MARTÍ: "NUEVOS MATERIALES"
Desde que la Editorial Nacional de Cuba publicó el último tomo de la más reciente colección de Obras de Martí, en 1966, han aparecido otros escritos suyos que permanecían inéditos u olvidados. Ahora el Instituto Cubano del Libro ofrece un volumen adicional con los Nuevos Materiales que motivan este comentario. Se reúnen bajo los siguientes epígrafes: "Artículos periodísticos en España y México", "Artículos diversos en la prensa norteamericana", "Notas y artículos en Patria", un "Epistolario" y otros grupos con discursos, fragmentos, dedicatorias y trabajos menores. De muchos de éstos se tenía noticia, pero nunca se incorporaron a sus Obras: más de cien páginas (179-283) son notas de la revista La América, de la cual había tomado Félix Lizaso lo que dio en su libro José Martí: artículos desconocidos (1930). En aquella oportunidad revisó la colección incompleta que poseía la Sociedad Económica de Amigos del País, y no recogió, en tan temprana fecha, con toda la labor martiana que quedaba por hacer, aquellos escritos breves que aquí se reúnen, "esas descripciones de máquinas maravillosas", dijo, "que de tal modo atraían su curiosidad, que difícilmente el más experto técnico hubiera podido describirlas mejor".
Otros materiales estaban ya en libros, pero, por motivos que no conocemos, nunca se habían recogido, como es el caso de las cartas a Ignacio Altamirano por la polémica de la Sociedad Alarcón (96-97), incluidas por Camilo Carrancá y Trujillo en su Arte en México (1940); y la dirigida a Antenor Lescano (362), también publicada por Carrancá, en el segundo tomo de La clara voz de México (1936). Las palabras de Martí en el Liceo Hidalgo (323-329) las reprodujo José de J. Núñez y Domínguez en Martí en México (1933), así como el "Protesto", del 30 de octubre de 1875 (97), que dio el mismo autor en las primeras páginas de su libro. El tan divulgado artículo de Martí, "La verdad sobre los Estados Unidos" (290-294) tampoco estaba en los anteriores tomos de esta colección, a pesar de andar en recopilaciones y antologías desde 1919, como se advirtió en una nota del libro Escritos desconocidos de José Martí (1971). Sin embargo, la carta a Adrián Segura (98-99) se encontraba ya en estas Obras completas, en el tomo 20, página 235. La mayor parte del nuevo "Epistolario", y algunos artículos, se dieron a conocer en el interrumpido Anuario Martiano (1969-1972).
De las pocas páginas que ahora se reproducen por vez primera, lo más importante son las cartas a Máximo Gómez, de febrero de 1894 (424-434) y la dirigida a Fermín Valdés Domínguez (441-444), incluida en anteriores epistolarios ocultando partes de la misma, suponemos que por los juicios sobre el general Roloff y Manuelito Mantilla, y las quejas de Martí por la baja recaudación en las tabaquerías. Algo de lo que aparece en este tomo no es propiamente "material" martiano, como las notas escritas por José Triay (84-85) y la crónica de un acto en Cayo Hueso, donde habló Martí, aparecida en inglés en The Equator Democrat (340-349), en la que hay menos de cinco líneas de cita directa, y todo lo demás es una relación del cronista anónimo.
