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APÉNDICE CARTAS DE LA MADRILEÑA "M" [I] Madrid. Pepe: El día 24 recibí carta tuya de París, fecha 11. En ese mismo día no pude contestarla por tener a mi hijo a la muerte. Su gravedad que continuó hasta el día 28 me impidió escribirte. Horribles han sido estos momentos; pero en ninguno de ellos has dejado de estar tú. Cuando me disponía a hablar contigo por mis cartas, vino a verme Fermín y me dio una carta tuya y me habló de ti. Dios sabe lo que pasó por mi alma en el momento en que le vi; él también sufría mucho, me he convencido que te quiere y le he rogado venga a verme con frecuencia así yo tendré placer con él cuando hablemos de ti. Ya le he dicho que me hiciera el favor de pasarse por la casa de Dibá en la Puerta del Sol, y él mismo te dirá lo que con el retrato miniado ha pasado. Después de sacarme una magnífica ampliación en fotografía, la echaron a perder con una horrible pintura, que de ningún modo he querido tomar. Pero no he querido que te quedes sin una tarjeta y por eso te envío la presente. Sentiría que no te gustara, Pepe mío de mi vida, repara que hay mucha identidad en recuerdo de las últimas divinas mañanas en que yo te veía y besaba tu idolatrada frente, yo creo que así fue como tú me dijiste que querías tenerme como tú me encontrabas por las mañanas. Ahora acabo de leer y de besar con toda la pasión de mi alma otra carta con fecha 22 de diciembre que anoche me envió Fermín. En ella veo el estado de tu alma, por eso yo te idolatro y eternamente seré para ella. Mira, mi vida, no se si como estratagema o como verdad ha sucedido que se han paralizado los correos desde el día 11 de diciembre y no se ha recibido comunicación del extranjero y Santander hasta el 24 y creo hoy que sería estratagema porque a este hora que son las 11 de la mañana y que el día 1o del año 75, hace ya dos días que entre júbilo y alegría se ha proclamado en toda España al príncipe Alfonso legítimo rey, y ya se le espera de una hora a otra; por eso no creo en la verdad de la interrupción de los correos que, como decían, era por la nieve, por lo que no circulaban. Mal año en todos conceptos empieza éste para mí. De mi alma y su desastroso estado no quiero hablarte. Te diré de mi cuerpo que ahora ni sé cómo te escribo; tengo tal fiebre que no sé de mí, sin embargo, recibo consuelo al escribirte y hablar contigo. ¡Ah, Pepe de mi vida! Me muero, y lo que sólo siento es no verte, no volver a verte más. Déjame, mi vida, que si yo tengo salud, vaya a donde las cartas, aunque no sea más que para verte antes de morir. Ahora no puedo escribirte más, y yo quisiera verte, mi vida, mi Pepe. Adiós, mi vida. Ahora no me importa que el mundo se hunda, que el [falta la continuación] [Facsímil] § [II] Madrid. Nada hay en el mundo que tanto daño le haya hecho a nuestros amores que la duda y tu tenacidad en no creerme. Siempre he sufrido por eso y a veces he dicho, "No, no quiero que mi Pepe sepa por mí misma todo lo que sufro, todo lo que haría si él me dejara. ¿De qué ha de escribirme si no lo ha de creer, si no tiene fe en mi lealtad?" A veces he dicho para mí: "No, no me conoce, no sabe medir mi amor y mi dolor y no porque no lo comprenda, sino porque no me cree". Como si yo te hubiera engañado alguna vez. Como si no hubiera sido bastante prueba todo lo que has visto y en un año entero de separación y de horrible prueba Parece imposible, mi Pepe, que cuando tú sabes lo que te ama mi alma y el dolor que hoy me domina por la separación, te atrevas a consolarme con la duda que en tu última carta