al mismo tiempo que provocaba vivas discusiones, creaba un gusto m�s exigente entre los lectores cubanos. Adem�s de las secciones fijas mencionadas, el cuerpo de la revista lo componen ensayos, composiciones po�ticas, fragmentos de novelas, narraciones, semblanzas, cr�ticas sobre literatura, pintura, m�sica, teatro, etc.

Con la revista de avance aparecen, muchas veces por vez primera en espa�ol, obras de escritores europeos y americanos: en traducci�n de Ma�ach �La sabidur�a de Avicena� de Jorge Santayana; del mismo autor, pero traducida por Pedro Henr�quez Ure�a, una selecci�n de �Aversi�n al Platonismo�. Tambi�n publican cinco ensayos de Bertrand Russell con el titulo �La filosof�a en el siglo XX�; cuentos de Blaise Cendrars, Paul Morand y Jules Supervielle; comentarios y cr�tica literaria de John Dos Passos, Ezra Pound, Henri Rambaud y Paul Val�ry; un drama de Eugene O�Neill; recuerdos de Pierre Louis; �El negro y el Jazz� de Jeanneret; �Psicolog�a y poes�a� de Karl Jung. Y p�ginas de Andr� Gide, Jean Giraudoux, M�ximo Gorki, Sherwood Anderson y M�ximo Bontempeli.

Valiosos escritores espa�oles e hispanoamericanos colaboraron en la revista. Entre ellos mencionaremos a: Jos� Ortega y Gasset, Miguel de Unamuno, Alfonso Reyes, Am�rico Castro, Mariano Azuela, Celestino Gorostiza, Francisco Ayala, Jos� Carlos Mari�tegui, Guillermo D�az Plaja, Horacio Quiroga, Benjam�n Jarn�s, Eugenio D�Ors, Carlos Alberto Erro, Luis Araquistain, Fernando de los R�os, Luis Alberto S�nchez, Franz Tamayo y Miguel A. Arconada. Entre los poetas, a: Federico Garc�a Lorca, C�sar Vallejo, Juana de Ibarbourou, Salvador Novo, Jorge Cuesta, Xavier Villaurrutia, Jos� A. Balseiro, Carlos Pellicer, Alfonso Cam�n, Bernardo Ortiz de Montellano, Luis Cardoza y Arag�n, Manuel Maples Arce y Jaime Torres Bodet.

Muchas de las mejores p�ginas de Ma�ach, Marinello, Ichaso y Lizaso se escriben para la revista de avance. De ellos, y s�lo como ejemplo, citaremos los siguientes ensayos: del primero, �Vanguardismo� (I,1,2), �Hay algo nuevo bajo el sol� (III,20,43), �Indagaci�n del choteo� (III,27,276), �El pensador en Mart� (IV,31,40), �V�rtice del gusto nuevo� (IV, 34,130). De Marinello: �El Insoluble Problema del Intelectual� (I,7,168), �El momento� (I,10,247), �Arte y pol�tica� (III,18, 5), �El poeta Jos� Mart� (IV,31,44), �Sobre la inquietud cubana� (IV,41,354). De Ichaso: �Cr�tica y contracr�tica� (I,1,13), �G�ngora y la nueva poes�a� (I,6,127), �La crisis del respeto� (I,11,275), �Higiene del lenguaje� (II,17,117), "Ibsen y el mu�equismo� (III,21,77). De Lizaso: �Fernando de los R�os, evocador� (III,19,37), �La lecci�n de G�iraldes� (III,22,118), �Mart�, o la vida del esp�ritu� (IV,31,38), �Programa de criolledad� (IV,41,358), �Bajo el signo de Mart� (V, 46,144). Otros escritores cubanos que enriquecen la revista con sus colaboraciones son: Enrique Jos� Varona, Medardo Vitier, Jos� Mar�a Chac�n y Calvo, Alfonso Hern�ndez-Cat�, Ramiro Guerra, Jos� A. Ramos, Luis A. Baralt, Roberto Agramonte, Lino Nov�s Calvo, Fernando Ortiz, Regino Boti, Carlos Loveira, Luis Rodr�guez Embil, Ra�l Maestri, H�ctor Poveda, Ra�l Roa y Carlos Montenegro. Y entre los poetas: Agust�n Acosta, Eugenio Florit, Mariano Brull, Jos� Z. Tallet, Emilio Ballagas, Alejo Carpentier, Ram�n Guirao, Regino Pedroso, Manuel Navarro Luna y Andr�s N��ez Olano.

Adem�s de aquellas situaciones vinculadas al aspecto ideol�gico y est�tico de la revista �a los que nos hemos de referir con detalle luego� creemos conveniente destacar como momentos mayores de su trayectoria:

  1. Las discusiones sobre la �esencial incomprensi�n entre Espa�a y Am�rica�, donde exponen sus puntos de vista Manuel Aznar, Ramiro de Maeztu, Franz Tamayo y Jorge Ma�ach (I,3,46).

