INTRODUCCIÓN
Cuando Martí instruyó a Gonzalo de Quesada y Aróstegui sobre cómo ordenar su obra, en la carta del 1º de abril de 1895 que se tiene como su testamento literario, mencionó varios de los periódicos en que habían aparecido sus escritos y dio el título de algunos de sus artículos, pero nada dijo de The Sun1. Ni siquiera recordó allí el más famoso trabajo de sus primeros tiempos, el que le abrió las puertas de Hispanoamérica, "Modern Spanish Poets", que en traducción del erudito Carlos Martínez Silva reprodujo en 1881 El Repertorio Colombiano, de Bogotá, y luego La Opinión Nacional, de Caracas2.
Terminada la guerra de independencia, Quesada se dio a la tarea de ordenar los papeles de Martí. En 1900 salió el primer tomo de la colección que quiso recopilar toda la obra y, cuando iba por el octavo redactó una carta con fecha 28 de mayo de 1909, dirigida a su esposa, pidiéndole que si él fallecía sin terminar el empeño, lo continuaran sus herederos. Entre otras disposiciones indicaba: "Buscar en el Sun, de New York, los artículos sobre arte y costumbres españolas y reunirlos"3. Muerto Quesada, el último tomo de su colección apareció en La Habana en 1929 sin que contuviese nada de lo escrito por Martí para ese periódico de Nueva York. Los demás intentos que se hicieron después para reunir la obra completa, los de Carbonell (1918)4, el de Ghiraldo (1925)5 y el de Godoy y García Calderón (1926)6 tampoco incluyeron nada de lo que aquí interesa. Hubo que esperar hasta las ediciones de Trópico (1936) y la de Lex (1946), para que aparecieran cinco de los trabajos de Martí en The Sun7. Llos 27 tomos de la Editorial Nacional de Cuba (1963-1966), las más recientes Obras Completas, se limitaron a incluir lo que ya se conocía.
Al aparecer, en inglés y traducidas al español, en la Revista Cubana, de Nueva York, en 1968, dos crónicas de Martí en The Sun, esta edición las reprodujo sin decir de dónde las habían copiado, en un tomo adicional, el número 28, que llamaron "Nuevos Materiales"8.
En 1953, al celebrarse el centenario del natalicio de Martí, se empezó a hablar de que en The Sun había trabajos suyos que nunca se habían recogido. En José Martí, crítico literario, José Antonio Portuondo escribió: "No fue sino hasta la mitad del año [de 1880] que empezaron a aparecer en The Sun sus artículos de crítica literaria... [y] todavía en 1885 continuaba esa situación, según cuenta [Martí] en carta a Manuel Mercado del 13 de septiembre de dicho año..."9 Sin embargo, la carta que cita Portuondo no era del 13 de septiembre de 1885, sino del 13 de noviembre de 1884, aunque esa fecha se determinó mucho después al publicarse en 1993 el Epistolario de Martí por Luis García Pascual y Enrique Moreno Pla10. Lo que sí evidencian las palabras de Portuondo es que las colaboraciones de Martí en ese periódico serían más numerosas de lo que hasta entonces se creía.
Sin la fecha correcta de esa carta de Martí a Mercado puede producirse cierta confusión, pues le escribe al amigo mexicano: "Tenía concertadas unas cartas de viaje con el Sun... [y] trabajaré, como en este mismo instante, para el Sun de aquí, para el que escribo en francés..."11 Arreglada la fecha se entiende el asunto: Martí tenía en proyecto un viaje a México y a varios países de Hispanoamérica en apoyo de los planes revolucionarios de los generales Máximo Gómez y Antonio Maceo. Lo mismo había hecho la vez anterior que viajó fuera de los Estados Unidos, en 1881, cuando pensó enviarle trabajos a Charles Dana, para pagarle el viaje a la esposa y al hijo de La Habana a Caracas. Ahora, en 1884, lo hacía para mantenerlos en Nueva York durante su ausencia. Ése es el origen de "Un voyage á [sic] Venezuela" (19, 137), apuntes que se conservan de su travesía en 1881 en barco hasta la Guaira, y de ahí, en diligencia, a Caracas. Nunca se lo publicaron en The Sun; es el mejor ejemplo de lo que proyectaba hacer. Luego vino el rompimiento con Gómez y Maceo, el 20 de octubre de 1884, y Martí tuvo que suspender el viaje y las prometidas crónicas sobre los países que pensaba visitar entonces.
