La vida íntima y secreta de
José Martí

Carlos Ripoll

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LA MADRILEÑA "M"

HUELLAS PERDIDAS
PESQUISA DEL HOMBRE
"AL CALO DE LA CHIMENEA"
LA PASIÓN Y LA DUDA
EL SILENCIO Y EL MARTIRIO
"CARTAS DE ESPAÑA"


Como ya se indicó en el Prólogo, la biografía es uno de los géneros literarios más gustados por los lectores de lengua inglesa. Pero éstos se han vuelto exigentes y quieren conocer todas las facetas del personaje. En The Craft of Literary Biography, dice su editor, Jeffrey Meyers, "que a los lectores de ahora hay que ofrecerles todos los aspectos sicológicos, sexuales y médicos del biografiado". Una de las biografías modernas más notables es la de George Painter sobre el novelista Proust, y en ella dice el autor que su misión ha sido, básicamente, "descubrir debajo de la máscara de lo cotidiano del artista, de su vida objetiva, el secreto del que nació la creación; mostrar cómo en las situaciones y personas de aparente intranscendencia que formaron su vida, supo él descubrir lo universal y lo escondido, aquello que luego se hizo tema en la obra; y revelar la interacción dramática entre el diario vivir y su infinitamente más profunda vida interior".

Estas páginas sobre Martí, y las que siguen, buscan esos caminos de la biografía, y se basan en una colección de cartas inéditas (todas aquí reproducidas, en el Apéndice, completas y en facsímil) de mujeres que lo amaron: son juras, requiebros, protestas y lamentos: todo el arsenal de la lidia amorosa y, a veces, la sangre del torneo. Los originales de estos papeles, milagrosamente salvados, los conserva con el mayor celo el Dr. Marcos A. Kohly, cuya copia le ha facilitado al autor de estas páginas, quien desde aquí, otra vez, le da las gracias. A partir de esos documentos se trata ahora de establecer la relación entre el hombre y el artista, entre los accidentes de la vida y la creación literaria, y ofrecer alguna información que pudiera ser útil en futuros estudios sobre el carácter del héroe. Diferencia al genio del hombre común su capacidad para extraer de la experiencia transitoria una reflexión de valor universal, que fija luego la magia de su arte. Esa facultad única no interrumpe al hombre, ni lo limita, pero sí puede enconar la herida del "casco" en el "lirio", por usar en el encuentro símbolos de Martí.

HUELLAS PERDIDAS

El aumento de perspectivas que requiere la biografía moderna, y la complejidad del análisis que se espera de la figura estudiada, suponen una búsqueda y un manejo nuevos de los datos relacionados con su biografiado. Más que por la hazaña y el patriotismo que esconden al hombre, en el caso de Martí, el trabajo se dificulta, como se dijo antes, por la falta de información sobre su "vida objetiva", sobre aquellas "situaciones y personas de aparente intranscendencia" que le dieron forma. Mucho material de superior interés lo destruyeron manos devotas o interesadas que querían esconder pasajes de la vida de Martí: Micaela Nin, la viuda de Mendive, dijo Manuel I. Méndez que se hizo enterrar con el primer "Diario" de Martí, del que él mismo habló en carta a Mendive; en 1939 Emilio Roig de Leuchsenring denunció a Emilio de Cassi por la quema de un baúl de papeles revolucionarios, y de "correspondencia de carácter íntimo", que Martí había dejado, al marchar a la guerra, en poder de Angela del Castillo, y que había heredado su hija "Cocola" (Isabel Carolina) Fernández de Cassi; es probable que algunas fueran cartas de Carmen Zayas Bazán, o de la casa de ésta, a Martí, ya que había un cercano parentesco entre las dos familias: por delicadeza Martí no querría dejar esos papeles en su oficina junto a los que iba a recibir Carmita Miyares, la cual, a su vez, hizo desaperecer toda la correspondencia personal entre ella y su amante. Leonor Pérez, como se vio, había roto todas las cartas del hijo anteriores a 1881; y Manuel Mercado, el mayor confidente de Martí, solamente salvó el epistolario entre 1876 y 1891. ¿Qué hizo este buen mexicano con el resto de la correspondencia? Como fue la época del disgusto definitivo de Martí con la esposa, del alejamiento del hijo y de sus más estrechas relaciones con la viuda de Mantilla nos privó, al silenciar esas cartas, de datos valiosos para la biografía del poeta y la valoración del político: en la Conferencia Internacional de Washington, en la creación del Partido Revolucionario Cubano, en la preparación de la guerra. Junto al "Diario" de Micaela Nin, las cartas de doña Leonor hubieran arrojado mucha luz sobre Martí hasta los 25 años: sobre el estudiante en el Instituto de La Habana y en el colegio de San Pablo, sobre el presidio político, sobre su estancia en España y Guatemala. Con lo destruido por la Zayas Bazán y por Carmita Mantilla se perdió valiosa información sobre la vida amorosa de Martí después de su matrimonio, otra vez con datos que hubieran ayudado a entender mejor al poeta y al patriota.

