MARTÍ: político, estadista, conspirador y revolucionario

Carlos Ripoll

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INTRODUCCIÓN

"Estudiar sus virtudes e imitarlas es el único homenaje grato a las grandes naturalezas, y digno de ellas". Estas palabras de José Martí sobre su admirado Cecilio Acosta, a raíz de la muerte del gran venezolano, pueden resumir el propósito del presente libro, el cual quiere ser, al mismo tiempo, estudio y homenaje. En cuanto que se propone el conocimiento de algunas ideas y obras políticas de Martí, constituye un tratado, y es homenaje por la voluntad de ofrenda a la gran naturaleza.

Para dar noticia de su alcance, lleva este libro en el título cuatro de los atributos de Martí que aquí interesan. En su más común significado, político es todo el que lucha, con el favor y el apoyo de otros, y por medio del compromiso y la persuasión, por el gobierno de la cosa pública. La circunstancia en que le tocó vivir, y el fin que se había propuesto, hizo del político estadista, como prueban sus meditaciones y análisis sobre los negocios del Estado; fue conspirador uniendo y organizando a los cubanos al no hallar otro camino que la guerra para establecer en su patria la república prevista; y lo de revolucionario le llega no sólo por su voluntad de cambiar las instituciones de Cuba, sino por la mudanza que quiso en las costumbres a fin de promover, al amparo de la libertad, la justicia.

En cuatro partes aparecen reunidos los trabajos que forman Martí: político, estadista, conspirador y revolucionario, los cuales fueron, en su mayoría, publicados en libros, folletos, revistas y periódicos, y cada uno tiene al final el año en que se escribió. Se ocupa la primera de los antecedentes que llevaron a la guerra de 1895, de su necesidad y de los métodos empleados en ella; la sigue otra con varios estudios sobre "la falsificación de Martí en Cuba"; la tercera recoge ideas suyas relativas a diversos sistemas de gobierno y al empleo de la violencia; y la última presenta aspectos de su visión de los Estados Unidos y de "la conquista de América" por España.

En muchas ocasiones expresó Martí lo que para él consistía la política, que puede resumirse, con sus palabras, como "el arte de hacer felices a los hombres". Ese objetivo de felicidad colectiva exigía, por lo diverso del grupo, una labor que lograra el equilibrio de sus componentes, siempre en conflicto. En cierta forma, siguiendo la visión pesimista de Thomas Hobbes sobre el individuo, dijo en una oportunidad: "Política es eso, el arte de ir levantando hasta la justicia la humanidad injusta; de conciliar la fiera egoísta con el ángel generoso; de favorecer y de armonizar para el bien general, y con miras a la virtud, los intereses". Y en otro lugar repite: "La política no es la ciencia de las formas, aunque sea esto en mucho; sino el arte de fundir en actividad pacífica los elementos heterogéneos u hostiles de la nación". Poco antes de morir, al cumplirse "El tercer año del Partido Revolucionario Cubano", escribió en Patria: "No es política más, o no ha de ser, que el arte de guiar, con sacrificio propio, los factores diversos u opuestos de un país, de modo que... vivan en paz continua del derecho reconocido, los elementos varios que en la patria tienen título igual a la representación y la felicidad". Y aún para destacar las diferencias del conglomerado social, añadía en ese mismo escrito: "Un pueblo no es la voluntad de un hombre solo, por pura que ella sea, ni el empeño pueril de realizar en una agrupación humana el ideal candoroso de un espíritu celeste, ciego graduado de la universidad bamboleante de las nubes. De odio y de amor, y de más odio que amor, están hechos los pueblos... Con esas dos fuerzas: el amor expansivo y el odio represor, cuyas formas públicas son el interés y el privilegio, se van edificando las nacionalidades..." De esa manera, al igual que Martí, el pensador alemán Max Weber, de los iniciadores de la moderna ciencia social, entendía la política como "una guerra": "La esencia de la política es", dijo, "la lucha por el poder, bien sea entre las naciones, las clases, los partidos o los ciudadanos".