El mismo año en que apareció el libro antes mencionado de Portuondo, se publicó José Martí: Epic Chronicler of the United States in the Eighties, de Manuel Pedro González. Aunque también sin dar razones para justificar su aserto, este autor extendió el período de colaboraciones de Martí en The Sun hasta 1892: "The exact period during which Martí contributed to the Sun was twelve years 1880-1892"12. Luego, en 1961, otra vez sin aportar pruebas ni decir en qué basaba su juicio, González repitió en las primeras páginas de su antología José Martí: esquema ideológico: "Durante doce años escribió en francés una crónica probablemente semanal para el New York Sun"13. Lo mismo sostuvo en Indagaciones Martianas: "Durante doce años (1880-1892) colaboró Martí en el Sun..."14
Siguiendo a González, en 1966 Ivan A. Schulman publicó en Chile un trabajo sobre el mismo asunto en el que alargaba aún más en el tiempo las contribuciones de Martí a The Sun, y las hacía llegar hasta unas semanas antes de Dos Ríos 15. Schulman dividió las crónicas en dos grupos: uno del el 27 de junio de 1880 hasta el 10 de octubre de 1881; otro del 7 de marzo de 1882 hasta el 14 de abril de 1895. El primer grupo comienza con"The Court of Spain" ("La Corte de España"), la crónica primera de las seis que forman esta colección, y llega hasta "One of the Greatest Modern Painters. The Career and the Works of the Spaniard, Eduardo Zamacois" ("Uno de los más grandes pintores modernos. La carrera y las obras del español Eduardo Zamacois") que publicó la Revista Cubana de Nueva York en 1968, antes mencionada,. El segundo grupo se componía de una serie de escritos que a todas luces no son de Martí. A nadie se le hubiera ocurrido atribuirle a Martí esos escritos, por sus temas, estilo o fechas en que se publicaron, si no fuera por una irrelevante coincidencia. Cuando Martí fue expulsado de Venezuela, en julio de 1881, de acuerdo con los directores de La Opinión Nacional, de Caracas, los trabajos que enviaría desde Nueva York iban a aparecer sin su nombre. Lo mismo había ocurrido cuando Martí viajó clandestino a Cuba, a principios de 1877: escogió su segundo nombre y su segundo apellido, "Julián Pérez", para no ser, dijo, "más que lo necesariamente hipócrita" (20, 16). Así, cuando años después, en 1881, tuvo que esconder otra vez su identidad, usó las iniciales del apellido de su hijo: Martí de Zayas Bazán, "M. de Z." que de esa manera, al igual que sus antepasados, con la preposición "de", gustaba usar el apellido la aristocrática familia del Licenciado Francisco de Zayas Bazán y Varona, el abuelo del niño16.
El primer escrito de Martí con la firma "M. de Z", en La Opinión Nacional, fechado en Nueva York el 20 de agosto de 1881, se publicó el 6 de septiembre; el último, escrito el 10 de diciembre, el 29 de ese mismo mes. El 7 de marzo de 1882 empiezan a aparecer en The Sun los trabajos de un tal "M. de S.", y cesan, como antes se dijo, en abril de 1895: más de 300 artículos en total. Surge entonces la pregunta: ¿por qué pocos meses después de publicar en The Sun la crónica antes mencionada sobre Eduardo Zamacois, firmada con sus iniciales, "J.M.", y la anterior, sobre Fortuny, un año antes, con su nombre completo, "José Martí", tendría que esconderse tras las letras "M. de S."? El "M. de Z." en La Opinión Nacional, de Caracas, estaba justificado, y sabemos el motivo por el que se produjo. Existen abundantes pruebas de por qué lo hizo. En cambio, pero ¿qué razón podría explicar el súbito escondite en "M. de S." para escribir en el periódico de Dana, ni qué pruebas hay de que en efecto lo hizo?
En vista de las grandes diferencias entre los escritos propiamente de Martí y esos otros atribuidos a él, Schulman supuso "quejas por parte de los lectores [de The Sun] contra la riqueza tropológica de Martí", lo que llevó al cronista, según afirma, a usar un "disfraz", a "estrangular inclinaciones estéticas" a fin de complacerlos17. Sin embargo, después de una cuidadosa revisión de esos trabajos de "M. de S." se concluye que, para que fueran de Martí, habría que "estrangular" algo más que sus "inclinaciones estéticas" toda vez que ni el estilo, ni el tratamiento de los temas, ni los juicios que allí aparecen tienen nada que ver con él.
"M. de S."
Resulta fácil confundir lugares comunes en la prosa de la época con rasgos de Martí. A pesar de su genio, en ella estaba también inmerso. Un ejemplo: en el propio periódico The Sun apareció el 4 de julio de 1880 un trabajo con el título "A Foreigner on Coney Island". En todo se parece a Martí se podría asegurar hasta que era parte de las "Impressions of a Very Fresh Spaniard" que se empezaron a publicar en The Hour seis días más tarde; un fragmento de "A Foreigner on Coney Island" dice, por ejemplo:
Coney Island is the happy oasis of the crowded desert that is called New York. I was delighted to perceive that all in life was not business and hard labor, and blessed a country in which the blacksmith and the carpenter might share in the enjoyments of the banker and the landowner. I had always hated great crowds I had always felt very lonely among them, but beholding the happiness of so many people, all of whom behaved like gentle people, of so many women and children who treated each other as though they were members of the same family, my dislike gave way immediately, and I felt inclined to fraternize with them all.
