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Que se sepa, dos mujeres esperaban el regreso de Martí a España. Dos mujeres que lo amaron: una en Madrid y otra en Zaragoza.(3). Pero no le era fácil a Martí vivir "Sin amores", como en esos días dijo en dos composiciones publicadas con ese título, en la Revista Universal;
Y en la otra:
Ninguno de los amores de Martí tiene tan rica documentación como el que sintió por Rosario de la Peña. A pesar de que a nada llegaron, y que Rosario después se unió en matrimonio a otro poeta, Manuel M. Flores, con el que fue feliz, conservó las cartas que le escribió Martí. En ellas se evidencia su desordenado apetito de amar; le escribe: Rosario, me parece que están despertándose en mí muy inefables ternuras; me parece que podré yo amar sin arrepentimiento y sin vergüenza; me parece que voy a hallar un alma clara, pudorosa, entusiasta, leal, con todas las ternuras de mujer, y toda la alteza de mujer mía. Mía, Rosario. Mujer mía es más, mucho más que mujer común. Y en otra, con semejante ardor, le dice: Amar en mí, y vierto aquí toda la creencia de mi espíritu, es cosa tan vigorosa, y tan absoluta, y tan extra-terrena, y tan hermosa, y tan alta, que en cuanto en la tierra estrechísima, se mueve no ha hallado dónde ponerse entero todavía… Despiérteme Ud. a la agitación, a la exaltación, a las actividades, a las esperanzas… De cuantas vi, nadie más que Ud. podría. Y hace cuatro o seis días que tengo frío.(5)
Tenía Martí, desde niño, marcada afición por el teatro (6) y en México había entonces mucha actividad en la escena. Así llegó de Cuba, en busca de un porvenir mejor para su arte, y movida por una tragedia personal, la actriz camagüeyana Eloísa Agüero de Osorio. Martí se enamoró de ella, pero esta mujer, aunque había roto con el marido, tuvo que regresar a Cuba para tramitar su separación legal. Desde La Habana le escribió: "… No te olvido, Pepe, pero no haré nunca por ir adonde tú estés, porque no quiero aumentar mi desgracia. Muera el secreto en ti. No me olvides…"(7)
Puede pensarse que Martí, enamorado del amor, como buen romántico, más que disfrutar de la compañera gustaba de buscarla, y se dejaba así arrastrar más por la conquista del objeto amoroso que por su posesión. Pero cansado, parece, de esos amores pasajeros, se dio al elogio de la vida del hombre casado. Escribió entonces el proverbio Amor con amor se paga, que llevó a la escena su amigo el actor Enrique Gusap de Peris y, en el papel de "Ella" estuvo la actriz Conchita Padilla. Se estrenó la obra en el Teatro Principal el 19 de diciembre de ese año 1875. Fue un rotundo éxito. Con ligera y fácil versificación presenta sus dos personajes para hacerle decir a "Él", en elogio de la pasión amorosa y de su capacidad milagrera:
Y en otro momento, para destacar la importancia de la mujer, dice el autor con la voz del mismo personaje
Pero no es aquí la mujer de un amor breve la que merece total la admiración del compañero, es la esposa, la que ha de ser madre; dice:
Parecía que iba a venirse abajo el teatro al final de la obra. Obligaron a salir a la escena al autor. Martí saludó al público de la mano de los actores, varias veces. Toda mujer con voluntad casamentera debió sentirse atraída por aquel joven que defendía la consagración del amor en el matrimonio. Desde un palco no paraba de aplaudir una joven acompañada de su padre y una de sus hermanas: era Carmen Zayas Bazán. Ya se conocían: el propietario de la casa alquilada por Martí y su familia, el comerciante jalapeño Ramón Guzmán, estaba casado con Rosa, la hermana de Carmen; los Zayas Bazán eran vecinos de la redacción de la Revista Universal, unos en la calle primera de San Francisco número 11, y contigua, la otra, en el número 12; Martí visitaba al padre de Carmen pues era también aficionado al ajedrez; y se habían visto en un baile al que Martí llevó a sus hermanas. Él tenía fama de poeta y de buen amador. No se sabe exacta la fecha en que se hicieron novios, pero se conserva una carta manuscrita de Carmen, sin fecha, que debió ser de los primeros meses de 1876, en la que se lee: Pepe: ésta es la primera vez que tomo la pluma para decirte lo mucho que te amo, y tiemblo solamente