La boda de
José  Martí

Carlos Ripoll

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Guatemala

Nueve meses estuvo Martí en esa ciudad antes de ir a México a casarse. Ganó la estima del país, lo aplaudieron como profesor y consoló su soledad con el trato de María García Granados, la inolvidable "Niña de Guatemala".(14) A fines de noviembre de ese año 1877 saló hacia México para cumplir su compromiso. Más de dos semanas le demora el viaje. El 20 de diciembre, casi a los dos años justos del estreno de Amor con amor se paga, contrae matrimonio religioso en la Parroquia de la Santa Iglesia Metropolitana de México, junto a la Catedral. 


A la derecha, la Parroquia del Sagrario Metropolitano de México donde se casaron Martí y Carmen el 20 de diciembre de 1877.

Fue padrino de velación el padre de la novia, Francisco Zayas Bazán, y madrina la hermana, Rosa; y padrinos de arras Manuel Mercado y su esposa Dolores Parra. A las seis de la tarde de ese día se había realizado el matrimonio civil en la casa de Mercado, y allí fungieron como testigos Zayas Bazán, Mercado, Guzmán y el pintor Manuel Ocaranza, que había sido novio de Ana.  

Núñez y Domínguez dio a conocer en periódico El Universal, de México, en 1928, el acta del matrimonio religioso y la del matrimonio civil, luego recogidas en su libro antes citado. Pero todo el Expediente Matrimonial lo copió el cubano Rafael Nieto y Cortadellas, en 1949. Se consigna allí, entre otros detalles, que "la Srta. Dña. Carmen Zayas se ha confesado" el 10 de diciembre, y que "al Sr. D. José Martí lo confesó el padre D. José C. García". En otro documento de esa misma colección se lee:

En ciudad de México, a catorce de Diciembre de mil ochocientos setenta y siete ante mí el Dr. D. Juan María Hernández, Cura de esta Parroquia del Sagrario de la Santa Yglesia Metropolitana, compareció D. José Martí y Pérez a fin de contraer matrimonio con la Srta. Carmen Zayas Bazán e Hidalgo y estando presente recibí juramento que hizo por Dios Nuestro Señor, y la señal de la Santa Cruz, bajo cuyo cargo ofreció decir verdad en lo que fuere preguntado; y siéndolo para las preguntas conducentes, dijo llamarse como va dicho, sin haber variado jamás nombre ni apellido, ser cristiano Católico, Apostólico, Romano, y que está bautizado según los ritos de nuestra Santa Madre Yglesia, de la que no se ha separado; ser soltero de veinticuatro años; natural de la Habana y vecino de esta Ciudad hace diez años [sic].(15)


Recibo que no se conocía, en el que consta que Martí, por el escaso tiempo de que disponía para la boda, tuvo que pagar "cincuenta pesos" por la "dispensa de exhorto y proclamas" que suelen preceder la ceremonia.

Y semejante juramento hicieron Carmen, su padre, Mercado, Ocaranza y Guzmán, Mercado dijo que conocía a Martí desde "hace sobre cuatro años", y Ocaranza desde "hace sobre diez años"; quizás la exageración era para facilitar el trámite legal, porque lo cierto es que lo conocían desde hacía menos de tres años, desde su llegada a México, el 8 de febrero de 1875. Por el mismo motivo, quizás, y para no complicar el expediente, tampoco declaró Martí que en su viaje a La Habana, de hacía menos de un año, para evitar la persecución de las autoridades españolas, dijo llamarse Julián Pérez, su segundo nombre y su segundo apellido.

Después de la boda celebraron un convite en casa de Mercado en el que estuvieron periodistas y amigos, entre otros, Nicolás Domínguez Cowan, Justo Sierra, Anselmo de la Portilla (director de La Iberia, quien había tenido discrepancias con Martí) Nicolás Azcárate, José Peón Contreras, Agustín F. Cuenca y Ramón Uriarte (el representante de Guatemala en México, quien iba a escribir el prólogo al libro que preparaba Martí).  

El pintor Ocaranza, y, a la derecha José Peón Contreras, quien publicó una biografía lírica de Martí en La Habana, en 1903.