Esta crónica de The Sun, que tan martiana parece, que permitiría pensar que el "Foreigner" que visita "Coney Island" es el mismo "Fresh Spaniard" que escribió sus impresiones sobre Nueva York, no es de Martí, sino de Maurice Mauris, marqués de Calenzano, quien en ese mismo año de 1880 publicó con la editorial D. Appleton una colección de biografías (Víctor Hugo, Musset, Gautier, Sainte-Beuve, Daudet y Zola, entre otras) con el título de French Men of Letters18.
"M. de S.", el misterioso colaborador de The Sun, posiblemente era un inglés que viajaba con frecuencia a París, o allí vivía, y a otras capitales de Europa, al tanto de los chismes e intrigas de la aristocracia europea, a la que le seguía interesado sus pasos compartiendo a veces con ella en saraos, balnearios, reuniones y espectáculos. A veces describía los lugares comunes del turismo más elemental. Y todo desde dentro, como lo muestran sus escritos, en contacto directo con los personajes y sus actividades, y no desde fuera, y distante, como en alguna ocasión Martí habló de ese mundo. Cuando se analiza el contenido de las crónicas firmadas "M. de S." se comprueba que su autor era una especie de cronista social dotado de toda la frivolidad, ironía y gracia que se necesitan para ese ejercicio. Véase como ejemplo un pasaje fechado en Londres el 23 de marzo de 1882, y que The Sun, con el título de "Life In England", publicó el siguiente 9 de abril:
I know a small Eton boy who flatly informed his parents he could not be seen without a "buttonhole" in front of the very curtailed and unprotecting jacket which is the uniform of that time-honored public school as "no man" ever walked out without one. This same Etonian of tender years refused to wear any clothes not ordered at a certain Windsor tailors, that artist alone been able to cut a fellows waistcoat. And this habit accounts for a practice prevalent among these dear little boys, who had laid down a rule that they only "take paper" meaning thereby that it is beneath their dignity to accept anything so low as a sovereign for a tip.
Eton is the father to Oxford, and the Sybaritic tastes of the school deepened in the university. Some undergraduates are tempted to boil their rose leaves.
The hardy, boating, rough burly members of the college hated this particular student and his particular tastes so they showed their superiority, wisdom and intellect, by promptly putting in their oar and converting themselves into burglars. They burst into his rooms... broke his china, blew his feathers to the wind, and left him a shattered being to bewail the loss of his aesthetic belongings.
We all are immensely proud of this summary justice, evidencing the strongest determination not to suffer effeminacy to creep into our social system...
Otra pregunta que surge al leer textos como éstos es ¿por qué Dana le iba a encargar a Martí trabajos de tal naturaleza sabiendo que él tendría que obtener información de segunda mano, en periódicos y revistas, cuando el periódico contaba con personal conocedor de esos asuntos? Para eso hubiera recurrido a otros colaboradores de The Sun, como Theodore Child, autor del libro Pictures in London and Paris19, o a Adam Badeau, autor de Aristocracy in England20.
Martí y Dana
A raíz de publicarlo, en 1882, Martí le mandó a Dana un ejemplar de Ismaelillo con una dedicatoria en que le decía, según un apunte que se conserva: "... Je vous envoie le livre, en gage de la bonne memoire [sic] de mon coeur; aujourdhui que je recouvre les rêines [sic] de ma vie, ne saurais-je oublier celui qui maida, dans un moment depreuve [sic] à les tenir en haut..." (20, 295) Cabe preguntarse, ¿si Martí en 1882 estaba escribiendo para The Sun, y Dana traduciéndole los escritos, por qué le iba a hablar de "la buena memoria de su corazón" porque en un momento difícil de su vida, (1880) lo había ayudado?
Martí no estaba escribiendo para The Sun desde 1881. Lo prueba una carta de Dana a Martí, con fecha 18 de marzo de 1884, en la que le decía:
I am delighted to see your handwriting once again, and find that you are still in this town [desde su viaje a Venezuela, en 1881, Martí no había salido de Nueva York]... I am sorry to hear from you that your good intentions are never carried out as regards contributions for The Sun... It is always most agreeable to have an opportunity of reading a manuscript of yours and trying to convey it into English21.
Apenas dos días antes de escribirle esa carta, el 16 de marzo de 1884, The Sun había publicado un extenso artículo de "M. de S.", fechado en Londres el 27 de febrero, con el siguiente título: "What is Going on in English Society. Gambling in the Clubs and Elsewhere. Lord Garmoyles Broken Engagement. Scandal about the German Imperial Court". ¿Cómo es posible que Dana le dijera a Martí: "I am delighted to see your handwriting once again, and find that you are still in this town... I am sorry to hear from you that your good intentions are never carried out as regards contributions for The Sun", si acababa de aparecer un artículo suyo en el periódico, y traducido por el propio Dana?
