Jos� Mart�: notas y estudios

Carlos Ripoll

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APUNTES SOBRE ISMAELILLO

  El t�tulo
  La composici�n
  "Espantado de todo"
  "Sed de pureza"
  "El celeste retiro"
  La forma
  La cr�tica
  Notas

Hay muchos y valiosos estudios sobre este peque�o libro de Mart�, impreso en Nueva York hace ahora un siglo. Alguna cr�tica reciente explica con acierto su m�rito en la poes�a de lengua espa�ola. Este trabajo se reduce a explorar algunos aspectos de Ismaelillo que no se hab�an aclarado o de los que se tiene una impresi�n equivocada. En su mayor�a lo forman notas de cursos y seminarios sobre la vida y la obra del gran cubano. Los ep�grafes dicen su asunto: "El t�tulo" aclara el motivo por el cual Mart� llam� al hijo Ismaelillo; "La composici�n" sigue al autor en su b�squeda de la forma que consider� m�s adecuada; "Espantado de todo" descubre una probable influencia sobre su visi�n de los males del mundo; "El celeste retiro" dice la raz�n de su victoria m�stica con el amor; y, por �ltimo, "La forma" y "La cr�tica", se�alan lo que lleg� como influencia a esos versos de Mart� y el poco inter�s que despertaron entre sus contempor�neos.

Estos "Apuntes" suponen un conocimiento b�sico de la obra por parte del lector, y del aprecio en que hoy la tiene la cr�tica m�s autorizada. Se publican aqu� con la esperanza de que puedan servir al mejor entendimiento y disfrute de Ismaelillo, y como una contribuci�n por su centenario.

El t�tulo

Aunque se han intentado varias teor�as para explicar por qu� Mart� llam� al hijo Ismaelillo, ninguna llega a convencer, toda vez que se basan en interpretaciones m�s o menos caprichosas. Parece m�s l�gico suponer que el nombre estaba directamente relacionado con el personaje b�blico. Es bien conocido el episodio del G�nesis, en el cual Sara, la esposa de Abraham, al no poder darle un hijo, le entreg� su esclava Agar para que con ella tuviera descendencia: as� imped�a la esposa est�ril ser repudiada por el marido, seg�n el c�digo Hammurabi que regulaba la vida conyugal. Cuando Agar qued� embarazada empez� a desde�ar a su ama, y �sta, en castigo, la expuls� de la casa. Sola Agar en el desierto pidi� ayuda al cielo, y Dios vino a consolarla, y le dijo: "Has concebido y parir�s un hijo, y le llamar�s Ismael, porque ha escuchado Yav� tu aflicci�n. Ser� un onagro de hombre"(1). Ismael, pues, porque en hebreo quiere decir "Dios ha escuchado"; y el car�cter del hijo queda descrito al anunciarle que ser� "un onagro de hombre", ind�mito y amante de la libertad, como el asno salvaje del desierto, que se describe en el Libro de Job, "que se r�e del estr�pito de las ciudades, y se r�e de las voces del arriero; vaga por los montes al pasto y va tras de toda hierba verde"(2). Ismael se convirti� en un invencible arquero, fue el m�s famoso rebelde n�mada contra la opresi�n de los babilonios, y los �rabes se consideran descendientes de �l. Por eso llama Mart� a su personaje "Ismaelillo, �rabe", "guerrero f�lgido", "guerrero de alas de ave", quien va con un "carcax de plumas" siempre cabalgando con un "audaz semblante", y en el escenario de sus aventuras aparecen "el pa�o �rabe", "el �nice �rabe", etc.

Con todo acierto Mart� asoci� la noble figura b�blica —necesariamente del gusto rom�ntico por su condici�n de bastardo, desterrado, jinete, n�mada, guerrero y de extraordinaria fortaleza espiritual— con su hijo, que �l quisiera ver bien equipado para los embates de la vida. Por eso escribi� en su Cuaderno de Apuntes: "Porque es necesario que ese hijo m�o, sobre todas las cosas de la tierra, y a par de las del cielo, y �sobre las del cielo!, amado; —ese hijo m�o a quien no hemos de llamar Jos� sino Ismael— no sufra lo que yo he sufrido"(3). Conviene tambi�n recordar que Jos�, el hijo de Jacob en el Antiguo Testamento, vendido por sus hermanos como esclavo a Egipto, no tiene los atributos que convienen a lo que Mart� quiere que sea su peque�o hijo, que as� se llamaba: Jos� se caracteriza m�s bien por su generosidad y disposici�n para perdonar. La �nica menci�n que en sus escritos hizo Mart� de Ismael, lo presenta como modelo de fortaleza ante las vicisitudes de la vida. En sus "Impresiones" sobre los Estados Unidos, escritas poco antes de empezar Ismaelillo, dice que el amor al lujo en la mujer americana no podr� "llevar a su hogar esas s�lidas virtudes, esos dulces sentimientos, la bondadosa resignaci�n, aquel evang�lico poder de consuelo que s�lo puede conservar en los hijos el desprecio de los placeres naturales y el amor por las satisfacciones internas que hace a los hombres felices y fuertes, como hicieron a Ismael, para afrontar los d�as de pobreza" (XIX, 124).