Martí en sus años de estudiante, entre 1871 y 1875, en la Universidad de Madrid y la de Zaragoza.

PESQUISA DEL HOMBRE

Cincuenta años después de la muerte de Martí se intentó reconstruir su verdadera imagen. Además de la destrucción de los datos, la había ocultado el cariño de sus contemporáneos. Aparte de la proeza, el sacrificio, en su hora mejor, desviaba toda la atención hacia el gigante. Contribuyeron a su deshumanización los que lo habían conocido; entre los extranjeros: Rubén Darío, Amado Nervo, Vargas Vila; entre sus compatriotas: Quesada y Aróstegui, Estrada Palma, Rafael Serra. Las alabanzas que acompañaron la primera edición de las Obras Completas, a principios del siglo, no dejaban ver al hombre. Luego, más asentado el héroe en la conciencia de su pueblo, crecida ya también "bajo la yerba", como él quiso, su poesía, y muertos casi todos los que hubieran podido sentirse aludidos por la revelación de su trayectoria vital, se buscó aquella "vida objetiva" que faltaba en todo empeño biográfico. Había llegado a La Habana el alemán Emil Ludwig, con el prestigio de sus obras sobre Goethe, Napoleón, Bismarck y Roosevelt, y aconsejó a los cubanos que hicieran con Martí lo que él había hecho con Cristo en El hijo del hombre, ejemplo de lo que llamaba una "biografía humanizada". En el prólogo del Martí, hombre, de Gonzalo de Quesada y Miranda, escribió Ludwig:

Los reyes y conquistadores, los poetas y artistas que adornan las moradas de la buena gente en todos los países, en bustos de yeso o cuadros teatrales, le han hecho más daño que bien a los héroes, los han desnaturalizado y alejado, al convertirlos en extraños semidioses, privándolos de su misión de ejemplo. Llegó a ser costumbre presentar al héroe sin flaquezas, es decir, en un retrato de luz sin sombra, en vez de un ser humano... La lucha de Goethe durante toda su vida para alcanzar la armonía, la lucha de Beethoven contra su demonio, la ambición de Rembrandt por riquezas y por el reconocimiento de su valor, los desengaños conyugales de Lincoln, la lucha de Bolívar contra las seducciones de la dictadura, son tan importantes para su desarrollo como los triunfos en sus obras y en sus hechos. La vida privada influye constantemente sobre la vida pública o artística, y es tan decisiva que cada embellecimiento de la vida privada conduce a falsear la pública. Cuando una gloria nacional es tan joven como la de Martí, o sea sólo de una generación, entonces un pueblo, y especialmente un pueblo pequeño, está inclinado a convertirlo en un santo, privando de esa manera a la juventud de compartirla, como lo han hecho los alemanes durante casi un siglo con Goethe...