Cuatro años más tarde, en 1888, el extrañamiento de Martí y Dana no se había alterado. Parece que le había pedido una recomendación para un amigo. Por las líneas que le contesta, con fecha 14 de agosto, se descubre que tampoco entonces estaban en contacto. Le escribió: "Dear Mr. Martí: I am delighted to see your handwriting again, and I enclose the reply which I have written for your young friend. Yours faithfully, C. A. Dana"22. Y así le dice aunque no se habían interrumpido las colaboraciones de "M. de S." en el periódico: el 8 de julio, apareció un trabajo de "M. de S." sobre "The Rival of the German Emperor"; el día 15 sobre el "Prince Hal of Prussia"; el 29 sobre "The Duc DAumale" y su amante; y poco antes de la carta de Dana a Martí, el 5 de agosto, sobre su visita a la biblioteca del Museo Británico y sus conversaciones con los bibliotecarios a cargo del salón de lectura. Y aún en 1893 no tenían Martí y Dana la relación natural que se establece entre el director de un periódico y un colaborador bimensual del mismo. Cuando Rubén Darío visitó Nueva York, en la primavera de ese año, Martí le dio al poeta nicaragüense una carta con "dos palabras de presentación" para "el viejo Dana".Fue a The Sun y, evocando el encuentro, contó Darío cuatro años más tarde en un trabajo que tituló "Charles A. Dana": "De Martí [Dana] me habló cuando hablamos de letras castellanas. Una vez... le encargué un artículo de José Zorrilla, [y] al día siguiente estaba hecho el artículo. Pocas veces ha publicado [The Sun] páginas literarias tan bellas..."23 Sin duda Dana se refería a "Modern Spanish Poets", que apareció el 26 de noviembre de 1880, donde Martí hizo cálidos elogios de Zorrilla, y era el primer poeta español que mencionaba en ese trabajo ("... En Francia, tierra del pensamiento, el poeta es Víctor Hugo; en España, tierra de flores, el poeta es Zorrilla"), y el último ("Zorrilla vive... Es un gladiador que clama al cielo en un circo desierto") (15, 25 y 34). Y Dana, quien había traducido trece años antes ese artículo, recordó a Zorrilla. Otra vez uno se pregunta: ¿cómo es posible que si Martí estaba trabajando para The Sun desde 1882 hasta esa fecha iba Dana a referirse a él de manera tan vaga e imprecisa y a un acontecimiento tan lejano?
La amistad de Martí con Dana, por otra parte, se había ido enfriando de manera ostensible. A medida que el director de The Sun empezó a hacer gala de sus simpatías expansionistas y de su posición reaccionaria en política doméstica, Martí, quien lo había llamado "el amigo constante de la libertad" (11, 183), y "jefe hidalgo, romántico y benevolente" (9, 246) en los primeros tiempos de su amistad, a partir de 1884 siente desprecio por el periódico y por su director. Dana deja de ser "el amigo constante de la libertad" para convertirse en "uno de sus enemigos peores" (12, 142), y en "el amigo encubierto de Blaine [el imperialista] y de Gould [el millonario abusador de los obreros]" (Ibid). A su vez, The Sun deja de ser el periódico que "fustiga a los rateros de las aduanas y puestos públicos" (13, 251) para convertirse, "odioso" (6, 65) y "maligno" (6, 45), en "el diario de Tammany [el centro de la corrupción municipal en Nueva York]" (12, 329). Cuando en 1886 Martí defendió la candidatura de Henry George, el periódico de Dana, en la justa opinión de Martí, "desconoció con brutales arranques el derecho a vivir, a buscar remedio, a hacer sentir el voto de los obreros que, en una hora de conmovedora rebelión, se juntaron para sacar corregidor de la ciudad a Henry George..." (11, 327). Mientras en 1887 Martí defendía al padre Edward McGlynn, quien se puso junto a los pobres durante la campaña de George, Dana, "el nuncio laico" (12, 142), como lo calificó Martí, recibió "la bendición del pontífice por el éxito de su campaña autoritaria" en contra de George (Ibid). Y cuando Dana apoyó a James G. Blaine, quien estaba a la cabeza de los pujos expansionistas de los Estados Unidos, el llamado Juggernaut, Martí desde La Nación, de Buenos Aires, le salió al paso en un artículo en que advertía: "El Sun de Nueva York, lo dijo ayer [el 19 de diciembre de 1889]: El que no quiera que lo aplaste el Juggernaut, súbase en su carro" (6, 54); Martí agrega, desde su posición antiimperialista: "Mejor será cerrarle al carro su camino". Por último, y más decisivo: ¿cómo se puede imaginar a Martí de mercenario, en aquellos años a sueldo de una persona y de un periódico que con toda razón desprecia, escondido tras las letras "M. de S.", para escribir sobre trivialidades europeas?
No obstante, Dana sí tuvo una noble pasión que es justo reconocerle: la libertad de Cuba. Si en política local e internacional incurrió en errores y contradicciones difíciles de justificar, en los asuntos cubanos siempre estuvo a favor de la independencia. Cuando en 1892 Martí inició su campaña final para lograrla, le rindió un amable tributo a su antiguo amigo en un escrito para El Partido Liberal, de México el último de Martí que iba a aparecer en un periódico comercial24. Dana correspondió a la gentileza desde The Sun con este saludo a los mambises cubanos:
To the brave men in arms for the independence and the liberation of Cuba, to the patriots who would give their country a Democratic-Republican government in place of royalty, to the liberators who defy the power of Spain upon the battlefield, we send greetings!