Supone esa comprensión de la política, en el gobierno de la república, el pluralismo, la presencia de agentes e intereses adversos, de ideologías rivales, y como su ocupación natural, de nuevo siguiendo las palabras de Martí no lejos ahora de la visión confiada del hombre más propia de Locke y de Rousseau, "fundir en actividad pacífica los elementos heterogéneos u hostiles de la nación". Dicha labor de acomodo y fundería, por su parte, es imperativa en toda persona honrada, como es ajena a ésta todo intento de ahogarla en excusas, demoras y disculpas. En la segunda salida de Patria publicó Martí un artículo con el título de "La política", en el que precisaba: "Los hombres que desean sinceramente una condición superior para el linaje humano no pueden ser cómplices de la política de policía que anda predicando el desdén de la política; el deber de procurar el bien mayor de un grupo de hijos del país, no puede ser superior al deber de procurar el bien de todos los hijos del país..." La tiranía, por su parte, en favor de infames intereses, logra alejar al ciudadano de la práctica política, entendida ésta, de correcta manera, como las diligencias que procuran, al amparo de la democracia, "el bien de todos los hijos del país". Con razón se tiene ese juicio sobre el tirano como uno de los grandes aportes de Aristóteles al estudio de la política, juicio que han repetido buen número de pensadores, desde Tácito, Maquiavelo y Montesquieu hasta Hannah Arendt. Lenin consideraba "el aspecto más importante de la política la organización del poder del Estado", no el ajuste de la sociedad para lograr en ella el equilibrio de sus partes; y Marx la entendía sólo como "un reflejo de la lucha de clases", por lo que llegó a la conclusión de que "habría de desaparecer con el triunfo del comunismo". En Cuba se consagró ese "desdén de la política", y la práctica de "la política de policía", de los que habló Martí, a partir de aquella perversa pregunta que no supo contestar un pueblo lastimado y confuso: "¿Elecciones, para qué?"

Según Hannah Arendt, de tres maneras logra un gobierno totalitario suprimir la actividad política: por el aislamiento, por la ideología y por el terror. La fragmentación de la sociedad se logra al suprimir las comunidades y las familias, sembrando el recelo y el encono entre los habitantes, con lo que la soledad se convierte en la obligada compañera del individuo, vulnerable así a la alucinación, como nunca antes, cuando disfrutaba del grupo. La doctrina totalitaria, sus dogmas, ajena a todo escrutinio y de espaldas a los hechos, invade la vida del ciudadano a quien se le hace creer que el dirigente conoce todos los secretos del pasado, por lo que sólo él puede determinar sobre el porvenir. La capacidad de discernimiento desaparece en la población, la cual deja de analizar la realidad, facilitando así, también por la persistencia de la mentira, las mayores falsificaciones de la historia. El terror, por su parte, tal como lo practica el totalitarismo, supera la violencia de la tiranía tradicional, toda vez que ésta, hasta en su aspecto más despiadado, se reduce a eliminar el disentimiento, y no pasa de ser un medio para asegurarse en el poder, mientras que en el sistema totalitario la violencia es asimismo un fin, y se mantiene viva aun cuando se ha logrado extinguir toda oposición política. El hombre, de esa manera asustado, prefiere entonces que le dirijan el comportamiento antes que sufrir la agonía de determinar por sí un camino en pugna posible con el que impone el tirano. Ése es el secreto de la pasividad de la ciudadanía ante los desmanes, abusos y crímenes del déspota, la cual se convierte en cómplice de su propia desgracia: víctima, y al mismo tiempo verdugo, de su flaqueza y sus culpas.

Entendía Platón la política como "el arte cuyo objeto natural era el cuidado de las almas". Decía que igual que el capitán de un barco centra su cuidado en la nave y la tripulación, el gobernante debe administrar la justicia de manera imparcial para que alcance a todos sus súbditos; éstos, ante el buen gobierno, han de mejorar su conducta cívica. Muy cerca del símil clásico, advirtió Martí: "Cuando la política tiene por objeto poner en condiciones de vida a un número de hombres a quienes un estado inicuo de gobierno priva de los medios de aspirar por el trabajo y el decoro a la felicidad, falta al deber de hombre quien se niegue a pelear por la política que tiene por objeto poner a un número de hombres en condición de ser felices por el trabajo y el decoro. ¿Qué hace el hombre bueno, con manos para izar y para arriar, cuando ve que va a mal, por los malos marineros, el barco donde navega con una muchedumbre desvalida? Los hombres que lo son, se juntan para salvar el barco de quienes lo desvían, y los hombres que no lo son, los hombres recortados, los egoístas, se echarán, solos, a los pocos botes de naufragio, dejando a sus compañeros de desgracia, y vagarán abandonados por las olas".

No encierra más claro propósito la vida de Martí que el de crear en Cuba una nación de probidad y equilibrio. Su talento y la pureza de sus actos le dan así a la gestión revolucionaria, que ocupó buena parte de su existencia, el más grande valor de guía. El hecho de que su escenario fuera distinto del actual no lo excluye como lección. Su vigencia es lo intemporal, lo que se sale de su época para iluminar el futuro. Aunque tejido a la concreta circunstancia, de su quehacer salen normas de conducta y fórmulas útiles para el manejo del gobierno. "Preveo, predico y amo", dijo al principio de su carrera pública, y ya ahí empieza el magisterio.

