MARTÍ: "POESÍA Y EXISTENCIA"
"Mina sin acabamiento" llamó Gabriela Mistral a la poesía de Martí, pero más se refería a la riqueza entrañada en los versos que a la variedad de luces que ellos reflejan. Ahora, ante este libro de José Olivio Jiménez, cabe mejor hablar de los destellos múltiples del mineral enterrado, de las perspectivas que ofrece a quien la contempla. El punto vista nuevo le permite al crítico una "lectura existencial" de lo que pensó y creó Martí en poesía.
El título del libro anuncia el contenido, "poesía y existencia", y en sus páginas hay una explicación de cómo en Martí se enlaza el vivir con la creación. Señala Jiménez que "nos han enseñado, uno tras otro, los pensadores existenciales, que únicamente tocando los fondos de la nada, la duda y aun la desesperación, mirándonos así en nuestro radical desamparo y soledad ante la muerte, y aprehendiendo el durísimo estigma de nuestro absoluto saber, el hombre alcanza el signo cabal y definitivo de su existencia" (p. 40). Y pasa luego a señalar las coincidencias martianas con ese particular quehacer.
Los cuatro ensayos que constituyen esta colección llevan los siguientes títulos, "Una aproximación existencial al Prólogo del Poema del Niágara"; "Un ensayo de ordenación trascendente de los Versos Libres; "Dos símbolos existenciales: la máscara y los restos"; y "La ley del día y la pasión de la noche". En el primero se revisan las páginas que Martí escribió para el poema de su amigo venezolano Pérez Bonalde. Allí se descubre la vida como resultante del esfuerzo individual que implica de manera irrenunciable agonía y sufrimiento. Jiménez considera este prólogo de Martí como un "programa de poesía existencial" (p. 58), y en él descubre con acierto la condición de precursor del poeta, su capacidad de adentrarse en el futuro y adelantar los modos y temas de la poesía moderna en legua española.
Quizás una de las metáforas más ilustrativas de cómo Martí percibía su existir aparece en uno de sus Cuadernos de Apuntes, en la que se describe pasando por la vida "triste y seguro de la no recompensa, sacando día a día de una roca siempre perezosa el agua fresca". Ese sentido de frustración y esa voluntad de lucha los destaca Jiménez en el segundo ensayo de su libro, al intentar la "ordenación trascendente de los Versos Libres". Para ello agrupa en tres pilares la arquitectura temática del poemario, que él ve como "tres estadios sucesivos que allí se dan y que, como mera orientación de entrada, podrían denominarse un poco gruesamente la circunstancia, la naturaleza y la trascendencia" (p. 66).
En el fondo de la biografía de Martí, en la época de los "Versos Libres", aparece el poeta agobiado por el inútil enfrentamiento de su circunstancia y de su vivir: es que aún no ha podido cuajar en el ideal superior de patria. La naturaleza, por su parte, como rasgo romántico, le sirve a Martí como catalizador para descubrir su alma, y Jiménez cita do versos del poema "Mujeres": "Solo hay un vaso en que la sed se apague/De hermosura y amor: Naturaleza" (p. 73). La vocación de trascendencia" (p. 85) de que se habla en estas páginas está presente en toda la obra de Martí, pero se acentúa en los versos que anteceden los años del patriota.
En el tercer ensayo de esta colección se centra el análisis en "dos símbolos existenciales" de la poesía de Martí: "la máscara," como resumen de lo artificial de la vida; y "los restos" representando el desgajamiento natural del vivir. Esos pedazos son los que han de servir luego para la heroica reconstrucción del hombre. En ese hacerse a sí mismo tras la caída, Jiménez encuentra en Martí al pensador existencial; dice: "Supo y practicó concientemente así lo que sería credo común en los teóricos del existencialismo: que la vida no es autodeterminación, y que la mayor dignidad humana es de hecho esa obligación de edificar cada quien su propia existencia" (p. 106). La máscara que en otros sólo sirve de ocultamiento del ser ante el prójimo y ante sí mismo, se convierte en Martí en conocimiento propio ya que cada uno de los posibles disfraces le revela lo que no es auténtico. Y puede, además, la "máscara", servir como forma de acercamiento al semejante, por la especie de nivelación que la inspira, al ser un acto de amor que permite comunicase con el resto de la humanidad.
De Karl Jaspers toma el crítico el tema y el título del último ensayo de su libro: "La ley del día y la pasión de la noche". Del filósofo alemán se presentan en contrapunto manifestaciones martianas de dos de sus colecciones de poesías: las "Flores del destierro" y los "Versos Libres". Se descubren coincidencias notables. A "ley del día", dice Jiménez, "corresponde la externa trayectoria del hombre público en Martí" (p. 137), y "el refugio de la noche como resultado del cansancio existencial; inmediatamente, o en un mismo acorde, el sentimiento de la noche como patria" (p. 140). De esta manera aparece el conflicto entre lo contingente y la fe en una meta trascendente que apoya lo anterior; en palabras de Jaspers: "Lo que es para sí y se encamina a su propia trascendencia". Y Jiménez explica cuánto dependen entre sí de "la ley" y "la pasión": "Solamente el existir auténticamente, integral, el entregarse sin temores a la vida y sus deberes, que por modo único ante la ley del día se pueden perfilar y cumplir, garantizará la ascensión en la sombra suprema en esa sombra sin límites que como patria fundante y originaria del ser sentía también el poeta y el hombre en Martí" (p. 152).
La agudeza crítica, la familiaridad con los textos martianos y los conocimientos filosóficos sitúan a José Olivio Jiménez en una posición única para este análisis de la poesía de Martí. Algunos de los ensayos e ideas de este libro ya las había dado a conocer en otras oportunidades, pero las páginas reunidas ahora se prestan luces, y hacen de José Martí, poesía y existencia un hito de singular valor en la bibliografía martiana.
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