La vida íntima y secreta de
José Martí

Carlos Ripoll

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LAS DOS CAMAGÜEYANAS

CONCHITA PADILLA
LA CAMAGÜEYANA DE OJOS NEGROS
ONCE ESQUELAS FURTIVAS
LA OTRA CAMAGÜEYANA

No siempre el interés por un arte viene acompañado de las facultades para ejercitarlo, y pocas veces esa querencia llega a dirigir la vida. Más que el ensayismo, la poesía y la oratoria, Martí hubiera preferido, por vocación, la pintura y el teatro. Muy niño, en La Habana, matriculó Dibujo Elemental en la Academia de San Alejandro, y para poder asistir a las representaciones teatrales, llevaba a los actores, de un peluquero amigo, los rizos y pelucas que habían encargado. En Madrid concurría a las tertulias del café "Los Artistas" para compartir con la gente de la farándula, y sus visitas al museo del Prado las alternaba con las funciones en el Teatro Real. En Zaragoza, cuando se lo permitían los estudios, departía con el pintor Gonzalvo, y con Fermín Valdés Domínguez tenía abono en el palco número 13 del Teatro Principal. Pero el amor a esas artes, que nunca lo abandonó, no pudo dejar huellas de mérito en la creación: sus incursiones en la literatura dramática no fueron felices, y sus dibujos solamente interesan como curiosidades del hombre superior; ausentes ellas, sin embargo, no hubiera logrado su prosa aciertos más propios del pincel, ni el verso, cuando le convenía, la movilidad del drama. Esta frustración de Martí hace pensar en la que tuvo la otra cumbre de la prosa en español, la de Cervantes, éste por la poesía, que no se le daba, por lo que escribió en su Viaje del Parnaso: "Yo que siempre me ufano y me desvelo / Por parecer que tengo de poeta, / La gracia que no quiso darme el cielo".

CONCHITA PADILLA

Martí conoció a Enrique Guasp de Peris en el barco que lo llevó de La Habana a Veracruz, y la amistad con este actor español tuvo consecuencias positivas para su vida cultural en México: no sólo le facilitó los contactos con las más destacadas figuras del teatro local sino que, al constituir una compañía subvencionada por el gobierno, le pidió, y puso en escena, "Amor con amor se paga". Guasp hizo el papel del galán, y la actriz Concepción Padilla el de la dama. Mucho tiempo después se dijo que ella había tenido amores con el autor de la obra. Jorge Mañach aseguró en su biografía de Martí que, "de tanto enseñarle en los ensayos, cómo dejarse amar por el Julián del proverbio, Concha se enamoró de Martí, y el maestro de ella..." Y como Martí acababa de pretender, sin fortuna, a Rosario de la Peña, añade Mañach, "fue un nuevo vendaval amoroso, pero esta vez sin literatura y sin tristezas. Las tablas aún no le habían enajenado a Concha su modosidad de señorita de la clase media, pero sí la habían maliciado con aptitudes dramáticas de emergencia. Y como era Concha, además, bastante celosa, y Pepe nada malquisto de las damas, el idilio tuvo, desde su comienzo, bruscas alternativas de beatitud y de borrascas..."

De Rosario de la Peña sí estuvo Martí muy enamorado, como lo prueban las cartas que ella conservaba, pero los empeños de Martí nunca le fueron correspondidos.

En 1925, años antes de salir el libro de Mañach, el escritor mexicano José de Jesús Núñez y Domínguez, entrevistó a Concha Padilla, y dijo en el periódico Excelsior:

...Cuando la interrogamos acerca de su amistad con Martí, nos manifestó que la tuvo con él muy cordial, que lo veía a menudo en el teatro, [que] concurría a los ensayos, y su intimidad con Guasp le abría las puertas del escenario... Con ella sólo tuvo una amistad ocasional y respetuosa, que nunca rebasó los límites de la más cumplida cortesanía. No recuerda siquiera la señorita Padilla que, fuera de algún elogio relativo a sus cualidades artísticas, le haya dirigido el poeta cubano algún piropo galante que traspasara las buenas formas de circunspección social, y eso que Martí era muy expresivo. Su padre [que también había sido actor], hombre rígido en materia de moral, la acompañaba siempre, aun en su "camerino" y también veía a Martí...

