MARTÍ, EL ALZAMIENTO DE LAJAS Y LA PRENSA DE LOS ESTADOS UNIDOS
NOTAS
En noviembre de 1893 se produjo en Cuba un improvisado levantamiento que probó la discreción de los militares comprometidos con el Partido Revolucionario Cubano y el entusiasmo de las emigraciones. Ninguno de los jefes que habían ofrecido ayuda a Martí y a Máximo Gómez se dejó arrastrar por dicho alzamiento; y los cubanos en el extranjero, predispuestos por la activa propaganda de Patria, respondieron con generosidad al creer iniciada una nueva campaña por la independencia. Fue, además, la mejor ocasión para mostrar el buen juicio de Martí como director de los proyectos revolucionarios, y conocer la reacción de la prensa de los Estados Unidos ante la causa cubana.
Junto con la actividad de Martí, iba creciendo, entre los españoles, el temor de perder la isla. El 15 de marzo de 1892, al día siguiente de la primera salida del periódico Patria, informaba a la metrópoli el teniente general Camilo Polavieja:
No debemos hacernos ilusiones; nuestros tiempos pasaron en América. En su vida moderna no tenemos cabida, y en ella sólo representamos la tradición de un pasado útil y grande a la humanidad, y gloriosísimo, aunque lleno de sacrificios, para nosotros; pero sólo la tradición, lo que fue. Por ello no debemos perder el tiempo en más reformas político económicas para afirmar lo imposible, nuestro dominio en Cuba.(1) Se refería a las reformas del Ministro de Ultramar, Francisco Romero Robledo, que le habían hecho dimitir en el gobierno de Cuba. Desde esos primeros meses de 1892, con aquella legislación descentralizadora, se anunciaba el resquebrajamiento de la autoridad de España en la isla.
En el mes de julio de ese año Martí se reunió en Cayo Hueso con algunos jefes de la Guerra Grande, Carlos Roloff, Rafael Rodríguez, Serafín Sánchez, y otros que también firmaron una carta en que aseguraban su optimismo: "Los cubanos todos se mueven hoy a nuestros ojos con ímpetu y ecuanimidad que auguran su éxito." Esa declaración, que acreditaba la fe de figuras importantes de la guerra anterior en el Partido Revolucionario Cubano, se publicó en Patria el día 3 de septiembre,(2) y el 11 se encontraba Martí en Montecristi procurando el apoyo del General Máximo Gómez. Aquellas primeras gestiones hicieron pensar a los emigrados, incluso a algunos de sus dirigentes, que la insurrección no se haría esperar. En enero del siguiente año explica Gómez en su Diario que no empieza un negocio agrícola porque, dado su compromiso, no le "quedaría lugar para recoger sus frutos."(3)
Son entonces otras las reformas que ocupan la atención de la isla, las de Antonio Maura, el nuevo Ministro de Ultramar. "El proyecto cayó como una bomba en el país," afirmaba en 1897 el escritor español Tesifonte Gallego.(4) Era un paso hacia la completa autonomía de Cuba. Por suerte para la causa de la independencia nunca fueron aprobadas: lo impidió la repercusión que tuvieron entre los vascos, y los árabes de Marruecos, y la oposición de los peninsulares más intransigentes y conservadores de Cuba, miembros del partido Unión Constitucional. Vieron éstos surgir allí los males del país, la disensión entre los que defendían cualquier tipo de vínculo con España, y la mayor agitación del separatismo. Así lo entendió el Conde de Almirez, que escribió en 1895:
En aquellos días luctuosos para la patria, del 1 al 8 de julio de 1893, ha presenciado, todo el que quiso, la obra de embriaguez de las pasiones insanas desbocadas por todo lo alto. La venganza, la envidia, la soberbia, la ira y el séquito de todas las miserias humanas brotaron como de lago pestilente de lo hondo a la superficie....
