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LAS DOS CAMAGÜEYANAS CONCHITA PADILLA No siempre el interés por un arte viene acompañado de las facultades para ejercitarlo, y pocas veces esa querencia llega a dirigir la vida. Más que el ensayismo, la poesía y la oratoria, Martí hubiera preferido, por vocación, la pintura y el teatro. Muy niño, en La Habana, matriculó Dibujo Elemental en la Academia de San Alejandro, y para poder asistir a las representaciones teatrales, llevaba a los actores, de un peluquero amigo, los rizos y pelucas que habían encargado. En Madrid concurría a las tertulias del café "Los Artistas" para compartir con la gente de la farándula, y sus visitas al museo del Prado las alternaba con las funciones en el Teatro Real. En Zaragoza, cuando se lo permitían los estudios, departía con el pintor Gonzalvo, y con Fermín Valdés Domínguez tenía abono en el palco número 13 del Teatro Principal. Pero el amor a esas artes, que nunca lo abandonó, no pudo dejar huellas de mérito en la creación: sus incursiones en la literatura dramática no fueron felices, y sus dibujos solamente interesan como curiosidades del hombre superior; ausentes ellas, sin embargo, no hubiera logrado su prosa aciertos más propios del pincel, ni el verso, cuando le convenía, la movilidad del drama. Esta frustración de Martí hace pensar en la que tuvo la otra cumbre de la prosa en español, la de Cervantes, éste por la poesía, que no se le daba, por lo que escribió en su Viaje del Parnaso: "Yo que siempre me ufano y me desvelo / Por parecer que tengo de poeta, / La gracia que no quiso darme el cielo". Martí conoció a Enrique Guasp de Peris en el barco que lo llevó de La Habana a Veracruz, y la amistad con este actor español tuvo consecuencias positivas para su vida cultural en México: no sólo le facilitó los contactos con las más destacadas figuras del teatro local sino que, al constituir una compañía subvencionada por el gobierno, le pidió, y puso en escena, "Amor con amor se paga". Guasp hizo el papel del galán, y la actriz Concepción Padilla el de la dama. Mucho tiempo después se dijo que ella había tenido amores con el autor de la obra. Jorge Mañach aseguró en su biografía de Martí que, "de tanto enseñarle en los ensayos, cómo dejarse amar por el Julián del proverbio, Concha se enamoró de Martí, y el maestro de ella..." Y como Martí acababa de pretender, sin fortuna, a Rosario de la Peña, añade Mañach, "fue un nuevo vendaval amoroso, pero esta vez sin literatura y sin tristezas. Las tablas aún no le habían enajenado a Concha su modosidad de señorita de la clase media, pero sí la habían maliciado con aptitudes dramáticas de emergencia. Y como era Concha, además, bastante celosa, y Pepe nada malquisto de las damas, el idilio tuvo, desde su comienzo, bruscas alternativas de beatitud y de borrascas..."
En 1925, años antes de salir el libro de Mañach, el escritor mexicano José de Jesús Núñez y Domínguez, entrevistó a Concha Padilla, y dijo en el periódico Excelsior:
Al salir el libro de Mañach, en 1933, Núñez y Domínguez le criticó su afirmación de que Concha Padilla y Martí hubieran tenido relaciones amorosas. Mañach insistió en que había existido un "enamoramiento vehemente", y que sus palabras no significaban "menoscabo de honor para esta dama". Y agregaba: "Adicional evidencia de aquellos amores se halla en el Canto a José Martí, de Peón Contreras, que es un verdadero reportaje lírico. En ese poema se alude extensa y claramente a aquellos amores, sobre todo en la estrofa XV", que dice:
Y en la XVI, que habla de los celos de la artista, y la XXI, en la que se alude también al ambiente de teatro: "Relámpagos de amor desde el proscenio". "No le faltó al poeta", añadía Mañach, "amigo íntimo de Martí a la sazón, más que nombrar a la señorita Padilla". Núñez y Domínguez, quien a raíz del de Mañach iba a publicar su libro Martí en México, volvió a entrevistar a la actriz, ya anciana, y así contó su visita: Ante esa porfía, se acudió nuevamente a la señorita Padilla, quien sin dar importancia al asunto, una vez más refirió que Martí y ella fueron solamente amigos de ocasión, que jamás la galanteó ni le dirigió palabra alguna de amor; en suma, que ni siquiera su amistad llegó a la confianza. Esta declaración, hecha ante testigos intachables, como los señores Camilo Cámara, ayudante del Departamento de Historia del Museo Nacional, y el ingeniero Raúl Castro Padilla, sobrino de la dama aludida, es definitiva y no hay para qué insistir acerca del particular.