Como era costumbre en aquella época, algunos de los presentes escribieron sus parabienes en el Álbum de la novia, del que por vez primera habló Jorge Mañach en su Martí, el apóstol.(16) En el libro de Alfonso Herrera Franyuti Martí en México está lo escrito por Mercado, que deja ver su gran aprecio por Martí, y que es lo único que de él se conoce:

Carmen:

Son ya ciertos los sueños de ventura. Alcáncela Ud. Hoy tan cumplida como merece, uniendo para siempre su suerte, a la del elegido de su alma, ese ser privilegiado en quien admirablemente concurren las más hermosas y brillantes dotes de la inteligencia y del sentimiento. Él también va a ser muy feliz, él que en las miradas de Ud. hallará amplia compensación a sus dolores terribles de otros tiempos y a las amarguras que todavía puedan estarle reservadas; él para quien la inefable ternura de Ud., sus sólidas virtudes, su belleza ideal y su talento distinguido serán dulce y poderoso estímulo en la realización de los altos y nobles pensamientos que se abrigan en ese espíritu gigante.

¡Felices, muy felices ambos! ¡Envidiable pareja que por doquier irá sembrando perfumadas simpatías y fecundísimos ejemplos y por doquier recogiendo himnos sinceros y entusiastas de alabanza y de amor!

Adiós, Carmen, adiós, Pepe: Haya siempre en Uds. un recuerdo para los que aquí gozan con su dicha, y que no la turben las lágrimas cariñosas de los corazones amigos que aquí dejan.(17)

En el libro de Núñez y Domínguez aparece, junto a lo escrito por el poeta Agustín Cuenca, lo del dramaturago yucateca Peón Contreras quien hizo del matrimonio el esquema de una obra de teatro::

Acto primero.— un Altar
Bajo la nave del templo—
Acto segundo.— Un hogar
De honor y virtud ejemplo.
Acto tercero.— Un jardín
Mansión de paz y cariño,
Un rorro, una cuna, un niño
Bello como un serafín.
Argumento.— Acto primero.
Exposición.— El amor
Que se jura ante el Señor.
Acto segundo.— También
El amor grande y profundo;
El enredo, todo un mundo;
El hogar, todo un Edén.
Acto tercero.— Es preciso
Que el amor de los amores
Desenlazándose en flores
Reproduzca un paraíso.
Baja el telón y el autor
Que ni un aplauso reclama,
Deja un canto y una flor,
En el álbum del amor,
A los actores del drama.(18)

Ya el matrimonio en Guatemala, José Joaquín Palma escribió sus versos en el Álbum, y aparecen firmados "J J Palma [seguido de los tres puntos simbólicos de la masonería]; Guatemala 29 de abril de 1878". Hasta ahora no se sabía que esa composición la había dado a conocer en 1881, en Bogotá, Adriano Páez, "el primer crítico literario de Martí"; fueron los primeros que vieron la luz pública; y aquí se transcriben sus patrióticas décimas tal como aparecieron en el periódico colombiano:

Hay en tu álbum resplandores
De poetas inspirados,
Y perfumes delicados;
Pero de extranjeras flores.
¿Tú prefieres los rumores
De allá de los patrios lares?
Convertidos en cantares
Yo traigo en el alma aquéllos
Melancólicos y bellos
Murmurios del Almendares.

Traigo el tenue sollozar
De aquella parleras fuentes,
Traigo cenizas calientes
De nuestro perdido hogar:
El tímido susurrar
Del escondido arroyuelo
Del alba entre el blanco velo
Blondas de perlas bordadas,
Y traigo nubes rosadas.

Entre pedazos de cielo
Traigo luces y colores
De las tardes estivales;
De verdes cañaverales
Ruidos adormecedores:
De los dulces ruiseñores
La enamorada canción,
La suave coloración
Del bosque en la primavera,
Y traigo a mi Cuba entera
Metida en el corazón.

Vedla, ¡oh Carmen!, cuán doliente
Cercada de duras rejas
Se deshace en triste quejas
Como una esclava de Oriente.
Pasa en su mano candente
Una copa cineraria,
Do se quiebran en luz varia
De lánguidos resplandores,
En cinco haces los fulgores
De la Estrella solitaria.