Esta interpretaci�n del t�tulo se confirma por el hecho de que Mart� asoci� en otra oportunidad a su esposa con Agar, la madre de Ismael: en sus Versos sencillos dijo con clara alusi�n a sus desavenencias con Carmen Zayas Baz�n: "En el extra�o bazar/Del amor, junto a la mar,/La perla triste y sin par/Le toc� por suerte a Agar" (XIV, 120). Y que la "perla" es el hijo se evidencia de manera concreta en la composici�n que titul� "Mi tojosa adormecida", en la que describe esta escena anterior al desastre en su hogar: "Como perla dormida/Sobre su concha de n�car,/De mi Carmen sobre el seno,/Nuestro ni�o dormitaba" (XVII,143).

La composici�n

Se ha dicho que Mart� escribi� Ismaelillo durante su estancia en Caracas. �l mismo habla del lugar de la composici�n en su carta de diciembre de 1881, ya de regreso en Nueva York, a Diego Jugo Ram�rez; le dice: "Aqu� mis escasas horas de esparcimiento son horas venezolanas. Las parto con Bonalde y con Guti�rrez Coll. Ellos me animan a imprimir un librito, que escrib� en Caracas, y all� le ir�. Ya est� en las prensas. Es un juguete, como para mi hijo" (VII, 269). Que la forma final de Ismaelillo se logr� all� parece evidente, pero el proceso de creaci�n y algunos poemas tienen un �mbito distinto, seg�n consta en esta nota de su Cuaderno de Apuntes:

Sucedi� a poco que, afligido mi esp�ritu por dolores m�s graves que los que corrientemente lo aquejaban, y, como extinguida temporalmente aquella luz de esperanza a la que yo hab�a escrito los primeros versos, las ideas sobre mi hijo sal�an de mis labios en versos graves, de otro g�nero distinto, acordes a la situaci�n de mi esp�ritu, mas no en acuerdo con la necesidad art�stica que, por haber tomado diversas ideas semejante forma, pens� dar a la obrilla. Si la luz de la esperanza no se hubiera de reencender, quedar�a as� la obra, sin que yo la desfigurase ni falsificase (XXI. 213-214).

Vemos, pues, que los primeros versos a "la luz de la esperanza" estar�an compuestos en Nueva York, junto a la mujer y al hijo, que regresaron a Cuba en octubre de 1880. Luego, el 8 de enero de 1881, embarc� hacia Venezuela con la ilusi�n de reunirse con ellos, y all�, otra vez a "la luz de la esperanza", continuar la obra. Hubo tres momentos, pues, en la elaboraci�n de Ismaelillo. De la primera etapa parecen ser, por ejemplo, "Mi reyecillo" ("Cuando te vayas, ll�vame, hijo...") y "Musa traviesa" ("Hala ac� el travesuelo/Mi pa�o �rabe;/All� monta en el lomo/De un incunable..."), mientras que el uso del tiempo imperfecto y las alusiones a la ausencia indican que fueron escritos durante el viaje a la Guaira, como "Amor errante" ("Hijo, en tu busca/Cruzo los mares"), o ya en Caracas, como "Mi caballero" ("Por las ma�anas/Mi peque�uelo/Me despertaba/Con un gran beso..." y "Sue�o despierto" ("Montado alegremente/Sobre el sumiso cuello/�Un ni�o que me llama/Flotando siempre veo!"). Los "versos graves" que desech� dejaron huellas en su Cuaderno de Apuntes, como �ste que qued� incompleto:

Bien solitario estoy, y bien desnudo:
Pero en tu pecho, �oh ni�o!
Est� mi escudo. [...]
Los flacos brazos sin br�o:
�A qui�n volver� los ojos?
A mi hijo.
Si vienen dos brazos m�rbidos
A enlazar mi cuello fr�o:
Los har� atr�s: s�lo quiero
Los de mi hijo (XXI, 155).