  2. La pol�mica entre Leopoldo Lugones y Luis Araquistain en la que �ste �ltimo defiende la �dictadura inteligente� de Rusia frente a la �histri�nica� de Italia y la �inepta� de Espa�a (I,2,22).

  3. El respaldo a las declaraciones del grupo �minorista� �al que pertenec�an los editores de la revista� en las que se pronunciaban a favor de: �la revisi�n de los valores falsos y gastados�; �la independencia econ�mica de Cuba�; �el arte vern�culo y, en general, por el arte nuevo�; �la cordialidad y la uni�n latino-americana�; y contra: �los desafueros de la pseudo-democracia�; y �el imperialismo yanki� (I,5,97) -

  4. La reacci�n de la intelectualidad hispanoamericana para protestar, ante el gobierno de Cuba, por el encarcelamiento de dos editores de la revista. Se les acusaba de estar relacionados �con una presunta conspiraci�n comunista� (I,10,245).

  5. La respuesta a la �actitud paternal, indulgente y protectora� que asumieron algunos escritores espa�oles con ocasi�n del �Meridiano Intelectual� (I,11,273).

  6. La discrepancia con la revista Amauta de Mari�tegui por haberse publicado en la revista de avance una Oda �decadente� de Gim�nez Caballero (III,19,46). Los editores cubanos defendieron la libertad de su posici�n vanguardista para justificar al poeta espa�ol (III,24,171). Y la defensa contra las imputaciones del pintor Diego Rivera, que acus� a la revista Comtempor�neos de M�xico y a la revista de avance de �aristocraticismo y alejamiento excesivo de las corrientes vitales� (III,28,332).

  7. La indagaci�n sobre lo que debe ser el arte americano (III,26,235), y las respuestas �entre otras de inter�s� de: Enrique Jos� Varona (III,27,285), Alfonso Hern�ndez-Cat� (IV, 30,24), Rufino Blanco Fombona (III,29,361), Jos� A. Ramos (IV,34,150), V�ctor Andr�s Bela�nde (IV,36,213), Eduardo Avil�s Ram�rez (IV,31,55), Ra�l Roa (IV, 37,242) y Jaime Torres Bodet (III,28,313). El balance de esa encuesta lo realiz� Ichaso para buscar una �veta com�n americana�. Dice encontrarla en la norma que se�al� Mart�: �Inj�rtese en nuestras rep�blicas el mundo, pero el tronco ha de ser de nuestras rep�blicas� (IV, 38,258).

  8. Las ediciones de la revista de avance que publicaron, entre otras, Tiempo muerto de Ma�ach, Juventud y vejez de Marinello, La poes�a moderna en Cuba de Lizaso y Fern�ndez de Castro, G�ngora y la nueva poes�a de Ichaso. Y tambi�n obras de Chac�n y Calvo, Ra�l Maestri,. Florit, Boti, Luis Cardoza y Arag�n, Sergio Carb�, etc.

Desde que en 1927 se celebr� la exposici�n de �Arte Nuevo�, organizada por los editores de la revista de avance �siempre preocupados por las artes visuales� en Cuba se considera oficialmente iniciado el vanguardismo. Aquel evento quiso ser �un esfuerzo consciente y desinteresado de renovaci�n y de hero�smo� (I, 5, 99) Nunca se detuvo el inter�s de la revista por la pintura. Junto a reproducciones de obras de Jean Cocteau, Salvador Dal�, Maillol, Garc�a Maroto, Matisse, Jos� Cemente Orozco, Pablo Picasso y Diego Rivera, aparecen las de los cubanos Abela, Angelo, Gattorno, Domingo Ravenet, Rafael Blanco, Carlos Enr�quez, V�ctor Manuel, Massaguer, Marcelo Pogolotti y Jaime Valls.

La revista de avance no olvid� mantener informados a sus lectores de las actividades musicales. Bela Bartok (IV, 34,130), Schoenberg (III,21,85) y el �sonido 13� de Juli�n Carrillo (I,4,77), van apareciendo junto a estudios sobre la m�sica cubana y sus compositores: Amadeo Rold�n (III,26,244), Alejandro Garc�a Caturla (III,29,364) y el maestro Pedro Sanju�n (I,8.185). La F�sica, las Ciencias Sociales, la Econom�a Pol�tica, la Historia, la Arquitectura, la Cinematograf�a y los Deportes tambi�n se asoman all� con art�culos sustanciales, para completar, en vivo reflejo, el inter�s omn�modo de la �poca innovadora.