Desde este momento se elevó la prensa separatista al número de 14 periódicos, comenzó la conspiración, desembarcáronse armas y municiones casi a la vista de todos, y el español que osaba dar la voz de alerta, era inmediatamente desmentido por unos y otros, incluso por la primera autoridad de la Isla.(5)
Martí tenía razón cuando dijo que contaba con las torpezas de España para lograr la independencia de Cuba. A pesar de las protestas de los conservadores, si se hubieran implantado estas reformas, el interés por la independencia habría sufrido un serio contratiempo. Ya inaugurada la República, Máximo Gómez hizo una visita al Diario de la Marina, y en la oficina del director vio un retrato de Maura, y comentó:
Si sus reformas se hubieran planteado a tiempo, la revolución no hubiera sido posible. Así se lo manifesté a Martí cuando fue a buscarme a Montecristi. No, el pueblo cubano, le dije, que no es un pueblo de locos, no responderá a nuestro llamamiento mientras tenga esperanzas fundadas de que las reformas puedan llegar a ser una realidad. En Cuba hay un partido autonomista a cuya cabeza se hallan cubanos de gran valer y que tienen gran arraigo en la opinión. Y mientras las reformas no fracasen, este partido será popular y hará imposible la guerra. Después, cuando las reformas de Maura fracasaron y el desencanto de los cubanos fue grande, la revolución podía hacerse y la hicimos.(6)
Por lo que significaba para el separatismo, también las combatió Juan Gualberto Gómez, calificando el plan, en consonancia hasta con algunos autonomistas, de "mezquino, raquítico y mistificado," y escribió en la Revista Cubana:
El proyecto Maura no responde a las necesidades reales de esta sociedad. No es verdad que sea descentralizador. No es verdad que sirva más que para distraer nuestra atención de lo que hiere y lastima, proporcionando así un respiro al Ministerio, que no está en situación de cumplir ninguna de sus promesas. Lo que desde hace dos años se viene discutiendo aquí es nuestra mala situación económica. No podemos soportar las enormes contribuciones que sobre nosotros pesan.(7)

|
Para orientar al exilio y explicar el alzamiento de los hermanos Sartorio, Martí se vio obligado a viajar a Cayo Hueso. Se le ve aquí en la casa de Teodoro Pérez (adornada con el letrero "SARTORIO". CUBA. MARTÍ") en compañía de otros patriotas, entre ellos, el general Serafín Sánchez, Ángel Peláez, Gualterio García y Franciso María González; abajo, en el portal están Francisca Pérez, Elisa Cartaya y Teodoro Pérez hijo.
|
Tanto los integristas como los partidarios de la independencia creyeron conveniente tomar medidas contra las reformas. Para probar su inoportunidad se propusieron los primeros exagerar la importancia del separatismo, y para ello nada mejor que provocar un alzamiento. Los que simpatizaban con la revolución, como dijo Gómez, vieron en peligro sus aspiraciones, y también consideraron favorable una revuelta que anulara la posible solución política. Por esta coincidencia de los sectores más distintos de Cuba, en 1893 se produjeron, con varios tiroteos y alteraciones del orden en Santi Spíritus, Puerto Padre y Bayamo dos levantamientos de mayor resonancia: uno, de los hermanos Sartorio, en la región oriental, a fines de abril;(8) y el otro, el de Santa Isabel de las Lajas, que aquí nos interesa, a principios de noviembre, en la provincia de Las Villas. Se redujo éste a lo siguiente: desobedeciendo las instrucciones precisas del Partido Revolucionario Cubano, Federico Zayas, "hombre nuevo, tachado de exaltación," y que había dado su "mediana fortuna a preparar la guerra," según lo describió Martí en los días de la insurrección, tuvo un duelo con el Alcalde Municipal de Cienfuegos y decidió alzarse. En la noche del 4 de noviembre Higinio Esquerra, veterano de la Guerra de los Diez Años, y el canario Manuel Quevedo, también labrador, salieron armados de Lajas al frente de un reducido grupo de hombres. Iban en dirección a Cruces. A la misma hora y con igual destino marchaba desde Ranchuelo otro grupo, algo más numeroso, encabezado por Victoriano Cardoso y Eligio Rodríguez. En Cruces debían esperar las órdenes de Zayas, pero éste había sido encarcelado y Esquerra asumió el mando dirigiéndose a San Juan de los Yeras, donde tuvieron el único encuentro con los españoles, y donde se dispersó aquella partida que nunca llegó a contar más de sesenta hombres mal armados. Martí resumió el acontecimiento en carta a Máximo Gómez:
En cuanto al levantamiento, calculo a esta hora, con razón bastante, que fue de origen español. Es un hecho que Federico Zayas, a quien envié comunicación angustiosa para que no se alzase como me anunciaba y que me prometió formalmente atenderla, ordenó el alzamiento como de orden mía, que le pidió aquella gente sensata, y que él por supuesto no pudo hacerles ver.... En las Lajas, según carta mía de hacendado de allá, el azuzador conocido fue el principal español de allí, un Laureano Gutiérrez.(9)