Este tema luego aparece en Ismaelillo, ya "en acuerdo con la necesidad art�stica" de que habl�:

�Yo doy los redondos
Brazos fragantes,
Por dos brazos menudos
Que halarme saben,
Y a mi p�lido cuello
Recios colgarse,
Y de m�sticos lirios
Collar labrarme!
�Lejos de m� por siempre,
Brazos fragantes! (XVI, 24)

"Espantado de todo"

La tristeza de Mart� al verse separado del hijo, las desavenencias en su matrimonio, el fracaso de su gesti�n revolucionaria y el disgusto por los aspectos desagradables que ha descubierto en los Estados Unidos, no justifican la declaraci�n en la primera p�gina de Ismaelillo: "Hijo, espantado de todo, me refugio en ti" (XVI, 17). Se pregunta uno, �a qu� debe su "espanto"? Los versos presentan el triunfo del amor sobre la sordidez de la vida: "la bella carne", "la moneda de oro", "la desdentada envidia", "los celos voraces". El objeto amado protege al guerrero en la contienda: "No temo yo ni curo/De ej�rcitos pujantes,/Ni de tentaciones sordas,/Ni v�rgenes voraces... �Hijos, escudos fuertes/De los cansados padres! (XVI, 47 y 48). Mart� hab�a vivido lo suficiente, para conocer las miserias humanas, pero �stas tienen en sus versos tal presencia que permite pensar en un est�mulo m�s inmediato. En la �poca en que trabajaba el Ismaelillo, Mart� ley� un libro que explica su "espanto". Se trata de una obra hoy completamente olvidada, A morte de D. Jo�o, del portugu�s Abilio Guerra Junqueiro. Debi� llegar a sus manos por la traducci�n al espa�ol que hab�a hecho de algunos pasajes Jos� A. P�rez Bonalde. Son �stos sus comentarios:

De Guerra Junqueiro: se ha acercado a los abismos de la vida, se han cantado algunas historias espantosas, de esas que parecen incre�bles, y son ciertas; y reculo espantado. De aqu� este honrado asombro, de esta poderosa rebeli�n de un alma clara contra el oculto crimen, de esta impresi�n inolvidable del mundo infame en el puro esp�ritu; de este choque de un alma juvenil, sincera, tierna, blanca, con ese f�tido aire de pantano que exhalan los esp�ritus corrompidos, naci� el libro. Es la lucha de un �ngel contra los demonios de alas negras, ojos hambrientos, manos garrudas, y ojos hambrientos que lo persiguen. Al llegar al descanso, al quitarse las ropas del combate, escribi� el libro. Es el reflejo del infierno en unos ojos puros. Es el cuento de un espantoso viaje... Es un libro ingenuo. No es la obra malsana. Clamor de honrado espanto: no trozo de arte (XXI, 184-185).(4)

La obra de Guerra Junqueiro presenta un cuadro desolador de miserias, vicios y pasiones: Don Juan se enamora de una mujer a quien no se le declara por cierta timidez. M�s tarde presencia una escena donde la mujer corrompida se entrega a otro en una sala en desorden, con los c�lices rotos por la "deshecha bacanal", y el fondo del vino en las copas despu�s de la org�a(5), todo lo que luego aparece as� en "T�rtola blanca":

El aire est� espeso,
La alfombra manchada,
Las luces ardientes,
Revuelta la sala;
Y ac� entre divanes,
Y all� entre otomanas,
Tropi�zase en restos
De tules, �o de alas!
Un baile parece
De copas exhaustas. [...]
De tiernas palomas
Se nutren las �guilas;
Don Juanes lucientes
Devoran Rosauras. [...]
Mariposas rojas
Inundan la sala,
Y en la alfombra muere
La t�rtola blanca. (XVI, 49 y 50)

El segundo canto del libro de Guerra Junqueiro, "O Orf�o", trata de las desventuras de los hu�rfanos, pero opone la luz del amanecer a la desgracia de los ni�os en t�rminos semejantes a los que luego servir�n a Mart�, particularmente en "Hijo del alma" y en "Musa traviesa". Hab�a escrito Guerra Junqueiro:

N�o h� d�r que resista � la luz da madrugada:
E’ como irm� mais nova inquieta e perfumada...
Deita-se ao p�r do sol, levanta-se mui cedo,
Entra-nos pelo quarto, assim como em segredo,
P� a p�, subtil... d�-nos un beijo, canta
(E que alegre canc�o, que matinal garganta!)
Depois desata rir, puxa-nos pelo braco
Com sanguinea alegria, uma alegria d’a�o
Brinca, salta, sorri, �ao p�de estar em paz.
Atira-nos cantando um ramo de lilaz,
Torna-nos a beijar... at� que finalmente
J� �ao h� resistir!(6)

