José Martí: notas y estudios

Carlos Ripoll

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EL MARTÍ APÓCRIFO DEL NEW YORK TIMES

Todo gobierno totalitario emplea la falsificación de la historia para justificar su toma del poder y la imposición de un sistema político ajeno a las tradiciones del país. Lo primero que hizo el pueblo ruso y el de la Europa del Este para reafirmar su independencia, fue ir al rescate del pasado destruyendo los monumentos y repudiando la mítica y perversa historiografía del comunismo. Al producirse el colapso marxista-leninista en el mundo, los gobernantes cubanos se vieron obligados a recurrir con fuerza mayor a lo nacional para mantenerse en el poder, y como José Martí es la figura más alta de Cuba, la mentira sobre sus doctrinas se ha convertido en la obligada actividad de los historiadores de la isla.

Durante los últimos treinta y cinco años el gobierno de Fidel Castro ha mantenido una agresiva campaña a fin de presentar a Martí como su mentor y su guía. Al describirlo como el arquitecto de la revolución de 1959, los comunistas en la isla encuentran en el héroe nacional de Cuba un disfraz para sus abusos del poder y para sus violaciones de los derechos humanos. La confusión creada por manipular las enseñanzas de Martí se descubre en un estudio realizado por la Universidad de La Habana, en el que se concluye lo siguiente: "En general, los conocimientos de los jóvenes acerca de la figura de José Martí son muy pobres, superficiales y muchas veces esquemáticos... Hemos oído a maestros de primaria enseñar como de Martí textos que no son de él... Muchos jóvenes conocen a Martí como el Autor Intelectual del Moncada, pero no lo ubican en su momento histórico... como se ha visto en pruebas diagnóstico realizadas, donde plantean que Fidel sacó del Presidio Modelo a Martí..."

Carlos Marx describió las ventajas de alterar la historia para darle validez a los cambios políticos: en El diez y ocho del Brumario de Luis Bonaparte, en 1852, escribió: "El hombre hace su propia historia, pero no la hace de acuerdo con sus deseos... y en los períodos de crisis revolucionaria conjura ansioso los espíritus del pasado para servirse de ellos, para que le presten nombres, gritos de guerra y costumbres con el fin de presentar el nuevo escenario de la historia con un disfraz y un lenguaje que el tiempo ha enaltecido". Y el pensador alemán explicaba su juicio al comparar el proceso de falsificación de la historia con el aprendizaje de un idioma, por el cual, al principio, el estudiante no logra entender la nueva lengua sin recurrir a los expedientes que conoce de la propia.

En su famosa novela 1984, el inglés George Orwell mostró cuánto el estalinismo era una fatal consecuencia de la práctica descrita por Marx; dijo: "Quien controla el presente, controla el pasado; quien controla el pasado, controla el futuro", y tenía toda la razón puesto que quien controla lo que se dice, lo que se lee y lo que se piensa, logra adaptar el pasado a lo que conviene a su presente, y así secuestra el futuro, al que convierte en esclavo para llegar de esa manera a esclavizar la población.

En Cuba el Centro de Estudios Martianos, una dependencia del Ministerio de Cultura, coordina y dirige los varios aspectos de la falsificación de Martí, alegando siempre una "base científica" en sus actividades. Pero esa manipulación no es exclusiva de los intelectuales que colaboran con el régimen. El historiador alemán Ottmar Ette cuenta en un libro reciente que un guía de turistas en La Habana le aseguró ante el monumento a Martí, en la Plaza de la Revolución, la antigua Plaza Cívica, era producto del castrismo. El Dr. Ette se aventuró a decirle al guía: "Mi impresión era de que ese monumento se había construido antes", a lo que el guía le contestó enseguida: "No crea lo que dice la propaganda imperialista..." Lo cierto es que el monumento a Martí se terminó antes de 1959, como lo prueba el hecho de que muchos de los primeros discursos de Castro, al poco tiempo de su llegada a La Habana, los dijo frente ante dicho monumento.

Pero muy pocos de los turistas que van a Cuba tienen tan buena información como el profesor Ette, o se disponen a discutir con los que diseminan ese tipo de mentiras. En un viaje a La Habana, dos periodistas del New York Times, Robin Chotzinoff y Eric Dexheimer, visitaron el viejo Palacio Presidencial, hoy Museo de la Revolución, y con todo candor lo describen como "un adornado palacio construido originalmente para el títere mocoso Fulgencio Batista". A pesar de la condena que Batista merece por abrirle las puertas con sus criminales excesos a Fidel Castro, debe decirse siempre la verdad: el Palacio Presidencial fue inaugurado hace setenta y cinco años por el entonces presidente Mario García Menocal, quien fue su primer ocupante.

Pero la falsedad de mayor calibre en el artículo de los periodistas del New York Times, cuyo título puede traducirse como "Los últimos rojos del rojo ardiente" ("The Last of the Red-Hot Reds"), publicado el pasado domingo 11 de agosto, está relacionada con Martí. En el pie de grabado que acompaña la única ilustración del artículo se lee: "Héroes de cera: esculturas de José Martí y del Che Guevara". Pero el "héroe" de la figura de cera, en el traje verde olivo del guerrillero junto a Guevara, no es José Martí, sino Camilo Cienfuegos, uno de los más cercanos colaboradores de Castro, muerto un en misterioso accidente de aviación a fines de 1959. Estos imperdonables errores de los dos periodistas del New York Times ponen de nuevo en evidencia los resultados de la efectiva y abyecta campaña de la falsificación de la historia en Cuba.

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