MARTÍ Y EL NIHILISMO
Leo Hartmann
En uno de sus Cuadernos de Apuntes escribió Martí: "Padres e hijos: la nov[ela] de Turg[ene]f, donde apareció el nihilista". No es del todo exacto su juicio ya que el nihilista no "apareció" con la obra de Turgenev, pues sobre el tipo habían escrito Jules Lemaître y Víctor Hugo, pero es cierto que fue esa novela, publicada en 1862, la que hizo popular el término, la que lo introdujo en el vocabulario político de Rusia: el nigilist y la nigilistka.
El apogeo del nihilismo ruso coincidió con los años formativos del revolucionario radical Sergei Nechaev, la década de 1860. En realidad no respondían los nihilistas a un programa concreto, pero sí tenían objetivos comunes: destruir la moral, la ideología y las formas de comportamiento así como los prejuicios religiosos, el idealismo, las normas familiares, el arte por el arte y la descriminación de la mujer. El vocero de aquella generación, Dimitri Pisarev, de origen noble, redujo a lo siguiente el programa: "Lo que se puede romper, debe romperse; sólo se debe aceptar lo que no se rompe; lo que vuela en mil pedazos es basura".
En la novela de Turgenev, aparece el personaje Yevgeny Bazarov con las características del tipo. Lo había llevado a la hacienda de su padre Arkady Kirsanov, a quien lo presenta como un estudiante universitario que es "nihilista", igual que él. "Y ¿qué es un nihilista?", pregunta preocupado el viejo Kirsanov, y comenta que esa palabra debe venir del latín, y tiene que significar que una persona no reconoce ni respeta nada; a lo que contesta orgulloso Arkady: "Quiere decir el hombre que todo lo mira desde un punto de vista crítico". El propio Bazarov se encarga de explicar más adelante que las creencias de la generación anterior no tienen nada que ver con ellos, y que la misión de los nihilistas es barrer con todo: destruir cuanto fundamenta la política, las relaciones humanas y la fe religiosa: el nihilismo pretende desvalorizar los valores tradicionales. Por la novela de Turgenev y por las conspiraciones estudiantiles se le pidió a la policía una definición de esas ideas de los jóvenes, y contestaron: "El nihilismo ruso es una mezcla del ateísmo occidental, materialismo, revolucionarios, socialistas y comunistas. Los nihilistas son implacables enemigos del Estado y de la sociedad, y se niegan a reconocer el gobierno, y no se atemorizan con facilidad ante la censura y aceptan como un honor el título de nihilistas".
Pero el conocimiento mayor del nihilismo debió llegarle a Martí a través de otra novela, hoy totalmente olvidada, que se publicó en francés, cuyo original no pudo conseguirse para este trabajo, por lo que sólo se consultó la traducción al inglés de 1881 y de 1886; se trata de A Nihilist Princess, de Louise Mignerot Gagneur. Escrita a raíz de la muerte de Alejandro II, varios personajes fueron sacados de la realidad: la protagonista, Wanda Krylof es Sophie Pieofsky, dice la traductora de la novela (quizás equivocando el nombre, de Sophie Perovskaia), hija de un noble, la bella joven que murió en la horca en San Petersburgo por su participación en el asesinato del zar el 13 de marzo de 1881. Regresaba el emperador de una revista militar, en San Petersburgo, cuando un nihilista le tiró una bomba a la parte trasera del carro: hirio a varios soldados, pero el zar salió ileso; pero otro complotado tiró otra sobre el zar, la cual le destruyó las piernas y la parte inferior del cuerpo, muriendo a poco del atentado, como también el nihilista, por la explosión. La señal para el atentado la dieron dos mujeres, al agitar sus pañuelos de bolsillo: una de ellas era Sophie Perovskaia, quien con otros acusados fue ahorcada el 15 de abril, "sin dar ninguna señal de miedo o depresión de espíritu" según el libro de Laferté, Alexandre II; études sur sa vie intime et sa mort (1887); "Perovskaia conservó el color de sus mejillas hasta el momento de su muerte".
Dice la autora de la novela que el grupo revolucionario al que pertenecía Wanda era de nihilistas que querían destruir todo lo existente.