"Sed de pureza"

No es dif�cil encontrar en Ismaelillo expresiones y giros de los m�sticos espa�oles y de la poes�a religiosa de los siglos XVI y XVII. Eran recursos po�ticos del amor cort�s que hab�an entrado en Espa�a con el gay trovar provenzal y con la obra de Petrarca, en gran parte procedentes, a su vez, del repertorio devoto de la Edad Media. La superioridad y la belleza de la dama, la soledad y la a�oranza del amante, la purificaci�n y la alegr�a como milagro del amor, las empresas nobles que acomete el caballero enamorado, todos esos lugares comunes del amor cortesano pasaron de nuevo a la literatura religiosa. La aplicaci�n de los recursos profanos, que hab�an divinizado a la mujer, se emplearon luego en los objetos sagrados sin perder la forma del arte menor, aprovechando su popularidad para mover la devoci�n de los fieles. Los atributos de la amada ("due�o", "se�or", "tirano", "rey", etc.), pasan a ser los de la Virgen Mar�a y del Ni�o Jes�s, y la influencia de la dama sobre el gal�n enamorado viene a ser la que tienen las figuras sagradas sobre el creyente.

De los muchos ejemplos de ese empleo de formas de amor cort�s en asuntos religiosos, se copian a continuaci�n unas seguidillas de Lope de Vega, en las que aparece el verso mayor indeciso entre siete y seis s�labas, porque est�n romanceadas y nunca se han publicado con relaci�n a Ismaelillo, y quitan cr�dito a la creencia de ser �sa una de las novedades que lo hacen "modernista". Adem�s anuncia tonos del libro de Mart�, donde al �nico autor que se cita es precisamente a Lope, en la forma adjetivada de "L�peos galanes":

Sea bien venida
La blanca ni�a,
Venga norabuena
El Ni�o de perlas. [...]
El Ni�o amoroso,
Que sin ofensa
De tan bello n�car
Su gloria muestra;
El Ni�o esperado
De los profetas
Por tantas edades
Que le desean;
El Ni�o gigante,
Que en la pelea
Matara a la muerte
Que agora reina;
David pastorcillo
Que las ovejas
Con honda de palo
Guarde y defienda. [...]
Los cabellos de oro
Parecen plata,
Del puro roc�o
De la ma�ana,
Como clavellinas
De hojas doradas,
Que al alba se bordan
De pura escarcha.
Palma parec�an
Y ya son zarzas,
Porque suben espinas
A coronarlas. [...](7)

"El celeste retiro"

Mart� ley� los cl�sicos espa�oles junto a su maestro Rafael Mar�a Mendive, en la Habana, y luego en las bibliotecas de Madrid, pero la m�s cercana influencia de los m�sticos sobre su poemario debi� llegarle por otro libro, tambi�n muy poco recordado hoy, que asimismo ley� en los d�as anteriores a Ismaelillo: son los Afectos espirituales de la madre Castillo, la monja colombiana, que se publicaron en la primera mitad del siglo XIX(8); debi� leerlos en la casa de Mercedes Smith de Hamilton, prima hermana de Carmita Miyares, donde se hosped� o visitaba durante su estancia en Caracas. Mart� sent�a gran admiraci�n por aquella m�stica que, como �l, "sufri� mucho de cuerpo, y de una noble alma que no le entend�an". En la misma p�gina en que escribi� ese juicio, dice sobre el estilo de la monja neogranadina:

No se cuidaba de decir, sino que pon�a en el papel las cosas con la pasi�n ingenua y lenguaje dom�stico que se le ven�a del coraz�n ardiente a los labios. De s�bito, sin dejar esta sencillez en la manera de decir, su lenguaje se encumbra y oscurece, como todo lo que asciende de la peque�a tierra, aletea en los espacios, y mora en las alturas, all� se recoge, como paloma herida por los hombres... Junta sin desconcertarse ni esconderse las im�genes de lo real que ve en torno suyo, con aquellos hervores amorosos, en que viv�a como presa y encendida... No recalienta la inspiraci�n: no bate las cenizas para hacer surgir chispas ya p�lidas... Y as� van creciendo y agit�ndose, y fulmin�ndose y luciendo y serpeando, como llamas, y humill�ndose como hormiguilla, y levant�ndose y aleando como �guila, las im�genes ardientes de la monja... Parece ala que vuela, beso que sube, fuego que humea... Ciertamente que este lenguaje se acerca a lo divino (XXI, 200-201).