Desde muy temprano interesó el político en Martí, por su hazaña y por dejar sentadas las directrices para la feliz administración de la república. No había transcurrido un año de su muerte cuando Enrique José Varona inició con un discurso memorable, que tituló "Martí y su obra política", la serie de análisis dedicados a ese aspecto de su vida. A partir de entonces son muchos los que lo han comentado. Como muestra de la rica exégesis, y como preámbulo de este libro, se reproduce aquí la opinión de una docena de estudiosos que han tratado del Martí político:

1) "Ningún estadista cubano, de ningún tiempo, puede compararse a Martí en el sentido de la sesuda observación y previsión de los problemas, en el haber aunado, como él aunó, en su multifásica y vigorosa mente, el ideal y el sentido de la realidad... Prever es el deber de los verdaderos estadistas; dejar de prever es un delito público; y un delito mayor no obrar, por incapacidad o por miedo, en acuerdo con lo que se prevé. He aquí todo un programa de sociología y política aplicadas".

Roberto D. Agramonte. Las doctrinas educativas y políticas de Martí (1991).

2) "... más que de éste [del homo socialis], tuvo Martí del homo politicus. Su estilo de vida parece responder al propósito principal de influir en la vida de la nación y de los individuos, de superarse a sí mismo para superar a los demás... Político por naturaleza fue José Martí... En previsión de estos peligros externos e internos, Martí, como teórico revolucionario, fue nacionalista, antirracista, antiimperialista y demócrata liberal... Dijeron de él los contrarrevolucionarios de entonces que era un loco o un iluso. Se dice ahora que fue un místico o un santo. Nosotros creemos mejor ver en él al político más notable de todas las épocas".

Leonardo Griñán Peralta. Martí: líder político (1943).

3) "Como en religión Jesús, en música Beethoven o en las letras castellanas Cervantes, trajo José Martí al arte político algo que es su aporte divino al progreso humano. Eso es eterno, como el hombre mismo a quien se le otorgó para su bien. Hallarlo es hallar la vigencia política de Martí... Cualquier interpretación del pensamiento político del Apóstol que entrañe el postergamiento del individuo, como tal, ante la presencia inhumana de la masa, es errónea o tendenciosa".

Ramón Infiesta. El pensamiento político de Martí (1953).

4) "La categoría de líder político alcanza en Martí grado insuperable. En él fue función natural la de ser conductor de multitudes... Martí realiza el ideal del genuino estadista, porque no sólo ofreció la solución adecuada para las necesidades de aquel momento, sino que además estableció las fórmulas para orientar certeramente a Cuba y a los demás pueblos americanos en su vida del porvenir... Martí sostiene constantemente la necesidad de que la política en todas sus manifestaciones se halle sometida a la moral... La filosofía política de Martí se inspira esencialmente en la ideología liberal, como concepción de la vida".

Pablo F. Lavín. Reflexiones en torno a Martí (1953).

5) "Su pensamiento ético-político puede reducirse a un sencillo y sólido esquema; se funda, como en bases inconmovibles, en la libertad y en la justicia; adopta, como norma imperativa y previa de toda convivencia, el estricto complimiento del deber; enlaza con éste el ejercicio de derechos; no concibe el orden como requisito previo que se contrapone a la libertad y tiende a limitarla, sino como una consecuencia natural del sistema de vida que propugna; y, como criterio rector, establece la conciencia humana... La teoría política de Martí se alza sobre dos postulados primarios: ser libre, ser justo, a los que puede añadirse otro, ser culto, porque ser culto es el único medio de ser libre".

Raimundo Lazo. "Martí y la política" (1950).

6) "Lo moral y lo político son casi consubstanciales en el pensamiento del Apóstol... Examinando en último análisis, todo el pensamiento político moderno gira sobre un eje cuyos dos polos son Tomás Moro y Maquiavelo utopismo idealista y Realpoliíik. Martí representa el compromiso romántico-positivista entre las dos posiciones extremas. Por un lado desea la incorporación del ideal al hecho histórico; cree que los valores espirituales, o como él dice la muerte de la fiera y el triunfo del ala, son el objetivo último de la humana apetencia. Por el otro, sabe bien que en la historia el ideal no triunfa nunca sino de lado, y que para mejorar la realidad, lo primero es tener en cuenta, y hasta utilizar, sus imperfecciones... Todas las admoniciones de Martí sobre la política interior de la República futura conservan una enérgica vigencia. Su anhelo más vivo fue la realización plena en ella de la democracia: una democracia de contenido social, de contenido económico, de contenido cultural y moral".

Jorge Mañach. El pensamiento político y social de Martí (1941).