Fundamento: Trincheras de ideas

Para entender una generaci�n, concebida como una �comunidad de esp�ritu, de sensibilidad, de actitudes, de preocupaciones y de rasgos est�ticos generales�9, deben analizarse las respuestas que ella ensaya para comprometer la historia, para torcer el acontecimiento que se encuentra al nacer, conformando el futuro seg�n su particular visi�n de la vida. En �ltimo t�rmino, una generaci�n activa tiende a darle su contenido al suceso �no se conforma con que las cosas le pasen a ella, quiere ella pasarle a las cosas. Para lograrlo, de una serie de posibles soluciones escoge las que le parecen m�s efectivas para sus fines.

Los cubanos que empiezan a actuar como nueva generaci�n desde 1923 buscan en su pasado una doctrina coincidente con sus �ntimas ambiciones, que les sirva tambi�n de orientaci�n a sus empe�os. S�lo entonces Cuba descubre a Mart�. La ideolog�a martiana respond�a a las metas que se se�alaba la �poca. Quiz�s aquel pensamiento extens�simo ten�a mayor alcance y distinta amplitud que las posibilidades del momento en que se inicia su culto, pero su palabra se convirti� en impulso para lograr los objetivos generacionales. Mart� llega a ser as� el �h�roe adorado� de toda una generaci�n.10 M�s adelante hemos de ver que las distintas actitudes �siempre con la misma �filigrana�� encuentran en Mart� la base principal de su pensar y de su quehacer.�11 Desde 1923 todos aquellos agonistas tomaron la decisi�n de rebelarse contra lo anterior. Sienten la caducidad del mundo art�stico, social y pol�tico, y proponen las soluciones que les parecen mejores para vencer el pasado. Deciden entonces entronizar lo nuevo con todo el aparato que ello requiere. Y �no fue Mart� el gran innovador? Con una interpretaci�n particular�sima y fraccionada en tonos diversos �muchos de ellos antag�nicos� el coro generacional, del que forma parte la revista de avance, ensay� sobre todos el himno martiano. El ritual de aquella religi�n nueva descubre una �poca.

En cuanto observamos ese culto concentrarse entre 1927 y 1930, se hace evidente que buscan las ra�ces de la nacionalidad y la identidad de lo cubano para fundamentar su especial concepci�n del futuro. Esa era la orientaci�n perdurable que ofrec�a a los j�venes escritores Fernando de los R�os desde sus �Reflexiones en torno al sentido de la vida en Mart�. En esa memorable conferencia les dijo: �los grandes hombres son la clave con que descifrar el enigma hist�rico de los pueblos, ya que ellos son exponentes m�ximos de sus virtudes larvadas, latentes o potenciales; en ellos podemos medir la altura del nivel espiritual alcanzado por las m�s exquisitas fuerzas de un pueblo�.12 Cuba no hab�a nunca intentado seriamente ese camino. Con muy valiosas excepciones, la primera �poca republicana no logr� una decidida inspiraci�n en Mart�. Ni siquiera como escritor se le supo valorar. Pero desde 1926 ya se�alaban F�lix Lizaso y Jos� Antonio Fern�ndez de Castro, en su conocida antolog�a po�tica, la influencia martiana llegando a los poetas que all� se llamaron �los nuevos�: �El culto de Mart�, que ya en esta hora no es un vano alarde de falsos disc�pulos, sino un complejo y amoroso conocimiento de su obra, parece dotar a los poetas de este grupo de una cualidad general y dominante: la sinceridad�.13 Un cuarto de siglo despu�s, el mismo Lizaso evoca el desarrollo en Cuba de aquel culto. Destaca entonces el significativo inter�s que logra la figura de Mart� cuando se manifiesta el cambio generacional, es decir, �cuando se produce en Cuba ese cambio radical que tuvo por origen algunos hechos insignificantes al parecer, pero que trajeron una postura nueva ante la vida nacional, dando origen a una actitud cr�tica, como fueron la �protesta de los trece�, el �grupo minorista� y el �movimiento vanguardista�. Mart� toma significaci�n excepcional cuando la juventud se moviliza en sentido cr�tico y combativo frente a la vida nacional�14.  Esa concurrencia de la �nueva actitud� y la nueva doctrina se produjo en las p�ginas de la revista de avance. Quiz�s la indolencia fatalista y el pesimismo de los primeros cubanos independientes nazcan del desconocimiento, y algunas veces del mal conocimiento de Mart�. Hab�a caracterizado los primeros a�os de Rep�blica la interpretaci�n de externidad mayor, precipitada y falsa de una figura hist�rica que no pod�a revelarse en aquel medio. Pero los que siguieron despu�s y se sintieron �pinos nuevos�, no quer�an heredar aquel error. Cada generaci�n tiene el derecho de inventar sus propias equivocaciones.