Y despu�s del estilo de la madre Castillo, que a veces parece descripci�n del suyo en Ismaelillo, habla de su agon�a, que es tambi�n la de Mart� en el libro:

�Qu� defensa del celeste retiro, como quien defiende su propia fortaleza! �Y qu� suspiros por la casa del Se�or, como quien preso en ribera ajena se duele, con las manos extendidas y cubierto de l�grimas, y postrado de rodillas, de la ausencia de la suya! �Y qu� miedo de sus pasiones, qu� batallar con ellas como con tigres! �Qu� sentirse mal segura de la victoria! �Qu� brillantez y fuego en el combate, qu� devaneo de amores, sin puerto ni reposo! (XXI, 201)

Y cuando copia un pasaje de la monja, escoge �ste del milagro amoroso, uno de los temas centrales en Ismaelillo:

"A donde crec�an las ortigas y las zarzas, nacer� el c�lamo y la juncia, y dar�n su olor el lirio y la azucena. Aquella sentina de malos olores, ser� jard�n ameno donde sople el c�firo suave del Esp�ritu Santo, y den su flor y fragancia las eras de las flores. Aquella tu triste oscuridad donde vest�a tus paredes de luto, como viuda, se volver� en luz, tan graciosa como los adornos de una bella desposada".(9)

Son los prodigios del amor, tan gustados por los m�sticos espa�oles, que llegan a Mart� en "T�banos fieros", "Rosilla nueva" y en "Valle lozano":

D�game mi labriego
�C�mo es que ha andado
En esta noche l�brega
Este hondo campo?
D�game, �de qu� flores
Unt� el arado,
Que la tierra olorosa
Transciende a nardos?
D�game �de qu� r�os
Reg� este prado,
Que era un valle muy negro
Y ora es lozano? (XVI, 51)

La forma

En la primera p�gina de Ismaelillo, en el breve pr�logo y dedicatoria, le advierte Mart� al hijo: "Si alguien te dice que estas p�ginas se parecen a otras p�ginas, diles que te amo demasiado para profanarte as�" (XVI, 17). No explica esta protesta la preocupaci�n rom�ntica por la originalidad del acto creativo: �qui�n entre los contempor�neos de Mart� podr�a afirmar que aquellos versos se parec�an a otros? En unas seguidillas de su Cuaderno de Apuntes dice: "Causa pasmo a la gente/Mi breve estrofa./�No vi jam�s en l�nea recta/Volar las mariposas!" (XXI, 182). La palabra "pasmo" se ha entendido m�s como admirada sorpresa que, con su valor original, como desgano, indiferencia o estupor, lo que se justifica con la explicaci�n de los dos �ltimos versos. En el Cuaderno donde hablaba de la creaci�n de Ismaelillo aclara el asunto; escribe: "�Mi objeto? No se me calumnie diciendo que quiero imitar nada ajeno; mi objeto es desembarazar del lenguaje in�til la poes�a: hacerla duradera, haci�ndola sincera, haci�ndola vigorosa, haci�ndola sobria" (XXI, 220). �Por qu� esa preocupaci�n de Mart� por la originalidad de sus versos, cuando dice que no quiere "imitar nada ajeno"? S�lo con una revisi�n de la poes�a que llega hasta �l, y de la que se le�a en su �poca, podemos responder esa pregunta.

Aparte de las dos composiciones con versos de siete s�labas y una en hexas�labos, hay en Ismaelillo cuatro romancillos de pentas�labos y ocho seguidillas romanceadas, o romances con versos de cinco y siete s�labas. En la poes�a del siglo XIX hay numerosos ejemplos de arte menor dedicados a temas del hogar y a los ni�os; como despu�s de la seguidilla Mart� prefiri� el romance de cinco s�labas, escogemos estos tres ejemplos para presentar luego los que corresponden a la forma que m�s abunda en el libro. Del poeta espa�ol Jos� Selgas, muy le�do en aquellos d�as, y a quien mucho admiraba Mendive, son estos fragmentos de sus versos dedicados a "La infancia", que aparecieron en El pasatiempo, de Bogot�, una de las m�s valiosas revistas literarias en los a�os de Ismaelillo:

Cielos azules,
Nubes de n�car,
Limpios celajes,
De oro y de grana.
�ngeles bellos
De blancas alas,
Sue�os de oro,
Cuentos de hada. [...]
�sa, hijo m�o,
Flor de mi alma,
�sa es tu vida,
�sa es la infancia.(10)