Al salir el libro de Mañach, en 1933, Núñez y Domínguez le criticó su afirmación de que Concha Padilla y Martí hubieran tenido relaciones amorosas. Mañach insistió en que había existido un "enamoramiento vehemente", y que sus palabras no significaban "menoscabo de honor para esta dama". Y agregaba: "Adicional evidencia de aquellos amores se halla en el Canto a José Martí, de Peón Contreras, que es un verdadero reportaje lírico. En ese poema se alude extensa y claramente a aquellos amores, sobre todo en la estrofa XV", que dice:

Con escénico arte hirió tu anhelo
Aquel querub del cielo,
Con formas de mujer arrobadora;
Y te hallaste, de pronto, sorprendido,
Vencedor y vencido,
Entre las redes del amor traidoras...

Y en la XVI, que habla de los celos de la artista, y la XXI, en la que se alude también al ambiente de teatro: "Relámpagos de amor desde el proscenio". "No le faltó al poeta", añadía Mañach, "amigo íntimo de Martí a la sazón, más que nombrar a la señorita Padilla".

Núñez y Domínguez, quien a raíz del de Mañach iba a publicar su libro Martí en México, volvió a entrevistar a la actriz, ya anciana, y así contó su visita:

Ante esa porfía, se acudió nuevamente a la señorita Padilla, quien sin dar importancia al asunto, una vez más refirió que Martí y ella fueron solamente amigos de ocasión, que jamás la galanteó ni le dirigió palabra alguna de amor; en suma, que ni siquiera su amistad llegó a la confianza. Esta declaración, hecha ante testigos intachables, como los señores Camilo Cámara, ayudante del Departamento de Historia del Museo Nacional, y el ingeniero Raúl Castro Padilla, sobrino de la dama aludida, es definitiva y no hay para qué insistir acerca del particular.

La actriz Conchita Padilla, que representó la protagonista en la obra de Martí "Amor con amor se paga". Durante algún tiempo se pensó que ella había tenido amores con Martí, aunque ella siempre lo negaba.

Al publicarse el Martí, el apóstol, de Jorge Mañach, donde de nuevo se insistía en la amistad amorosa de la  Padilla y Martí, ella le concedió una entrevista a su sobrino Manuel Castro Padilla en la que reiteró lo que siempre había dicho sobre el particular. Hoy sabemos, al descubrir los amores de Martí con la camagüeyana Eloísa Agüero, que no había mentido Conchita Padilla.

LA CAMAGÜEYANA DE OJOS NEGROS

La información de Mañach debió llegarle por Amelia, la hermana de Martí, a quien entrevistó para el Diario de la Marina, en una de sus "Glosas", a principios de 1924; luego su hijo, Raúl García Martí, en la Biografía familiar que publicó en 1938, repetía lo aparecido en Martí, el Apóstol. Amelia Martí era muy joven en los días mexicanos de su familia, tenía doce años cuando llegó a la capital azteca, y quince cuando regresó a La Habana, y se le confundían los recuerdos de cincuenta años antes. Es cierto que el "Canto" de Peón Contreras habla de los amores de Martí con una actriz de teatro, pero no era la mexicana Concha Padilla, era la cubana Eloísa Agüero de Ossorio, otro de los amores desconocidos de Martí, que ahora dejan de serlo. No, no mintió la actriz de "Amor con amor se paga".

