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MARTÍ Y CÉSAR ROMERO EL ACTOR Y SU FAMILIA Hay una zona de común curiosidad entre el más grave y el más ligero interés por la vida de Martí: es donde se encuentran ciertas dudas que, si bien pueden a veces estar tocadas de frivolidad, no dejan en otras ocasiones de ser válidas al estudiarlo. Acosados por el chisme, particularmente por los españoles y los cubanos enemigos de la independencia, o por los que se dolían de su talento, o de los que no le perdonaban su lucha contra el expansionismo norteamericano, algunos aspectos de Martí se convirtieron muy pronto en calumnias y denuncias. Y sus amigos, inseguros sobre la vida privada de Martí, o ignorantes de ella, para salvar la magnitud del héroe, prefirieron sustraerle el hueso y la carne, o esconder pasajes de la biografía. En pequeñeces se cebó la envidia para quitarle gloria, porque al pacato le parecía más corto el gigante por el sonrojo acá de un amorío de más o de menos, y otro allá imprudente y, hasta si se quiere, culpable. Pero ese tiempo está vencido: ya ha arraigado, maduro, su culto, y en un mundo también ya menos hipócrita en la peripecia amorosa van logrando el lugar que merecen su gestión, su virtud y su talento. Así, para quien pueda juzgar o resolver no estará la falta en el decir sino en el callar. Uno de los más populares programas extranjeros de televisión en España fue "Falcon Crest"una serie con las extravagancias y vanidades de dos familias ricas de Californiaen el que Jane Wyman, la primera esposa de Ronald Reagan, aparece junto a César Romero. Con ese motivo Hola, en Madrid, publicó una entrevista con el conocido actor, y en ella repitió lo que había dicho algunas veces: "Mi abuelo fue el libertador de Cuba, José Martí..."
César Romero entró en el teatro empujado por la crisis azucarera de los años veinte. Su padre, César Julián, quien entonces tenía intereses en ese negocio, había nacido en Barcelona de un emigrado cubano de la Guerra Grande. Años después la familia se fue a Nueva York donde vivió en la casa de huéspedes que tenía Carmen Miyares viuda de Mantilla. Allí, al comenzar el siglo, Romero conoció a María Mantilla y Miyares, con la que se casó y tuvo cuatro hijos; María Teresa, César, Graciela y Eduardo. Quizás influido por la madre, con cierto crédito de cantante, César, para ganarse la vida, se hizo bailarín a los 18 años, compañero de la hija de un poderoso industrial norteamericano. Luego pasó a los escenarios de comedias musicales hasta que fue contratado por la Metro-Goldwyn-Mayer, trasladándose a Hollywood donde también trabajó para la Universal, la Paramount, la R.K.O. y la Warner Brothers. Numerosas películas con mayor o menor brillo jalonan su larga carrera en el cine, entre ellas, "Wee Willie Winkie", "My Lucky Star", "Weekend in Havana", "Around the World in Eighty Days", "Veracruz", "Villa" y "The Castilian". Aunque nunca se ha casado, con la fama de "Latin Llover", César Romero ha tenido notables compañeras cuya lista encabezaron Virginia Bruce, Betty Furness y Carole Lombard. En 1972 su popularidad lo llevó a abrir en Los Angeles el restaurante "Cappucino", la misma que lo había hecho aparecer en los programas de televisión de Milton Berle, Martha Ray, Red Skelton, y Jimmy Stewart. A pesar de ser querido en los círculos artísticos de este país, al actor nunca se le ha considerado una estrella mayor, y fue entonces, a los 81 años, que llegó al pináculo de la fama con esa serie de televisión. El tema del parentesco de María Mantilla y de su hijo César Romero con José Martí ha sido de particular interés, y de duda, para los cubanos. Casi siempre el propio Romero contribuyó a la confusión. A mediados de 1936 la revista Social publicó una entrevista con el entonces novel actor y, cuando le preguntaron sobre las relaciones de Martí con su familia, dijo:
No era posible, pues, según afirmó en aquella ocasión, que Martí fuera el padre de María ya que la niña había nacido antes de su llegada a Nueva York. O César Romero ocultaba la verdad o no la sabía. Lo cierto es que Martí llegó a Nueva York el 3 de enero de 1880 y que, pocos días después, se fue a vivir a la casa de huéspedes que tenían Manuel Mantilla y Sorzano y su esposa en el número 51, Este, de la calle 29, y que María Mantilla nació el 28 de noviembre de ese mismo año en la casa número 243 de Grand Avenue, en Brooklyn, siendo inscrita como hija de Manuel Mantilla y Carmen Miyares, dos días más tarde, en el correspondiente registro de la ciudad.