Con otros empe�os del cambio de actitud en Cuba, la incorporaci�n de Mart� al ritmo de la vida afectiva es reclamada por los intelectuales. �A los h�roes de espada y caballo, el pueblo los glorifica sin tr�mites [dijo Jorge Ma�ach) a los otros, hay que ense�arles a glorificarlos"15 Y desde las p�ginas de la revista de avance sus editores explicaron la misi�n que sent�an imperativa de su quehacer: el �rescate de Mart�: conferirle la �estatura cabal� que merec�a �su h�roe adorado�. Escriben entonces desde �Directrices�:

Mart� sigue siendo entre nosotros un ilustre desconocido. A nuestra generaci�n parece tocarle el duro privilegio de comenzar    a comprenderle en su grandeza hist�rica y humana. No es que neguemos la labor merit�sima de recopiladores y comentaristas de su obra ni que desconozcamos el serio valor de alg�n que otro ensayo   sobre su acci�n pol�tica y su producci�n vast�sima. Negamos, si, que   hasta ahora se haya hecho la labor que d� a propios y extra�os la estatura cabal de nuestro h�roe, el cuidadoso comprensivo an�lisis de su vida y de su �papeler�a�, la s�ntesis de magno alcance que nos pondere la significaci�n plena de aquella existencia iluminada. (IV,31,36).

Para lograr ese objetivo, se imponen una tarea que va formando la estructura ideal de la revista. Abogan por la edici�n definitiva de las obras completas de Mart� (III,24,171), luchan para atraer los ni�os cubanos al estudio del Maestro (IV, 35,159). Se defiende al h�roe (IV,37,223) y se aplaude su culto (V,43,35). Lizaso se�ala la �exuberancia ideol�gica� en la selva martiana (IV,31,138), mientras recomienda �hacer ejercicios espirituales con sus virtudes� (V,46,144). Ma�ach sigue las ricas vertientes de su doctrina (IV,31,40).  Ichaso alaba las �calicatas� que les revelar�n toda su oculta riqueza (V,44,90). Marinello descubre el mensaje de Mart� para la nueva rebeld�a estudiantil (I,3,45) y la inspiraci�n de su palabra po�tica  (IV,31,44).  Medardo Vitier estudia las influencias que convergen en su obra (IV,38,268). Hern�ndez-Cat� entrega a la revista el primer cap�tulo de su Mitolog�a de Mart� (II,14, 40); Roa persigue la novedad art�stica de los Versos sencillos (I,10,254); y se publican pensamientos in�ditos del Ap�stol (IV,31,37).

No muri� con la revista de avance aquella devoci�n: en sus p�ginas quedaban hechos los votos de Ma�ach y Marinello16.  Pero la disensi�n de sus interpretaciones sobre el pensamiento de Mart�, marca la importante divisi�n que surge en el pensamiento cubano. �Puede decirse que as� como entre ellos se bifurc� el camino que conduc�a la meta deseada   �la superaci�n de nuestra vida nacional, en �ltimo t�rmino� de igual modo se separ� el camino que seguir�a nuestra juventud�.17 La revista de avance qued� en el umbral de aquellos derroteros. Marinello acept� el credo comunista que hizo su entrada en Cuba el mismo a�o que nace la generaci�n de 1923.  Desde entonces, con muchos de sus seguidores, "no ha desistido la b�squeda de apoyo a su dogma en el universo martiano. �Mella arranca de Mart� y en su previsi�n pone la planta incansable�,18 dijo del fundador del partido; y en el pr�logo de las Obras completas de Mart�, que en nueva edici�n se iniciaron en 1963 en Cuba, llega a afirmar: �La patria martiana, construida por la revoluci�n encabezada por Fidel Castro, es la que lleva a todos los cubanos la obra del libertador�19. Pero Jorge Ma�ach, despu�s de toda una vida adentrada en el pensamiento del Ap�stol, apart�ndolo de interpretaciones que le parecen sacr�legas, muere en el destierro �al igual que Francisco Ichaso� como un s�mbolo del otro camino martiense.

Desde los d�as de la revista, F�lix Lizaso dedic� su vida al estudio del M�stico del deber20. Tambi�n alejado de Cuba escribe sobre su tema precioso21. Sin duda ser� el �ltimo de aquel grupo de �Los Cinco� que defender� a Mart� de la dial�ctica marxista; ha escrito en su m�s reciente ensayo:

�Y si viera Mart� su patria convertida en el mayor feudo del materialismo, en lo m�s ajeno al espiritualismo que jam�s se haya dado en nuestra Am�rica, c�mo iba a sufrir su esp�ritu delicado y tierno que una vez habl� de que nuestros campesinos lo que necesitaban era una campa�a de ternura! �Y c�mo podr�a soportar ver su tierra, aquella tierra por la que luch� toda su vida para ver en ella la libertad y todos los bienes que ella apareja, aquella tierra que bes� al desembarcar con M�ximo G�mez y la �mano de valientes�, ultrajada por gente extra�a a su fe, a su amor, a su espiritualidad22 .