Martí, "sin amores", a mediados de 1875, publicó dos composiciones con ese título en la Revista Universal. Entonces llegó a México la actriz Eloísa Agüero, y Martí le dedica una crónica cálida, pero que aún refleja cierta distancia de su compatriota. Algunos pasajes del escrito sirven para dar a conocer la figura; en ellos se lee:

El nombre de la joven actriz no es desconocido para nuestro público. Desde su llegada a México, los periódicos de la capital comenzaron a hacerse eco de los recuerdos agradables de quienes a su paso por La Habana han tenido ocasión de aplaudirla [en 1866 había hecho su debut en el papel de Desdemona, en el Otelo, de Shakespeare]... Nació en Camagüey, tierra de Cuba donde todas las mujeres son trigueñas y todos los ojos son hermosos. Eloísa Agüero no se opone a que se diga que tiene 25 años, y aun quiere que se diga que tiene 26 [ésa era su verdadera edad, pues había nacido en 1849]. Pertenece a una familia siempre distinguida [los Agüero de Camagüey estaban también emparentados con los Zayas Bazán] y notablemente acomodada hasta hace algunos años. Desde los primeros años de su niñez se tenían en La Habana noticias de las sorprendentes condiciones para el teatro que mostraba la linda niña camagüeyana. Los poetas le hacían versos, y aun es fama que ella los hacía también; verdad que una mujer hace versos con sólo ser mujer. La llevaba al teatro una decidida vocación, alentada en su niñez por su familia satisfecha, contrariada luego fuertemente cuando comenzó su adolescencia. O en el alma de la joven camagüeyana ardía algo hermoso, o la contrariedad acreció y avivó sus deseos. Eloísa Agüero contrajo matrimonio, vino a La Habana, se presentó en el Liceo y la aficionada sencilla e inexperta fue solicitada y contratada como primera actriz.

Y a continuación Martí transcribe algunos elogios de la prensa habanera que ella le ha mostrado, y termina así su crónica: "Eloísa Agüero es, pues, inteligente, bella y buena: tres hermosas formas de un alma de mujer... Tengo una pena, me decía hace dos noches en el Teatro Principal: los periódicos dicen que soy una actriz excelente... [Y Martí le responde galante] Y lo ha de ser quien tiene excelentes ojos. [Y ella con coqueta modestia comenta] Bueno, a pesar de mis ojos, yo sé a dónde llegan mis fuerzas. Es verdad que procuro hacer mis papeles con conciencia, pero esos elogios son exagerados, y el público va a encontrar luego un verdadero desengaño en mí..." Pero él le asegura al público de México que no quedará defraudado con la actriz cubana, que al día siguiente iba a actuar en el Teatro Principal. La función era en beneficio de unos obreros en huelga. Ella representó una comedia titulada "Es un ángel", y al día siguiente, en la Revista Universal, hizo Martí la reseña del acto: la califica de "excelente actriz", y agrega:

Tienen sus ademanes gallardía y nobleza: emplea sus hermosos ojos con imperio o gracia naturales; dice y siente con pasión real, que nunca desfigura, sin embargo, con violentos arranques de mal gusto. En suma, precisión en el decir, acción elegante, maestría visible, figura esbelta y simpática, ojos inteligentes y hermosos: tal es la nueva actriz que se presenta a nuestro público.

Terminada la función la actriz leyó unos versos "A México", que el cronista reprodujo, en los que deja ver su simpatía por los insurrectos cubanos, lo que también debió ser del agrado de Martí; decían sus no muy felices quintillas:

...Soy de esa tierra encantada
Que hoy ve sus horas pasar
En lucha desesperada;
Soy de esa perla engarzada
Entre las olas del mar [...]
En mis bosques seculares
Ahora retruena el cañón,
Y yo, entre tantos pesares,
Pongo, pueblo, en tus altares
Mi afecto y mi corazón.

De otra actividad de Eloísa Agüero en el Gran Teatro Nacional queda recuerdo, también de un beneficio, éste para recaudar fondos para las víctimas de una inundación en Francia: actuó con la compañía de Guasp de Peris, con el propio director, y con Concha Padilla. Martí anunció el acto, en la Revista Universal, pero no hizo mención de quienes iban a tomar parte en él. Era el 7 de agosto y ya había empezado el diálogo amoroso con la actriz cubana.