Up to this time, the Nihilist party has worked slowly, secretly, silently, in the midst of the people; occasionally a mysterious assassination, daring proclamations, wonderful escapes from prison, superhuman such as only the early days of Christianity have ever seen, strike awe in this old skeptical and selfish society. Who are these intrepid men and women who brave the Russian police and their terrible prisons? What mighty power induces them to give up their position in the world, their wealthy families, to embrace the hard, dangerous life of an apostle? They clothe themselves in the humble dress of the artisan; they learn a trade; they penetrate into the cottages of the poor; they surmount the fatigue of hard labor, so as to tell the peasant of his rights...
La novela narra las reuniones secretas de los nihilistas, el medio en que se movía el príncipe Krylof el padre de Wanda, la persecución de la policía, la doble vida de la princesa, todo enmarcado en amoríos, matrimonios, renunciamientos y propaganda revolucionaria. Por fin arrestan a Wanda y la condenan, con otras cuatro mujeres, a ser pasada por las armas: había participado en la muerte del zar. Primero fusilaron a Katia, la criada de la princesa, quien la había llevado a la revolución: al separarse le rogó que revelara su identidad para que salvara la vida, pero Wanda con todo valor se negó: "No Katia" le respondió, "I will have absolute equality. To recall my rank at the moment of death would be to recognize a difference between you and me. My death will be certainly known, and my contempt of birth and rank will be a sufficient lesson. Equality will be harder to establish in Russia than liberty, even". Pocos momentos después llegó Krylof desesperado buscando a su hija: se oye una descarga, y cuando se acerca al lugar donde se llevan a cabo las ejecuciones, ve a la hija atada al poste, ya muerta.
La mala caligrafía de Martí hizo que no se copiara bien el apellido de la novelista, y tanto en las Obras Completas de la editorial Trópico como las de la Editorial Nacional de Cuba aparece "M. L. Gagueur" en vez de M. L. Gagneur. Y para mayor dificul-tad en identificar a la autora, Martí no da el título de la novela. En el Prefacio de A Nihilist Princess se hace una breve reseña de la historia de Rusia que Martí sigue con pocas palabras en su Cuaderno de Apuntes. La Gagneur, traducida, escribe: "Corruption and bribery rule the Holy Empire. As Hertzen says" "His Majesty Abuse is the real Emperor", y escribe Martí en español: "Hertzen llama pirámide del mal a las iniquidades rusas: y dice que en Rusia impera Su Majestad el Abuso". Y Martí reproduce, con algunas faltas de ortografía, todo el párrafo de la autora sobre la comuna rusa, que está, por supuesto, exacto en la traducción consultada: "Le mirla commune Russe est un sorte de société coopérative agricole. Les terres sont possédées en commun et divisées par parts égales entre tous les membres du mir. Le nombre de membres augmentant ou diminuant, on procède à une nouvelle répartition. Tous sont solidaires pour le paiement des impôts, lachat des machines, les frais dadministration..." etc.
Y en estas páginas sobre "Rusia" en el Cuaderno de Apuntes de Martí aparece esta curiosa y única mención de Sergei Nechaev, el autor de "El catecismo del revolucionario": "Petropavlovsk. en el calabozo No. 8, Netchaief [sic]cuya cadena está remachada a la murallase volvió loco".
Leo Hartmann
Otro personaje de A Nihilist Princess, Mijail Federof, es posible que sea el Leo Hartmann que después del atentado se refugió en los Estados Unidos. Hartmann era un joven electricista que había participado en la explosión de un tren cerca de Moscú. El sabotaje iba dirigido contra Alejandro II, pero el empeño fracasó pues volaron un vagón donde no se encontraba el zar. El tren imperial iba desde Crimea hasta San Petersburgo, y pusieron tres bombas en el camino: en Odesa, Alexandrovsk y en Moscú. Un cambio en el itinerario del tren hizo inútil la bomba en Odesa; la otra, que hubiera precipitado el tren en un abismo, no funcionó; y la de Moscú, preparada por Hartmann, explotó el 1º de diciembre bajo el vagón que seguía al del zar, por lo que éste salió ileso. Hartmann logró escapar, y después de un tiempo en Francia e Inglaterra, llegó a Nueva York a principios de agosto de 1881. A los pocos días empezó a discutirse si el gobierno americano procedería a su extradición si se lo pedía el gobierno ruso. Como había numerosos nihilistas en los Estados Unidos, se empezó una campaña en su defensa, pero en Washington se dio a entender que iban a extraditarlo. Ante la amenaza Hartmann optó por refugiarse en el Canadá. El abogado de Hartmann le escribió una carta al secretario de Estado, James G. Blaine, para que le dijera si su cliente sería o no deportado, y éste se negó a opinar alegando que la pregunta era hipotética; le respondió en una carta que publicaron los periódicos de aquellos días: "... There is no citizen of the United States today, native born o naturalized, who has the right to demand from any national tribunal its opinion in a hypothetical case on the plea that it involves a principle which might affect his personal rights..."