The American Republic watches them in hope and sympathizes with them. The seventeen republics of the three Americas desire their success.
Let foreign domination on this side of the Atlantic be brought to an end for ever. America for the Americans25.
Por su parte, los cubanos siempre le agradecieron a Dana la defensa de sus intereses. Cuando murió, en 1897, el Cuerpo de Consejo del Partido Revolucionario Cubano de Nueva York, organizó una velada en su honor en Chickering Hall donde hablaron, "todos en inglés", según informe del acto, "Rourke Cockran, el coronel Allen, Rooth, Fidel G. Pierra, Horatio Rubens y Gonzalo de Quesada". Honraron, dice la reseña del acto, "al que tanto había hecho por Cuba... The Sun izó la bandera cubana sobre su edificio, y allí permaneció desde el día que tuvo noticia del levantamiento de [Joaquín de] Agüero [del 3 de mayo de 1851] hasta la muerte de Narciso López [el 1º de septiembre de 1851]... The Sun ha sido siempre un periódico cubano. Charles A. Dana fue nuestro amigo, nuestro hermano del alma. Honremos su memoria"26.
El escritor y el revolucionario
Aún más que el estilo, que los asuntos y su tratamiento, pone en evidencia que los escritos de "M. de S." no son de Martí el situarlos en el mapa de su biografía. Es ya muy difícil imaginar a Martí escribiendo tantas sandeces antes de 1892, por mucho estrangulamiento que en él haya habido. Pero después que suspendió sus colaboraciones para La Nación de Buenos Aires, y El Partido Liberal, de México, a fin de dedicarse por entero a la preparación de la guerra de Cuba, cuando anda en viajes de propaganda, de discurso en discurso, de reunión en reunión, de Nueva York a Filadelfia, a Jacksonville, a Tampa, a Cayo Hueso, a Santo Domingo, a la América Central, en tren, en vapor, a caballo, sin tiempo para escribir para su periódico Patria, ni, a veces, para comer y dormir, en contrabando de armas, comprometiendo a soldados, enamorando a contribuyentes, ya es más que un disparate imaginarlo recibiendo (por el aire, pues de otro modo no podría enterarse, por la falta o la dificultad de comunicación) noticias triviales de Europa y escribiendo a escondidas sobre ellas en francés, y devolviendo en apuro páginas y páginas de esos extensos escritos a Dana para que se las tradujera y que al fin encontraran reposo en las columnas de The Sun. En carta a su amigo Félix Iznaga, fechada en Nueva York el 31 de octubre de 1889, Martí le dijo lo que debía de ser el comportamiento de todo hombre honrado ante una noble empresa: "El secreto del éxito es dedicarse entero a un fin" (20, 353). Martí no traicionó su consejo, y con todos los sacrificios y limitaciones que sus planes significaban, se dedicó "entero" a ese objetivo único que era la independencia de su patria.
Al regresar de uno de sus viajes a Nueva York, el 2 de febrero de 1893, Martí le escribió a José Dolores Poyo, representante del Partido Revolucionario Cubano en Cayo Hueso: "Rehago el periódico que hallé deshecho: los clubs al garete en mi ausencia... Rodaré por el suelo, sin cuerpo y sin premio, sin premio siquiera de que mis amigos me entiendan y acompañen en hora de verdadera agonía". Describe así su vida: "Yo, a la cama, a la consulta perpetua, a halar el periódico [Patria] a agenciar lo preciso para llevar tanta pequeñez adelante, a un club organizarlo cada noche; esta noche al [club] Borinquen y a escribir la arenga, mañana a las ocho a la imprenta, a todo el día, y a la noche a dos clubs más..."(2, 222 y 223) Al general Serafín Sánchez, a principios del año siguiente, le escribe por un error que salió en el periódico: "Todo lo tengo que hacer como un mulo de noria. Y no me importaría si me alcanzase el cuerpo deshecho para todo..." (20, 468); y más tarde, al mismo corresponsal: "Estoy como un muerto que anda" (3, 247). Y el 14 de junio de 1893 le confiesa al coronel Fernando Figueredo, quejoso por la poca ayuda que recibía de Cayo Hueso: "Uno aquí expirando", le escribe desde Nueva York, sin sueño, y sin comer, y atendiendo como una abeja a todo, sin un ápice de ceguera ni de cobardía, y con el pecho algo como las nubes y los amigos de uno callado en el Cayo" (2, 354). Y después, en carta a su amigo Rafael Serra, en Nueva York: "Ya sé lo que me quiere, y lo ofendido que está conmigo... ¿Qué sabe Ud. de las angustias y de las tormentas de este amigo suyo, que no es más que criatura humana, y del peso que lleva sobre los hombros? Cae un roble y seca el mar; ¿y no quiere Ud. que en la desigualdad de mis intentos con mis medios, y en las soledades como la tiniebla, que no son para dichas, demore de un día a otro hasta echarme en sus brazos... Véame ir, sangrando y adelantando..." (20, 435) En otra del 14 de noviembre de 1894, a Ramón Rivero, en Tampa, le repite: "En la agonía de la acción, ni tiempo, ni voluntad me queda para la miseria de la palabra escrita..." (20, 504) Y ya muy cerca de la guerra, a fines de 1894, le dice al general Antonio Maceo: "Es hoy mi vida como el vórtice de toda nuestra tormenta" (3, 290) ¿Mentiría a todos Martí sobre la falta de tiempo para atender los quehaceres de la preparación de la guerra, y sobre el agobio de su vida, mientras en su cama de enfermo, o en el tren de viaje, o en su oficina de 120 Front Street, en Nueva York, redactaba cuartillas y cuartillas en francés sobre chismes y trivialidades europeas, escondido tras las siglas de "M. de S." para cobrarle unos pesos a Dana? ¿No sería eso una traición a la misma causa en la que se le iba la vida, y la vida de tantos que se la habían prometido, y que luego la perdieron?
