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NOTAS

1 F�lix Lizaso, �La revista de avance�, Bolet�n de la Academia Cubana de la Lengua, Vol. 10, Nos. 3-4 (julio-diciembre 1961), p. 19.

2 Jos� Antonio Portuondo, �Mella y los intelectuales�, Hoy, La Habana, 5 de enero de 1964.

3 Rosario Rexach, �La Revista de Avance publicada en La Habana, 1927-1930�, Caribbean Studies, Vol. 3, No. 3 (Octubre 1963), p. 6.

4 Aparece dividida en cuatro a�os. El a�o 1 (1927) lo forman dos tomos: el tomo 1 (326 pp.) contiene hasta el n�mero 12 (30 de septiembre de 1927); el tomo II (140 pp.) hasta el n�mero 17 (15 de diciembre de 1927). El a�o II (1928) �donde deja de publicarse cada quincena para convertirse en mensual� corresponde con el tomo III (368 pp.) y contiene desde el n�mero 18 al 29 (15 de diciembre de 1928). El a�o III (1929) corresponde con el tomo IV (380 pp.) y llega hasta el n�mero 41 (15 de diciembre de 1929). El a�o IV (1930) corresponde con el tomo V (287 pp.) de s�lo nueve n�meros que completan los cincuenta publicados.

5 �Al levar el ancla�, revista de avance, Vol. I, No. 1, p. 1. Despu�s de cada cita se dar� entre par�ntesis el tomo, el n�mero y la p�gina de la revista.

6 Sali� a la calle aquel �ltimo n�mero con el suficiente retraso para incluir una protesta contra el gobierno por haber disuelto una manifestaci�n estudiantil el 30 de septiembre. �Como consecuencia de esta dragonada [dice una nota de �ltima hora], un estudiante acaba de morir al escribirse estas l�neas�. Era Rafael Trejo. Aquella muerte fue inicio de un nuevo per�odo de la historia cubana. �Se rumora [conclu�a la nota] que por los sucesos ocurridos se suspender�n las garant�as constitucionales, instaur�ndose la censura previa a la prensa en cuyo caso �1930�, para no someterse a esa medida, suspender� su publicaci�n hasta que el pensamiento pueda emitirse libremente� (V,50,2 59). Tres a�os m�s tardo y por alg�n tiempo, pudo �emitirse libremente el pensamiento�; pero ya hab�a pasado la �poca de la met�fora y de la insurgencia art�stica. La revista de avance hab�a cumplido su misi�n: nacida en la efervescencia del tricentenario de G�ngora, venia a morir con el asesinato en la plaza p�blica de un �leader� estudiantil,

7 Como ejemplos citaremos las que comentan: el estudio de D�maso Alonso sobre las Soledades de G�ngora (I,6,146); O�d Spain de Azor�n (I,1,13); Tirano Banderas de Valle Incl�n (I,3,51); La agon�a antillana de Araquistain (III,23, 159); Goya de Ram�n G�mez de la Serna (III,25,210); Romancero gitano de Garc�a Lorca (III,27,289); Examen de conciencia de Guillermo de Torre (IV, 33,121); Seis ensayos en busca de nuestra expresi�n de Pedro Henr�quez Ure�a (III,27,291); El modernismo y los poetas modernistas de Rufino Blanco Fombona (IV,33,122); Antolog�a de la poes�a mexicana moderna de Jorge Cuesta (III,28, 329); Los de abajo de Mariano Azuela (II,14,52); Cuaderno San Mart�n de Jorge Luis Borges (V,43,60); Do�a B�rbara de R�mulo Gallegos (IV,37,245); Don Segundo Sombra de Ricardo G�iraldes (IV,30,13); El roto de Joaqu�n Edwards Bello. Y sobre obras de autores cubanos: La poes�a moderna en Cuba de F�lix Lizaso y J. A. Fern�ndez de Castro (I,5 113); Tr�pico de Eugenio Florit (V,50,283): Poemas en menguante de Mariano Brull (IV.30,25); El documento y la reconstrucci�n de Jos� Mar�a Chac�n y Calvo (IV,39,310); Juan Criollo de Carlos Loveira (III,22,130): Surco de Manuel Navarro Luna (IV,30.26); La nueva poes�a en Cuba de Regino Boti (II,14,53). En �Letras Extranjeras� se comentaron, entre otras, obras de Philippe Soupault, Waldo Frank, Curcio Malaparte, Erich Maria Remarque, Henri Barbusse, Georges Duhamel, Sinclair Lewis.

8 Quedaron all� anotadas y comentadas las conferencias de Maeztu. Manuel Herrera Laso. Am�rico Castro, Waldo Frank, Garc�a Lorca, Gregorio Mara��n, Max Henr�quez Ure�a, Porfirio Barba Jacob y Jos� Vasconcelos. Tambi�n exposiciones, conciertos, inauguraciones, homenajes, y otras actividades del mundo cultural cubano.

9 Francisco Ayala, Tratado de Sociolog�a, II: Sistema de Sociolog�a (Buenos Aires: Editorial Losada, �947), p. 157.

10 Usamos la categor�a de �h�roe adorado� con todo el sentido que le confiere el historiador alem�n Julius Petersen en su estudio Las generaciones literarias en Filosof�a de la ciencia literaria (M�xico: Fondo de Cultura Econ�mica, 1946).

