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EL VEINTE DE MAYO: SU ANIVERSARIO PRIMERO

Un año después
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Por disposición del gobernador militar Leonard Wood, a fines de abril de 1902, se fijó el 20 de Mayo para la transmisión de poderes. En ese día se iban a retirar de Cuba las tropas norteamericanas y tomaría posesión del gobierno el presidente electo, Tomás Estrada Palma. La culminación de los deseos del patriotismo cubano, el nacimiento de la República, tuvo así su fecha oficial.

Página del Diario de la Marina del 20 de Mayo de 1903. Junto al elogio por la fecha y el aplauso por la conducta de los cubanos al celebrar el primer aniversario de la República, publicaron la noticia de que embarcaba para España Nicolás Rivero, el director del periódico, enemigo de la independencia de Cuba y partidario de anexar el país a los Estados Unidos.

Había otras fechas que hubieran honrado los esfuerzos para lograr la independencia: el 10 de Octubre, por el alzamiento de Céspedes en 1868 y el inicio de la Guerra de los Diez Años; el 27 de Noviembre, por los estudiantes de Medicina fusilados en La Habana en 1871; el 24 de Febrero, por el Grito de Baire y el comienzo de la guerra del 95; el 19 de Mayo, por la caída en Dos Ríos de José Martí, en ese mismo año; el 7 de Diciembre por la muerte de Antonio Maceo y Panchito Gómez Toro en Punta Brava, en 1896. ¿Por qué, entonces, escogió Wood el 20 de Mayo desconociendo fechas llenas de espíritu separatista? No se sabe. Herminio Portell Vilá, en un trabajo que publicó en la revista Bohemia al celebrarse el 50 aniversario del 20 de Mayo, dijo: “Nunca he podido averiguar por qué fue que no se escogió una de nuestras fechas ya consagradas para la inauguración del gobierno cubano. Habría sido un reconocimiento pleno del triunfo de la independencia..."; y destaca la posibilidad de un “siniestro designio” en la elección del día por las intenciones anexionistas de las que fue Wood una de sus más destacadas figuras. Pero no se le ocurrió al doctor Portelí Vilá, o no lo quiso decir, que la fecha podía tener directa relación con el desembarco en Cárdenas de Narciso López, tan estudiado por él en su magnífica obra Narciso López y su época (1952-1958), y que el 19 de mayo de 1850 ondeó en aquella ciudad la bandera cubana enarbolada por el matancero Juan Manuel Macías. La ocupación de Cárdenas por López (tenido por algunos como anexionista) y sus compañeros, la gran mayoría norteamericanos, sólo duró unas 12 horas, desde la madrugada hasta la noche del 19. Quizás el poco aprecio que sentía Wood por la independencia de Cuba, sumado a sus pujos imperialistas, le hubiera hecho preferir el día 19, más cerca de la hazaña de López, pero en esa fecha también se conmemoraba la muerte de Martí, y no era posible mezclar el luto de ese recuerdo con la alegría por el nacimiento de la República, y postergó la celebración. Además, debe recordarse que, a mediados de 1902, urgía dar por terminada la intervención norteamericana, y que las fechas más queridas por los cubanos estaban casi todas al principio o al final del año (febrero, octubre, noviembre, diciembre). Y aun puede suponerse que, con buen juicio, Wood prefirió una fecha virgen que a nadie le trajera el recuerdo de las luchas y conflictos entre los varios sectores de la sociedad. Pero si la intención que determinó la fecha del 20 de Mayo como la del nacimiento de la República no fue todo lo pura que podía esperarse, la consagró para siempre el fervor del pueblo por lo que para él representaba.