ONCE ESQUELAS FURTIVAS

Por la presentación de Martí se sabe que Eloísa Agüero se había casado muy joven, y por su última carta se verá que estaba separada del marido. Ella, a pesar de su estado, se sentía culpable por mantener relaciones con Martí. Parece que quiso trabajar de manera permanente en la compañía de Guasp de Peris, a quien consideraba como un compatriota ya que el actor español había aprendido su oficio en Guanabacoa y quería mucho a los cubanos. Martí, por supuesto, la apadrinaba. No se sabe si en el poco tiempo que estuvo junto a Martí pudo lograrlo. Después de su regreso a La Habana, la actriz viajó por Europa y los Estados Unidos, hasta establecerse definitivamente en México, donde enseñó arte dramático.

Compañía teatral del actor Enrique Guasp, amigo de Martí. Él aparece con una marca (x)  y ella con dos (xx). Fueron ellos los que representaron el proverbio de Martí "Amor con amor se paga".

Esta colección la forman once escritos de Eloísa Agüero. Algunos son breves recados, como corresponde a personas que se ven con frecuencia. Aquí se presentan en el orden probable en que se hicieron, y en dos partes, según el tratamiento que ella le da a Martí: en las seis primeras lo trata de usted, en las restantes ya lo tutea. Sólo la primera carta y la última tienen fecha, y por eso sabemos la extensión de las relaciones: desde el 31 de agosto hasta el 22 de noviembre de 1875. Las once esquelas completas aparecen en al Apéndice con facsímil de las mismas; lo que aquí sigue es una selección:

[I] Martí. Estimado amigo. Según quedé anoche con Ud. le doy cuenta de la visita de Guasp. Pregunté lo que tanto me interesa (y a Ud. también ¿verdad?), lo que necesito saber. Contestación suya: no puede decir nada hasta la semana entrante... No le digo que venga esta noche porque pienso ir a Abreu, [el Gran Teatro Abreu que se había inaugurado hacía unos meses] si no llueve, en cuyo caso estoy en ésta, su casa. Le envío a usted mi afecto sincero, estrechándole la mano, su amiga de veras, Eloísa.

[II] Mi amigo Martí. En vano aguardaría usted anoche en el teatro, no pude ir. La carta de ayer dice mucho y no puedo contestarla en este momento que vamos a ensayar aquí. No salgo esta noche... ¿vendrá Ud.? ¿A qué hora?

[III] Martí, mis nervios no se han calmado aún. En este momento voy a tomar una ducha, y después seguiré a dar una vuelta por ahí, por donde me lleven los pies: es decir, que no estoy buena. Aguardo hoy la contestación que anoche me prometió respecto a lo de Guasp. Su amiga, Eloísa.

[IV] Martí, conseguí palco para esta noche en Abreu y vamos al 2º piso, No. 5. ¡Qué amargo es hablar en enigma, más aún delante de tantos que oyen! Yo no sé soportar esto, Martí; no puedo, no quiero. No quiero decir nada más pues estoy muy triste, sumamente triste y temo entristecerle a Ud. aumentando tal vez sus disgustos. ¿Quiere verme hoy? ¿Puede? Disimule mi carta que no sé cómo la escribo, pues hay algo de doloroso hoy en mí, desde anoche, que me está haciendo daño. Me parece que éste es un mal que no tiene remedio. [Deja entonces ver los celos de que hablaron los versos de Peón Conteras, y le pregunta] ¿Cuántas vio anoche de ésas que le hacen creer que ella es el ser amado por usted, creado por la naturaleza para su felicidad? Pero lo peor de todo es que suele [usted] engañarse con frecuencia... No diré más. Adiós Martí. Su amiga Eloísa.

[V] "¡Ay, amigo mío, Martí! Si alguna vez he sentido en mi alma un dolor profundo ha sido hoy: en este momento la necesidad imperiosa de mi corazón me hace escribirle. Perdóneme que empiece mis mal escritos renglones [con] uno de esos ayes en que prorrumpe hoy el alma mía. Sufro mucho y sufro de veras.

