José Martí: notas y estudios

Carlos Ripoll

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UNA CARTA DESCONOCIDA Y UN PATRIOTA OLVIDADO

 Para conmemorar el alzamiento de Céspedes se reunieron los cubanos en el Hardman Hall, de Nueva York, el 10 de octubre de 1891. Habló Martí, y dijo: "Para el bien de toda la patria edificamos, y no queremos revolución de exclusiones ni de banderías... Labramos aquí un porvenir en que quepamos todos". Había en el público un agente de España, le envió un informe al embajador español en Washington, el cual protestó ante los argentinos, y Martí tuvo que renunciar sus consulados.

Las palabras de Martí llegaron a Tampa, y el club Ignacio Agramonte lo invitó a una velada en la que se iban a recaudar fondos para sus actividades patrióticas. Martí aceptó, y en la noche del 26 de noviembre hizo en su discurso la conocida promesa: "Pongamos alrededor de la estrella, en la bandera nueva, esta fórmula del amor triunfante: Con todos, y para el bien de todos'". Cayo Hueso quiso también la visita del orador, y lo invitaron, y el 25 de diciembre ya estaba allí. Ángel Peláez, un joven obrero presidente del Comité Organizador para recibirlo, recordó en un escrito de 1896 su llegada con estas palabras:

A las cuatro de la tarde... la sirena del [vapor] Olivette resonó en todos los ámbitos de la pequeña isla floridana, llamada justamente por los sicarios del despotismo español, "nido de mambises", "madriguera de insurrectos". Cual si la sirena fuese un toque de llamada, impelidos por un mismo resorte, de los talleres, tiendas y oficinas, salen los patriotas con rumbo al muelle... Atraca el vapor y se adelanta a la borda a recibir a los comisionados, sonriente y radioso, con el alma saturada de bellísimo ideales, José Martí, el elegido por el destino de los pueblos a sacar a Cuba del abyecto abatimiento en que la tenía sumida el impenitente autonomismo, el astro alrededor del cual iban a girar los patriotas cubanos, el que iba a ser llamado alucinado, soñador, loco, por su inquebrantable empeño de independizar a Cuba.

Martí llegó con una severa afección en la garganta, pero tuvo que asistir al banquete que le habían preparado para esa misma noche. Allí estaban algunas figuras importantes de la emigración: José Francisco Lamadriz, Juan Arnao y José Dolores Poyo. Según cuenta Peláez, en tres ocasiones tuvo que hablar el invitado, y agrega: "El entusiasta Corbett recitó con brío la elegía de Martí A los estudiantes fusilados en La Habana'"; no es ése en realidad el título de la composición de Martí: se trataba de "A mis hermanos muertos el 27 de noviembre", escrito en Madrid en 1872, una de cuyas estrofas dice:

Déspota: mira aquí cómo tu ciego
Anhelo ansioso contra ti conspira:
Mira tu afán y tu impotencia, y luego
Ese cadáver que venciste mira,
Que murió con un himno en la garganta,
Que entre tus brazos mutilado expira
Y en brazos de la gloria se levanta.

Facsímil de la carta de Martí a Federico Corbett.

El "entusiasta" recitador era Federico Corbett, el patriota olvidado del que tratan las páginas que siguen, y a quien Martí dirigió la carta que motiva este trabajo. Desde hacía años era residente del Cayo: en el Bensels Directory of the City and Island of Key West, de 1888, aparece como tabaquero ("cigar manufacturer") en la calle Angela cerca de Windsor Lane.

Al día siguiente Martí tuvo que recluirse en su habitación del hotel Duval, aunque sin interrumpir los contactos con miembros de la colonia cubana: de esas reuniones iban a salir las Bases y los Estatutos Secretos de su Partido. Se acercaba el fin del año, y a Corbett, quizás para entretenerlo, se le ocurrió enviarle una carta en broma a Martí. En ella le hablaba de alguien a punto de morir:

"Pero cuando le llegue el último momento", le escribió, "cuando acaso nuestro llanto tenga que acompañar a sus últimos despojos para depositarlos en la fosa común, entonces, y sobre su sepultura, como arrancados de nuestros más ardientes recuerdos y sentimientos de protesta, debemos colocarle este maldito epitafio: ¡Mal rayo lo parta!' Al año viejo". Martí respondió al chiste de Corbett con estos versos, publicados por vez primera en 1928 en un periódico de La Habana, no incluidos aún en inguna de las colecciones de sus Obras, pero que ya forman parte de la Edición Crítica de su Poesía Completa (1986); dicen:

A mi querido Corbett!
El llanto está de más: el vil que muere
Un año fue de esclavitud; la aurora
Con su fulgor nuestra pupila hiere,
De un año que renace y que no llora,
Que lucha y que batalla ¡y que no muere!
                  