Menos aceptable aún nos parece haber incluido, y darlos como de Martí, una serie de brevísimos escritos sin firma publicados en la Revista Universal, que pueden ser de cualquiera de los redactores de aquel periódico mexicano. La "Nota preliminar" que inicia este tomo 28 advierte: "En todos los casos de trabajos no firmados se ha realizado un cuidadoso análisis de los textos, incluyendo aquellos que por su estilo característico y las ideas expresadas se identifican con la producción martiana"; pero ¿qué análisis puede realizarse ni qué ideas pueden identificar estas líneas en las que no hay propiamente ni estilo ni conceptos, ni espacio en que se desarrollen? Léase, como ejemplo, esta noticia sobre "La señora Agüero de Osorio" (74), donde sólo se dice: "Ha llegado a esta capital esta eminente artista que ha sido largos años el encanto de la sociedad habanera. La saludamos cordialmente, y le deseamos que le sea agradable y provechosa su permanencia en nuestro país". Cabe preguntarse si los que recogieron este material creyeron que todo lo que habla de Cuba en la Revista, en los meses de 1875 y 1876, cuando en ella trabajaba Martí, tiene que ser necesariamente de él. Se sabe que allí colaboraba su compatriota Antenor Lescano, y dice Alfonso Herrera Franyutti en su libro Martí en México (1969) que también Alfredo Torroella; y Nicolás Domínguez Cowan, como prueba la carta de Martí fechada cl 18 de marzo de 1876. Además, había buen número de cubanos en la redacción de otros periódicos de la capital mexicana, y es de suponer que se pasaban noticias, como sucede en ese ambiente entre compañeros y amigos: Nicolás Azcárate trabajó con Antenor Lescano en El Eco de Ambos Mundos; Andrés Clemente Vázquez en el Diario Oficial, del que fue director Pedro Santacilia, el cubano más influyente en el país, antiguo secretario de Benito Juárez, y su yerno; el propio Vázquez era con José Quintín Suzarte redactor de El Siglo XIX; y en El Federalista, a donde irá Martí cuando se cierre la Revista Universal por la revolución de Tuxtepec, estaba, con Alfredo Torroella, el habanero Ildefonso Estrada y Zenea, pariente del autor del romance "Fidelia". Por otra parte, para redactar esas notas no era necesario ser cubano: siempre acusan simpatía por la causa de la independencia porque era lo propio en aquel ambiente reformista y liberal de los que apoyaban el gobierno de Lerdo de Tejada. Y aun podrían ser de personas del todo ajenas al periodismo ya que un aviso fijo de la primera página de la Revista Universal, bajo el título de "Condiciones", decía: "Los comunicados de interés general se insertarán gratis, siendo cortos, los de interés particular por precios convencionales".
Algunos escritos de los que forman este volumen tampoco creemos que sean de Martí. Entre los incluidos bajo el epígrafe "Artículos periodísticos en España y México", hay uno que lleva el título "México y Norteamérica" (24-29), fechado el 14 de abril de 1875, que trata de un serio conflicto en la frontera con los Estados Unidos, cuyo estilo en nada se asemeja al suyo. Léanse como muestra esta líneas: "... nuestro único deseo es que el público conozca todas las peripecias de este negocio, que nada ignore, como no debe ignorarlo, cuando se trata del bien supremo, de la suprema dignidad, del bien y de la dignidad nacionales." No puede darse mayor pobreza expresiva. Obsérvese cómo el reducido léxico obliga al autor a repetir ciertos vocablos. Ni tampoco deben ser suyos los dos que siguen, los "editoriales" de los días 15 y 16, que tratan de la alarma por "La Guerra" posible con los Estados Unidos (29-32), y de los presupuestos en "La Cámara" (32-34). Es más que improbable que Martí escribiera esos trabajos. Su primera colaboración en la Revista Universal es del 7 de marzo, y en todo ese mes sólo le publican varias composiciones poéticas, la traducción de Mes fils, dos o tres impresiones sobre Europa, una nota sobre literatura, otra sobre Cuba y la reseña de una fiesta masónica; todas, menos esta última, firmadas. En el próximo mes se le encarga asistir a los debates parlamentarios e informar a los lectores de aquellas reuniones: el resultado fue una serie de cortos resúmenes; también le publicaron en abril varios poemas y dos artículos, todo firmado. Martí no es uno de los redactores fijos de la Revista hasta que empieza con sus "Boletines", el 7 de mayo. ¿Cómo explicar que la dirección le confiara asuntos de tanta importancia? El primero de estos editoriales vuelve sobre el conflicto con los Estados Unidos, ya con amenaza de guerra; y el otro da la opinión del periódico sobre los presupuestos del país. Martí es un joven de apenas 22 años, extranjero, recién llegado a México, y sin ninguna experiencia en el periodismo activo. ¿Cómo le iban a encargar tan delicada misión? La Revista contaba con "redactores" de prestigio, alguno muy buen prosista: Guillermo Prieto, Ignacio Ramírez, Juan de Dios Peza, Francisco Hernández y Hernández, Gustavo Gostkowski, Antenor Lescano, y otros, hasta casi llegar a veinte; y en aquellos momentos aparecían como "colaboradores" Ignacio M. Altamirano, José Rosas Moreno, Enrique Olavarría y Ferrari, Manuel M. Flores... No faltaban plumas acreditadas ni talentos a aquella publicación, una de las más influyentes de México, para preparar, antes de que a Martí se le reconocieran todos sus méritos, tan importantes editoriales.