La ruta ideol�gica de Mart�, cuyas inmensas posibilidades se demuestran con las interpretaciones divergentes, fue seguida por la revista de avance. En la medida que la �poca y las capacidades biogr�ficas de sus editores lo permitieron, all� les lleg� la prevenci�n antiimperialista de quien le hab�a conocido �las entra�as al monstruo�, para denunciar continuamente el �paulatino desangramiento de las patrias del Caribe, bajo las ventosas del tent�culo yanki� (III,23,159), y para censurar la peligrosa aquiescencia de algunos gobierno de Am�rica con �el vecino formidable�. Tambi�n quisieron para su pa�s una rep�blica �independiente de extra�os y propios�, y combaten el caudillismo que se apoderaba de Cuba, pronunci�ndose �contra las dictaduras pol�ticas unipersonales� (I,5,97). El amor a la libertad de quien afirmara que un pueblo se hac�a �con los derechos y opiniones de sus hijos todos�, les oblig� a proclamar que �no puede tenerse por punible el hecho de profesar determinadas tendencias pol�ticas o sociales� (I,9,23). Mart� dijo: �� A caballo, la Am�rica entera!� para que la palabra honrada de Enrique Jos� Varona contestara en eco desde la revista: ��En pie, pueblos del Caribe!� (V, 47,161). Y como �no hay odio de razas, porque no hay razas�, se protestaba de las injusticias contra los negros (V,45,97); y porque �l recomend� que �la universidad europea ha de ceder a la universidad americana�, all� se dijo que �ning�n creador de Am�rica nos debiera ser m�s extra�o que cualquier median�a europea� (IV, 40,319); y como hay que �conocer el pa�s, y gobernarlo conforme al conocimiento�, en consecuencia advirtieron: �Fij�monos primero en lo nuestro� (V,47,160). El pretender la hermandad espiritual con las rep�blicas americanas, el culto a la nacionalidad, el mejoramiento social y cultural de Cuba, y la fe en un destino superior por la evoluci�n pol�tica del pueblo, tambi�n les llegaba con el idealismo de la generosa doctrina.

Pero en aquella revista literaria, con su vasta actividad intelectual, mientras se forja vacilante el ideario de una mejor ciudadan�a, parece, sobre toda otra palabra, inscrito el apotegma martiano: �Trincheras de ideas valen m�s que trincheras de piedras�23.

Forma: La primera prosa

Aunque la revista de avance no tuvo al vanguardismo como censor excluyente de otras manifestaciones art�sticas, es indudable que aquella tendencia de renovaci�n fue su m�s usada y rica vestidura, y los logros que con �l nacieron forman la mejor aportaci�n en el terreno literario. Con toda la fuerza de su ambig�edad, el vanguardismo concentra el ansia de insurgencia en el elemento formal de la revista24. Era m�s f�cil romper las reglas del arte acad�mico que el ritmo social y pol�tico: el universo equilibrado del conformismo en las letras era vulnerable al disparate vanguardista como no lo pod�an ser, a otras armas ruidosas e indiscretas, la tradici�n y la costumbre.

Al iniciarse la publicaci�n de la revista de avance se hacia necesario definir sus lineamientos. Ma�ach aprovecha los tres primeros n�meros para dejar sentadas las bases de la nueva doctrina con sus ensayos �Vanguardismo�, �La fisonom�a de las �pocas� y �El imperativo temporal�. Integradas y m�s o menos perfiladas las fuerzas europeas de innovaci�n art�stica, le sirven para postular sus principios: �Aquel gesto desabrido hacia lo aquiescente, lo est�tico, lo prestigioso del tiempo, aquella furia de novedad que encarnaron Marinetti, Picasso, Max Jacob, han formado escuela� (I,1,2). Resume entonces la f�rmula del arte nuevo con la b�squeda de una �mayor cantidad de actualidad real en la menor cantidad de lenguaje�, y prescinde �como siempre hicieron los movimientos de vanguardia� de la irracionalidad contenida en los elementos de aquella ecuaci�n. El alejarse de la l�gica es precisamente lo que puede comunicar el sentido de los nuevos tiempos; sin los elementos deformadores que maneja el artista, ser�a imposible trasmitir el mensaje que nace con una distinta sensibilidad: �Una pierna monstruosa de Picasso o de Epstein logra su finalidad actualizante y emocional tan bien o mejor que una pierna fidel�sima de academia. Aqu�lla, aparte superior elocuencia pl�stica, nos dice m�s claramente, aunque con m�s arbitraria referencia a lo externo, el sentido de la �poca desmesurada que vivimos� (I,3,44). Adem�s de explicar y justificar las m�s comunes manifestaciones de los movimientos vanguardistas de la posguerra (af�n destructivo, negaci�n del pasado, embriaguez nihilista, afirmaci�n del presente e inter�s por todo lo nuevo, la deshumanizaci�n, desrealizaci�n e intrascendencia del arte) con los que aparece emparentada la revista de avance (futurismo, ultra�smo, dada�smo, etc.), all� se hace, por adelantado, un balance de los beneficios que debe lograr la revoluci�n art�stica: �No s�lo ha de devolvernos la vieja vida; sino tambi�n prepararnos para la nueva: hacernos llevadera, es decir, inteligible, la vida de nuestro tiempo� (I,3,43).