Un testigo de la época, Rafael Martínez Ortiz, recordó así esos días de Mayo de 1902 en su libro Cuba: los primeros años de independencia (1911): 

El 19 fue día de recogimiento: se conmemoraba la muerte de Martí; las banderas a media asta con crespones de luto ondeaban sobre los hogares: parecía prepararse la nación con la plegaria en los labios y con el recuerdo de los sacrificados en el alma a celebrar dignamente la más grande de las fiestas... Al sonar el primer campanazo de la media noche, la muchedumbre apiñada en las calles y paseos principales, cambió de aspecto; al recogimiento sucedió la algazara, al silencio el estrépito, la calma a la agitación... La aurora encontró la ciudad vestida de gala; los lazos negros que sombreaban al atardecer las banderas habían desaparecido... La alegría era general y era legítima; palpaban los cubanos sus ensueños... Todas las fiestas celebradas hasta entonces habían sido pálidas comparadas con las de esa fecha inolvidable...

Y en la emigración que tanto había contribuido a la independencia con sus recursos humanos y económicos, se celebró ese 2O de Mayo con el mayor entusiasmo. El recuerdo del acontecimiento quedó en las páginas de The Morning Tribune, el periódico de Tampa, al día siguiente de la fecha, donde con grandes titulares en la primera páginas se lee: “Big Day in Havana. President [Estrada] Palma is Sworn In. Cuba’s Flag Fíes”. “Cuba Now Free. Great Enthusiasm Attends Advent of the Long-Suffering Island Among the Nations of the Earth. Cuba Libre!” “President Roosevelt Proclaims the New Republic of Cuba”. Y sobre la celebración en la ciudad dice una reseña con el titulo “The Cuban Citizens Hail Their New Republic”; “Pocas fueron las casas de Ybor City y West Tampa que no pusieron en evidencia la consagración de Cuba Libre. Los hogares y los negocios de los cubanos residentes en Tampa estaban engalanados con banderas y retratos de los héroes cubanos... Los comerciantes norteamericanos mostraron su alegría adornando, también entusiastas, sus negocios con los colores de Cuba. Auspiciados por el Club Nacional Cubano, hubo varios actos con saludos de artillería, música, discursos, voladores, fiestas y servicios religiosos, los cuales hicieron que esta celebración del 4 de Julio cubano en Tampa no pueda olvidarse por los cubanos ni por toda la ciudadanía”. “El edificio del Club Nacional Cubano, situado en la esquina de la Novena Avenida y la calle Catorce, estuvo bellamente adornado y se celebró un banquete. Los ciudadanos más prominentes de la ciudad asistieron a él... En todas las fábricas de tabaco se suspendieron las labores, como si fuera un día de fiesta. Fue la celebración más entusiasta en toda la historia de la colonia cubana”. [It was the most enthusiastic celebration in the history of the local Cuban colony].

Un año después

No tenía un año la República cuando el gobierno, con el fin de honrar a sus mártires y de perpetuar en la memoria de todos el más auténtico patriotismo, el 18 de marzo de 1903, determinó declarar días festivos, además del 20 de Mayo, el 24 de Febrero, el 10 de Octubre, el 7 de Diciembre y, por la fiesta cristiana, el 25 de Diciembre; años después también fue día festivo el 28 de Enero, por el natalicio de Martí. El 20 de Mayo de 1903 aún conservaban todo su vigor las mejores esperanzas de la población, luego, con el tiempo, reducidas por las injusticias y los egoísmos que culminaron en la tragedia que aún vive el país. En un hermoso artículo titulado “El primer aniversario”, dijo el Diario de la Marina: 

No es un año tiempo suficiente para apreciar la bondad y la solidez de un régimen político, ni para juzgar la labor de los que han sido llamados a implantarlo y desenvolverlo. Por otra parte la fecha que hoy conmemora Cuba, y a cuya conmemoración se asocian con entera cordialidad los elementos todos de este pueblo, simboliza algo más elevado que la instauración de una política y hasta de un régimen: opositores tiene la actual situación.., y, sin embargo, es para todos una fiesta, la fiesta de la patria, la que hoy se celebra, conmemorando el ingreso de la mayor de las Antillas en el concierto de las naciones… Administrándose y rigiéndose por sí misma, Cuba ha dado al mundo durante el primer año de vida propia el espectáculo de un pueblo apto para el cumplimiento de los delicados y complejos deberes que en una comunidad civilizada son inseparables del ejercicio de los derechos de la soberanía. Las dificultades y hasta los obstáculos no han faltado... Mas a todas esas dificultades se ha sobrepuesto el admirable buen sentido de este pueblo, de su espíritu sosegado y pacífico, tenazmente enemigo de las revueltas y de las agitaciones infecundas, que posee en grado eminente y por lo general poco conocido, la virtud del trabajo y de la perseverancia...