muestras; eso es no tener corazón. No tener lástima de m alma que tan enamorada está siempre de la tuya. Duda, duda tú de mí todo lo que quieras. Mal harás a tu alma; la mía, en cambio, no mudará de dueño ni aunque el resentimiento me destrozara el corazón. ¿Por qué, mi vida, mi idolatrada vida mía, no me crees? ¿Por qué dudas de mí? ¿No comprendes que eso me hace daño, mucho daño, y me obliga a creer que tú también serás capaz de olvidarme antes de que hayas llegado al lugar de tu destino? ¿Mi pecho? Dices de mi pecho y recuerdas lo que tú sólo oías y protestabas de la pureza y verdad de que lo que siempre amorosísimo te dijo y sintió por ti. Protestabas de la verdad de lo que aun separado de ti repite en sueño y repite despierto y aun parécele en su entusiasta cariño que tú le escuchas. ¡Ay, Pepe! No quiero exclamar ahora como todas las mujeres dicen en ocasión semejante. No, no. Para ellas todos los hombres son iguales; pero no, tú no eres igual a ninguno para mí, tú sólo eres mi idolatrado Pepe, mi vida, la vida de mi existencia, la vida de mi alma. No lo creas si no quieres. Pero óyelo, así cual yo te lo repitiera de rodillas hora por hora delante de Dios. Puedes creerlo que lo siento y me lo diré eternamente para consuelo de mi alma, aunque ésta haya creído que tú la has amado de veras ¡Pobre loca mía! ¡Pobre alma que me anima! ¡Oh! ¡Ojalá tener valor para arrancarme de todos los que me aman y a los cuales soy tan necesaria, que entonces tú tendrías que despertar de veras y darme cuenta de lo que con mi alma has hecho, o entonces te convencerías de lo que puede una alma como la mía y cómo sabe sentir esta pobre mujer que hoy sólo sabe llorar tu ausencia e idolatrarte cada vez más. ¿Por qué me has escrito unos versos que me revelan que no me amas? ¡Di!. ¿Tú serás capaz de conformarte con que yo no te ame? ¿Tú serás capaz de pensar con calma en que yo bese otra boca que no sea la tuya? ¿Tú crees que yo no tiemblo al pensar que mujer alguna, aun después de muerta yo, se permita quererte, besarte y besar tu frente que yo quiero tanto, y el lunar de tu mano derecha? Ojalá sea privada de la vida la mujer primera que me robe ese tesoro. ¡Olvidarte yo! Olvidarme de mí misma sería necesario que [palabra ilegible] antes, porque aún que te casaras con otra mujer, aunque más tarde no quieras ni aun oír mi constante plegaria, yo siempre, siempre tendré en mi pecho un altar para mi amor, para mi dios, para el ídolo de mi existencia que eres tú. Dime, ¿cómo está tu corazón, triste o alegre? Mira, te voy a describir el estado del mío. Pepe, Pepe de mi vida, ahora te daría tantos besos, besaría yo tanto tu frente, la amo tanto, te quiero a ti de tal manera y tan hondamente que, cuando como ahora leo o escribo carta tuya, siento que me abandonan las fuerzas físicas, y es porque te busco a mi lado, mido la distancia que te separa de mí, pienso que no te veré más, pienso que te acabas de separar ahora y que ya hace más de un mes que no te veo y que no puedo volar Anonadada por un amarguísimo dolor, siento que se estalla el cerebro, y después de pasado algún tiempo como si fuera una horrible pesadilla veo que estoy sola, con un papel que he estrujado dentro de mi manos. Pero lo recojo y beso con amor, es una carta tuya. Pienso que tú la has tocado con tus manos, pienso que cuando tu escribías pensabas en mí, y entonces lloro y lloro mucho. ¡Ay, cuando se llora como yo por ti, por mi perdida esperanza, por mi impotencia, el llanto no hace bien, entonces no, la conmoción sentida es muy fuerte y el remedio inmediato muy sencillo, y