Mas no ha muerto: hirviente humea
En su destrozado seno
Sangre del bravo, del bueno,
Que el aire apenas orea.
La América victorea
Sus ansias desesperadas,
Y entre rojas llamaradas
Conque su martirio abona
Luce al mundo su corona
De ciudades incendiadas…

Perdón, ¡oh Carmen, perdón!
Porque a tu libro confío
Recuerdos del pueblo mío
Memorias del corazón..
Esta justa evocación
De mis extintas riberas
Serán las quejas postreras
De un poeta entristecido
Que llora su hogar perdido
Desde playas extranjeras.

Hoy tu sueño venturoso
Lo arrullan las hojas fieles
De los gallardos laureles
Que en arras te dio tu esposo.
Arrullo eterno, amoroso
Que el mundo envidia y respeta,
Que hasta del tiempo la inquieta
Garra que todo lo trunca
No pudo marchitar nunca
Los laureles del poeta.

¡Sé feliz! y que se agiten
En tu hogar las dichas todas,
Que de tu cendal de bodas
Las flores no se marchiten.
Que en tu corazón palpiten
Respeto y fe conyugal,
Que un amor primaveral
Siempre te dé su fragancia
Y el ángel de la constancia
Vele tu lecho nupcial.(19)  

El patriota y poeta bayamés José Joaquín Palma, muy amigo de Martí en Guatemala, cuyos versos en el Álbum de Carmen fueron reproducidos en 1881, con el título de "Recuerdos y dolores", en el periódico colombiano La Patria

Facsímil de la primera página del poema de Palma.

La luna de miel

Tan cerca de las fiestas navideñas los recién casados decidieron demorar el viaje a Guatemala. El día 26 salen por la madrugada protegidos por una escolta. Le escribe a Mercado para despedirse y recordarle el compromiso del libro sobre Gutemala que irá escribiendo por el camino.

Andan unas 15 leguas en diligencia hasta Cuernavaca, donde pasan la noche. Martí aprovecha los descansos para escribir. Al día siguiente ven las tierras de Xochimilco y, después de 11 leguas, descansan en una gran hacienda. Al pasar por esos grande latifundios de México escribe sobre la sana política agraria que creyó descubrir en Guatemala: 

Cultivar, emprender, distribuir... La riqueza exclusiva es injusta. Sea de muchos, no de los advenedizos, nuevas manos muertas, sino de lo que honrada y laboriosamente la merezcan. Es rica una nación que cuenta muchos pequeños propietarios. No es rico el pueblo donde hay algunos hombres ricos, sino aquel donde cada uno tiene un poco de riqueza. En economía política y buen gobierno, distribuir es hacer venturosos. (20)

Piensan llegar en la próxima jornada hasta Iguala, donde renuevan la escolta. Temprano en la mañana del 30 salen del lugar y llegan a Mezcala después de recorrer igual distancia que el día anterior; allí duermen a la intemperie. En la siguiente llegan a Chipalcingo, donde el pueblo celebra las fiestas de fin de año; Martí le escribe  Mercado:

Esta luna de miel, errantes vagabundos, era conveniente a nuestras bodas: peregrinos dentro de la gran peregrinación. [Carmen] duerme entre salvajes y bajo el cielo, azotada por los vientos, alumbrada por antorchas fúnebres de ocote, ¡y me sonríe! Ya no hablaré de valor romano. Diré valor de Carmen".(21)

La última parte del viaje la hacen en mula y a caballo por estrechos senderos y junto a hondos precipicios hasta Tierra Colorada para seguir a El Ejido, y a poco andar distinguen el Pacífico. El 7 de enero ya están en Acapulco. Recordando las dificultades, le escribe a Mercado:

Del camino  ¿qué le diré que no imagine? Cuando fui [a México desde Guatemala], las alas que llevaba me cubrían los ojos: ahora, que con mis alas tenía que protegerla [a Carmen], he visto todas las cruelísimas peripecias, rudas noches, eminentes cerros, caudalosos ríos, que, con razón sobrada, esquivan los viajeros. Carmen; extraordinaria; yo, feliz y triste ¡felicísimo! Por el largo trecho, traspuesto, del 26 al 5, con tres días intermediarios de descanso, cuadrillas de ladrones, felizmente ahuyentadas por la escolta… De la opus majus, ¡pobre librejo! allá le envió certificada la parte mayor. Por este mismo correo va. Numere como le plazca: ahí, en continuación de lo ya enviado, le mando 77 páginas. Como gusto mucho de lo ancho, de lo elevado y de lo vasto, y en nuestra América todo lo es, tal vez abunden estas palabras repetidas: corte y saje. Como no he tenido tiempo de leer lo escrito, donde haya idea repetida, saje también. No es ese libro caso de honra literaria, pero se ha de hacer por no perder la habida. De la publicación, ¿qué he de decirle? En ella tengo interés grandísimo. Para mi inmediato porvenir, me parece imprescindible.(22)

Y desde aquel mismo lugar le manda esta nota, que por vez primera se da aquí en facsímil; en ella le dice:

Mercado. No sé si el pliego anterior terminaba donde comienza éste. Si no, perdóneme todavía, taje de donde quiera y zurza como le plazca. A casa rejaré [?] escrito. Vea que en sólo en V. fío para que los caballeros cajistas no me conviertan ingente en urgente. Su hermano J. Martí".(23)  

 Dos días más tarde, ya listos para embarcar, vuelve a escribirle al bondadoso amigo: "Hermano mío: Una sola palabra, triste: adiós. Ya nos vamos: el vapor está en el puerto. Volveremos, porque aquí dejamos una gran cantidad del corazón. Ahí le envío el resto del librejo: corríjamelo con cuidado, y adivine lo que entienda, que V. sabe de eso. Cuídeme el párrafo de los pobres indios".(24) Se refiere a sus juicios conmovidos sobre los indígenas que encontraban en el camino, iguales a los de Guatemala:

Ellos son ¡terrible castigo que deberían sufrir los que lo provocaron! Ellos son hoy la rémora, mañana la gran masa que impelerá a la juvenil nación. Se pide alma de hombre a aquellos a quienes desde el nacer se va arrancando el alma. Se quiere que sean ciudadanos los que para bestias de carga son únicamente preparados.(25)

Y en otro pasaje escribe sobre el milagro de redención por la cultura que vio en Guatemala:

En las tierras de América no cuesta mucho trabajo la sazón. Aindiados, descalzos, huraños, hoscos, bruscos, llegan de las soledades interiores niñas y gañanes, y de pronto, por íntima revelación y obra maravillosa del contacto con la distinción y con el libro el melenudo cabello se asienta, el pie encorvado se adelgaza, la mano dura se perfila, el aspecto mohíno se ennoblece, la doblada espalda se alza, la mirada esquiva se despierta; la miserable larva se ha hecho hombre".(26)  

Buena parte del libro sobre Guatemala lo escribió Martí en su viaje de luna de miel, durante los descansos que hicieron en Cuernavaca, Chipalcingo y Acapulco.

En este libro se anuncia la economía verbal que trae a la memoria el estilo roto de sus últimos Diarios, también escritos en la incomodidad y la premura; evoca, por ejemplo, aquí, al poeta guatemalteco José Batres, y lo resume de esta manera: "Fue mal político, leal hermano, notable músico, profundo conversador, bravo soldado, excelente prosista y gran poeta";(27) y de María Josefa García Granados: "Talento penetrante, alma ardiente, rima facilísima, espíritu entusiasta, carácter batallador".(28)

Embarcaron hacia Guatemala en un vapor de la Línea del Pacífico que iba desde San Francisco a Panamá. Seis días después ya se encuentran Guatemala, donde toman en la costa una diligencia que los lleva a la capital. El 15 de enero Martí ya está de nuevo dando sus clases.