Y el anónimo escrito continuaba con esta atrevida queja contra la Enmienda Platt y la intervención de los Estados Unidos en los asuntos cubanos: 

Cuba ha demostrado su capacidad para vivir sin protectores interesados; éstos no le faltan, sin embargo, y seguramente más bien que aceptarlos, los soporta. En la tarea de lo provenir después de consolidado y mejorado el régimen vigente, y de complementarlo asentando sobre bases duraderas y firmes la relaciones comerciales con el exterior, [debe] hacer desaparecer por un esfuerzo perseverante y estrictamente legal cuanto constituye una amenaza o un peligro para la vida propia y libre del pueblo que celebra hoy el primer aniversario de su independencia.

Esos juicios elogiosos y nobles en un periódico que había sido enemigo declarado de la independencia, dicen mucho del ánimo que reinaba en el país. El 21 de mayo comentó el Diario lo sucedido el día anterior; allí se lee: 

El pueblo de la Habana demostró ayer una vez más que sabe aliar la alegría y el entusiasmo a la cordura, y que posee el secreto de expresar ostensible y hasta ruidosamente su regocijo, sin provocar conflictos ni promover desórdenes. La nota característica de la conmemoración de ayer fue que en “todas las clases y todos los elementos sociales. El 20 de Mayo es felizmente una fecha que en nadie despierta, como otras, ningún recuerdo amargo, y a cuya significación pueden asociarse unos con entusiasmo, otros con sincera cordialidad y con espíritu fraternal todos... El bien más preciado para un pueblo es su paz moral, único asiento firme de la tranquilidad pública, y no es necesario perseguirlo en Cuba, porque está ya en lo esencial conseguido; no se necesita más que consolidarlo hasta hacerlo indestructible. Es ése uno de los resultados que a los ojos del observador ofrece la conducta del pueblo de La Habana, de todo el pueblo de La Habana, y seguramente de todo el pueblo de Cuba de regocijo, dando a la ciudad un aspecto desusado de animación. Al dar las doce de la noche el martes 19, en todas las calles se dispararon cohetes y voladores, las campanas repicaron, los tranvías aparecieron engalanados con banderitas y cortinas con los colores de la bandera cubana, y gran número de personas comenzó a recorrer el paseo del Prado, hasta el Malecón, y las principales calles de la ciudad...

La víspera, el día 19, la Academia de Ciencias había celebrado una reunión. Su vicepresidente, el doctor Tomás V. Coronado, se excusó por la fecha en su discurso: 

Día de gran júbilo para La Academia de Ciencias médicas, físicas y naturales es el que conmemoramos hoy, el XLII aniversario de su fundación... La Academia, cumpliendo un deber reglamentario, se ve precisada a celebrar su fiesta solemne de antiguo establecida, en día como éste, triste, muy triste, porque también conmemora la sentida muerte de aquel apóstol a quien Dios concedió fuerza y perseverancia inimitables para tremendas luchas por la libertad. Los académicos depositan una lágrima ante la tumba del que se llamó José Martí, y penetrados de las ideas altruistas del compatriota desaparecido, proseguimos las tareas científicas pretendiendo también enaltecer y honrar la Patria que él nos dio...