al considerar que quizás es insuficiente para poder interpretar la nobleza de mis sentimientos. Mucho hace que te amo, pero en silencio, mucho ha que mi corazón te pertenece. Es muy cierto que desde que te vi, te amé, desde ese momento sentí nacer en mi corazón la inextinguible llama del primer amor, pero también es cierto que desde que te conozco no he tenido un día de calma, pues los celos me mataban…(9) Debía saber la infeliz de los amores de Martí con Rosario, Eloísa Agüero, y quizás de otros. Un suceso infortunado vino pronto a entorpecer aquella amistad amorosa. El primero de enero de 1876 se había iniciado la revolución de Tuxtepec, quedando a la cabeza del levantamiento el general Porfirio Díaz. El país estaba en crisis. Había gran pobreza y el gobierno liberal del presidente Lerdo no parecía capaz de resolver los problemas. Creció la oposición y el 16 de noviembre en las lomas de Tecoac las tropas leales fueron vencidas por las de Porfirio Díaz. Entró éste triunfante en la capital mexicana, huye el presidente y dejan de publicarse los periódicos que lo apoyaban, incluyendo la Revista. "Cundió la desorganización en la capital", cuenta José de J. Núñez y Domínguez en su libro Martí en México, al que mucha información debe este escrito, "se desbandaron los funcionarios lerdistas; unos salieron fuera de la metrópoli y otros se ocultaron por temor a los excesos que siempre trae aparejado un triunfo militar".(10) Martí se refugió en casa del cubano Nicolás Domínguez Cowan que vivía con su familia en el mismo edificio de la Revista. Sabe que en México no podrá seguir, y tiene que encontrarle acomodo a los suyos. Le han hablado de la prosperidad de Guatemala y va a Cuba a pedirle ayuda a su buen amigo y compañero de estudios Fermín Valdés Domínguez, de padre guatemalteco. En México dejaba su compromiso con Carmen formalizado. Llegó a La Habana a principios de 1877 y en mes y medio arregla lo necesario para el viaje de su familia, la que regresa a Cuba a principios de marzo. Él embarca con buenas recomendaciones hacia el país centroamericano. Por una carta que por vez primera se publica aquí, y que pertenece a la misma colección de las que se transcribieron en La vida íntima y secreta de José Martí, de la madre de Martí a la esposa de Mercado, se confirman particulares del viaje de Martí a Progreso, a la Isla de Mujeres, a Livingsotone; allí explica: ...Por carta de Mercado a mi esposo sé [que] no tenían Uds. novedad; por la misma tuve la primera noticia de mi hijo, la segunda la tuve por un patrón de barco de pesca que lo llevó de Progreso a la isla de Mujeres, y de allí a Belice; nada más sé de él. Tal vez cuando reciban ésta haya usted recibido alguna carta [de él] si Dios ha querido que haya llegado con felicidad [a Guatemala]".(11)
Durante el trayecto, Martí fue escribiendo sus impresiones, y aquí se copian dos curiosas: ante el vivir tranquilo de la Isla, dice: "En mí, el fuego de la impaciencia, lanzaría roto mi cráneo al mes de vivir aquella vida sin cielo de alma, sin líos de mujer, sin trabajo, sin gloria y sin amor…" Y en Livingston le seduce la viveza de las mujeres nativas, de las que anota: "Son locuaces con la lengua, con los ojos, con las caderas, con las manos. Tiene para cada letra una, no mirada, sino transición de ojos diferente. Si dijeran amor, estas mujeres quemarían…" En La Habana le había leído a amigos su drama "Adúltera", donde aparece esta afirmación muy suya: "El ser humano no está completo en el hombre; es que la mujer lo completa", y así la buscó también en la soledad del viaje. Años después, ya en Nueva York, comentando su necesidad de compañía femenina recuerda aquellos días y, en su inglés defectuoso, escribe en un periódico local: Even while crossing a magnificent country, the Atlantic coast of Guatemala, where, like a crown Venus emerging from the spring of a clear river, a supple, slender but voluptuous woman, showed herself to the thirsty traveler with all the majestic power of a new kind of impressive and suggestive beauty, I loved and was loved…"(12) Episodio que Martí vuelve a recordar en "Sed de belleza", uno de sus Versos Libres:
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