Aunque estén bien escritos algunos trabajos sin firma de la Revista Universal, y en ellos aparezcan ciertas ideas afines a las que manejó en esa época, tampoco pueden darse como suyos si no se tienen otras pruebas. Veamos los motivos con un ejemplo. En 1875 Martí está muy atento a los problemas laborales de México: ve nacer una preocupación proletaria y sugiere soluciones para las pugnas entre el capital y el trabajo. El 10 de junio escribe: "El artesano comienza a tener conciencia de su propio valer, se rebela contra el capitalista dominante, no ya con dominio respetable de justicia y de razón, sino con el que protegido por la miseria de los obreros, en ella se apoya para hacerla todavía más miserable." Un mes más tarde vuelve sobre el tema y dice: "Es hermoso fenómeno el que se observa ahora en las clases obreras. Por su propia fuerza se levantan de la abyección descuidada al trabajo redentor e inteligente: eran antes instrumentos trabajadores: ahora son hombres que se conocen y se estiman". Y al día siguiente, el 11 de julio, en el artículo "La huelga de los sombrereros" aparece la protesta contra los que se oponen a las reivindicaciones sociales: "Lo que vemos de cierto en esta cuestión, es el oculto despecho de que surja el trabajo con derecho, de que tenga ciudadanía el obrero, de que hable al oído del amo con el lenguaje de la igualdad democrática. Se oyen alegatos del obrero con la extrañeza con que se escucharon antes los reclamos del esclavo, desde que osó decir por primera vez con Espartaco a la cabeza, hacedme un lugar en el derecho, que yo también pertenezco a la humanidad". Se ve en estas citas la secuencia de un pensamiento, y en todas la prosa va por los caminos más frecuentados por Martí. Sin embargo, el último artículo, "La huelga de los sombrereros", es de Guillermo Prieto, quien debió ejercer sobre él, como otros escritores de la Reforma, más influencia de la que hasta hoy se le ha reconocido. Así, aunque una página de la Revista revele buena prosa y tenga ideas "martianas", hay que proceder con toda cautela antes de darla como suya.
Excepto algunas de las "Gacetillas" que ahora se recogen, tomadas también de Revista Universal, de las que hay pruebas decisivas de que pertenecen a Martí, no debieron incluirse otras en las que, por el contrario, todo parece indicar que no son de él. Léase esta fechada el 14 de marzo, a la semana de haber empezado en aquella empresa; lleva por título "Milagros" (57), y dice: "En Toluca crecen las uñas a la madera, en un crucifijo de la Santa Veracruz. Y ¡qué milagro!, sin peinarlo con pomada de oso, también ha crecido el pelo al crucifijo. Y se lo cortan, y vuelve a crecer: este crucifijo es un pólipo." Y a continuación se refiere a la Virgen del Pilar, y comenta: "Es fama en la ciudad que el Sr. Arzobispo llamó a un platero para que acicalase y limpiase a la Virgen, y llegó, y palpó, y vio, que la Virgen inmortal y eterna se había humanificado [sic] en un pedazo de madera que se apolillaba; y prudente y sabiamente resignó el cargo de limpiador". Pueden revisarse en los escritos de Martí las numerosas menciones de imágenes de Jesús y de María, y no se encontrará en ellas ningún vestigio de esa irreverencia y vulgaridad. Aunque Martí no era religioso, sabía respetar la fe, sus símbolos, y todas las creencias. Era anticlerical porque la Iglesia iba del lado de la injusticia cuando se trataba de sus intereses, y los del poderoso que la favorecía. Pero su discreción le hubiera impedido expresarse de esa manera tan poco delicada.
En una carta a Manuel Mercado, por las erratas que aparecían en sus artículos de 1889, le envía Martí estos versos al lector de la imprenta: "¿Por qué, corrector, te cebas/En mí, si el Sumo Hacedor/Hizo hermanos, al autor/ Y al que corrige pruebas?" Entre estas "Gacetillas" que comentamos hay algunas que contienen ironías y quejas molestas por los errores de los cajistas (58, 61, 90). Porque se refieran a escritos suyos no se le puede adjudicar ese sarcasmo tan ajeno a la bondad de Martí con sus compañeros de trabajo. Ni tampoco debe ser de él la nota "Allá veredes" (81) donde se hace una parodia chabacana de las coplas de Jorge Manrique ("¿Qué se hizo Valmaseda/Y aquella célebre trocha/De Morón?/¿Qué se hizo, voto a bríos?/Ya ni un castillo nos queda,/¡Maldición!/Todo fue cena de negros..."), él, que dos meses más tarde, en un hermoso trabajo firmado, habla con dulzura y admiración del poeta "de las endechas quejumbrosas, el del perpetuo y bellísimo dolor," de Jorge Manrique.