Entre los muchos testimonios que hay de "los que conocieron a Martí" no aparece ni sombra de esa actividad furtiva. Sí aparece, en cambio, su dedicación completa a la causa revolucionaria. Al cumplirse el 13 aniversario de Dos Ríos, el 19 de mayo de 1909, publicó en el periódico El Triunfo, de La Habana, el médico Fermín Valdés Domínguez, su más antiguo amigo y confidente, un trabajo que tituló "Ofrenda de hermano". En él dio valiosos detalles sobre las actividades de Martí, y de sus últimos años:
Su enfermedad era la anemia, como consecuencia del exceso de trabajo. En su afán de servir a Cuba, no pensaba ni se preocupaba de la alimentación; era preciso sacrificarlo todo... Su vida era la labor constante y el constante movimiento, y el trabajo abrumador... Al llegar [a su oficina, en 120 Front Street] revisaba el buzón, y subía donde lo esperaban muchas cartas y muchos cubanos que iban a pedir socorro o a recibir órdenes; a todos atendía, con todos era amable, y a veces por su bondad perdía parte de su tiempo siempre escaso para sus trabajos oyendo lamentos de unos y locas pretensiones de otros... Contestaba Martí la correspondencia más urgente; no dejaba la pluma hasta que su reloj le decía que ya era hora de ir a Patria. Acompañado casi siempre por Gonzalo de Quesada, [Fermín] Valdés Domínguez, [Enrique] Loynaz del Castillo u otros, se deslizaban sus pies por los escalones de metal de la larga escalera, y siempre a la carrera llegaba a la redacción de Patria...
Así vivía el que atesoraba el dinero para formar la caja del Partido Revolucionario Cubano, el que llevaba en su cerebro la revolución que había de dar gloria y libertad a la patria... Las noches eran para Martí como los días. Jamás un momento de descanso y, para esto, a veces desfallecido, pero siempre en acción...27
¿De dónde iba a sacar Martí el tiempo, la información y la energía para escribir las misteriosas crónicas de "M. de S."? ¿Qué sentido podía tener esa actividad secreta cuando, si lo hubiera querido, podía con mayor facilidad ganar más dinero reanudando sus colaboraciones para El Partido Liberal, de México, o La Nación, de Buenos Aires? Para tal actividad sí tenía a mano toda la información que necesitaba, cuanto iba sucediendo en los Estados Unidos, y no le hubiera sido necesario indagar sobre todas esas pequeñeces de la vida europea. Y, además, con colaboraciones en los periódicos de la América Latina podía servir a la causa cubana, hacer propaganda de ella. En cambio, ¿qué utilidad podían tener para Cuba las crónicas insulsas de "M. de S."?