A pesar de su poca importancia, el alzamiento de Lajas recibió considerable atención de la prensa norteamericana. Dejándose influir por el entusiasmo de las emigraciones, y por el gusto del sensacionalismo, a veces reprodujeron despachos e informes exagerados. Ya había Martí previsto el peligro: el 22 de abril de 1893 Patria se quejaba de los periódicos de los Estados Unidos por su "hábito de las novedades llamativas y la ignorancia o ligereza de algunos escritores [que acompañan] la publicación de noticias tan fuera de sentido como la de que se está preparando una expedición en New York, y de tergiversaciones tan patentes que en su propia faz llevan su enmienda."(10)
Las primeras noticias del levantamiento aparecen el día 10, y se dan con estos titulares del New York Herald (p. 7): "'Cuba Libre!' Heard Again. Revolutionists Under General Esquerra Raise the Cry in Santa Clara Province":
Key West, Fla., Nov. 9, 1893. News brought by steamer from Havana last night has cheered the hearts of the Cuban revolutionists here, who declare that their cause has received a fresh impetus....
The revolutionists took possession of the guard house [de Las Cruces], capturing more than a hundred stands of arms. They then procured horses and proceeded to the town of Placetas, being reinforced by several hundred men.
... Communication was seriously interrupted by the insurgents cutting all telegraph and telephone wires, but it has been restored.
Late reports show that several leaders, including Esquerra, with their followers, have surrendered, asking amnesty....
No obstante estas conclusiones negativas, al día siguiente publica el mismo periódico (p. 3) los más optimistas informes recibidos del Cayo: "... fifteen cities near Central Cuba declared against Spanish rule last Friday and are in open rebellion against the government.... The report of the uprising ... is taken to mean the beginning of the most formidable revolution which has ever shaken the Island. All Central Cuba is said to be in a state of disturbance and it is believed that the spirit of rebellion will sweep over the Island with a force that the government will find far more formidable than any former outbreak. An armed expedition is said to be preparing to leave for Cuba from this vicinity within twenty-four hours." También el 11, The Call, de Filadelfia, reproduce en primera plana esta declaración de Marcos Morales, representante del Partido Revolucionario Cubano en aquella localidad: "Not only money and arms will be sent but men to handle the latter as well." Y añade el periodista: "When asked about one of the leaders of the movement in this city, General Martí, he laughed and said: 'Martí is not in this country now. He is probably either on his way or in Cuba at the head of a large force of men by this time.'"
Bajo la dirección de Marcos Morales se celebró entonces un grandioso mitin que reseña The Philadelphia Record. Allí se leyó este falso telegrama firmado por Martí, enviado desde Nueva York, que luego reprodujeron otros periódicos: "The report is absolutely correct. The Spanish troops have been repulsed. The uprising is growing. The greatest enthusiasm prevails. All that remains is for us in America to do our duty."(11)
El día 13 Martí hace a un periodista estas declaraciones, publicadas el 17 en el Tampa Weekly Tribune (p. 2): "To a reporter," dice, "he dictated the following":
There is undoubtedly in the Cuban revolutionary movement forces worthy of consideration. The government has kept a close watch over all communications from the Island, thus revealing the true gravity of the situation. The news already published that came from Key West, although quite true as regards the unanimous feeling of Cubans, and they are most enthusiastic the present moment, appears to be exaggerated and somewhat confused. There also seems to be an unwarranted misuse of public names in the rumors which have reached the press. The emigrated Cubans, anxious only to help their country to the establishment of a working and substantial republic, know what to do in the present moment, either in case of prosperity or otherwise, and will do their duty in such a way as to please all true men of America.(12)
Y en la mañana del 14, según The Times, de Filadelfia, dijo Martí a la prensa: "The present movement was started by the best youth of Las Lajas, a prosperous town in Cienfuegos, the rich port of the South coast. All the neighboring towns inmediately joined."(13) The Press, de la misma ciudad, reproduce con mayor extensión sus palabras:
The revolt, while led by enthusiastic and honorable men, was not ordered by us. We do not want to appear before the American public as trying to secure unworthy sympathy by false reports.