así las noches y así los días y así todas las horas de mi existencia, y siempre un recuerdo y más vivo tu amor y más clara y amarga la verdad. ¡Oh! Si yo encontrara algo que calmara esta fiebre, esta sed de amor por ti, siento que tal vez podría vivir, no te diría, como lo hago una vez más, cuánto y cuán profundo es mi cariño te dejaría la duda para que matara la hora de cariño que tu pensamiento me dedicara Pero no, no quiero, no puedo, no quiero otro amor que no sea el de mi Pepe. Tú ya habrás abrazado a toda tu familia, ya eres dichoso, ya mi recuerdo será secundario y sólo alguna vez en todo este tiempo habrás tenido un pensamiento para mí. En cambio yo suspiro en todos los momentos y en todos los momentos te envío un recuerdo, un juramento de amor más hermoso aún, cada vez, y mayor. Yo no acierto a comprender cómo te has ido, cómo estoy sin ti que es verdad que ya no te veo más. ¡Ay! No, ¿Verdad que no? ¿Verdad, Pepe, que tú sí volverás? Di, ¿cómo se vive así? Tú estás muerto, ¿verdad?... ¿Tú no conoces la caridad ni el perdón? ¡Di! ¿De qué está formado tu corazón? ¡Oh no! Tú no sabes lo que es nada, nada, tú no has amado nunca, tú jamás has querido, tú no eres el Pepe de mi alma, que yo idolatro. Tú eres un monstruo de frialdad. En ti no hay corazón sino razón. Tu no me quieres, yo no te satisfago, tú no te conformas con tanto como te da mi alma. Eres cruel, me has matado después de triturarme el corazón y la existencia, y dijiste que yo, que yo sólo sería la mujer de tu alma, y que no querrías a nadie más que a mí, y me hiciste despertar del letargo en que postrada mi razón dormía Por ambición mi terrible alma, y hoy me abandonas, y ni una sola esperanza, ni consuelo, ni piedad. ¡Ay! Pepe, dulce y dolorosamente te amo. Hay horas en que no me acuerdo de nada. ¿Cuándo te vuelvo a ver? Mira, tú me perdonas, ¿verdad? Perdóname, Pepe, perdóname que yo esté loca, y yo no tenga la culpa de que mi alma haya formado su existencia de la tuya. Yo te beso a todas horas. Jamás te he querido tanto como hoy te quiero. Jamás te echó de menos mi dolorida alma como hoy. Dónde, dónde volveré los ojos que te vea, jamás, jamás tú lo has jurado con tu impiedad. Me queman, me abrasan las lágrimas el corazón, el rostro, y no maldigo mi existencia. Antes me atrevo a bendecir este horrible dolor. Viene de ti, tú eres la causa, tú eres, Pepe, el dolor de mi tristísima existencia. Bendito seas, bendito porque es muy grande y viene de ti, [palabra ilegible] mis lágrimas y mi alma, que sólo es tuya, que no tiene otro Dios que tú y su dolor. Si estoy loca, es por tu causa Pepe! ¡Ay Pepe de mi vida! Mira [palabras ilegibles] ¿de qué está formado tu corazón. Mira [se interrumpe la carta] [Fascsímil] . § [III] Madrid. 12 de marzo. Días hace, inolvidable Pepe mío, que quiero escribirte. Ni un momento te olvido y en todas partes de mi casa me parece verte. Hoy mi vida, mi ansiedad, es mayor que nunca: estoy enferma y ya, no como antes que estaba fuera de la cama, esto es lo que más me duele, no poderte escribir siquiera con la frecuencia que quisiera hacerlo; pero mi enfermedad se haya empeñado en secundar el miserable destino que tan bárbaramente se ha empeñado en triturar nuestras almas, e impotente ahora como siempre sólo me queda el consuelo de llorar. Mi vida, mi Pepe, único pensamiento de mi alma. Sólo el amor que te profeso y la fe que hace esperar a mi alma en días de ventura desconocida para nosotros, es la que me hace sentir la aparente resignación en que muchos caen y que yo sé que me está devorando. Mira, vida mía, estoy muy triste, hace 