Epitafio

Con la vigilancia eficiente de Mercado las páginas de Martí sobre Guatemala se dieron a conocer en febrero, antes de reunirse en libro, en un periódico de México. Su elogio sobre el país no produjo, sin embargo, la reacción favorable que su autor esperaba, y merecía. Guatemala ya no le era grata a Martí, ni Marti a Guatemala. Carmen apoyaba incondicional al esposo en sus dificultades y sus angustias; asi le escribe a Mercado: "Veo a Carmen amante y serena, enfrente de problemas graves, que no tienen muy fácil solución. Me consuela, y con su tranquilidad me alienta. Aunque tuviera que huir a pie por los bosques, ella me acompañaría. Y no lloraría".(29) Es que, igual que no pudieron doblegarla las incomodidades del viaje de "luna de miel", seguía valiente al lado del marido en sus vicisitudes.  


Los recién casados viajaron por tierra más de cien leguas en diligencia y a lomo de mula, desde la ciudad de México hasta Acapulco. Martí llamó al viaje "luna de miel de errantes y vagabundos". Luego fueron por mar desde Acapulco hasta la costa de Guatemala.

El 10 de mayo murió" María García Granados. "Él volvió, volvió casado; / Ella se murió de amor". Parecería que alejada de Martí "La niña de Guatemala", y ya luego lejos para siempre, la buena estrella que lo amparó en su primer viaje al país también había muerto. 


María García Granados, "La niña de Guatemala". "Dicen que murió de frío,/Yo sé que murió de amor", según Martí en sus Versos Sencillos.

Personajes del gobierno que antes le mostraban amistad no ocultaron su desdén, hasta el mismo presidente, Justo Rufino Barrios, ya dado a abusos e injusticias, le negó apoyo. Martí decidió irse y escribió su famoso dictamen, aún con tanta validez en nuestros días: "Con un poco de luz en la frente no se puede vivir donde mandan tiranos".(30)

Terminaba entonces la Guerra Grande en Cuba. A Carmen le tentó volver junto a los suyos. Ya esperaba un hijo. Martí se dejó convencer de que en Cuba podrían ser felices; mejor puede decirse que se dejó engañar. Él sabía que tan cerca de la tragedia de su patria no iba a sustraerse de luchar por ella. En La Habana, en setiembre, les nació el hijo. Poco después ya estaba conspirando para iniciar otra guerra contra España. A mediados de 1879 hubo un levantamiento armado en la provincia de Oriente y un mes más tarde Martí fue deportado. De España viajó a Nueva York, para seguir trabajando por la libertad de Cuba. En Nueva York se le reúnen la mujer y el hijo, pero ya casi todo está roto; Martí le escribe a Mercado: "Carmen no comparte… mi devoción a mis tareas de hoy".(31)  Luego, fracasado el empeño revolucionario, y sin recursos ni empleo ante la amenaza del invierno, Carmen y el niño regresaron a Cuba.

Quince años separan a Martí de la muerte. Entre respiros y quebrantos los pasa, ya nunca en el disfrute de la compañera de sus primeros meses de casado. Martí jamás le entendió a Carmen, abrazada al hijo, su noble egoísmo. Carmen jamás le entendió a Martí su noble entrega.  


Carmen y su hijo en Nueva York, después de la muerte de Martí. Ella trató de impedir que fuera a la guerra de Cuba, pero en eso tenía el joven más de su padre que de ella, y allá se fue para luchar por la independencia de su patria.

En una de sus crónicas en La Opinión Nacional, de Caracas, hablando de las mujeres, resume Martí, sin confesarla propia, la tragedia del hombre que no encuentra en la esposa aprecio ni resonancia de lo mejor que en sí tiene; con estas palabras suyas, especie de epitafio, se explica la muerte de su matrimonio:

Si no tienen [las mujeres] los pies hechos al mismo camino, ni el gusto hecho a las mismas aficiones, ni los ojos a la misma claridad ¿cómo los acompañarán? Vive todo ser humano de verterse, y es el más suave goce el comercio de almas. ¿Qué ha de hacer el marido sabedor, sino apartar los ojos espantados y doloridos de aquella que no entiende su lenguaje, ni estima sus ansias, ni puede premiar sus noblezas, ni adivinar sus dolores, ni alcanzar con los ojos donde él mira. Y viene ese divorcio intelectual, que es el mal terrible.(32)

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