En esa época Martí solía publicar sus versos los domingos, pero es probable que ella también se refiera en lo que sigue a "Cartas de España", que apareció en la Revista el domingo 17 de octubre, la composición de que se habló en los otros amores de Martí: "la madrileña" y Blanca de Montalvo. Supiera o no Eloísa Agüero de esas mujeres, no sorprende que le hayan impresionado los versos que, además, llevan su nombre al recordar el poeta su visita en París al cementerio Père Lachaise:

...¡Y es que a la sombra de los arcos graves
Y sobre el mármol que coronas pisa,
Bajo los trozos de extinguidas naves
Duerme Abelardo al lado de Eloísa!

Y recuerda, ¡oh mezquino, a quien arredra
El perpetuo calor de la arquería,
Que allí junté mi mano con la piedra,
¡Y mi mano era allí la única fría...

Preocupada por la tristeza que le han producido a Martí esas "Cartas de España", ella toma la resolución de no volver a escribirle, y le dice a continuación, en esa misma carta suya, de los versos:

Los estoy estudiando... cada vez hacen más efecto en mi cerebro y me trastornan más... Me propongo no escribirle más, porque esto puede intranquilizarle, puesto que tan sólo ofrece su lectura un algo del sentimiento doloroso que existe en mí. Ud. tiene un alma delicada, exquisita, y yo no quiero ser causa para que sufra Ud., mi buen amigo. Pasemos a otra cosa que es preciso (y ya es tiempo) que comprima los latidos de mi corazón que parece quieren romper mi pecho; se me escapa, para ir quizás por un camino tan estrecho, ¡tanto que se estrelle!... Adiós, Martí. Si en este momento se encontrara Ud. aquí ¿recogería estas lágrimas por suyas? Adiós su a[miga]. Eloísa.

Sigue un breve recado [VI] en que le dice: "Yo deseo verle: hasta las 6 espero. Estoy algo mala. Adiós. Si Ud. piensa. Yo pensé desde hace mucho y desde entonces sufrí. Su a[miga]. Eloísa."

Aunque en el siguiente papel [VII], mitad carta y mitad monólogo, aún oscila entre el "usted" y el "tú", se descubre la intimidad a que habían llegado en sus relaciones; sin introducción ni firma le dice:

¿Verdad, alma mía, verdad que estoy soñando? Di, ¿por qué acariciar lo que no puede ni debe realizarse? ¡Es un delirio este amor que sin darme cuenta de cuándo empezó lo siento en mí, poderoso, ya inmenso!... Yo no quiero verle. A su vista me olvido hasta de mí misma, quiero volar a sus brazos y repetirle una y mil veces: ¡Te amo, mi bien, te amo con locura, como yo soy capaz de amar! Mas doy gracias a quien me permite ver claro y comprender que ni a él debo manifestar este cariño, que ante el imposible de ser su esposa me tiene destrozado el corazón de pena. Yo no estoy en condiciones [subrayado en el original] de ser para ese hombre. Yo estoy rodeada de inconvenientes para llamarle mío, y para que mío fuese mientras exista yo.

[VIII] Pepe, no sabes cuánto quiero que estés ocupado hoy. No verte allí, cerca de mí, cuando tengo miedo esta noche. ¡Cuánta contrariedad me ofrece tu amor! Anoche fui al ensayo, te esperé hasta cerca de las 10... He preparado un platito de dulce que yo, yo sola he cocinado. No te rías, mi amor, porque en esta carta te hable de esa simpleza, pero por lo que me dices de que no vas a almorzar es que te hago esta explicación, para que sepas que dentro de una hora lo tienes allá, en la recámara, donde sueño acompañarte yo... Haz todo lo posible por ir antes de empezar la función, pero no te violentes si no te es posible; verte allí es mi deseo y mi inspiración se elevará. Adiós, no te olvida E[loísa].

Es por esos amores entre Martí y Eloísa Agüero, y las miradas de la actriz al enamorado durante las representaciones, que decían los versos de Peón Contreras:

¡Cómo tu joven corazón saltaba
Cuando el concurso daba
Frenéticos aplausos a su genio,
Cuando ella, de sus ojos expresivos,
Te enviaba fugitivos
Relámpagos de amor, desde el proscenio!