There is true enthusiasm of the practical kind in all the Cuban movements. Offers of all kinds have been made in earnest. The Spanish Government keeps the closest watch over all our communications. The policy of imprisonment has begun in the Island. The present movement was started by the best youth of Las Lajas, a prosperous town of Cienfuegos, the rich part of the south east. All the neighboring towns immediately joined it.
The revolutionists went along the road, taking arms, horses, and men. Many bloody encounters have taken place, and it is to their honor that they have fought most valiantly. More than that is not known. I have just received a cablegram stating that, contrary to news today published, the persecution is going on actively against the several parties in the field.(14)
Ya el 16 muy pocos creen en el éxito del alzamiento. El día 17 anuncia The Sun, de Nueva York, el restablecimiento del orden; bajo el titulo "Peace Again in Cuba. General Martí Says the Outbreak Was Prompted by Spaniards for Political Ends" (p. 5), reproduce esta última declaración suya: "The result of the rebellion was local dismay, and it will doubtless teach the Spaniards the necessity of keeping the Island under strict military rule. My cablegrams inform me that of those who took up arms. In the town of Las Lajas thirteen men have surrendered, ten have been captured, and two killed."(15)
Así terminaron aquellos días de incertidumbre. Más parecía que el vórtice de la tormenta había pasado por los centros de emigrados que por Cienfuegos. La prensa, escribió poco después Martí en Patria, "le dio volumen indebido a la reunión de apoyo celebrada por los cubanos entusiastas de Filadelfia en el primer momento, y se publicaron telegramas y artículos excesivos."(16)
Quisieron aprovecharse de la confusión los "ultraaguilistas," los defensores del expansionismo norteamericano que tomaban posiciones en vista de los acontecimientos. "Sobre nuestra tierra, Gonzalo," había dicho Martí a Quesada, "hay otro plan más tenebroso que lo que hasta ahora conocemos y es el inicuo de forzar a la isla, de precipitarla, a la guerra, para tener pretexto de intervenir en ella, y con el crédito de mediador y de garantizador, quedarse con ella."(17) En medio de la conmoción por el frustrado levantamiento de Lajas, el día 15 de noviembre, apareció en las páginas del periódico de Charles A. Dana, seguramente escrito por él, un cínico editorial que daba nuevo fundamento a los temores de Martí. Se debatía entonces si los Estados Unidos debían ayudar militarmente al gobierno de Hawaii, como quiso el Secretario de Estado, Walter Q. Gresham, o aprovecharse de la presencia de tropas en aquel país y anexarse su territorio como preferían los imperialistas del Partido Republicano, representados por The Sun; al amparo del significativo titulo "America Forever!" (p. 6) razonaba así:
If the Spanish power in Cuba were abolished by people living there, and if they, after establishing an independent government, and maintaining it for nearly a year, then offered the Queen of the Antilles to the United States, what would be the answer of Secretary Gresham?
If British domination in Canada were abolished by the people living there, and if they, after establishing an independent government, should ask us to make their country a portion of the American Union, would Secretary Gresham send American troops there to restore the power of Queen Victoria?
By the way, we did not take a vote of the people of Alaska before annexing it, or a vote of the people of the Louisiana purchase before annexing It, or a vote of the people of Florida or of California before Its annexation. It is possible that many of the people who inhabited these vast regions before their admission to the American Union would have voted to remain attached to Russia, France, Spain, and Mexico. Yet these regions, which constitute more than half the area of our country, and which now have between ten and twenty millions of inhabitants, are placid, and their whole population are proud of the freedom which they enjoy under the Government of the United States.
They are not prouder of this freedom than would be the people of Hawaii and Cuba and Canada if their countries were a portion of the great American republic.
America forever! Let republicanism triumph! Let democracy rule the world.
|