A las ocho de la mañana del día 20 tuvo lugar en la Catedral un Te Deum, sigue diciendo el Diario de la Marina, “En celebración del primer aniversario de la constitución de la República, y para dar gracias a Dios Nuestro Señor por los beneficios que se ha dignado dispensarle... Asistieron al religioso acto, que resultó muy lucido, el presidente de la República Sr. Tomás Estrada Palma, el Secretario de Estado y Justicia, señor [Carlos de] Zaldo y el general Máximo Gómez... Las naves del hermoso templo, adornadas con lujosas cortinas ostentando los colores nacionales, se vieron invadidas por una multitud de fieles entre los que figuraban numerosas damas, todo lo que prueba que los sentimientos religiosos no han menguado en el corazón de las habitantes de esta ciudad..." Hubo, en la tarde, una recepción en el Palacio a la que asistieron autoridades y dignatarios (senadores y representantes, y, entre otras personalidades, Máximo Gómez, Carlos Finlay, Fernando Figueredo y Rafael Montoro), agentes diplomáticos de varios países (los Ministros de los Estados Unidos, de Inglaterra y México; los Encargados de Negocios de España, Bélgica y China; los Cónsules de Chile y del Ecuador...) Y siguieron desfiles, en la Plaza de Armas, del ejército, la policía, la guardia rural y los bomberos, mientras en las calles de La Habana y en los parques de las ciudades del interior, se celebraba con similar alegría tan señalada fecha.

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Ningún robo del comunismo criollo al pueblo cubano ha sido más injusto y miserable que el de sus sanas tradiciones. Se prohibió cuanto disgustaba al Kremlin para asegurarse la protección del campo socialista: contra el internacionalismo proletario conspiraba el patriotismo nacional. Por resentimientos y complejos ante lo propio se impuso un culto extraño al país a fin de asegurarle al gobernante su permanencia en el poder. Tras un falso y vocinglero culto de los héroes de nuestra historia, siempre para esconderles su doctrina y su ejemplo, Castro y los suyos impusieron el culto de Marx, Lenin, Stalin, y de los sátrapas que practicaron sus programas de gobierno.

De todos los días de fiesta que disfrutaba el cubano sólo se le ha autorizado ahora la Navidad, el 25 de Diciembre. Es parte de la comedia que siguió la visita del Santo Padre, a quien Castro le tomó el pelo auxiliado por la medrosa jerarquía eclesiástica de La Habana, la que le hizo concebir al Vaticano esperanzas de cambios políticos en la isla. Pero con la visita del Papa sólo se logró que volaran más seguras de sus inversiones las auras tiñosas del inescrupuloso capitalismo internacional. El consejo del Sumo Pontífice, “No tengáis miedo”, parece como que iba más que al pueblo, dirigido a sus opresores: “No tengáis miedo”... de mentir; “No tengáis miedo”... de envilecer las costumbres; “No tengáis miedo”... de violar los derechos humanos.

A esas Navidades tímidas de villancicos y palio no les tiene miedo Castro, y las permite en el atrio de las iglesias o pegadas a las paredes del templo. El 20 de Mayo sería distinto, porque el 20 de Mayo fue por sanción popular otra natividad gloriosa, como la de Cristo , aquella, de la nación cubana. Pero Cuba ha de volver a esa fecha, y a lo mejor de lo que significaba, para ahuyentar desde ella la sangrienta apostasía, y para hacer reales, ya para siempre, las esperanzas de justicia y libertad de los cubanos de aquel 20 de Mayo.

Sólo tres años nos separan del centenario del nacimiento de la República, que se ha de cumplir el 20 de Mayo del 2002. Después del largo viaje, después de la amarga ausencia, debe ya estar el exilio de regreso en su tierra, junto a sus hermanos, para entonces, al ver flotar la bandera libre y soberana, repetir las palabras de Enrique José Varona cuando allá la vio izar por vez primera: “Sube, sube, bandera de la patria; fulgura como el sol que disipa las sombras del terror y de la ignominia; abre tus pliegues como alas para que cobijen corazones amasados por el dolor y ensanchados por el triunfo merecido; tiende tus franjas como iris perenne de paz y de bonanza sobre esta tierra manchada por el crimen y purificada por el sacrificio. Sube, sube, bandera de Cuba, y que ese jirón sangriento que ostentas como símbolo de nuestro martirio, restañe para siempre la sangre de las heridas de la patria”.