Los libros de Félix Lizaso, de Joaquín Llaverías y de Arturo Carricarte (el epistolario, los periódicos y la iconografía) entre 1925 y 1930, facilitaban superar los intentos biográficos anteriores (Roque Garrigó, Néstor Carbonell, Hernández Catá), pero de nuevo la poca información impedía presentarlo del todo desasido de aproximaciones o leyendas: los títulos de las biografías que nacen de allí indican el camino por el que se prefirió llevar la figura: "el apóstol", "el místico", "el maestro", "el santo" (Mañach, Lizaso, Márquez Sterling, Rodríguez Embil). En 1949 Jorge Mañach reveló el proceso: "Quien haya mirado la vida de Martí de cerca, es decir, no ya en la empresa heroica, sino en la íntima continuidad, podrá decir que lo angélico nunca estuvo más cerca de pasar por el mundo que en aquel dechado casi inverosímil de heroísmo moral..." Pero es que, con lo poco que se sabe de su vida, "en la íntima continuidad", ningún estudioso ha podido mirarla "de cerca", y en realidad sólo se ve el ángel no por el mérito de la agonía, sino como por azar del destino. Se le descubre fácil la dimensión patricia porque lo vemos luchar con la adversidad en su gestión de Cuba, pero el "heroísmo moral", que siempre ha de ir precedido de la superación de las pasiones, del salir airoso el hombre del tropiezo consigo mismo, no lo entendemos en ausencia de la tentación y la caída. Se le pudo oír a Martí, en el verso, el quejido y el reto, y se pensaba que eran invención del poeta, pero ahora vemos que son las sombras de la contienda. Luego, en el centenario del natalicio de Martí se fue con preferencia a la obra escrita (no se podía más): sobre el dramaturgo, el crítico literario, el estadista; sobre la prosa, el verso, la oratoria (Ichaso, Portuondo, Santovenia; Anderson Imbert, Henríquez Ureña, Juan J. Remos)hasta la visión poética de Baeza Flores no pudo hallar mucho del "hombre íntimo" que anunciaba el título de su biografía.

"Al calor de la chimenea"

Martí llegó deportado a España a principios de 1871, y poco después se reunió con él, en Madrid, Fermín Valdés Domínguez, quien dijo de las actividades sociales de su compañero de estudios: "Iba a algunos salones... y puede que en el baile o la tertulia íntima, y al calor de la chimenea en las noches de invierno, dejara algún pedazo de su corazón". Debía referirse a esta apasionada madrileña quien ocultó su nombre en las cuatro cartas que de ella se conservan. La relación, según confiesa, duró todo el tiempo que estuvo Martí en España. Tenía un hijo, quizás de un amor pasajero, y habla con frecuencia de lo que había sufrido. Es probable que se conocieran en alguno de aquellos bailes que, desde su llegada a Madrid, Martí frecuentaba, y que menciona Valdés Domínguez en su "Ofrenda de hermano".

Aparte de la estrechez económica, el trauma y la herida del presidio, y quizás por ellos mismos, los primeros tiempos de Martí en Madrid fueron de honda crisis emocional. No impidió ésta, sin embargo, como ninguna otra actividad o inconveniente, la disposición del patriota (El presidio político en Cuba, La República Española ante la Revolución Cubana, los artículos en El Jurado Federal, las veladas cubanas en la logia "Armonía"). Acababa de cumplir 18 años y era su primer contacto con el mundo, a lo mejor las primeras experiencias sexuales. Según se ve en sus apuntes, de Cuba había traído cierto repudio de creencias religiosas y de algunas normas jurídicas, en particular por la pena de muerte: "Creo en Dios porque comprendo a Dios. No creo en la Providencia porque la razón no me hace ver sus efectos ni sentir su necesidad..." Califica la pena de muerte como "inmoral, ineficaz, injusta y vengativa". Mientras tanto rinde culto al sufrimiento: "El dolor es la única escuela que produce hombres. ¡Dichoso aquél que es desgraciado!" Y cuenta en sus versos cómo se entrega al placer sin renunciar la amargura que le ha de llegar con el placer mismo:

Goce en buena hora espíritu mezquino
Al son del baile animador. [...]
Goce en buena hora, y su cerebro encienda
En la rojiza lumbre de la incasta
Hoguera del deseo:
Yo, embriagado en mis penas, me devoro,
Y mis miserias lloro
Y buitre de mí mismo, me levanto,
Y me hiero, y me curo con mi canto
Buitre a la vez que altivo Prometeo.

Después, en el silencio de los versos, le cuenta sus cuitas a la madre: agonizaba por el llamado de la carne y, al gustarla, le asalta el temor de la traición, como en Edipo, y añora el refugio materno:

Mi madre...
Los goces de la tierra despreciaba,
Y lenta, lentamente me moría:
Yo no pensaba en ti, ¡yo me olvidaba
De que eras sola tú la vida mía!
Tú estás aquí. La sombra de tu imagen
Cuando [el] reposo baña mi cabeza:
No más, no más tu santo amor ultrajen
Pensamientos de bárbara fiereza:
Una vida acabó: ¡mi vida empieza! [...]