3 amarguísimos meses que te marchaste de mi lado y todavía no he recibido una sola letra tuya ¿Qué te pasa, Pepe mío? Di, ¿Ya se te olvidó lo que tan eterno parecía? ¿La alegría, la dicha, me roba un pensamiento tuyo? ¿Será posible que también allí el sufrimiento te haga olvidar que un recuerdo tuyo es la felicidad de mi alma? Idolatrado Pepe, escríbeme alguna vez aunque hayas renunciado a mi amor para siempre. Yo no puedo. Yo no quiero renunciar jamás ni un solo instante la única felicidad que he encontrado en la tierra. Como a tu hermana, como a una amiga, como cuando se hace un bien al que sufre, así te ruego yo una memoria, un pensamiento. Aún arde en mi con infinito cariño tu recuerdo, en las tardes, en las noches, en todas las horas de mi vida tú vives en mí y no te separarás jamás. Se me parte el alma de sufrimiento. Como si en este instante te marcharas de mi lado, así, así me duele el corazón. ¿Cuándo idolatrado Pepe [te] volveré a ver? Por favor, por tu madre, acuérdate que siempre fue este nombre sagrado para ti. Contéstame. Soy tu M. [Facsímil]. § [IV] Pepe querido. Inolvidable Pepe mío. Déjame que te llame mío, por favor. En vano será tu empeño y tu silencio, en vano todo lo que intentes para arrancarme de ti. Yo no acierto a pensar cómo lo conseguirás, ni el amor propio ni el indecible tormento de lo imposible, ni la brusquedad de tu conducta, ni nada, nada bastará para conseguir tu vano intento. Si yo pudiera sería capaz de sacrificarme y no volvería a decirte que no puedo vivir sin saber, pensar en ti, sin quererte con el mismo delirio que ya conoces. No puedo, no, y por eso, a pesar de que me duele molestarte, te escribo ésta, y quizás otra y otra, y todas las que mi alma necesita escribirte, porque en su necesidad imprescindible . No has querido contestar ninguna de mis cartas. Ni si has recibido mi retrato, ni siquiera me mandas un periódico de aquéllos en que ensalzan al alma que yo idolatro ¿Por qué? Di ¿Por qué, ingrato, me has olvidado tan pronto? ¿Cómo podría creerlo, Pepe de mi vida? ¿Qué, di? ¿Qué compromiso te priva de hacerme el bien que tanta dicha me proporcionaría? ¿Por qué tienes hoy una conducta tan rara? ¿No te acuerdas [de la] necesidad de mi vida, de lo que me has hecho sufrir? Y, ¡di! ¿No es verdad que por todo absolutamente, y por todo me has visto pasar sólo porque mi amor hacia ti forma la vida de mi vida y el alimento de mi existencia? Hasta quise creer que cuando te olvidaras de mi amor de mujer me querrías por hermana, pero veo que me he equivocado y que ni ese consuelo debo tener. Bien, Pepe, bien. Entiende que la mujer a quien en cuatro años viste sufrir y llorar por ti y sólo por ti no quiere perder el derecho de saber que te idolatra hoy como siempre, y que jamás ha pensado ceder esta gloria a ninguna criatura humana. Te querré eternamente porque así lo necesita mi alma y por más que tú te empeñes en no hacerme caso, nunca, jamás, dejarás de ver una carta mía que te recuerde tu ingratitud y [palabra ininteligible]. Cansada de escribirte con todas las direcciones imaginables me he propuesto cambiar de método y para que no me digan si tu has recibido o no carta mía, te prometo que veré tu letra siquiera sea en el sobre que tendrás que devolver, y por caridad te ruego que no empapes tus tempranos laureles en las lágrimas de una mujer. Haz que no se empañe tu gloria con el reflejo de tu ingratitud. Adiós. Por favor, aunque no me escribas, mándame los periódicos que se ocupan de ti. Soy tuya. 1° de julio, 1875. [Facsímil]
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