11 Jos� Ortega y Gasset explic� que en una generaci�n, la variedad de actitudes entre sus miembros es de escasa importancia, pues lo trascendente no es aquello que los diferencia entre s�. sino lo que a todos distingue de la generaci�n anterior. �Hay una com�n filigrana� �se�ala en El tema de nuestro tiempo� para los pro  y los anti,  los cuales �por mucho que se diferencien, se parecen m�s todav�a�. 5a., ed. (Buenos Aires: Espasa Calpe Argentina, 1945), p. 15.

12 Mensajes de la Instituci�n Hispanocubana de Cultura, Vol. 1 (Julio 1928), p. 91. La significaci�n que tuvieron para los cubanos aquellas orientaciones de Fernando de los R�os fue recogida en un art�culo de F�lix Lizaso escrito para la revista de avance: �Todos conoc�amos a Mart�, y sin embargo, en aquella c�lida evocaci�n surgi� la amplitud de un alma, la amplitud de un gesto, distendi�ndose por todos los contornos, invadiendo la altura y la lejan�a; vimos un Mart� a�n m�s grande, m�s alto, envolviendo en sus reflejos los �nimos vacilantes. �Ser�a excesivo decir que conocemos ahora mejor a Mart�, a trav�s de don Fernando de los R�os, que vino a proyectar su luz, luz de iluminado, en la figura de nuestro grande hombre?� (III,19,37).

13 La poes�a moderna en Cuba 1882-1925 (Madrid: Editorial Hernando, S.A., 1926), p. 326.

14 Jos� Mart�, recuento de centenario (La Habana: Ucar Garc�a, S, A., 1953), Vol. 1, p. 314.

15 Pasado vigente  (La Habana: Editorial Tr�pico, 1939), p. 185.

16 La coincidencia de sus iniciales (J. M.) con las de Jos� Mart� hac�a suponer a los lectores de la revista que estaban predestinados a una misi�n martiana.

17 F�lix Lizaso, Panorama de la Cultura Cubana  (M�xico: Fondo de Cultura Econ�mica, 1949), p. 142.

18 Pr�logo de Juan Marinello a Glosando los pensamientos de Jos� Mart� de Julio A. Mella (La Habana: Editorial Berea, 1941), p. 8.

19 Jos� Mart�, Obras Completas  (La Habana: Editorial Nacional de Cuba, 1963), Vol. 1, p. 19.

20 De �l dijo Francisco Romero: �Su encuentro con la sombra de Mart� es como el hallazgo de su propio destino�. �Homenaje a F�lix Lizaso�, Revista de la Habana, Vol. IX, No. 52 (1946), p. 60.

21 Su �ltima publicaci�n �Normas period�sticas de Jos� Mart�, Revista Iberoamericana, Vol. XXIX, No. 56 (Julio-Diciembre 1963).

22 "Nuestro Mart�", Pol�tica  (Venezuela), Vol. III, No. 34 (Mayo 1964), p. 31.

23 Jos� Mart�, Obrar completas  (La Habana: Editorial Lex, 1953), Vol. II, p. 105.

24 Su dualidad misteriosa s�lo se explica por la beligerancia de sus fines. �Expresa la revoluci�n y la reacci�n, anticipa el futuro y prolonga el pasado, se conduce como compromiso y evasi�n; es trascendente y trivial, profundo y fr�volo, minucioso y negligente, aplicado y displicente. Pero es posible quebrar ese hechizo de indefinici�n, decidiendo su sentido revolucionario�. Marcos Maidanik, Vanguardismo y Revoluci�n (Montevideo: Editorial Alfa, 1960), p. 136.

25 No le faltaba cierta raz�n al vanguardismo cubano. �En lo estrictamente po�tico [ha se�alado Alfredo A. Roggiano], sorprende encontrar formas inclusive posmodernistas y hasta creacionistas: comercio dulce, verde envidia, aire hueco, movible viento, r�o de luz sobre los hombres, celeste avaricia, son ejemplos en donde las sinestesias conforman la met�fora y la imagen pl�stica se convierte en vida interior de la palabra�. �Po�tica y estilo de Jos� Mart�, Antolog�a cr�tica de Jos� Mart� (M�xico: Editorial Cvltvra, T. G., S. A., 1960), p. 68.

26 Eugenio Florit aclar� el error de llamar poes�a de vanguardia a la que nace despu�s de la revista. Dijo en una conferencia: �De �l nace [del vanguardismo], o mejor dicho, �l se resuelve en esas dos tendencias principales ya mencionadas [poes�a pura y poes�a negra]. Lo que ocurre es que se ha s�lido dar la calificaci�n de �vanguardista� a toda la poes�a nueva escrita despu�s de la revista de avance y ello ha producido grandes confusiones y errores de apreciaci�n�. �Mariano Brull y la poes�a cubana de vanguardia", XI Congreso del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana, Universidad de Texas, Austin, 29 de agosto de 1963.

27 �Procede, como todo artista consciente de nuestra �poca, de las huestes del llamado vanguardismo, que fue para �l, como para otros muchos, purificaci�n y aprendizaje, gimnasia y disciplina. Se da a conocer en la revista de avance, de la que salieron Ma�ach, Marinello, Tallet, Ichaso, Lizaso, todos los escritores que se han destacado en la literatura cubana de los �ltimos quince a�os�. Angel del R�o, Eugenio Florit, vida y obra  (New York: Hispanic Institute, 1943), p. 12.

28 "El estilo de la revoluci�n", Historia y Estilo (La Habana: Editorial Minerva, 1944), p. 98.

29 Ibid., pp. 96 y 97.

30 Lizaso, Panorama�, p. 132.

31 Jos� Mart�, Obras Completas (La Habana: Editorial Lex, 1953), Vol. I, p. 766.