7) "Martí fue un hombre de su siglo: eminentemente individualista liberal; para él el poder del Estado no es absoluto, porque termina donde comienzan los derechos del hombre. Libertad de pensar, libertad de creer, libertad para ser feliz. Mas, libertad para el bien y para lo justo... Justicia y Libertad eran para Martí los dos pilares donde habían de asentarse el Derecho y el Estado, porque sin ellas no pueden realizarse en la vida los derechos humanos. La libertad es la esencia de la vida, dijo, y la nación empieza en la justicia".

Eloy G. Merino Brito. Martí y el derecho (1953).

8) "La sociedad que Martí quería hacer era todavía una sociedad en que creía posible el equilibrio de las clases, la conciliación... pero nunca llega al socialismo... es el liberal individualista de la América Latina, que, cuando se le tocan los problemas de la libertad individual, empieza a ver peligros en el avance socialista por el poder del Estado... Aquí está todo Martí: temor a la pérdida de la individualidad y comprensión de la necesidad de cambios, pero cambios que equilibren la riqueza. No llega a más su pensamiento".

Carlos Rafael Rodríguez. Siete enfoques marxistas sobre José Martí (1978).

9) "De todos los cubanos de hace medio siglo, es Martí el único que tiene una clarísima visión de las necesidades cubanas en aquel momento y para el futuro... Sólo Martí vio con claridad el presente y el porvenir de su patria, porque él sólo poseyó en grado máximo, entre todos los cubanos de su tiempo, preciso enjuiciamiento político de hombres e instituciones, firme espíritu revolucionario, ideología netamente liberal y progresista, renunciamiento absoluto de su persona, familia e intereses, y visión de estadista genial".

Emilio Roig."Martí, el cubano de más clara visión política de hace 1/2 siglo" (1938).

10) "Las bases que [Martí] elabora para la legislación electoral tienden a lograr una construcción jurídica permanente, inspirada en el respeto a derechos vitales y encaminada al cumplimiento de deberes esenciales. Las concreta y expresa así: política necesaria es la que amplía caminos sin cerrar salidas, con espíritu en que quepan aun las soluciones más extremas. La república ha de estar abierta a todas las ideas para que el clamor de la idea desdeñada no trastorne a la propia república. Cada partido político es expresión de una parte de la naturaleza humana. Si la república desconoce un partido cualquiera, reprime en él una forma de la naturaleza humana".

Emeterio S. Santovenia Martí, legislador (1943).

11) "Martí no era un político especulativo. En el gabinete, delante del libro, pensaba en el club, veía la plaza pública rebosando de multitudes afanosas, oyendo la arenga tribunicia que las llama a la conquista del derecho... El artista concebía un ideal político, hermoso y apetecible; el moralista lo cotejaba con la realidad imperfecta y deforme; y por eso aborrecía ésta con todas las fuerzas de su corazón generoso e iba en pos de aquél con todo el ímpetu de su voluntad indomable. Martí es y tenía que ser lo que fue, un gran agitador político".

Enrique José Varona. Martí y su obra política (1896).

12) "Todas las líneas ideológicas de su formación le hubieran llevado a rechazar el comunismo. Que posteriormente hubiese abrazado un socialismo moderado, el que prácticamente se implanta hoy acá y allá, al menos en la creciente intervención estatal, eso pertenece a la conjetura. Se mantuvo dentro del Estado que prevalecía a fines del siglo, si bien señalaba las fallas económicas, políticas y culturales de las repúblicas hispanoamericanas y se adelantaba a prever los tropiezos de la nuestra. La explicación materialista de la Historia, no; los medios de redención social, mucho menos; pero buena parte de los motivos de piedad humana que contiene el marxismo ya los levantó a la luz de la conciencia el Cristianismo hace dos mil años... No se trata de mantener sin mengua la dignidad humana. Organizar toda una tesis de catástrofe universal en nombre de la reorientación, ya eso es otra cosa. Y ante eso retrocedió aterrado Martí".

Medardo Vitier. Martí, estudio integral (1954).

"El pasado es prólogo [del presente]" ("Whats past is prologue"), reza el lema de los National Archives, de Washington. La frase, tomada de The Tempest, de Shakespeare, cuando uno de sus personajes quiere destacar la continuidad de la historia, explica la conveniencia de volver a Martí en asuntos relacionados con la política: su época fue prólogo de la nuestra. Salta así desde sus días hasta los nuestros para decimos cómo quiso lograr "con todos" la libertad de su patria, y también el por qué en ella no se pudo jamás cumplir la generosa promesa con que concluía su programa: "y para el bien de todos". En busca de ese saber, por diversos caminos, andan las páginas de este libro.

BIBLIOGRAFIA
Recoge sólo títulos relacionados con el "Martí político" del que se trata en esta "Introducción".

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