De la extensa composici�n que dedic� el colombiano Julio A�ez a su hijo son estos versos que public� La pluma, de Bogot�, cuando era su redactor principal Adriano P�ez, que poco despu�s se convertir�a en el primer cr�tico literario de Mart�, al reproducir con grandes elogios su famoso estudio sobre los "Poetas espa�oles Contempor�neos":

Ven, hijo m�o,
Alma de mi alma,
En quien concentro
Mis esperanzas:
Ven picarillo,
Retoza, canta. [...]
No te deslumbren
Los mil colores
Con que fascinan
Las ilusiones.
�Jam�s consientas
Esas pasiones
Que el alma llenan
De odio y rencores
Y que envenenan
Y que corroen
Cual los gusanos
M�s roedores.(11)

Del dramaturgo Jose Pe�n Contreras, el amigo mexicano de Mart�, a quien le dedic� tantas cr�nicas y aplausos desde la Revista Universal, es este romancillo no ajeno a las descripciones de "Amor errante" y de "Mi reyecillo":

Sobre la nieve
Que cubre en copos
De las monta�as
El regio trono;
Sobre el ropaje
Multicoloro
Del ancho llano,
Del bosque umbroso;
Sobre los mares
Azules y hondos,
Sobre las nieblas
Que arroja el Noto;
Sobre esos mundos
Que ven mis ojos
De lo infinito
Girando en torno;
Envuelta en nubes
Y rayos de oro,
Volando pasas
T� sobre todo.(12)

Los or�genes de la seguidilla se encuentran en la poes�a popular, y es precisamente cuando las f�rmulas del amor cort�s se incorporan al lenguaje religioso que arrastran la forma a la poes�a culta. Hasta el siglo XIX continu� cultiv�ndose por poetas de nombre (Calder�n de la Barca, Qui�ones de Benavente, Torres Villarroel, Ram�n de la Cruz, Tom�s de Iriarte) sin dejar de usarse en cantos populares, en el g�nero chico y la zarzuela.(13) Pero la exaltaci�n de la seguidilla, con la del arte menor, se produce en el siglo XIX por la preferencia rom�ntica por lo tradicional y popular. Tanto lleg� a emplearse que Men�ndez Pelayo recomendaba en 1877: "Cese en nuestros vates esa man�a de las coplas, de los cantares y de las seguidillas".(14) Entre otros, las cultivaron Espronceda, B�cquer, Zorrilla y Rosal�a de Castro(15). Muchos poetas ya olvidados podr�an citarse; escogemos �stas de Antonio Fern�ndez Grilo —de quien Mart� dijo en 1880: "Canta todo lo que llora . . . Si los versos pudieran tener color, los de Grilo ser�an azules y rosados. Suenan como las hojas de un �rbol empapadas de roc�o y sacudidas suavemente por el viento" (XV, 32)— tambi�n dedicadas a un ni�o:

Blanco como la limpia
Piel del armi�o,
Con dos ojos rivales
De dos luceros,
Velaba el sue�o dulce
De un ni�o tierno,
Rubio cual las mazorcas
En los graneros. [...]
El dolor por el mundo
Gritos arranca;
La guerra es permanente;
Firme el encono;
Y all� en aquella humilde
Casita blanca,
Una mujer y un �ngel
Tienen un trono.(16)

En el Per� emplearon seguidillas, entre otros, Jos� Pardo Aliaga; en Chile, Eusebio Lillo; en Colombia, Jorge Isaacs; en la Argentina, Ascasubi y Jos� Hern�ndez; en M�xico, Guti�rrez N�jera, en su juventud; en Cuba, Juan C. N�poles Fajardo.(17) Otro colombiano, Rafael Pombo, de quien Mart� hab�a escrito en 1875, y residente en Nueva York antes que �l, cultiv� la literatura infantil en arte menor: ten�a varios libros con romancillos de cinco, seis y siete s�labas y, por supuesto, seguidillas.(18)

Los dos poetas venezolanos, amigos de Mart� en Nueva York, Jos� A. P�rez Bonalde y Jacinto Guti�rrez Coll, quienes es muy probable que costearon la edici�n de Ismaelillo, hab�an publicado seguidillas. En una traducci�n del ingl�s las us� el �ltimo con intenci�n moralizadora:

Ni�o, nada m�s bello
que un hombre puro:
joya de m�s riqueza
no hay en el mundo. [...]
Cuida tu nombre, ni�o,
Que un nombre honroso
Vale m�s que diamantes
Y perlas y oro.(19)