Fue ella quien decidió terminar aquella amistad amorosa. Ya en la próxima carta [IX], a la que le falta la primera parte, le confiesa: "... Estoy pasando una noche cruel como ninguna. Acabo de leer todas tus cartas. Yo veo que sufrirás por esto, pero sufriendo hoy nos evitamos mañana doble tormento. Créelo, mi vida. Es preciso que no nos veamos para que no crezca cada día este afecto. No, amor. ¡Hoy, hoy, qué día! ¡Qué noche! Adiós". Y, dispuesta a terminar aquella relación, le escribe por última vez en México:

[X] No tengo valor para decírtelo, y ya resuelta a huir de este amor que en otras circunstancias haría mi felicidad, me decido a escribirte... Dime, ¿a dónde nos conduce nuestro delirio? ¿No sabes que ya no sé, ni quiero saber negarte cuanto es natural en el amor? ¿Y no sabes tú, bien mío, ilusión bellísima, realidad hermosa de mis ensueños, no sabes que yo hoy no debo entregarme a este amor, pues un deber sagrado me lo impide? No quieras que te explique más, bastante te he explicado mi desdicha, y no quiero hablar más de ella. Por piedad te pido que huyas de mí. No me preguntes si es mi deseo esto, no, no lo es, pero sólo quiero vivir a tu lado respirando el aliento que me embriaga y enloquece, pero no puedo resistir ya más verte con esta calma aparente y frialdad amistosa. Yo necesito ya las caricias que me hacen comprender mi felicidad soñada, que penetran hasta el alma mía... Así es, pero repito, yo no debo de ser tuya, porque no debo, y no debo [subrayado en el original]. No me interrogues, te lo suplico y te pido compasión. Recibe mi último beso y mi eterno Adiós.

Ya desde La Habana le habla de su problema personal y legal con el marido, del que ha estado separada, por lo que Martí pudo sentirse ajeno al adulterio:

[XI] Pepe, dos palabras no más puedo dedicarte hoy. No he podido mandar a ver si me has escrito. ¡Tú no sabes lo que he pasado desde que llegué! ¡Oh, cuántos disgustos, cuántos! Esa sombra infernal [el marido] me mata y no me deja un instante de tranquilidad. Ya he logrado un acto de conciliación ante el juez, y el poder general. Desde mi llegada, separados siempre. Vivo con la familia. En otra te daré más detalles. No te olvido Pepe, pero no haré nunca por ir adonde tú estés, porque no quiero aumentar mi desgracia. Muera el secreto en ti. No me olvides. Tú y entre nosotros. Eloísa.

Pero el secreto no murió en él. Una carta entre estos papeles demuestra que dos años más tarde, quizás al enterarse del compromiso de Martí con Carmen Zayas Bazán, Eloísa trató de recobrar su correspondencia. La carta, también desconocida hasta ahora, y parte de esta colección (reproducida en el Apéndice), es de la madre de Martí a la esposa de Mercado, desde La Habana, donde le da noticias de la llegada del hijo a Guatemala, y dice en el párrafo que aquí interesa: "...Escribí a Uds. después que vino la familia, y no sé si la recibieron; en ella decía que si encontraba alguna esquelita de las que Pepe tenía de Eloísa Agüero, tuviera la bondad de mandármela, para un asunto de una amiga mía, y por si no la ha recibido lo repite su amiga, Leonor".

 Por eliminación de las otra mujeres presentes en la foto anterior, se puede concluir que Eloísa Agüero es la que aquí se destaca (Todas las ilustraciones de este capítulo han sido tomadas del libro Martí en México, de José de J. Núñez y Domínguez, publicado en México en 1933).

Unos versos manuscritos de Eloísa Agüero quedaron entre estos papeles suyos; están dedicados a Martí, y ponen en evidencia, si no su mérito de poeta, la pasión que llegó a sentir por él:

Ven, mitiga a mi llanto mi pena;
A ti sólo le es dado a mi alma
Devolverle la dicha y la calma
Con tus frases sublimes de amor

Es tan dulce y tan grande a mi oído
Escuchar tu dulcísimo acento,
Que explicar yo no sé lo que siento
Al mirarte a mi lado alentar.