La información de Mañach debió llegarle por Amelia, la hermana de Martí, a quien entrevistó para el Diario de la Marina, en una de sus "Glosas", a principios de 1924; luego su hijo, Raúl García Martí, en la Biografía familiar que publicó en 1938, repetía lo aparecido en Martí, el Apóstol. Amelia Martí era muy joven en los días mexicanos de su familia, tenía doce años cuando llegó a la capital azteca, y quince cuando regresó a La Habana, y se le confundían los recuerdos de cincuenta años antes. Es cierto que el "Canto" de Peón Contreras habla de los amores de Martí con una actriz de teatro, pero no era la mexicana Concha Padilla, era la cubana Eloísa Agüero de Ossorio, otro de los amores desconocidos de Martí, que ahora dejan de serlo. No, no mintió la actriz de "Amor con amor se paga". Martí, "sin amores", a mediados de 1875, publicó dos composiciones con ese título en la Revista Universal. Entonces llegó a México la actriz Eloísa Agüero, y Martí le dedica una crónica cálida, pero que aún refleja cierta distancia de su compatriota. Algunos pasajes del escrito sirven para dar a conocer la figura; en ellos se lee:
Y a continuación Martí transcribe algunos elogios de la prensa habanera que ella le ha mostrado, y termina así su crónica: "Eloísa Agüero es, pues, inteligente, bella y buena: tres hermosas formas de un alma de mujer... Tengo una pena, me decía hace dos noches en el Teatro Principal: los periódicos dicen que soy una actriz excelente... [Y Martí le responde galante] Y lo ha de ser quien tiene excelentes ojos. [Y ella con coqueta modestia comenta] Bueno, a pesar de mis ojos, yo sé a dónde llegan mis fuerzas. Es verdad que procuro hacer mis papeles con conciencia, pero esos elogios son exagerados, y el público va a encontrar luego un verdadero desengaño en mí..." Pero él le asegura al público de México que no quedará defraudado con la actriz cubana, que al día siguiente iba a actuar en el Teatro Principal. La función era en beneficio de unos obreros en huelga. Ella representó una comedia titulada "Es un ángel", y al día siguiente, en la Revista Universal, hizo Martí la reseña del acto: la califica de "excelente actriz", y agrega:
Terminada la función la actriz leyó unos versos "A México", que el cronista reprodujo, en los que deja ver su simpatía por los insurrectos cubanos, lo que también debió ser del agrado de Martí; decían sus no muy felices quintillas:
De otra actividad de Eloísa Agüero en el Gran Teatro Nacional queda recuerdo, también de un beneficio, éste para recaudar fondos para las víctimas de una inundación en Francia: actuó con la compañía de Guasp de Peris, con el propio director, y con Concha Padilla. Martí anunció el acto, en la Revista Universal, pero no hizo mención de quienes iban a tomar parte en él. Era el 7 de agosto y ya había empezado el diálogo amoroso con la actriz cubana. Por la presentación de Martí se sabe que Eloísa Agüero se había casado muy joven, y por su última carta se verá que estaba separada del marido. Ella, a pesar de su estado, se sentía culpable por mantener relaciones con Martí. Parece que quiso trabajar de manera permanente en la compañía de Guasp de Peris, a quien consideraba como un compatriota ya que el actor español había aprendido su oficio en Guanabacoa y quería mucho a los cubanos. Martí, por supuesto, la apadrinaba. No se sabe si en el poco tiempo que estuvo junto a Martí pudo lograrlo. Después de su regreso a La Habana, la actriz viajó por Europa y los Estados Unidos, hasta establecerse definitivamente en México, donde enseñó arte dramático.