El "Poema del Ni�gara", que elogi� Mart�, es del libro Ritmos, publicado por P�rez Bonalde en 1880, donde se encuentran estas seguidillas rom�nticas:

De amor y de congojas
Yac�a muerto,
Sepultado en la tumba
De su recuerdo.
Un d�a en que vagaba
Su pensamiento
Por entre los sepulcros
Que guarda el pecho,
Al acercarse al m�o
Pens� un momento,
Y derram� una l�grima
Sobre mis restos. [...]
Alc�me de improviso
De entre los muertos,
Y en sus radiantes ojos
Vi el cielo abierto.
Fue de mis amarguras
El alto premio;
Desde esa hora de gracia
Vivo en el cielo.(20)

En Venezuela hab�a dos poetas m�s que se deben mencionar en la revisi�n que aqu� se intenta: Jos� M. Yepes y Eloy Escobar. El primero ten�a mucha fama cuando Mart� lleg� a Caracas; en estas seguidillas se ve cu�nto se acerc� Ismaelillo a ellas con sus vocablos arcaizantes, im�genes y comparaciones:

Todo pues, se reduce,
Tras luengos d�as,
A los sue�os que suelen
Llamar mentiras; [...]
Por eso mientras pasan
Cual viento y humo
Las dulces esperanzas
Que inspira el mundo,
Siempre conmigo
Van las santas visiones
Que sue�a el ni�o. [...]
Estrella que despides
Al sol que muere
En lagos de rub�es
Resplandecientes; [...]
Entre risue�as nubes
T� centelleas
Como en aguas azules
P�lida perla.(21)

El mejor amigo de Mart� en Venezuela era Eloy Escobar. Cuando Mart� estaba escribiendo Ismaelillo, ya hac�a tres a�os que se hab�a publicado una antolog�a de sus versos, en la que aparecen ejemplos de seguidillas con terminaciones esdr�julas y palabras de cinco s�labas en un verso, como luego en Mart�:

�Qu� olor de frescas flores,
Lirios y rosas!
�Qu� ruidos de fuentes
Murmuradoras!
�Por qu�, Matilde,
Sonriendo est� mi alma,
Mi alma tan triste?

Al est�mulo del amor por una ni�a cambi� el molde po�tico:

�Por qu� la musa m�a
Su vestidura
Cambi� por esas galas
De orlas de p�rpura,
Y aquel mon�tono
La�d, por una lira
De cuerdas de oro?(22)

Y tambi�n son de Eloy Escobar �stas donde se encuentran los ecos del amor m�stico y el preciosismo que luego llegan a Ismaelillo:

Como diamantes negros
Miro tus ojos,
Con sus pesta�as rizas
Y luces de oro;
Y su mirada,
Como el alba risue�a,
S�, como el alba.
Que en esta noche oscura
Que a m� me asombra,
Son ellos como rayos
De blanca aurora,
Que el cielo p�lido
De mi esperanza
Triste va sonrosando.
Si tus labios, que se abren
En dos corales,
Suspiran o sonr�en
Se alegra el aire;
Tus ojos bellos
Alegran a las almas
Que est�n sufriendo.
Cuando tu seno alza
Su blanda onda,
Parece, como el viento,
Banda de rosas: |
Tus negros rizos,
Cual de �bano sueltos,
Mil corderillos.(23)

Con estos ejemplos tan cercanos a Mart� se explican sus palabras: "Si alguien te dice que estas p�ginas se parecen a otras p�ginas, diles que te amo demasiado para profanarte as�". No era probable, sin embargo, que pasaran desapercibidas las coincidencias con otros poetas muy le�dos en aquellos d�as. Como con su pensamiento y con su prosa, otra vez aqu� la presencia martiana act�a como catalizador de lo que se insinuaba en forma embrionaria. Su originalidad era m�s de genio que de ingenio, entendido �ste como arte de invenci�n, y aqu�l, en t�rminos de Mart�, como un conocimiento anterior a las causas que evidencian luego lo que el genio sab�a sin ellas; especie de "hombres acumulados", dec�a, que "ven lo eterno en lo accidental". Por eso Ismaelillo se sale de su �poca, porque su autor adivin� como permanente lo que otros manejaron por azar y sin descubrirle alcance, y por supuesto, sin la gracia y la altura del poeta superior.