En otra ocasión se da como de Martí una ridícula reseña sobre "Una tertulia elegante" (99-100) en casa de Ramón Uriarte, el que prologó el folleto Guatemala, de Martí. Tomamos al azar un pasaje: "La Sra. de Muruaga llevaba un elegante traje de raso blanco con encajes de Chantilly, negros. La esposa del señor ministro de España reúne a su aristocrática distinción el privilegiado adorno de su talento, de manera que muy pronto se habrá conquistado las simpatías y el aprecio de la sociedad mexicana a cuyo seno [sic] acaba de ingresar". Y poco después: "La hija de la Sra. Muruaga hacía su entrée dans le monde, con un correcto traje de faya azul con gasa blanca y galones de oro. Estaba peinada con esa original sencillez, que es el mejor proceso de los monumentos capilares..." Esto publicaba la Revista el 2 de julio de 1876. Pocos días antes, el 29 de junio, en uno de sus boletines, Martí hace una especie de reseña, pero de un paseo en la Alameda. Compárese el estilo: "Ora pasa una elegante criatura, cuyos ojos claros y profundos convidan a pensar en cosas tenues y celestes; ora una historia dolorosa, envuelta en un gallardo cuerpo de mujer. Trae aquélla atravesados los cabellos rubios por una ancha espada de oro; hay maliciosos que dicen que no es difícil herirla en el corazón. Allá se duele un poeta porque la tierra no lo entiende, cuando fuera tal vez cuerdo oír los lamentos de la tierra porque el poeta no la ha entendido". Se ve aquí el germen de sus grandes crónicas a La Nación, el anuncio de sus constantes estilísticas: la sinécdoque, el juego de epítetos, los paralelismos, la alegoría original. Allá, sólo el lugar común de los cronistas sociales, la prosa pedestre, el peor gusto.
Si no se tiene una prueba decisiva, un testimonio irrefutable de la paternidad de un escrito, es necesario hacer un análisis textual en el que la repetición de giros o recursos idiomáticos nos dé indicios de su origen; después debe seguir un estudio diacrónico para confirmar, con la comparación de textos, el tono y el tratamiento de ciertos temas, y las preferencias, en ese momento del autor que sospechamos; en seguida se ha de establecer, con la más completa información biográfica, y usando todas las fuentes secundarias, la posibilidad de que el escritor en cuestión haya dado ese documento en la fecha asignada; por último, es imprescindible un cabal conocimiento de la figura para poder predecir, con cierta seguridad, cómo reaccionaría ante determinada circunstancia, cuál habría de ser su respuesta ante el asunto objeto de estudio. Por aquí, como por el estilo, es más fácil descubrir a Martí, por su manera de mirar la vida, por la altura moral que siempre acompaña sus actos. Sólo cuando todo indique que un escrito es de Martí, en todos estos niveles, y no por algún que otro indicio casual, se puede ofrecer bajo su nombre, y con mayor motivo, como este caso, cuando se va a incorporar a sus Obras Completas.
Con una cuidadosa lectura de lo que escribió Martí en aquella época se hubiera eliminado un buen número de esos trabajos anónimos que le son tan ajenos. La tentación de descubrir "Nuevos Materiales" hubiera cedido ante las frecuentes aclaraciones que explican su labor periodística. Bastarían sus palabras a La Colonia para desautorizar ésos que pretenden ser graciosos: cuando le quisieron atribuir similar intención a uno suyo, dijo, el 27 de mayo de 1875: "No escribí yo el suelto aludido en tono de chiste, completamente ajeno a mí". Y en su respuesta a La Iberia, el 9 del siguiente mes, deja como un código de su actuación en la prensa por el que habrían de descartarse el grupo mayor de esas "Gacetillas". Se destaca su discreción con la siguiente advertencia: "A pesar de que este periódico le abre enteramente sus columnas para expresar como guste sus ideas, él usa de ellas muy parcamente, y siempre que lo hace firma lo que escribe asumiendo así la responsabilidad de los juicios". Y más adelante aclara lo que hemos tratado de probar, que esas notas anónimas y tendenciosas no deben ser de él: "Quiero decir una vez más a La Iberia que todas las opiniones que sobre Cuba exprese yo en la Revista, tienen un carácter exclusivamente particular; que yo creo que todas las ideas que se hacen públicas deben ir siempre autorizadas con la firma de quien las produce, y que si La Iberia ve en la Revista insinuaciones sobre cosas cubanas, éstas no revelan que ejerza yo en la Revista una influencia que ella sabría rechazar... Cuanto yo digo sobre Cuba, en ella tiene con mi firma, modesta, pero particular y precisa autorización".