Esta colección la forman once escritos de Eloísa Agüero. Algunos son breves recados, como corresponde a personas que se ven con frecuencia. Aquí se presentan en el orden probable en que se hicieron, y en dos partes, según el tratamiento que ella le da a Martí: en las seis primeras lo trata de usted, en las restantes ya lo tutea. Sólo la primera carta y la última tienen fecha, y por eso sabemos la extensión de las relaciones: desde el 31 de agosto hasta el 22 de noviembre de 1875. Las once esquelas completas aparecen en al Apéndice con facsímil de las mismas; lo que aquí sigue es una selección:
En esa época Martí solía publicar sus versos los domingos, pero es probable que ella también se refiera en lo que sigue a "Cartas de España", que apareció en la Revista el domingo 17 de octubre, la composición de que se habló en los otros amores de Martí: "la madrileña" y Blanca de Montalvo. Supiera o no Eloísa Agüero de esas mujeres, no sorprende que le hayan impresionado los versos que, además, llevan su nombre al recordar el poeta su visita en París al cementerio Père Lachaise:
Preocupada por la tristeza que le han producido a Martí esas "Cartas de España", ella toma la resolución de no volver a escribirle, y le dice a continuación, en esa misma carta suya, de los versos: Los estoy estudiando... cada vez hacen más efecto en mi cerebro y me trastornan más... Me propongo no escribirle más, porque esto puede intranquilizarle, puesto que tan sólo ofrece su lectura un algo del sentimiento doloroso que existe en mí. Ud. tiene un alma delicada, exquisita, y yo no quiero ser causa para que sufra Ud., mi buen amigo. Pasemos a otra cosa que es preciso (y ya es tiempo) que comprima los latidos de mi corazón que parece quieren romper mi pecho; se me escapa, para ir quizás por un camino tan estrecho, ¡tanto que se estrelle!... Adiós, Martí. Si en este momento se encontrara Ud. aquí ¿recogería estas lágrimas por suyas? Adiós su a[miga]. Eloísa. Sigue un breve recado [VI] en que le dice: "Yo deseo verle: hasta las 6 espero. Estoy algo mala. Adiós. Si Ud. piensa. Yo pensé desde hace mucho y desde entonces sufrí. Su a[miga]. Eloísa." Aunque en el siguiente papel [VII], mitad carta y mitad monólogo, aún oscila entre el "usted" y el "tú", se descubre la intimidad a que habían llegado en sus relaciones; sin introducción ni firma le dice:
Es por esos amores entre Martí y Eloísa Agüero, y las miradas de la actriz al enamorado durante las representaciones, que decían los versos de Peón Contreras:
Fue ella quien decidió terminar aquella amistad amorosa. Ya en la próxima carta [IX], a la que le falta la primera parte, le confiesa: "... Estoy pasando una noche cruel como ninguna. Acabo de leer todas tus cartas. Yo veo que sufrirás por esto, pero sufriendo hoy nos evitamos mañana doble tormento. Créelo, mi vida. Es preciso que no nos veamos para que no crezca cada día este afecto. No, amor. ¡Hoy, hoy, qué día! ¡Qué noche! Adiós". Y, dispuesta a terminar aquella relación, le escribe por última vez en México:
Ya desde La Habana le habla de su problema personal y legal con el marido, del que ha estado separada, por lo que Martí pudo sentirse ajeno al adulterio:
Pero el secreto no murió en él. Una carta entre estos papeles demuestra que dos años más tarde, quizás al enterarse del compromiso de Martí con Carmen Zayas Bazán, Eloísa trató de recobrar su correspondencia. La carta, también desconocida hasta ahora, y parte de esta colección (reproducida en el Apéndice), es de la madre de Martí a la esposa de Mercado, desde La Habana, donde le da noticias de la llegada del hijo a Guatemala, y dice en el párrafo que aquí interesa: "...Escribí a Uds. después que vino la familia, y no sé si la recibieron; en ella decía que si encontraba alguna esquelita de las que Pepe tenía de Eloísa Agüero, tuviera la bondad de mandármela, para un asunto de una amiga mía, y por si no la ha recibido lo repite su amiga, Leonor".
