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LA NI�A DE GUATEMALA "Quiero a la sombra de un ala/Contar este cuento en flor": es el tr�gico idilio de Mar�a Garc�a Granados y Jos� Mart�. En boca del poeta, "ala" quiere decir lo l�rico; y la palabra "flor" simboliza la ternura: se han de entender, pues, los dos primeros versos de su famosa composici�n, como "quiero al amparo de la poes�a, contar este episodio de ternura". La mayor parte de los Versos Sencillos, entre los que est� el que se comenta aqu�, son recuerdos personales: en ellos aparecen los padres de Mart�, la esposa, el hijo, sus amores y amigos; Arag�n, Nueva York, Cuba. Cuando los estaba escribiendo, dijo: "La poes�a ha de tener ra�z en la tierra, y base en el hecho real". Por eso pueden considerarse autobiogr�ficos, pues recorre momentos cruciales de su vida, y dej� testimonio de su valoraci�n de ellos.
Era oportuno el recuento: con esa visi�n t�pica del genio (y del poeta, adivino), Mart� vio acercarse la tormenta de Cuba. Acababa de asistir a dos importantes reuniones en Washington, donde pudo confirmar el inter�s de los Estados Unidos en apoderarse de la isla, la complicidad de algunos pa�ses hispanoamericanos en el proyecto y la expl�cita colaboraci�n de los anexionistas de Cuba que all� estuvieron presentes. Pero el infame plan fracas�, y Mart� recordaba en el pr�logo de los Versos Sencillos:
Hasta junio de 1890 Mart� sigui� en asuntos relacionados con las conferencias de Washington, pero vencido por el cansancio le escribe a un amigo: "Entre los calores y el trabajo, y los cuidados del esp�ritu, dieron en cama conmigo, y me voy con la cabeza seca a la monta�a. Me voy a un rinc�n de hojas y de soledad por unos cuantos d�as"; lo que luego resume en el pr�logo del poemario con estas palabras: "Me ech� el m�dico al monte: corr�an arroyos y se cerraban las nubes: escrib� versos". Y, mientras prepara este poemario, cumple con sus correspondencias a los peri�dicos de la Am�rica del Sur, y dice en una cr�nica para La Naci�n, de Buenos Aires: "Van los alegres a las playas, buscando aventuras, pero el mar no acomoda con sus palacios bullangueros a la gente tranquila, ni es el aire de la costa como el de la monta�a para leer a la luz blanda los libros sobre la naturaleza, para calafatear los pulmones agujereados, para calmar, con la salud del mundo, el esp�ritu doliente. All� donde no pueden subir las alas de los p�jaros, crecen las del hombre. El esp�ritu sube con el aire que sube". En las monta�as Catskill, el lugar de veraneo m�s apreciado por el Nueva York de aquella �poca, escribi� Mart�, con sus otros Versos Sencillos, "La ni�a de Guatemala". Hab�an pasado trece a�os de su visita a ese pa�s centroamericano y a�n recordaba con cari�o a Mar�a Garc�a Granados, siete a�os m�s joven que �l: es que, seg�n parece, al hacer un balance de su vida, a ninguna mujer admir� tanto Mart�: pudo encontrar en ella lo que quer�a su alma singular: honradez, inteligencia, poes�a y belleza. Hab�a probado otros amores: a uno de ellos le dijo: "Yo me arrancar� tu amor, que me duele, como un zorro cogido en una trampa se amputa con sus dientes el miembro, y me ir� sangrando por el mundo, pero libre". De otra relaci�n quiso curarse, de una mujer que gustaba exhibirse como pavo real en las tertulias que organizaba, y la record� con disgusto en esta estrofa:
Crey� Mart� que Carmen Zayas Baz�n era su "alma hermana", y as� la llam� en una de sus cartas. Pero Mart� no estaba hecho para casarse, y menos con una mujer que lo quer�a llevar a esa domesticidad social y hogare�a que tanto disfruta el com�n de las gentes. M�ximo Soto Hall, amigo de Mart�, y compa�ero en sus d�as estudiantiles de Mar�a Garc�a Granados, explic� el obligado fracaso de aquel matrimonio: los hombres como Mart�, dijo:
Cuando Mart� public� los Versos Sencillos, en el verano de 1891, la esposa y el hijo lo hab�an ido a ver a Nueva York. Muy pronto se produjo la �ltima separaci�n: Carmen, herida por lo que ley� en el libro, embarc� para La Habana a escondidas y con la ayuda de las autoridades espa�olas. Entonces �l, agobiado por la pena y recordando su equivocaci�n de 1877, le escribi� a un amigo: "Y pensar que sacrifiqu� a la pobrecita, a Mar�a, por Carmen, que ha subido las escaleras del consulado espa�ol para pedir protecci�n de m�". No pudo el poeta descubrir a tiempo el error de su matrimonio: quiso probar el camino de todos los hombres porque en el suyo se le anunciaba azarosa la vida: dijo sobre lo extra�a y dif�cil que para �l le resultaba la gente, y sobre lo dif�cil y extra�o que la gente lo ve�a a �l: "�Qu� tormento, tener los pies atados a la tierra y sentir en la frente aires divinos, y en el coraz�n la trova amorosa, y las alas entr�ndose en las nubes! La claridad del cielo, de puro viva, es ciega para la tierra. La superioridad es una especie de locura". As�, adem�s de para olvidar a Elo�sa Ag�ero, Mart� se entreg� a Carmen, le propuso matrimonio y empe�� su palabra. Al poco tiempo tuvo que abandonar M�xico: no quiso seguir