El 2 de julio de 1875 salió publicado en la Revista Universal un romance ése quizás, con mayor probabilidad, de Martí, pero que nunca se ha dado como suyo, y que parece no vieron los compiladores de esta colección. Por él podemos adentrarnos en el secreto de aquellos sueltos molestos e injuriosos, y saber que ni Martí ni su compañero José P. Rivera, "Pílades", tuvieron que ver con ellos. Parece, por lo que aquí leemos, que el encargado del emplanar, un tal Rodríguez, era un individuo de pocos escrúpulos que urgía a Martí y a Rivera a suministrarle pequeños entrefilets con noticias falsas o comentarios incisivos para hacer más vivo el periódico y cubrir la plana. Aquel día, agobiados por las peticiones, dejaron constancia de su queja, y de su ética profesional, tras la feliz imitación del anónimo "Romance de Abenámar", de la época de los Reyes Católicos ("¡Abenámar, Abenámar,/Moro de la morería...!") que reproducimos también por su valor documental, el cual dice:
Rodríguez, el buen Rodríguez,
El que la Revista forma,
De Pílades y de Orestes
Eterno fantasma y sombra;
¿Qué quiere, que al uno abruma?
¿Qué busca, que al otro enoja?
¿Injurias? Hable al de al lado;
¿Mentiras? La Voz responda.
Si nada inventan los tristes,
E insultos torpes no forjan,
Y cuanto saben han dicho,
Y en serio la prensa toman,
Quede Rodríguez sin párrafo.
Y, antes que hacerle tramoya,
No salgan aquí a la escena
Más que verdades honrosas,
Que al que las mire no enfaden,
Ni al que las dice sonrojan.
Rodríguez, el buen Rodríguez,
De Orestes y Pílades sombra,
Con plecas llene la tercia,
Plana y anuncios le ponga,
Que aquí no inventan injurias,
Ni falsas noticias forjan,
Ni llenan párrafos sueltos
Con hazañas que desdoran.
Ni a quien negó sus favores
Ha de negarse la honra
En palabras sin templanza,
Airadas y vergonzosas,
Que a quien las mira, disgustan
O a quien las dice, sonrojan.
Faltan por mencionar dos epígrafes de este volumen: los "Artículos diversos en la prensa norteamericana", y las "Notas y artículos en Patria." El primer grupo lo forman un trabajo de Martí sobre el 27 de noviembre de 1871, publicado en el New York Herald, y su traducción (151-157); y las dos crónicas sobre los pintores Fortuny y Zamacois (103-151), que dio a conocer en Nueva York, en su versión española e inglesa, la Revista Cubana (1968), aunque los compiladores de este tomo 28 no revelan de dónde las copiaron a la letra. Tampoco dicen la fuente del segundo grupo, las "Notas y artículos en Patria" (295-318), tomados del libro Escritos desconocidos de José Martí, también publicados en Nueva York, donde se prueba la paternidad de documentos que no se sabía fuesen suyos. Sí se consignan, sin embargo, los nombres de las otras personas que han descubierto algunas de estas páginas, o simplemente han hecho referencia a ellas: Enrique H. Moreno Pla, Luis García Pascual, Gonzalo de Quesada y Miranda, Gonzalo de Quesada y Michelsen, Manuel Isidro Méndez, Emilio Roig, Cintio Vitier, Fina García Marruz, Gregorio González Fernández, Ivan Schulman, William Isaacson, etc.
Hay otros trabajos de Martí, ya conocidos, todavía ausentes de esta colección, lo que hace sospechar que pronto aparecerá un volumen 29, otra vez, quizás, con "Nuevos Materiales". Sería aconsejable proceder entonces con un mínimo de rigor en la selección para evitar que se introduzcan en sus Obras Completas escritos que no son de él, y hacen dudar de la capacidad crítica de los editores.
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