                                En el noble Cayo
                          Diciembre 31 de 1891

Otra vez aparece el nombre de Corbett en el recuento de la Primera jornada de José Martí en Cayo Hueso, de Ángel Peláez, en la velada del 3 de enero de 1892, en el Instituto de San Carlos, donde pronunció un discurso; y en la del día 5, una "Gran velada pública", también en el San Carlos, en la que hubo trece comparecencias: tres discursos, cinco piezas de música piano, violín, canto y cítara, un "cuadro plástico", un juguete cómico y tres recitaciones: una de éstas, la número 4 del programa, estuvo a cargo de Federico Corbett.

Meses más tarde, en agosto de 1892, Martí lo mencionó en Patria: el Cuerpo de Consejo de Cayo Hueso, por haberse ausentado el que actuaba como secretario, nombró en su lugar a Gualterio García, quien lo había sido del Comité Organizador que recibió a Martí en diciembre de 1891; allí se lee: "... De ese carácter cubano es tipo Gualterio García: y luce por su honradez y moderación en aquella juventud de oradores como Federico Corbett..." es la única vez que aparece su nombre en las Obras Completas de Martí.

Luego viene, en el tiempo, la carta desconocida que motiva este trabajo, en poder del señor Ramiro Casañas, a quien le agradezco copia de ella y de los otros papeles del olvidado destinatario. La carta dice:

Mi querido Corbett. Llegué el Lunes, salí, vuelvo; y quiero ponerle estas líneas de recibo de sus quejas de Patria q[ue]. fueron motivadas sin querer por abrir más espacio, omitiendo lo q[ue]. creían ya dicho. El Martes le escribo. En el gusto de cuanto dejamos hecho; en esas emigraciones recorridas, que son como si el alma del taller querido flamease en ellas: en el gran quehacer que me aguardaba, solo pa[ra]. agradecerle su hermosa revista, y enseñarle la alegría tiene tiempo

su José Martí
7 de julio

A pesar de la brevedad y la premura, en la carta se adivina que, en ausencia de Martí, el periódico había omitido algo de Corbett o de su interés. Pero, ¿cuándo fue escrita? ¿de dónde llegaba Martí? ¿a dónde iba después? Revisando la correspondencia de ese día y mes en sus últimos años, se descubre que fue escrita en Nueva York en 1894. También con fecha 7 de julio de 1894 le escribió desde allá, casi con las mismas palabras, a Serafín Sánchez: "Llegué, el Lunes, volví a salir, estoy de vuelta, le pongo al vuelo estas líneas de abrazo... El Martes le irá carta más larga". Y otra de igual fecha y lugar, y en similares términos sobre sus viajes, a José Dolores Poyo: "Llegué el Lunes, salí y ahora vuelvo...Yo escribo el martes una carta mía..." Y aun hay un cablegrama a Fernando Figueredo, en Tampa, del 7 de julio, que confirma lo anterior: le dice: "Arrived Monday left again and returned"; y es ese estilo cablegráfico al contar sus actividades el que conserva en las cartas.

Martí acababa de llegar de un Costa Rica, donde se entrevistó con el general Antonio Maceo y otros patriotas de Centroamérica; antes había visitado varias ciudades de la Florida, y después estuvo en Jamaica ésas son "las emigraciones recorridas"; y habla en plural ("el gusto de cuanto dejamos hecho") porque fue acompañado de Panchito, el hijo de Máximo Gómez. Llegaron a Nueva York el día 2, el 4 estuvo en Central Valley, y el 13, ya solo, salía para Nueva Orleans camino a México, lo que pudo resumir con las palabras: "Llegué el Lunes, salí, vuelvo". Sin embargo, ninguna de las cartas prometidas ese "7 de julio", a Corbett, Serafín Sánchez y Poyo se conserva. ¿Las escribió a pesar del apuro del viaje?