Unos versos manuscritos de Eloísa Agüero quedaron entre estos papeles suyos; están dedicados a Martí, y ponen en evidencia, si no su mérito de poeta, la pasión que llegó a sentir por él:
Poco después, el 19 de diciembre, con el mayor éxito, se estrenó en el Teatro Principal "Amor con amor se paga". Era el momento cumbre de la pasión de Martí por el teatro. No solamente fue lo único suyo que vio llegar a la escena sino que es lo más logrado. El periódico La Iberia comentó así el acontecimiento:
Y como el nombre de Martí no había salido en el anuncio de la obra, sigue diciendo el periódico:
Por extraña coincidencia fue también esa obra de teatro lo que más lo acercó a quien iba a ser su esposa. Ya Martí y Carmen Zayas Bazán se conocían, y hasta quizás llevaban relaciones: él jugaba ajedrez con el padre, y la redacción de la Revista Universal estaba junto a la casa de ella. Aquel triunfo lo hizo crecer a los ojos de Carmen, y contribuyó a mejorar la opinión que tenía Francisco Zayas Bazán de quien sería su yerno. El "reportaje lírico" de Peón Contreras cuenta así el paso de la relación previa que ahora sabemos fue con Eloísa Agüero y no con la Padilla a Carmen Zayas Bazán:
Más que un elogio al amor, como el que había dominado hasta entonces sus versos, el proverbio de Martí era un canto al matrimonio, ya que asociaba la pasión por la mujer con la paternidad. Así debió de entenderlo Carmen Zayas Bazán, cuando dice el protagonista:
Dos cartas de Carmen a Martí, también hasta ahora desconocidas, y de la misma colección, muestran los comienzos de aquellas relaciones que tanto prometían y que resultaron tan infortunadas. Carmen se revela aquí como nunca antes se la pudo ver. Conmovida por el florecimiento amoroso, y llena de ternura y pasión, le confiesa:
La segunda carta deja ver que Martí le contestó, aunque sin todo el calor que ella esperaba. Parece que aún dudaba del amor de Carmen, pero tampoco ella se sentía del todo segura; le escribe:
Luego, muy pronto, durante el noviazgo y los primeros tiempos del matrimonio, Martí se sintió enamorado de Carmen. La había buscado en otras mujeres, y creyó que ella era lo que necesitaba. Martí explicó la búsqueda en esta estrofa:
Pero al igual que los "lirios" rotos, algunos de los cuales se han visto aquí, ni la esposa, el hijo o el hogar, lograron disminuir las ansias del hombre y del patriota. En los días que terminaba Eloísa y comenzaba Carmen, como se vará luego, Martí se planteó el conflicto de su vida en los versos de "Patria y Mujer". La pasión por un ideal y la pasión erótica se parecen mucho, y es probable que tengan el mismo origen, pero brilla, y dura, más lo inasible que lo que se puede alcanzar, por eso es más frecuente el paso del libertino al héroe, o al santo, que el contrario. Puede pensarse que si no hubiera habido patria que salvar o guerra que hacer, Martí las hubiera inventado para sumir su pasión en la empresa. Fracasado el hogar, y vigilante del "casco" con el que había herido, años más tarde, como en el estado de perfección del místico, Martí esperaba el único momento en que de verdad podría "redimirse," y confiesa en uno de sus "Versos Libres":
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