Aunque "la madrileña" comete muchas faltas de ortografía, se expresa con cierta gracia y elegancia, lo que permite pensar que tenía alguna educación, y hasta rango. Seguramente por sus impulsos y por su fogosidad, y por la vida que había llevado, Martí dudaba de su amor, pero ella se defiende en una carta con la prueba de su lealtad mientras él estudiaba en Zaragoza. Por la cercanía de los hechos,"la madrileña" se refiere más a la última etapa de sus relaciones, y protesta por la separación y las promesas incumplidas de Martí.

En una de sus fotografías más teatrales, aparece Martí en pose con un libro en la mano izquierda, el bombín en la otra y la pierna cruzada; es de cuando llevaba relaciones con "la madrileña" de la que se habla en este capítulo.

Para su cabal inteligencia y disfrute, se transcriben en el Apéndice de este libro las cartas en su totalidad, tal como se conservan, aunque aparecen aquí reducidas a sus pasajes más reveladores, y con las necesarias correcciones ortográficas. Casi todo lo que se puede decir de ellas, ellas lo dicen, por lo que con frecuencia huelga el comentario; nada más que en algunos momentos se harán, entre corchetes, las aclaraciones que convengan.

LA PASIÓN Y LA DUDA

Terminados sus estudios en España, y en compañía de Fermín Valdés Domínguez, Martí salió de Madrid con destino a París a fines de octubre de 1874. Poco después iba a embarcar en Liverpool hacia Nueva York para seguir viaje a México y reunirse allí con sus padres. Valdés Domínguez regresó a España y le entregó una carta de Martí a "la madrileña", quien ya tenía noticias del viajero. Ella le contesta:

Madrid. Pepe: El día 24 [de noviembre] recibí carta tuya de París, fecha 11. En ese mismo día no pude contestarla por tener a mi hijo a la muerte... Cuando me disponía a hablar contigo por mis cartas, vino a verme Fermín y me dio una carta tuya y me habló de ti. Dios sabe lo que pasó por mi alma en el momento en que le vi; él también sufría mucho, me he convencido que te quiere y le he rogado venga a verme... Después de sacarme una magnífica ampliación en fotografía, la echaron a perder con una horrible pintura, que de ningún modo he querido tomar. Pero no he querido que te quedes sin una tarjeta y por eso te envío la presente. Sentiría que no te gustara, Pepe mío de mi vida... Acabo de leer y de besar con toda la pasión de mi alma otra carta con fecha 22 de diciembre que anoche me envió Fermín. En ella veo el estado de tu alma, por eso yo te idolatro y eternamente seré tuya... ¡Ah, Pepe de mi vida! Me muero, y lo que sólo siento es no verte, no volver a verte más. Déjame, mi vida, que si yo tengo salud, vaya a donde las cartas, aunque no sea más que para verte antes de morir. Ahora no puedo escribirte más, y yo quisiera verte, mi vida, mi Pepe. Adiós, mi cielo. Ahora no me importa que el mundo se hunda... [Ver facsímil y transcrpción de esta carta en el Apéndice]

Es difícil precisar la fecha de la segunda carta de "la madrileña": en un momento le dice "ya hace un mes que no te veo", y en otro, creyendo que ya Martí ha llegado a México, le escribe: "Tú ya habrás abrazado a toda tu familia..." Parece que él le había dicho que dudaba de su cariño, que temía que no le fuera fiel, y ella protesta indignada; luego oscila entre reproches y cariños. Sin preámbulos empieza así:

Nada hay en el mundo que tanto daño le haya hecho a nuestros amores que la duda y tu tenacidad en no creerme... Como si yo te hubiera engañado alguna vez. Como si no hubiera sido bastante prueba todo lo que has visto y en un año entero de separación y de horrible prueba [Martí se había ido a continuar en Zaragoza sus estudios en el mes de mayo de 1873, y no regresó a Madrid hasta octubre del año siguiente, aunque es probable que fuera a ver a "la madrileña" antes de esa fecha]. Parece imposible, mi Pepe, que cuando tú sabes lo que te ama mi alma y el dolor que hoy me domina por la separación, te atrevas a consolarme con la duda que en tu última carta muestras, eso es no tener corazón... ¡Ay, Pepe! No quiero exclamar ahora como todas las mujeres dicen en ocasión semejante. No, no. Para ellas todos los hombres son iguales; pero no, tú no eres igual a ninguno, para mí tú sólo eres mi idolatrado Pepe, mi vida, la vida de mi existencia, la vida de mi alma. No lo creas si no quieres. Pero óyelo, así cual yo te lo repitiera de rodillas hora por hora delante de Dios. Puedes creerlo que lo siento y me lo diré eternamente para consuelo de mi alma, aunque ésta haya creído que tú la amas de veras... ¡Pobre loca mía! ¡Pobre alma que me anima! ¡Oh! ¡Ojalá tener valor para arrancarme de todos los que me aman y a los cuales soy tan necesaria, que entonces tú tendrías que despertar de veras y darme cuenta de lo que de mi alma has hecho... ¿Por qué me has escrito unos versos que me revelan que no me amas? [Ver facsímil y transcrpción de esta carta en el Apéndice]