Corbett después de la independencia

Entre estos papeles de Corbett hay uno que tiene el sello del "Insular Bureau" del "War Department", de Washington, con fecha 30 de abril de 1908, que da más datos sobre su vida. Es un informe que debieron pedir las autoridades americanas a un residente en Cayo Hueso. Está en inglés y empieza diciendo: "Con respecto a nuestro amigo Federico Corbett y Oliva podríamos decir muchas cosas, pero con el fin de hacer un resumen de sus méritos diremos que es una persona querida en esta ciudad, un modelo de moralidad, inteligencia y trabajo". Según ese escrito, Corbett nació en Cárdenas y debía su apellido al abuelo, un capitán de Nueva Escocia que visitó el puerto de La Habana y se casó con la cubana Victoria Pérez. A la muerte de los padres, Federico se hizo tabaquero. A los 16 años ya estaba conspirando contra España y tuvo que emigrar. Había escrito para varios periódicos: de Cayo Hueso, El Yara (1878-1899), que dirigía José Dolores Poyo y que llegó a ser el Órgano del Partido Revolucionario Cubano; de Tampa, Cuba (1893-1898), dirigido por Ramón Rivero Rivero, también Órgano del P.R.C.; de Nueva York, Patria (1892-1898), el de Martí, y El Porvenir (1890-1898), asimismo separatista, de Enrique Trujillo; y alguno de La Habana como El Productor (1887-1890), dirigido por Emilio Roig y San Martín.

Salón de actos de San Carlos, y recibo a nombre de Corbett de la "Subdelegación del Partido Revolucionario Cubano".

Como amigos cercanos de Corbett se mencionan a Poyo, Eduardo Hidalgo Gato, Martín Herrera, los generales Serafín Sánchez y Carlos Roloff, Fernando Figueredo, Máximo Gómez y media docena de norteamericanos. Y continúa el informe:

Federico Corbett fue uno de los cubanos escogidos por José Martí, el gran organizador del pasado levantamiento, para preparar la revolución que comenzó el 24 de febrero de 1895. Al convertirse la revolución en una guerra, Corbett quiso ingresar en el ejército libertador, pero el representante de los cubanos en armas, don Tomás Estrada Palma, y otros miembros del Comité de Cuba en los Estados Unidos, dada su capacidad, patriotismo y facultades de orador, le aconsejaron que permaneciera en Cayo Hueso como dirigente para recolectar dinero y atraer simpatías para la causa cubana.

Respecto a su pensamiento político, asegura el informante que Corbett apoyaba la doctrina de Monroe ("the great Monroe") al propugnar el principio de "América para los americanos"; y señala algo que luego ha de aparecer en sus actos, al oponerse al igual que hicieron con los ingleses los revolucionarios norteamericanos al derrotarlos a que los españoles y los antiguos enemigos de la independencia participaran en el gobierno, pues opinaba que "en el Nuevo Mundo los hombres que nos esclavizaron no tienen derecho a participar ni en la política, ni en el comercio ni en ningún asunto relacionado con el interés público".

Este informe sobre Corbett fue consecuencia de la solicitud que le había hecho al gobierno interventor de un puesto de "Inspector de Sanidad" en La Habana. En una carta a Charles Magoon, de fecha 18 de mayo de 1908, Corbett le informa que sus hijos, residentes en Cayo Hueso, le habían escrito al presidente Roosevelt pidiéndole dicha posición para el padre, "en consideración [a sus] servicios en favor de la independencia de Cuba durante 26 años". Parece que Roosevelt les contestó que informaría de su interés a Magoon, y de ahí la instancia del cubano.

Poco después, el 28 de enero de 1909, aprovechando la fecha (Martí hubiera cumplido 56 años en ese día), terminó la segunda intervención en la isla. Se celebraron elecciones el 10 de agosto y venció la candidatura de José Miguel Gómez y Alfredo Zayas frente a la de Mario García Menocal y Rafael Montoro (¡Montoro candidato a vicepresidente de la República! ¡Montoro, quien desde el autonomismo había combatido la independencia pues quería "la libertad de Cuba con España", para que la "libertad" la administrara España!).