En 1944 el periodista Virgilio Ferrer Gutiérrez publicó un libro en el que hablaba de "Martí en César Romero". De boca del actor se reprodujo allí el recuento de cómo supo por vez primera de José Martí. Siendo muy niño, en un día de invierno, estaba en la sala de su casa, en Nueva York, y, mientras el padre leía un magazine, al entrar la madre, le preguntó quién era el señor "de bigote grueso y frente amplia" cuyo retrato "colgaba en el fireplace". María Mantilla le contestó:
Y el periodista describió el final de aquel episodio siguiendo lo que le contaba César Romero: "El niño, todo ojos, sintió que recorría su cuerpo una sensación rara, jamás anteriormente experimentada. Romero [el padre], en su butacón, movía quedamente la cabeza. El magazine había rodado al suelo. Y de hito en hito miraba a la esposa que se alejaba y al retrato que presidía la escena desde la chimenea del fire-place..." Por lo que allí se dijo, y cómo se dijo, es de suponer que en aquella época, hacia 1915, el padre de César Romero aún no estaba enterado de que su esposa podía ser hija ilegítima de Martí, pero en 1944 parece que ya no importaba la noticia pues el propio Ferrer Gutiérrez además de que en su libro llama al actor "el nieto bilingüe y yanqui de la venezolana [sic] Carmen Mantilla y del cubano José Martí" publicó en una revista de La Habana, en facsímil, una carta de César Romero en la que afirmaba: "No cabe duda de que Martí fue el hombre del siglo pasado. El hecho de que yo soy su nieto me llena de orgullo". "La Rosa Blanca" y el monumento de Nueva York Cuando iba a cumplirse el Centenario del natalicio de Martí, en 1953, la comisión encargada de los actos que se celebrarían en La Habana por ese motivo (Félix Lizaso, Emeterio Santovenia, Francisco Ichaso y José M. Pérez Cabrera) consideró oportuno hacer una película sobre la vida de Martí: iba a ser "La rosa blanca", cuna de serias polémicas. Se le criticó al proyecto que se contratara a una compañía mexicana para producirla; que buena parte de ella se filmara en México (en los estudios Churubusco); y que fueran mexicanos el director (Emilio, "el indio" Fernández), el protagonista (Roberto Cañedo), el camarógrafo (Gabriel Figueroa) y el guionista (Mauricio Magdaleno). Protestaron los historiadores a quienes no se consultó, y la Asociación de Artistas por no emplear más cubanos luego contrataron a Dalia Íñiguez para el papel de la madre de Martí, a Gina Cabrera para el de la esposa y a Raquel Revuelta para la Niña de Guatemala. También protestó César Romero: hubiera querido el papel principal de la película, y se quejó en una visita que le hizo en Nueva York, a principios de 1954, el corresponsal de la revista Bohemia, que allí lo llama "el nieto famoso de la generosa venezolana en cuya casa halló calor de hogar el patriota Martí". Y el actor dijo en aquella oportunidad: "Yo estoy muy disgustado porque no se ha consultado a mi madre. Nadie estuvo tan cerca de Martí en sus últimos años como mi madre"; y molesto porque no lo habían contratado para representar a Martí hizo esta afirmación caprichosa: "Para encarnar un personaje histórico no basta el maquillaje..." Desde que se cumplieron los 50 años de la muerte de Martí, los cubanos residentes en Nueva York pensaron que la ciudad debía de honrar con un monumento a su ilustre huésped. El proyecto adquirió fuerza poco después, en 1948, cuando el alcalde William O'Dweyer decidió colocar una estatua de Simón Bolívar y otra de José de San Martín, ambas ecuestres, en el Parque Central, al terminar la Sexta Avenida, que así confirmaría el nombre que hoy lleva de Avenida de las Américas. Como sucede con frecuencia en situaciones semejantes, surgieron diversas ideas para el monumento: unos recomendaban hacer una copia de la estatua del Parque Central, de La Habana; otros solamente un busto; y como Martí no había sido militar se pensó en hacer juntas