viviendo en un pa�s en el que se hab�a entronizado un gobierno incompatible con sus principios. Fue entonces a Guatemala. Era all� director de la Escuela Normal un bayam�s exiliado, Jos� Mar�a Izaguirre, y enseguida nombr� a Mart� profesor de Literatura y de Ejercicios de Composici�n. Estaba la Escuela Normal en el antiguo Colegio Mayor de los Padres Paulinos, por lo que algunos miraban con cierta reserva aquel establecimiento educacional. Para ganarse el favor de la sociedad guatemalteca, a Izaguirre se le ocurri� organizar veladas art�sticas y literarias. En una de ellas, el 21 de abril de 1877,seg�n se ha dicho, Mart� conoci� a Mar�a. Su padre, el general Garc�a Granados, hab�a sido presidente de la Rep�blica cinco a�os antes, pero tuvo que renunciar para dar paso a los cambios que se hicieron necesarios a partir de la revoluci�n de 1871. Culto y liberal (Mart� lo llam� "hombre de libros y de espada"), Miguel Garc�a Granados pronto se hizo amigo del emigrado cubano; y como los dos eran aficionados al ajedrez, las visitas de Mart� a casa del general eran muy frecuentes; y all� estaba siempre Mar�a, que preludiaba el encuentro de los jugadores con canciones y piezas al piano. Izaguirre dej� esta descripci�n de ella:
Mart� y Mar�a s� parece que eran "almas hermanas": se hab�an buscado y todo estaba hecho antes de conocerse: afinidad de ideales, vocaciones, gustos comunes e id�ntica sensibilidad. Por eso sintieron esa �nica atracci�n que supera las convenciones sociales: ella supo del compromiso de Mart�, y �l ten�a presente su decisi�n de cumplirlo. Pero el amor les trajo tambi�n la esperanza del milagro que s�lo nace en esos puros amores. Mart� confes� es sus versos:
Siete a�os antes de escribir "La ni�a de Guatemala", Mart� evoc� la memoria de Mar�a al escribir su novela Amistad Funesta. El escenario es el de su estancia en Centroam�rica, y los personajes est�n formados con recuerdos de quienes all� hab�a conocido. El propio Mart� dej� mucho de su ser en dos de ellos; el que interesa ahora es Keleffy, el pianista h�ngaro que se enamora de una joven, Sol del Valle, "la ni�a", que tiene mucho de Mar�a Garc�a Granados. Se conocieron en una reuni�n donde ella tocaba el piano. Fue un amor a primera vista; Mart� describe el encuentro: "La mir�, la mir� con ojos desesperados y avarientos. Ella era como una copa de n�car en quien nadie hubiese puesto los labios. Ten�a esa hermosura de la aurora, que arroba y ennoblece. Una palma de luz era". Igual que el de Mar�a y Mart�, aqu�l era un amor imposible: �l estaba casado y se vio tambi�n en la obligaci�n de "quererla como a una hermana". Al fin Keleffy tuvo que abandonar la ciudad, pero antes toc� para ella el piano; y Mart� comenta: "S�lo los que mueren de amor entienden c�mo toc� aquella noche Keleffy". A los dos meses de su llegada a Guatemala, Mart� le escribi� un largo poema a "Mar�a": en �l se describe como un ser ajeno al mundo (al "furor de los hombres") y extra�o a las miserias de la gente (a su "comercio brusco"), y recuerda el dolor de sus pasados amores:
Pero el poeta no se ha quemado en aquellos fracasos: la presencia de Mar�a le vuelve al amor que entonces "m�s lozano y viv�fico renace", y agrega:
El milagro de ese renacimiento se lo debe a ella, de quien dice:
No es la prudencia la virtud que m�s acompa�a al amor, que tiene sus propias leyes, br�jula y l�gica. Ni Mar�a ni Mart� fueron prudentes: aunque �l le aclaraba que era aquella una "canci�n de hermano", y record� a "la esposa arrodillada" que lo estaba esperando, no dej� de alimentar la ilusi�n de Mar�a ni de esconder lo que ella significaba para �l. Otros versos le escribi� en su �lbum, junto a los de algunos poetas guatemaltecos: entre ellos, Jos� Batres y Domingo Estrada; y otro bayam�s exiliado: Jos� Joaqu�n Palma; y de nuevo vuelve al juego amoroso; en las �ltimas estrofas dice de Mar�a y comenta sobre sus propios sentimientos:
Pero como el pianista de Amistad Funesta, Mart� tuvo que separarse de su "ni�a". Fue a M�xico a cumplir la palabra empe�ada. Luego recordar� el adi�s a Mar�a Garc�a Granados:
La boda de Mart� se celebr� a fines de 1877, y a los pocos d�as los reci�n casados ya estaban en Guatemala. De Mar�a Garc�a Granados se conservan una l�neas a Mart�, que nunca antes se hab�an publicado, que conservaba en su poder Manuel Isidro M�ndez, en las que se lee:
Lo que sucedi� despu�s se sabe por Jos� Mar�a Izaguirre:
Una carta, tambi�n in�dita, de Manuel Jos� Izaguirre, hermano de Jos� Mar�a, casado con una prima de Carmen Zayas Baz�n, dirigida a Gonzalo de Quesada y Ar�stegui, que guardaba en su archivo su hijo, Quesada y Miranda, fechada en Honduras en 1909, completa la visi�n del episodio guatemalteco de Mart�; cont� all�, quiz�s algo influido por la trama de la novela, desde el d�a en que se conocieron los enamorados hasta la muerte de la "ni�a":
Mar�a muri� el 10 de mayo de 1878. Mart� dijo en sus versos:
Y sobre el entierro cont� Jos� Mar�a Izaguirre:
Y Mart� en sus Versos:
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