Una prueba más se impone antes de terminar esta Introducción. Se refiere al último escrito de "M. de S." en The Sun, y es sobre la recogida de basura en París. Se titula "Paris Street Cleaning", y trata, como era de esperarse, de cómo limpiaban allí las calles. Apareció en Nueva York el 14 de abril de 1895 aunque está fechado en Londres el día 2 de ese mismo mes28. Los últimos meses de Martí en los Estados Unidos, antes de salir para la guerra de Cuba, se han podido documentar con la mayor precisión, por la importancia de los sucesos y los numerosos testigos que estaban a su lado. Para mostrar el absurdo de imaginarlo escribiendo en esos momentos sobre la recogida de basura en París conviene recordar algunas de sus actividades, de sus reveladoras angustias. Véanse estos ejemplos. Se empieza aquí con el pedido de cinco mil pesos al tabaquero cubano Eduardo Hidalgo Gato, a quien le escribe el 27 de octubre de 1894: "Todo minuto me es preciso para ajustar la obra de afuera con la del país... Como un perro infeliz vivo, y no me quejo, desde que empecé este trabajo de salvación... Doy cuanto tengo el bienestar que tuve, y mi vida..." (3, 311) El mismo día le escribe a Serafín Sánchez: "No le parezca increíble. La noche en vela, el día a la mesa y no le puedo escribir..." (3, 309) En noviembre de 1894 le ordena a Enrique Loynaz, por el apuro en que vive: "Vuele a mí. No hay un día que perder... Hay que arrancarse de sí. Servir es darse."29 Y a Maceo, en Costa Rica, le advierte poco después, el 1º de diciembre: "Sobre la palma de la mano le escribo, escapado de un cuarto de conversación con gentes de Cuba, que vienen y vuelven, o vienen para no volver... Salgo al vuelo, a acomodar y devolver visitas. Y sólo para un abrazo... tiene tiempo... su José Martí"30. A Juan Gualberto Gómez, al día siguiente: "... En el estribo del ferrocarril... le pongo estas líneas..."31
Hacia Dos Ríos
El 8 de diciembre de 1894 Martí firma con José María Rodríguez y Enrique Collazo el "Plan de Alzamiento" que debía iniciar la guerra en Cuba. Y en ese mismo mes, al enviarle un dinero al general Alejandro González, en Nueva York, le habla del agobio en que vive por los trabajos de organizar el levantamiento: "De una agonía me libro y ya estoy en otra... Hágase la idea de la zozobra, casi espantosa, de mi existencia..." (3, 411) En esos días está todo en la compra de armas y organizando las expediciones que las llevarían, con sus hombres, a Cuba: se acercaba el fracaso de Fernandina el puerto de La Florida desde el que iban a zarpar para recoger a los insurrectos en Cayo Hueso, Santo Domingo y Costa Rica. Como se sabe, una denuncia echó abajo los planes, pero antes del infortunio, el 4 de enero, le escribe a Maceo para tenerlo al tanto de los asuntos, y agobiado por la responsabilidad le confiesa: "... Del exceso de trabajo apenas veo las letras con que le escribo..."32 Le aumenta la angustia el revés de las expediciones: Martí vive huyendo de la orden de arresto que se ha dictado contra él, y trata de encaminar de nuevo el alzamiento en Cuba: necesita dinero, y lo pide a ricos y pobres. Al matrimonio negro de Tampa, a Paulina y Ruperto Pedroso, le escribe: "Si es preciso, háganlo todo, den la casa. No me pregunten. Un hombre como yo no habla sin razón este lenguaje..." (4, 50) Blanca Z. de Baralt contó lo siguiente: "Para subsanar la inmensa pérdida [de Fernandina], la señora de Miranda [Luciana Govín, casada con el médico de Martí, Ramón Luis Miranda, suegro de Gonzalo de Quesada] puso a la disposición de Martí su cuenta bancaria íntegra; la importante suma de cincuenta mil dólares; el doctor añadió su contribución a la de su mujer y siguieron los demás, a cada cual más generoso..."33 El 30 de enero embarcó en Nueva York, en compañía del general Collazo y Manuelito Mantilla, para reunirse con Gómez en Santo Domingo.
El 7 de febrero, en Montecristi, los esperaba Máximo Gómez, con quien se dirige a la finca del general, en La Reforma, y va después a Santiago de los Caballeros, a La Vega y otra vez a Montecristi; allí, el día 26 recibe la noticia del levantamiento en Cuba. A caballo, como en casi todos esos viajes, se dirige a Haití, pasa por Ounaminthe, Fort Liberté y Petit Trou hasta llegar a Cabo Haitiano; vuelve en goleta a Montecristi y, el 25 de marzo redacta el Manifiesto de Montecristi; parte de ese lugar con el general Gómez y otros revolucionarios (César Salas, Paquito Borrero, Ángel Guerra y Marcos del Rosario) y llegan a Gran Inagua el 2 de abril. El mismo día aparece "M. de S." en Londres escribiendo sobre la recogida de basura en París. En la noche del 11, bajo un aguacero, desembarcaron los expedicionarios en Cuba; el 14 de abril, el mismo día en que apareció en Nueva York ese artículo de "M. de S.", Martí, Gómez y los insurrectos que se le habían unido, estaban subiendo montañas en la jurisdicción de Baracoa. Y el 19 de Mayo, en una carga de caballería contra los españoles, cayó muerto en Dos Ríos. ¿En qué tiempo, en qué momento, con qué disculpa, pudo Martí distraer su energía, siempre escasa para la empresa en que andaba, a fin de enterarse de cómo recogían en París la basura y cómo limpiaban los urinarios públicos, y en las calles la nieve y el excremento de los caballos? No tiene ningún sentido imaginar a Martí distrayendo su tiempo precioso tan necesario para lo que hacía entre 1892 y 1895, en la empresa en que se jugaba el porvenir de su patria en escribir lo que era propio del periodista indolente, desocupado y frívolo que debió ser "M. de S.".