Pronto desde aquella revista se descubre otra inspiraci�n que la ya se�alada lleg�ndole de su �h�roe adorado�. Los versos de Mart� contienen elementos preciosos para la nueva poes�a y se establece un segundo v�nculo con el Maestro. �Antes que los ultra�stas, ya �l hab�a proclamado �en alguno de sus pr�logos relampagueantes� la sencillez de la forma�, dice Roa desde su �Mart�, poeta nuevo� y a�ade esta observaci�n de gran inter�s para los vanguardistas: �Hab�a cantado en p�ginas de acero la belleza trepidante de los puentes�. Al coincidir el culto por el m�rtir de la independencia con la fiebre de renovaci�n art�stica, es f�cil explicar que se le quisiera tambi�n como precursor estil�stico de la �poca25. Por eso se llega a afirmar all�: �En alto grado posey� Mart� �innatamente� el sentido de la poes�a vanguardista...  Esencialmente nuevos son los Versos sencillos. Cualquier poeta de vanguardia puede firmarlos como propios sin traicionar sus ideales est�ticos, por muy avanzados que �stos sean (I,10,254).

La m�s curiosa interpretaci�n del vanguardismo cubano desde el extranjero, la ofreci� Miguel de Unamuno. En carta que envi� a los editores de la revista dec�a: �En mi bien poblada soledad del destierro fronterizo me entretengo y solazo con su 1928... Hoy, leyendo el �ltimo n�mero, me ha salido lo que sobre el vanguardismo les doy a la vuelta y que entrar� en mi pr�ximo libro, un cancionero de doble frontera�.

Y sus versos eran una colecci�n de riqu�simos s�mbolos que encerraban el secreto del nuevo arte:

Y bien, esas aguas rotas
cahorzos en medio del desierto
buscan... �qu� buscan?
No buscan, esperan
la gran avenida que las unza
y nazca del poniente el r�o;
r�o que arrastre en l�gamo los �rboles
con su hojarasca seca,
ruinas de chozas y hasta de palacios,
cunas y tumbas, tronos y tajos,
estrados, esca�os y ruedos,
cetros, b�culos, metros y cayadas,
ruecas y espadas y bastos
y oros y copas,
pitos y flautas,
camas y mesas,
tinas y artesas,
hasta que al fin se encauce en las riberas
por donde ayer no m�s se iba a la mar el r�o eterno (III,27,269).

Cuando ya se encauzaba �en las riberas� el movimiento vanguardista, es decir, cuando aquel fraccionamiento ingenuo de la realidad tom� parte activa en la vida y en el pensamiento de Cuba (�por donde ayer no m�s se iba a la mar el r�o eterno�), Marinello se�alaba la misi�n que estaba cumpliendo la rebeld�a del arte. Consist�a en penetrar las esferas culturales y propagar el esp�ritu de insurgencia, advirtiendo c�mo �las fuerzas retardatarias� que dominaban el panorama intelectual cubano, desconfiaban de los violentos gestos vanguardistas y del radicalismo de sus teor�as. "Suponen no con mucho error [dec�a de los gobernantes de la �poca], que las nuevas formas y los impensados contenidos son resonancia de insatisfacciones vitales y aspectos marginales �y anticipados� de un nuevo estado�. Luego explicaba el por qu� ni las instituciones oficiales (�en su pl�cido usufructo del pasado�), ni el gran p�blico (�analfabetos que saben leer�) pod�an asimilar la est�tica del tiempo. Pero la sugesti�n de la nueva teor�a ganaba terreno en su proselitismo apost�lico. �Ser�a injusto no reconocer [conclu�a diciendo el ensayista] c�mo el contrabando burla las barreras de la incomprensi�n y del personal inter�s, c�mo las nuevas inquietudes van ganando �en lo pl�stico y en lo literario� soldados y batallas. Nuestra realidad pol�tica da cabida a la desesperaci�n. Nuestra realidad intelectual, art�stica, da lugar a la esperanza� (V,43,52).  Es que la movilidad inquietante del vanguardismo conquistaba horizontes de progreso que no se vislumbraban para los otros problemas de Cuba. Hab�a nacido ya en la poes�a �social� la denuncia contra la antigua escala de valores y la idealizaci�n del trabajo, para ver surgir con la poes�a �negra� lo aut�ctono y la tragedia del hombre de color. Junto a ella, la poes�a �pura� lograba con su desd�n por lo inmediato otra forma de particular rebeld�a. En esas dimensiones se resuelve la historia po�tica del vanguardismo cubano durante los a�os de la revista de avance26.