Deben de ser los que publicó el 15 de marzo en la Revista Universal, al llegar a México, con el significativo título de "Sin amores"; allí decía:

¡Ella y yo, ser y ser, ráfagas idas
De aquella luz blanca que las nieves
En la tierra vil compadecidas
Llorando cubren las espaldas leves!
¡Ida! ¡En cuantos crepúsculos hermosos,
De gérmenes de amor llené sus labios
Más rojos que el coral, y más sabrosos
Que las paces después de los agravios!
¡Y allá en su pensamiento, cuántas horas!
Y aquí, ¡cuántas vacías!
Y allá, en la soledad, cuantas auroras
De indefinible luz, y cuantos días
Sin noche y sin mañana,
Principio y colmo de la dicha humana!
¡Oh, cómo la quería!
Le dije adiós: morí desde aquel día.

Y sigue la carta enfurecida de "la madrileña":

Di. Tú serás capaz de conformarte con que yo no te ame. Tú serás capaz de pensar con calma en que yo bese otra boca que no sea la tuya. ¿Tú crees que yo no tiemblo al pensar que mujer alguna, aun después de muerta yo, se permita quererte, besarte y besar tu frente que yo quiero tanto, y el lunar de tu mano derecha? Ojalá sea privada de la vida la mujer [subrayado en el original] primera que me robe ese tesoro... Pepe, Pepe de mi vida, ahora te daría tantos besos, besaría yo tu frente, la amo tanto, te quiero a ti de tal manera y tan hondamente que, cuando como ahora leo o escribo carta tuya, siento que me abandonan las fuerzas físicas, y es porque te busco a mi lado, mido la distancia que te separa de mí, pienso que no te veré más, pienso que te acabas de separar ahora y que ya hace más de un mes que no te veo y que no puedo volar. . . ¡Oh! Si yo encontrara algo que calmara esta fiebre, esta sed de amor por ti, siento que tal vez podría vivir... Pero no, no quiero, no puedo, no quiero otro amor que no sea el de mi Pepe. Tú ya habrás abrazado a toda tu familia, ya eres dichoso, ya mi recuerdo será secundario y sólo alguna vez en todo este tiempo habrás tenido un pensamiento para mí... No puedo comprender cómo te has ido, cómo estoy sin ti, que es verdad que ya no te veo más. ¡Ay! No, ¿verdad que no? ¿Verdad, Pepe, que tú sí volverás? Di, ¿cómo se vive así? Tú estás muerto, ¿verdad?... Tú no sabes lo que es nada, nada, tú no has amado nunca, tú jamás has querido, tú no eres el Pepe de mi alma, que yo idolatro. Tú eres un monstruo de frialdad. En ti no hay corazón sino razón. Tu no me quieres, yo no te satisfago, tú no te conformas con tanto como te da mi alma. Eres cruel, me has matado después de triturarme el corazón y la existencia, y dijiste que yo, que yo sólo sería la mujer de tu alma, y que no querrías a nadie más que a mí, y me hiciste despertar del letargo en que postrada mi razón dormía... Y ni una esperanza, ni consuelo, ni piedad... Pepe, dulce y dolorosamente te amo. Hay horas en que no me acuerdo de nada. ¿Cuándo te vuelvo a ver? Mira, tú me perdonas, ¿verdad? Perdóname, Pepe, perdóname que yo esté loca, y yo no tenga la culpa de que mi alma haya formado su existencia en la tuya. Yo te beso a todas horas. Jamás te he querido tanto como hoy te quiero... Me queman, me abrasan las lágrimas el corazón, el rostro, y no maldigo mi existencia. Antes me atrevo a bendecir este horrible dolor. Viene de ti, tú eres la causa, tú eres, Pepe, el dolor de mi tristísima existencia. Bendito seas, bendito porque es muy grande y viene de ti, mis lágrimas y mi alma, que sólo es tuya, que no tiene otro Dios que tú y su dolor. Si estoy loca, es por tu causa...[Ver facsímil y transcrpción de esta carta en el Apéndice]

"Tipos populares de Madrid" en un dibujo publicado en 1876 en La Ilustración Española y Americana. Puede uno imaginarse a "la madrileña" que amó a Martí por esa época como la que aparece aquí a la derecha del grabado.