LA OTRA CAMAGÜEYANA

Poco después, el 19 de diciembre, con el mayor éxito, se estrenó en el Teatro Principal "Amor con amor se paga". Era el momento cumbre de la pasión de Martí por el teatro. No solamente fue lo único suyo que vio llegar a la escena sino que es lo más logrado. El periódico La Iberia comentó así el acontecimiento:

El domingo por la noche se presentó un juguete intitulado "Amor con amor se paga"... No hay en él enredo dramático, ni situaciones estudiadas, ni pintura de caracteres... pero la encantadora novedad de su sencillísima acción, sus gallardos versos que parecen de nuestro Siglo de Oro, la delicadeza del sentimiento que allí tan elegantemente se expresa, y tan naturalmente se desarrolla, todo hace de aquel capricho una preciosidad, una joya, un primor de arte.

Y como el nombre de Martí no había salido en el anuncio de la obra, sigue diciendo el periódico:

El público embelesado llamó a gritos al ignorado autor en cuanto concluyó la pieza: él no quería salir; pero tuvo que obedecer. Era D. José Martí. Lo habíamos adivinado. El público le colmó de merecidos aplausos, y la compañía del Sr. Guasp le regaló una corona de mano de la Señorita Padilla. Hizo el Sr. Martí su precioso idilio dramático en algunos ratos de un solo día, en medio de sus ocupaciones periodísticas, que son muchas. Le felicitamos por su triunfo. Es un joven de inmenso porvenir.

Por extraña coincidencia fue también esa obra de teatro lo que más lo acercó a quien iba a ser su esposa. Ya Martí y Carmen Zayas Bazán se conocían, y hasta quizás llevaban relaciones: él jugaba ajedrez con el padre, y la redacción de la Revista Universal estaba junto a la casa de ella. Aquel triunfo lo hizo crecer a los ojos de Carmen, y contribuyó a mejorar la opinión que tenía Francisco Zayas Bazán de quien sería su yerno. El "reportaje lírico" de Peón Contreras cuenta así el paso de la relación previa que ahora sabemos fue con Eloísa Agüero y no con la Padilla a Carmen Zayas Bazán:

¡Oh, amor! ¡Oh, divino amor! ¡Y quién creyera
Que tu existencia fuera,
Con tanta brillantez tan breve. [...]
¡Pasó! Y otra ilusión vino entretanto
Trayendo nuevo encanto. [...]
¡Y abrió la puerta de un hogar! Avara
La dicha, al pie del ara,
Tu suerte a otra para siempre anuda.

Más que un elogio al amor, como el que había dominado hasta entonces sus versos, el proverbio de Martí era un canto al matrimonio, ya que asociaba la pasión por la mujer con la paternidad. Así debió de entenderlo Carmen Zayas Bazán, cuando dice el protagonista:

Hombre incompleto es el hombre
Que en su estrecho ser se pliega. [...]
Y el hombre no es hombre, en tanto
Que en las entrañas inquietas
De la madre, el primer hijo
Palpitar de amor no sienta [...]
¡Nada es azul en la vida,
Oh, mortal, de lo que ves,
Si no miras al través
De una mujer bien querida!
Nada, ¡oh mortal! es el hombre
Que sin mujer va en la tierra,
Y sin el hijo que encierra
Orgullo y germen de un nombre...

Dos cartas de Carmen a Martí, también hasta ahora desconocidas, y de la misma colección, muestran los comienzos de aquellas relaciones que tanto prometían y que resultaron tan infortunadas. Carmen se revela aquí como nunca antes se la pudo ver. Conmovida por el florecimiento amoroso, y llena de ternura y pasión, le confiesa:

Pepe. Esta es la primera vez que tomo la pluma para decirte lo mucho que te amo, y tiemblo solamente al considerar que quizás es insuficiente para poder interpretar la nobleza de mis sentimientos. Mucho tiempo hace que te amo, pero en silencio, mucho ha que mi corazón te pertenece. Es muy cierto que desde que te vi te amé, desde ese momento sentí nacer en mi corazón inextinguible llama del primer amor, pero también es cierto que desde que te conozco no he tenido un día de calma, pues los celos me mataban, era horrible mi situación: constantemente he luchado con las dificultades que en su egoísmo el mundo pone siempre a la felicidad de los seres que se aman, pero si es cierto que mucho hacen sufrir, y mucho nos queda por sufrir, no lo es menos que algún día seremos en extremo felices. ¿Deseas olvidar? ¿A quién? ¡Dímelo! [debía de ser, por supuesto, a Eloísa Agüero] Que si tengo el alma pequeña, la tengo muy grande para ciertas cosas y pequeña para otras, pero para escribirte y pintarte mi amor como debe ser, inmensa es. Escríbeme seguido y no me culpes si no puedo hablarte algunas veces. Carmen significa verso en latín, y en otra [lengua, que es el árabe] trigo, vergel, nombre sonoro y armonioso. Tuya.

Carmen.

La segunda carta deja ver que Martí le contestó, aunque sin todo el calor que ella esperaba. Parece que aún dudaba del amor de Carmen, pero tampoco ella se sentía del todo segura; le escribe:

Pepe, yo no tengo sólo tu carta en el corazón, tengo tu imagen grabada en mi mente, tu voz y tus miradas me queman, pues te adoro con el delirio de un corazón puro.Ámame como yo te amo. Yo juro adorarte hasta la muerte. Dime, ¿qué cosa no crees de mi carta, ¿crees que yo te engañase? ¿A ti que te quiero tanto? Eso ni por un momento, pues creo que para asuntos tan sagrados como el amor se deben tratar con entera franqueza. A pesar de mi poca experiencia y edad tengo la desgracia de dudar de todo, pues he visto tantos corazones marchitos muy temprano por los desengaños. Tanto vi que tengo temores, más cuando me dices que quizás, tal vez, me quieras firmemente [subrayado en el original], esto es terrible. Cuando entusiasta esperaba leer en tu carta frases amorosas sólo encontré duda y frialdad. Te ruego seas más amoroso en otra... Tuya,

Carmen.

Luego, muy pronto, durante el noviazgo y los primeros tiempos del matrimonio, Martí se sintió enamorado de Carmen. La había buscado en otras mujeres, y creyó que ella era lo que necesitaba. Martí explicó la búsqueda en esta estrofa:

Y te busqué por pueblos,
Y te busqué por nubes
Y por hallar tu alma
Muchos lirios abrí, lirios azules...

Pero al igual que los "lirios" rotos, algunos de los cuales se han visto aquí, ni la esposa, el hijo o el hogar, lograron disminuir las ansias del hombre y del patriota. En los días que terminaba Eloísa y comenzaba Carmen, como se vará luego, Martí se planteó el conflicto de su vida en los versos de "Patria y Mujer".

La pasión por un ideal y la pasión erótica se parecen mucho, y es probable que tengan el mismo origen, pero brilla, y dura, más lo inasible que lo que se puede alcanzar, por eso es más frecuente el paso del libertino al héroe, o al santo, que el contrario. Puede pensarse que si no hubiera habido patria que salvar o guerra que hacer, Martí las hubiera inventado para sumir su pasión en la empresa. Fracasado el hogar, y vigilante del "casco" con el que había herido, años más tarde, como en el estado de perfección del místico, Martí esperaba el único momento en que de verdad podría "redimirse," y confiesa en uno de sus "Versos Libres":

Ya no me quejo, no, como solía,
De mi dolor callado e infecundo:
Cumplo con el deber de cada día
Y miro herir y mejorarse el mundo.

Ya no me aflijo, no, ni me desolo
De verme aislado en mi difícil lucha.
Va con la eternidad el que va solo,
Que todos oyen cuando nadie escucha. [...]

Ya no me importa que la frase ardiente
Muera en silencio, o ande en casa oscura,
Amo y trabajo: así calladamente
Nutre el río a la selva en la espesura.

Transcripción y fascímiles de las cartas de Eloísa Agüero

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