La primera en aparecer es la tendencia negra. Se manifiesta discretamente en unos versos de Alfonso Cam�n con �inconfundible sabor criollo�:

�Damasajova, Damasajova!
Pelo brillante de ala de chova.
Diana de bronce. Verso africano.
Noche y luceros. Carey cubano...(I,2,27)

Luego se desarrollar� hasta �Liturgia�, de Alejo Carpentier, que se publica en el �ltimo n�mero de la revista:

La Potencia rompi�
�yamba�!
Retumban las tumbas
En casa de Acu�

La tonalidad del vanguardismo aparece con los �ltimos destellos de �los nuevos� en la poes�a de Juan Marinello:

Como que esta ma�ana
�oro gozoso sobre las viejas azoteas�
es m�s alegre en nuestros pechos j�venes
(parece que tu mano hace un rato ha nacido)
echemos alegr�a en la ma�ana. (I,2,28)

Y en �Ferroviaria� de Jos� Z. Tallet:

Marchamos por la vida como las paralelas
del tren. Y los dos somos de hierro tal cual ellas.
Como la suya es nuestra superficie pulida
y brillante. (Las ruedas repasan por encima) (I,3,55).

Al lado de la explosi�n vanguardista no pod�a faltar el canto obligado a la revoluci�n sovi�tica. La gesta del pueblo ruso provoca el elogio idealizado de la poes�a nueva: la violencia, la rebeli�n contra el pasado, la anarqu�a, la novedad y la libertad aparente, encuentran parentesco espiritual con sus doctrinas art�sticas:

Sobre el Volga
se ha helado el lamento
Sueltan los bateleros
Una jaur�a de carcajadas rojas
las maromas son corbatas de la muerte.

La Historia arroja dioses
como c�scaras secas
vuela polvo de s�mbolos rotos
entre negras pavesas de Zares (I,3,54).

La presencia de la poes�a pura se manifiesta en la obra de Mariano Brull. El silencio evasivo de la realidad cotidiana funciona como desprecio y como denuncia:

La catedral engarzada en el ojo
�cubista�
del vitral azul y rojo
gira, �anillo de Saturno�
al sol que muere en un gui�o.
El fondo: campo de armi�o (I,5,111).

Y pronto aparece la desarticulaci�n del vocablo y las maromas tipogr�ficas del m�s ardiente momento vanguardista en �Azotea� de Navarro Luna:

                                                                          a
                                                                         r
                                                                      ale
                                                                      c
                                                                    es

                                                                   a
                                                                  l
                                                                   
                                                                o
                                                               b
                                                              u
un sudor de bullicio                                s
me corre por el cuerpo
                                                         y
para tomarme un vaso de silencio
en la azotea Pero el vaso se me
                                             c
                                             a
                                             e
                                             de las manos
............................................
rasc�ndole el vientre a la noche
con sus u�as
y a los gatos
res-ca-bu-che-�n-do-le los senos a la luna (I,7,166)

Con su poema �Proletario�, Lino Nov�s Calvo inaugura en Cuba la poes�a de denuncia contra la explotaci�n del trabajador. Aquella protesta constituye uno de los mejores ejemplos de esa derivaci�n po�tica del vanguardismo:

Hombre:
me interesa tu vida,
toda tu absurda y macerada vida,
que arrastras, sin sentirlo,
por esos bajos fondos.
Tostado por el sol
y el dolor de la fragua,
se ha cumplido el deseo se�orial
del anquilosamiento de tu esp�ritu (III,23,146).

No s�lo se iniciaron importantes modalidades de la poes�a cubana en la revista de avance. Tambi�n escritores y poetas comienzan all� sus carreras literarias. Entre ellos mencionaremos a Eugenio Florit,27 que en una docena de composiciones dej� lo mejor de la poes�a nueva:

Los vientos oce�nicos
ahogaron
un grito de estupor
P�jaros extra�os
rasg�banlos con sus plumas met�licas.
Ensordec�an los
con sus ruidos
�Aquellos p�jaros no piaban; mord�an
los vientos con rugir inusitado�.
Y los vientos misone�stas
batieron alas de revoluci�n.
y acribillaron con sus dardos
a los p�jaros de metal (III,19,49).