Programa del acto celebrado en San Carlos el 5 de enero de 1892 en el que Corbett recitó los versos de Martí.

Dirigidos por el general Emilio Núñez, los veteranos de la guerra iniciaron una campaña en favor de "la cubanización de la administración", pues no sólo disfrutaban de magníficos puestos públicos los que llamaban "guerrilleros y traidores", cubanos que habían combatido, hasta con las armas, el separatismo, sino que había también entre ellos españoles que se negaban a hacerse ciudadanos del país. La Circular de los Veteranos, fechada el 5 de setiembre de 1911, declaró que "ni los traidores ni los guerrilleros debían regir los destinos de la República".

Con la misma arbitrariedad con la que hoy manejan en Cuba las palabras de Martí, se le quiso dar una dimensión que nunca tuvo su promesa de "con todos, y para el bien de todos", como si hubiera buscado la libertad con "todos" pero "para el bien" preferente de los que fueron enemigos de la libertad. Bajo la presión del Centro de Veteranos, el presidente Gómez puso en vigor una ley, aprobada por el Congreso, por la que se suspendía durante año y medio cuanto garantizaba la inamovilidad de los funcionarios públicos. Algunos perdieron así sus puestos, pero poco después el Tribunal Supremo determinó que la ley era inconstitucional, y quedaron equiparados los patriotas y "los guerrilleros y traidores".

Como era de esperarse, Corbett defendió la posición veteranista. Años más tarde, ya con Alfredo Zayas de presidente, cuando se volvió sobre el asunto, le escribió al coronel J. Iznaga una carta, con fecha del 19 de setiembre de 1924, en la que le dice:

Con gusto y satisfacción he venido observando los diferentes escritos que en aprobación del manifiesto lanzado por [los] Veteranos y Patriotas el 11 de septiembre en curso se han publicado. Yo, en calidad de patriota, revolucionario, organizador de la revolución antes del período de Martí, auxiliar de José Martí, confidente para la realización de muchos de sus trabajos en pro de nuestra independencia, actor en la provisión de armas y vitualla para nuestro ejército libertador..., estimo que debo significar mi anhelo de ver la Patria depurada de todas las corrupciones que la aniquilan y que presagian su desaparición.

La nueva campaña de los Veteranos y Patriotas estaba entonces dirigida por Mario García Menocal, quien había gobernado desde que José Miguel Gómez cesó en el cargo de presidente hasta la elección de Zayas en 1920. Corbett defiende aquí la administración de Menocal, entre otros motivos, por su apoyo a los obreros: "No hay un solo caso", decía, "que pueda citarse, en que los obreros acudiesen al general Menocal que dejasen de obtener justicia a su causa..."

Quizás también Corbett simpatizaba con Menocal por haber tenido un puesto público durante su gobierno; en otra carta de esta colección, la dirigida al coronel Agustín Sánchez, del 18 de febrero de 1923, se excusa de no ayudarlo en su campaña en favor de la candidatura de Carlos Manuel de Céspedes para la presidencia, con estas palabras:

No me es posible hoy, como en otras ocasiones, dedicarme a hacer campañas activas, pues estoy sin destino y me es muy angustiosa la vida que paso buscándole el pan a mi familia: todo tiempo que entretenga en otros asuntos me privaría de poder abastecer debidamente mis compromisos domésticos, y eso, como comprenderás, no lo puede hacer quien, como yo, vela con celo y cariño su hogar y sus deberes. Si mi situación económica se modificara, si lograse ser empleado nuevamente y las brumas se me despejaran, entonces, ya tendría otros alientos para ayudarte...

No dicen estos papeles si se le despejaron "las brumas" al amigo y colaborador de Martí, pero su historia, hasta donde aquí se ha visto, sirve para de nuevo ilustrar el desvío de la República, y los errores y abusos que la llevaron a que otros "guerrilleros y traidores" controlaran el país. Los de antes, los que combatió Corbett, prepararon el camino a los actuales: acostumbraron al pueblo a soportar, con general indiferencia, la injusticia y el crimen. Y así se cumplió cabalmente el pronóstico del patriota Federico Corbett, de que las infamias de sus días iban a producir la "desaparición" de la República.

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