EL SILENCIO Y EL MARTIRIO

Martí no le había escrito desde México, y ella, desesperada le implora que le escriba. Esta tercera carta tiene fecha del 12 de marzo, es más breve que la anterior, y aquí se reproduce sólo su último párrafo donde le dice:

Mira, vida mía, estoy muy triste, hace 3 amarguísimos meses que te marchaste de mi lado y todavía no he recibido una sola letra tuya [¿no recordaba las cartas que mencionó en sus anteriores?] ¿Qué te pasa, Pepe mío? Di, ¿ya se te olvidó lo que tan eterno parecía?... Idolatrado Pepe, escríbeme alguna vez aunque hayas renunciado a mi amor para siempre. Yo no puedo. Yo no quiero renunciar jamás ni un solo instante la única felicidad que he encontrado en la tierra. Como a tu hermana, como a una amiga, como cuando se hace un bien al que sufre, así te ruego yo una memoria, un pensamiento... Por favor, por tu madre, acuérdate que siempre fue ese nombre sagrado para ti, contéstame. Soy tu M. [Ver facsímil y transcrpción de esta carta en el Apéndice]

La última carta de esta colección está fechada el 1º de julio de 1875. Ya Martí se había dado a conocer en los círculos literarios de México, y sus crónicas y poesías las publicaba con regularidad la Revista Universal. A pesar de su obstinado silencio, Martí no resiste la tentación de enviarle a aquella mujer que suspiraba por él los elogios que aparecían en los periódico mexicanos. Había participado en un debate en "El Liceo Hidalgo," el día 6 de abril, y un colega suyo comentó el acto con estas palabras, en El Federalista: "El Sr. Martí hizo uso de esa arrebatadora elocuencia que jamás me cansaré de admirar y de aplaudir. Insistió en sus razones de sentimiento, pero al tratar de las ideas innatas estuvo inspirado como nunca. El poeta cedió la palabra al filósofo, prestándole, además, todas las galas oratorias". El Eco de Ambos Mundos comentó, profético, la participación de Martí en el debate: "Este joven... será terrible en la plaza pública a la hora de una conmoción popular; podrá arrancar lágrimas al borde de un sepulcro, será el orador favorito de las mujeres, de los niños y de los creyentes..." Y en la misma ocasión dijo El Siglo XIX: "El joven Martí, arrebatado por su numen poético, recitó con voz clara y simpática un torrente de estrofas, que estrofas son las frases de su inspirada prosa, y vio una hoja más en su corona de poeta... La palabra del Sr. Martí seduce, encanta, enajena, y se hace aplaudir de todos..." Pero el silencio de Martí se alargaba demasiado, y "la madrileña" le escribe:

Pepe querido. Inolvidable Pepe mío. Déjame que te llame mío, por favor. En vano será tu empeño y tu silencio, en vano todo lo que intentes para arrancarme de ti. Yo no acierto a pensar cómo lo conseguirás, ni el amor propio ni el indecible tormento de lo imposible, ni la brusquedad de tu conducta, ni nada, nada bastará para conseguir tu vano intento... No puedo, no, y por eso, a pesar de que me duele molestarte, te escribo ésta, y quizás otra y otra, y todas las que mi alma necesita escribirte... No has querido contestar ninguna de mis cartas. Ni si has recibido mi retrato, ni siquiera me mandas un periódico de aquéllos en que ensalzan al alma que yo idolatro ¿Por qué? ¿Por qué, ingrato, me has olvidado tan pronto? ¿Cómo podría creerlo, Pepe de mi vida? ¿No es verdad que por todo absolutamente, y por todo me has visto pasar sólo porque mi amor hacia ti forma la vida de mi vida y el alimento de mi existencia? Hasta quise creer que cuando te olvidaras de mi amor de mujer me querrías por hermana, pero veo que me he equivocado y que ni ese consuelo debo tener. Bien, Pepe, bien. Entiende que la mujer a quien en cuatro años [Martí estuvo en España desde principios de 1871 hasta fines de 1874] viste sufrir y llorar por ti y sólo por ti no quiere perder el derecho de saber que te idolatra hoy como siempre, y que jamás ha pensado ceder esta gloria a ninguna criatura humana... Cansada de escribirte con todas las direcciones imaginables, me he propuesto cambiar de método, y para que no me digas si tú has recibido o no cartas mías, te prometo que veré tu letra siquiera sea en el sobre que tendrás que devolver, y por caridad te ruego que no empapes tus tempranos laureles en las lágrimas de una mujer. Haz que no se empañe tu gloria con el reflejo de tu ingratitud. Adiós. Por favor, aunque no me escribas, mándame los periódicos que se ocupan de ti. Soy tuya. [Ver facsímil y transcrpción de esta carta en el Apéndice]