Un articulo de la Pall Mall Gazette en favor de Hartmann se titulaba: "Freedom for Revolutionists. Moderation and Humanity Taught by Past and by Present History". El New York Times del 13 de agosto reseñó una reunión de los socialistas en Boston, condenando el paralelo que se hacía entre Guiteau, el asesino del presidente Garfield, y Hartmann; unos, decían, "[Hartmann] is a self sacrificing man, fighting for the liberty of his country", el otro, "[Guiteau] is a self seeking man who made a murderous attack on the President in revenge for the latters refusal to appoint him in an office..."; y un orador acusó a la prensa de ser "sycophantic and sympathetic toward the tyranny of Russia and unfriendly to the liberty loving people of that country..." Y termina la reseña del acto con este juicio: "Resolutions were adopted declaring that the principles and methods of the revolutionists of 1776 and those of Russia today were identical, and that our government should be the ally and protector of the Nihilists who come here".
Al día siguiente, también en defensa de Hartmann, se reunieron los socialistas de Nueva York, y sale la reseña del acto en el mismo periódico; dice: "About 600 persons were present, of whom possibly a half dozen were Americans... Political liberty was the only aim of the Nihilists there [en Rusia], and the government had forced them to use the dagger and the knife...". Y concluye otro orador: "If ever there was a just execution of a criminal it was the killing of the Czar..."
Dijo Martí en una oportunidad, sin una explicación precisa de las palabras "esclavitud" y "crimen": "Vale más continuar indeter-minada esclavitud, que deber la libertad a un crimen". Pero en una crónica para La Opinión Nacional, de Caracas, del 20 de agosto, se refirió con detalles al caso de Leo Hartmann, donde dejó resumido su pensamiento sobre el nihilismo; allí se lee:
Un hombre pequeño y delgado, de bigote y perilla castaños, de grandes ojos azules, astuto y móvil, precavido y parlero, inquieta hoy a Nueva York. Ése es Leo Hartmann, el nihilista acusado de tentativa de asesinato contra el Czar, tentativa inútil que causó la muerte de numerosos seres infelices. Jovialidad, serenidad, actividad y desembarazo distinguen al nihilista. Su caso apasiona a los americanos, como apasionó a franceses e ingleses. No bien llegó surgió la cuestión que en Inglaterra y Francia había surgido: la de su entrega a Rusia, en el caso de que Rusia, amiga de los Estados Unidos, solicitara aquí como solicitó allá, su extradición. Los abogados le dieron respuesta favorable, mas como el vicesecretario de Estado indicó confidencialmente que sería entregado, Hartmann se refugió en el Canadá.
La opinión, en tanto, se esclareció en la prensa: Wendell Phillips, el gran orador humanitario, rechazó con indignación, como Víctor Hugo en Francia, la idea de la entrega. La prensa americana ha decidido que sería una ignominia para la nación la entrega de un refugiado que si es un criminal, es un criminal político. Cítanse a esto grandes autoridades de derecho; y Hartmann tranquilo y alegre vuelve del Canadá, prepara la publicación de su libro sobre Rusia, habla en ruso a los repórteres que le hablan inglés; se señalan sus respuestas por su habilidad en esquivar las preguntas importunas, mas en vano se buscarían en las minuciosas denuncias de espías rusos, y cartas referentes a su caso que dirige a los periódicos, un concepto grandioso, un pensamiento desusado, una consagración apostólica, una fe sobrehumana, una idea alada. Es una naturaleza de combate, inquieta y persistente: es un roedor y un derribador. Su fe política no exculpa su crimen frío e innoble: vale más continuar indeterminada esclavitud, que deber la libertad a un crimen. Curiosidad inspira: no afecto público. Es un caso, una novedad, un escándalo, una atracción. Pero, cualesquiera que sean las simpatías que la causa del pueblo infortunado de Rusia inspire a los corazones generosos, hay un vacío, un irreparable vacío entre este hombre y los hombres.
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