Al enterarse de la muerte de Martí, Dana publicó este sentido recuerdo de su antiguo amigo:
We learn with poignant sorrow of the death of José Martí, the well-known leader of the Cuban revolution. We knew him long and well, and esteemed him profoundly. For a protracted period, beginning twenty-odd years ago, he was employed as a contributor to The Sun, writing on subjects and questions of the fine arts. In these things his learning was solid and extensive, and his ideas and conclusions were original and brilliant. He was a man of genius, of imagination, of hope, and of courage, one of those descendants of the Spanish race whose American birth and instincts seem to have added to the revolutionary tincture which all modern Spaniards inherit. His heart was warm and affectionate, his opinions ardent and aspiring, and he died as such a man might wish to die, battling for liberty and democracy. Of such heroes there are not too many in the world, and his warlike grave testified that, even in a positive and material age, there are spirits that can give all for their principles without thinking of any selfish return for themselves.
Honor to the memory of José Martí, and peace to his manly and generous soul!34
¿Hubiera dicho Dana que Martí colaboró en The Sun "for a protracted period, beginning twenty-odd years ago" si sólo unas semanas antes le había traducido y publicado el artículo del 14 de abril de 1895, sobre la recogida de basura en París, y los otros que precedieron a ése? Si Martí hubiera estado escribiendo para The Sun hasta tan cerca de su muerte, es imposible que Dana no lo hubiera dicho en su cariñosa evocación y que se limitara a aludir a lejanos contactos, recordados de manera imprecisa, de cuando Martí escribía para el periódico.
En su generoso empeño de recoger todos los escritos de Martí, Gonzalo de Quesada, en 1901, le encargó a Da Costa Gómez, el socio de Martí en la publicación de La Edad de Oro (1889) que le averiguara en The Sun sobre sus trabajos en el periódico. Le contestó Robert G. Butler, el sustituto de Dana en la dirección del periódico, lo siguiente:
Parece casi, si no del todo, imposible identificar las colaboraciones del señor Martí en The Sun. Según nuestra nota editorial [de Dana] con motivo de la muerte del señor Martí, en mayo 23, 1895, él fue "colaborador de The Sun" durante "un largo tiempo, que comenzó hace unos veinte años" es decir, comenzando entre 1870-1875. Mr. Rebello, ya fallecido, probable- mente traducía sus trabajos [los de Martí].
Lamento no poder auxiliarlo en identificar la labor del señor Martí. Nadie aquí le recuerda como corresponsal, o puede, en algún modo, informar qué hacía para nosotros35.
Con los datos de que disponemos en la actualidad, puede afirmarse que no son de José Martí los más de 300 trabajos publicados en The Sun con la firma de "M. de S.".
La seis crónicas inéditas
Tres de los seis escritos que aparecen a continuación, "A Queens Baby", "Republican Frances National Holiday" y "The European Gypsy", traducidos aquí como "El hijo del rey", "La fiesta nacional de Francia Republicana" y "El gitano europeo", nunca le fueron atribuidos a Martí, ni nadie los había mencionado, por lo que cabe calificarlos de desconocidos. Los otros tres: "The Court of Spain", "A Spanish Queens Career" y "The Spanish Volcano"los mencionó Ivan A. Schulman en el artículo al que antes se hizo referencia. Aquí se transcriben en su totalidad, en inglés, y aparecen también en su traducción española probando su paternidad martiana: "La Corte de España", "La trayectoria de una reina" y "El volcán español".
Cada una de estas seis crónicas tiene una breve presentación en la que se anuncian los temas o los asuntos históricos que la componen, y se dice lo que permite atribuirla a Martí: aquello que evidencia, por el dato, los juicios, o las coincidencias, la paternidad martiana. En los originales en inglés se respetan la ortografía y los modos de expresión típicos de la época, y hasta las erratas y los errores que se debieron producir hasta su llegada a las páginas del periódico. En la traducción al español, sin apartarse más que lo estrictamente necesario del original inglés, se ha tratado de corregir las posibles equivocaciones del cronista, del traductor o del linotipista, o lo que en el largo trayecto desde el manuscrito en francés de Martí, al del inglés de Dana, al plomo de la imprenta había desviado el camino. Para facilitar la lectura se dividen las crónicas traducidas en epígrafes y, cuando no lo tenían, se les ha añadido un sumario de temas como lo usaba Martí en sus escritos. Sigue a esta Introducción una Cronología de cuanto se conserva de Martí del año 1880, y de lo que le publicó The Sun en 1881, destacando allí las "seis crónicas inéditas" que aquí se ofrecen, primero en su traducción española, y luego en el inglés original.36
No fue fácil tarea revisar día a día 15 años del periódico The Sun, desde la llegada de Martí a Nueva York, en 1880, hasta "La recogida de basura en París", del 14 de abril de 1895, y poco más, todo en microfilme, en la New York Public Library, para determinar lo que era suyo, y lo que no lo era. Ni menos trabajo requirió la traducción de los seis escritos siempre con el propósito de llevarlos lo más cerca posible a como los hubiera escrito Martí en español y la búsqueda por su obra de lo que justificaba las atribuciones.
La satisfacción, sin embargo, de enriquecer con este aporte la bibliografía martiana compensa con creces el esfuerzo, más aún en esta época en que continúan en Cuba con el miserable empeño de usar a Martí como tapadera para los abusos, mentiras y fracasos de los actuales gobernantes en la isla.
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