dos estatuas, la de Martí y la de Antonio Maceo, o la de Calixto García con Martí. También se discutió sobre el lugar del emplazamiento: puesto que Bolívar y San Martín estaban al final de la Avenida, Martí debería de estar donde nace, en Canal Street, en una plazoleta allí situada; y otros pensaron en Bryant Park, en la misma avenida de las Américas, al fondo de la Biblioteca Pública, entre las calles 40 y 42. Se acercaba el año del Centenario de Martí y ya estaban en su lugar, desde 1951, las estatuas de los otros libertadores americanos, y nada se había decidido sobre Martí. Se produjo entonces el golpe de Estado de Fulgencio Batista, el 10 de marzo de 1952. Poco después terminó la escultura Anna H. Huntington, pero no se pudo colocar en el sitio que hoy ocupa, entre Bolívar y San Martín, porque los cubanos exiliados de entonces se opusieron, ya que el gobierno de Batista había dado 100 mil pesos para el pedestal. Años más tarde fue por la protesta de los nuevos exiliados que se demoró inaugurar el monumento, porque se temía que algún representante de Fidel Castro quisiera participar en el acto. Por eso la inauguración, ante muy reducido público, no se llevó a cabo hasta el 18 de mayo de 1965. El monumento tiene, en inglés y en español, esta inscripción en la base: "José Martí. Apóstol de la independencia de Cuba. Guía de pueblos americanos y paladín de la dignidad humana. Su genio literario rivaliza con su clarividencia política. Nació en La Habana el 28 de enero de 1853. Vivió quince años de su destierro en la ciudad de Nueva York. Murió en el combate de Dos Ríos, provincia de Oriente, el 19 de mayo de 1895".
El día de la inauguración César Romero fue el invitado de honor. Ocupó la tribuna junto al comisionado de la ciudad, Richard Patterson, el almirante George J. Dufek y la escultora Huntington, a quien Romero, agradecido, le regaló una copia de la conocida foto de Martí junto a María Mantilla en Bath Beach. Con su presencia allí, tan conspicua, en aquella ocasión en que los Estados Unidos le rendían homenaje a Martí, parecía que quedaba sancionado de manera oficial el aserto de César Romero sobre su parentesco con "el libertador de Cuba". A través de los años, más de un siglo, la aceptación casi unánime de que María Mantilla fue hija de Martí, como que ha convertido en dogma la creencia aceptada en voz alta o con pudor, pero casi nunca puesta en dudahasta el extremo de que en el libro Contemporary Theatre, Film and Television, aparece la madre de César Romero con el "maiden name" de "Martí". Pero a falta de pruebas concluyentes, aún difíciles de imaginar, no puede aceptarse el que Martí fue el padre de María y, por lo tanto, el abuelo de César Romero. Aunque en una de las fotografías de la revista Hola éste aparece leyendo Martí, místico del deber, de Félix Lizaso (en la traducción de Esther E. Shuler, Martí; Martyr of Cuban Independence), y de afirmar que había leído "los libros que se han escrito" sobre Martí, se ve que no conoce muy bien el asunto: a pesar de que allí habló poco del tema, dijo que "Martí fue asesinado en 1895", que su "abuela vivió en Cuba, aunque era venezolana" y que "Martí y sus tres hermanas nacieron en La Habana", cuando es bien sabido que Martí murió peleando contra las tropas españolas; que su abuela Carmen Miyares de Mantilla era de Santiago de Cuba; y que Martí no tuvo tres hermanas, sino siete, y que una de ellas, Carmen, nació en España. A una vida como la de César Romero, tan ocupada y activa en su arte, y tan lejos de lo cubano, no se le podía pedir un conocimiento cabal de la biografía de Martí, pero su afirmación, quizás propia de su desconocimiento, que implica una actividad y una conducta no fácil de explicar en Martí, sí exige, por parte del historiador, un análisis y un escrutinio al que nunca se ha sometido la noticia. |
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