Hemos se�alado la entrada y proyecci�n del movimiento vanguardista dentro de su vocero cubano. All� se ejercit� el pensamiento que adquiere con �l nueva dimensi�n y atrevida elasticidad. All� aprendi� a burlar la tiran�a de la regla art�stica el lector y el poeta. Con el vanguardismo se estren� la insolencia necesaria para realizar una revoluci�n, pues era evidente que el pasado se mostraba vulnerable. A la sombra del arte nuevo se mov�an interpretaciones diversas sobre el alcance de la renovaci�n, pero todos un�an sus ataques contra lo �viejo� con un mismo esp�ritu de rebeld�a. Mart� Casanovas, que perteneci� alg�n tiempo al grupo de editores de la revista, dej� en sus p�ginas opiniones cuya violencia es frecuente en todos los �ismos� de la �poca: �El arte nuevo, por ley natural, obligada, es un arte revolucionario, destructivo, que acaba a fuerza de golpes y arremetidas briosas con todo lo viejo, con los prejuicios tradicionales, con la r�mora farragosa del ochocientos; no es, empero, ni puede serlo a�n, un arte constructivo, afirmativo, eficaz� (I,7,157). Que el vanguardismo aspir� en Cuba a una renovaci�n b�sica del medio y del sistema de vida que lo vio nacer, hay abundante testimonio de sus propulsores. Del alcance que se propuso escribi� Francisco Ichaso en un art�culo titulado �Sobre un r�tulo vacilante�: �El movimiento moderno, dentro de su apariencia deportiva, dentro de su deseada ingenuidad, dentro de su sencillez juguetona, implica una trascendente transformaci�n del esp�ritu, que en modo alguno puede traducirse con la c�scara caediza de un formalismo m�s o menos curioso� (II,13,6).

A la terminaci�n del proceso revolucionario, que se hab�a iniciado en 1930 cuando mor�a la revista de avance, Jorge Ma�ach medita sobre el papel que jug� la rebeli�n en el arte. Descubre la misi�n de aquella insurgencia escondida bajo el manto est�tico como preludio de la revoluci�n:

El estilo de escribir, de pintar, de pensar, se iba haciendo cada vez m�s �gil y flexible, m�s apto para ce�irse a las formas esquivas de la idea o de la emoci�n. M�s capaz de brincar grandes trechos de l�gica sin perder la gravedad. M�s dispuesto para transfigurar imaginativamente las cosas. Esto ya en s� estimulaba el ansia de una realidad nueva .. El vanguardismo fue, en la vertiente cultural, el primer s�ntoma de la revoluci�n. No digo, claro est� que fuesen los vanguardistas quienes hicieron lo que hasta ahora se ha hecho; digo que ellos contribuyeron mucho a sembrar el ambiente de audacias, de faltas necesarias de respeto, de inquina contra los viejos formalismos est�riles30

Se mostraba as�, desde dentro, el significado de la insurgencia vanguardista. Detr�s de cada una de sus respuestas violentas se escond�a un objetivo intocado en lo circundante. Aquella beligerancia inacabable era una sublimaci�n art�stica de la insatisfacci�n ciudadana. As� considerado, el elemento formal de la revista merece especial atenci�n. Las exc�ntricidades vanguardistas que all� se manifestaron, dejan de ser meros caprichos que deben descansar en el fondo de las antolog�as; son como jerogl�ficos modernos, que esconden la esencia misma de una �poca. Desde su Historia y Estilo Ma�ach explic� las asociaciones posibles entre los verdaderos fines del ataque y el s�mbolo que los encubr�a. Y fue revelando el alma misma de la est�tica nueva para concretar su vaguedad y despejar su misterio:

Aquella rebeli�n contra la ret�rica, contra la oratoria, contra la vulgaridad, contra la cursiler�a, contra las may�sculas y a veces contra la sintaxis, era el primer adem�n de una sensibilidad nueva que ya se movilizaba para todas las insurgencias. Lo que neg�bamos en el arte, en la poes�a y en el pensamiento era lo que hab�a servido para expresar un mundo vac�o ya de sustancias, vac�o de dignidad y de nobleza. Nos emperr�bamos contra las may�sculas por que no nos era posible suprimir a los caudillos, que eran las may�sculas de la pol�tica. ...Deform�bamos las im�genes en los dibujos, porque lo contrario de esa deformaci�n era el arte acad�mico, y las academias eran baluartes de lo oficial, del favoritismo y la rutina y la mediocridad de lo oficial. Alent�bamos lo afro-criollo, porque ve�amos en ello una insurgencia sorda, un intento por romper la costra de nuestra sociedad petrificada29.

Interpretado de esa manera, aludiendo a un mundo que se intenta destruir y del que no se habla directamente, golpeando la realidad con sus im�genes vertiginosas, el vanguardismo de la revista de avance se nos aparece, �l mismo, como una gigantesca met�fora que muere en la desnudez de una revoluci�n triunfante, cuando el impulso �ntimo de su rebeld�a trasciende del secreto �como el tropo po�tico cuando rompe todo su misterio. Detr�s de �l y de la revista quedaban vencidos �el conformismo en la pol�tica, el modernismo en la poes�a, el naturalismo en la novela, el discursismo en la prosa y el lugar com�n y la improvisaci�n en todas partes�30.

Toda la generaci�n que volc� sus mejores escritores en aquella publicaci�n de vanguardia, habl� con el lenguaje nuevo que se atrevi� a ser, alguna vez, protagonista del drama. Porque �nadie se libra de su tiempo, que por mil modos sutiles influye en la mente, y dicta, sentado donde no se le puede ver ni resistir, los primeros sentimientos, la primera prosa�31.