"CARTAS DE ESPAÑA"

Tres meses más tarde Martí publicó en la Revista Universal unos versos en los que evoca con emoción el amor lejano, y se ilumina de poesía el dolor de los amantes. Los tituló "Cartas de España":

Nuevas vienen de allá; mano querida
Llama a mi corazón: recuerdo evoca
Del tiempo en que hizo sol para mi vida,
Y palpitan los versos en mi boca. [...]

Tiene, ¡oh mujer! con esta carta fiesta
Mi corazón sobre tu amor dormido:
¡Cuánto lloran los solos! ¡Cuánto cuesta
Mover al pobre huérfano afligido! [...]

Mi pobre, mi muy bella: todavía
Nuestra pálida luz no se consume,
Y esperamos llorando un mismo día
Y aquella pobre flor tiene perfume. [...]

Llegó la noche, y cuando un rayo blando
Alumbró mi dolor con luz de luna,
Supe que aún vives mi memoria amando:
¡Oh, tenue luz, imagen de fortuna! [...]

Pero, ¿serían estos sentidísimos versos de Martí por las cartas que recibía de la apasionada madrileña, o serían por las de otra mujer que le escribía, también desde España, en la misma época y con similar pasión? ¿O serían, así, en plural, por las "cartas" de las dos? En otra composición de aquella época afirmaba:

El cuerpo me sacude y enamora
Y pálida de amor el alma llevo;
Yo quiero, ¡oh fin de mis males!
Con labios nunca iguales
Un beso siempre nuevo...

Con sus amigos habaneros, también desterrados, Eusebio y Fermín Valdés Domínguez. Como el mayor, Eusebio (de pie) se había graduado de Doctor en Leyes en la Universidad de Zaragoza, en 1871, allá fueron a continuar sus estudios Martí y Fermín.

En una página de su Cuaderno de Apuntes, de sus días españoles, Martí escribió:

La vida es indudablemente una contradicción. Deseamos lo que no podemos obtener; queremos lo que no tendremos, y no podría existir contradicción si no existieran fuerzas distintas y contrarias... Yo, esto es: una personalidad briosa e impotente, libérrima y esclava, nobilísima y miserable, divina y humanísima, delicada y grosera, noche y luz. Esto soy yo. Esto es cada alma. Esto es cada hombre... Yo tengo algo confusas mis ideas sobre mis propios sentimientos. A veces me confieso que soy bueno, a veces me golpeo con ira y me exaspero porque creo que brotan de mí malvados y egoístas pensamientos... Yo creo en la divinidad de mi esencia, toco y miro y creo en la miserabilidad de mi existencia. Y, sin embargo, a veces, involuntariamente, como que transijo con mi miserabilidad. ¿Qué soy yo?

Y no es de extrañar su confusión, que más grande habría de ser al enfrentarse su delirio amoroso y su arrepentimiento por el mal que en su ejercicio causaba; dicen sus versos:

Los dos de amores pecamos,
Y en brazos de amor caímos,
Y el golpe aquel que nos dimos
Eternamente lloramos.

Después ya no hay sol que venza,
Lo cierto es que se ensancha,
Y luce el sol, y esta mancha
Siempre es mancha de vergüenza

Y cuando todo en la muerta
Memoria va despertando
Es que el recuerdo está amando
Y todo al amor despierta.

Transcripción y fascímiles de las cartas de la madrileña "M"

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