La cr�tica

Quiz�s porque los contempor�neos de Mart� no vieron esos valores permanentes, y, sin distinguir distancias, Ismaelillo les recordaba la obra de los otros que hab�an transitado por donde �l despu�s estuvo, es que mostraron tan notable indiferencia ante el libro. La cr�tica moderna suele presentarlo como un acontecimiento literario que aplaudieron con entusiasmo sus primeros lectores, pero no fue as�: cuando quiso regalar cien ejemplares a un orfelinato de Caracas, ni siquiera le contestaron la oferta; a mediados de 1882 escribi� en una carta, sobre Ismaelillo: "En mi estante tengo amontonada hace meses toda la edici�n" (XX, 64); y cuatro a�os m�s tarde le confiesa a otro corresponsal: "A�n tengo toda la edici�n en mis cajones" (XX, 313). Es verdad que no quiso ponerla a la venta, pero �se hubiera podido vender una obra que entre amigos y conocidos despertaba tan poco inter�s? A su compa�ero Gabriel de Z�ndegui, en la Habana, poeta y traductor, se sabe que no le gust�; Mart� le dijo en una carta: "Me enoja, aunque suavemente, porque me supones capaz de montar en ira porque no te haya parecido el Ismaelillo cosa maravillosa" (XX, 301); y uno de los m�s prestigiosos cr�ticos de Cuba en aquella �poca, Carlos Navarrete y Romay, le escribi� a Vidal Morales despu�s de leerlo: "Devuelvo Ismaelillo por si otro amigo logra descifrarlo. No puedo juzgar lo que no entiendo".(24) Con tantos poetas y escritores que Mart� conoc�a, y a los que elogi� p�blicamente con la mayor generosidad, sorprende que no se produjeran m�s comentarios sobre el libro. S�lo se conocen dos juicios impresos antes de su muerte. El primero apareci� en un peri�dico de la Habana, y �nicamente habla de la sinceridad y ternura del autor sin aludir a su m�rito literario;(25) y ese juicio, que apareci� sin firma, debi� de ser de Nicol�s Azc�rate, buen amigo de Mart�, pues le hab�a recomendado a P�rez Bonalde cuando �ste fue a la Habana.(26) El otro es el de Alejandro Magari�os Cervantes. El poeta uruguayo hab�a recibido Ismaelillo de manos de su compatriota Enrique Estr�zulas, c�nsul de su pa�s en Nueva York, con quien Mart� trabajaba. Le lleg� con una carta de Mart� a la que contest� con otra que hizo publicar en los Anales del Ateneo, del Uruguay, al a�o siguiente. Magari�os Cervantes elogia m�s al prosista puesto que hab�a le�do las cr�nicas de Mart� en La Naci�n, de Buenos Aires; y tambi�n al patriota que luchaba por la independencia de su pa�s. Ismaelillo le agrada por "los pensamientos llenos de novedad, ingenio y ternura", lo glosa con simpat�a y cari�o, pero nada m�s. Y para corresponder al regalo, copia una composici�n suya sobre el amor a los ni�os. Parece que, m�s tarde, Jos� Asunci�n Silva mostr� aprecio por el libro de Mart�, pero nunca escribi� de �l.(27) Con raz�n se ha concluido, despu�s de recorrer las revistas de la �poca, que "se sol�a hacer caso omiso del nombre [de Mart�] al pasar lista a los jefes y soldados rasos del modernismo".(28)

A Mart� pudo haberle preocupado la pobre acogida que tuvo su libro; �l siempre sinti� pudor ante el puro acto creativo: quer�a, seg�n dijo, ser "poeta en actos", pero las explicaciones que ofreci� a sus amigos dejan ver algo m�s que ese miedo de s�lo parecer "poeta en versos" (XX, 64). La adversa suerte de Ismaelillo puede ser el motivo por el que no dio a la imprenta sus "Versos Libres" y sus llamadas "Flores del destierro".

En el an�lisis que hizo en 1913 Rub�n Dar�o de la poes�a de Mart�, si se compara lo que expres� sobre sus otros versos con lo que dijo de Ismaelillo, es posible concluir que tampoco le impresion� al poeta nicarag�ense: resumiendo su poca fortuna ante la cr�tica primera, entonces s�lo afectuosa y distante, lo llama un "min�sculo devocionario l�rico, un arte de ser padre, lleno de gracias sentimentales y de juegos po�ticos"(29). Y la cr�tica que sigui� despu�s, durante alg�n tiempo, no se apart� de esa valoracion afectuosa y distante.

Ya hoy, al celebrar el centenario del maravilloso librito, cuanta Ismaelillo con serios estudios y merecid�simos elogios de la m�s seria cr�tica en lengua esa�ola. Mart� lo hab�a pronosticado: "Mi verso crecera,/bajo la yerba yo tambi�n crecer�" (XVI, 251).

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