La generación del 23 en Cuba


Carlos Ripoll

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LA NUEVA LITERATURA

  El héroe adorado: José Martí
  Vanguardismo criollo
  Notas


Mi verso crecerá: bajo la yerba, yo también creceré.
José Martí.(1)

El héroe adorado: José Martí

Al estudiar una generación deben analizarse las respuestas que ella ensaya para comprometer la historia, para torcer el acontecimiento que se encuentra al nacer, conformando el presente y el futuro según su particular visión de la vida. En último término, la generación activa tiende a darle su contenido al acontecimiento. No se conforma con que las cosas le pasen a ella, quiere ella pasarle a las cosas. Para lograrlo, de una serie de posibles soluciones escoge las que le parecen más efectivas. El conocimiento de esas reacciones peculiares da la visión del grupo generacional vivo, es decir, la dimensión que le correspondía en el momento en que actuaba.(2)

Para conocer esa forma especial de movimiento, hay que responder a preguntas que sugiere Laín Entralgo en su estudio sobre Las generaciones en la Historia. La primera plantea el siguiente problema: "¿Qué podía hacer un hombre en el mundo histórico del cual y contra el cual brotó la generación que se estudia?"(3) Para responder tuvimos que presentar un panorama de la primera época de Cuba después de su independencia, porque no es fácil valorar un grupo generacional si no se conocen sus verdaderas "posibilidades históricas", es decir, el conjunto de soluciones que puede manejar cuando nace. Además, deberá tenerse en cuenta que cada núcleo, y aun cada componente, se manifiesta con la limitación de su alcance individual, de sus "posibilidades biográficas, como las llama Laín Entralgo. La suma de todas esas manifestaciones, en lo que tienen de homogéneas, dan el común denominador de la generación.

De acuerdo con el panorama que hemos presentado, los cubanos que empiezan a actuar a partir de 1923, tienen que vencer el fatalismo que les precede, revalorizar la historia y buscar en su pasado la doctrina que pueda servirles de orientación. Entonces, sólo entonces, Cuba descubre verdaderamente a Martí. La ideología martiana respondía y muchas veces iba más allá de las metas que se señalaba la época. Es que el pensamiento de Martí tenía mayor alcance y distinta amplitud que las "posibilidades históricas" del momento en que se inicia su culto, pero su palabra se hizo impulso y razón de todos los empeños generacionales. Martí se convierte entonces en "héroe adorado" de la generación. Más adelante hemos de ver que sus actitudes, aun de distinto matiz, encuentran en Martí la base de su pensar y de su "quehacer". Es que todos sus miembros mantienen siempre la misma "filigrana" .

La segunda pregunta que plantea Laín Entralgo para identificar un grupo, está en íntima relación con la anterior. Dice así: "¿Qué hizo cada uno de los agonistas de la minoría generacional entre todo lo que entonces pudo hacer?(4) Responder esta pregunta exigiría un recuento biográfico de los componentes de la generación. En esas biografías tendría que señalarse la medida en la que se configura la historia a cada individuo y en la. que cada individuo es configurado por ella, es decir, habrá que indagar, lo "qué acepta de su mundo y de su vida precedente cada uno de sus miembros", lo que "rechaza" o poniendo creadoramente en su vida y en su mundo", lo "qué proyecta y sueña para sí y para los demás"(5) No es posible detenerse en las respuestas individuales. Sólo vamos a señalar aquellas que, desde la revista de avance, muestran la actividad de un núcleo de la generación. Al estudiar la revista vemos que, en el plano artístico, la separación con la época anterior se logra por la actitud antiacadémica que recibe forma con el vanguardismo. Lo que "proyecta y sueña para sí y para los demás" en el terreno de las ideas, se basa en su interpretación del pensamiento de Martí.

Todos los que forman la generación que se inicia en 1923 han tomado la decisión de rebelarse contra lo anterior. Sienten la caducidad del mundo artístico, social y político, proponen las soluciones que les parecen mejores para vencer en cada nivel el pasado y deciden entronizar "lo nuevo" con todo el aparato que ello requiere. Y, ¿no fue Martí el gran innovador? Con una interpretación particular y fraccionada en tonos diversos -muchos de ellos antagónicos- el coro generacional que estamos estudiando ensayó sobre todos, el himno martiano. El ritual de aquella religión nueva nos descubre una época.

A poco que se estudie ese culto entre los escritores, se comprende el empeño que los anima a buscar las raíces de la nacionalidad, la identidad de los cubanos. Ése era el mensaje perdurable de Fernando de los Ríos, que desde sus "Reflexiones en torno al sentido de la vida en Martí" orientaba la búsqueda de la generación: "Los grandes hombres", dijo, "son la clave con qué descifrar el enigma histórico de los pueblos, ya que ellos son exponentes máximos de sus virtudes larvadas, latentes o potenciales; en ellos podemos medir la altura del nivel espiritual alcanzado por las más exquisitas fuerzas de un pueblo."(6)

Con muy valiosas excepciones, la primera época republicana no logró una seria inspiración en Martí. Ni siquiera desde un punto de vista literario se estuvo en disposición de apreciar sus valores. "Durante el primer cuarto del presente siglo, la gloria literaria de Martí sufrió un eclipse total porque la nueva generación no lo conocía".(7) Pero ya en 1926 Félix Lizaso y José Antonio Fernández de Castro, señalaban la influencia martiana en la poesía de "los nuevos": "El culto de Martí, que ya en esta hora no es un vano alarde de falsos discípulos, sino un complejo y amoroso conocimiento de su obra, parece dotar a los poetas de este grupo de una cualidad general y dominante: la sinceridad. En todos hallaremos la busca más ansiosa de su propia manera de expresión.(8)

Un cuarto de siglo después, el mismo Lizaso evoca el desarrollo en Cuba de aquel culto. Destaca entonces el interés que logra la figura de Martí cuando se produce "un cambio radical" originado -según explica- en "algunos hechos insignificantes al parecer". El siguiente párrafo muestra ese encuentro de la "nueva actitud" y la nueva doctrina:

Por los años de 1928 a 1930 ocurren cambios que nosotros consideramos decisivos en lo que toca al culto martiano. Desde antes de inaugurarse la República, como hemos venido señalando, se había realizado una gran labor de divulgación de sus ideas y de su obra literaria y patriótica. Pero este trabajo de divulgación que acometen quienes desde la emigración conocían la significación de la obra de Martí, apenas prende en la juventud cubana, como ocurre después, cuando se produce en Cuba ese cambio radical que tuvo por origen algunos hechos insignificantes al parecer, pero que trajeron una postura nueva ante la vida nacional, dando origen a una actitud crítica, como fueron la "protesta de los trece", "el grupo minorista" y el "movimiento vanguardista". Martí toma significación excepcional cuando la juventud se moviliza en sentido crítico y combativo frente a la vida nacional.(9)

Quizás la indolencia fatalista y el pesimismo de los primeros cubanos independientes nazca del desconocimiento, o mejor aún, del mal conocimiento de Martí. Había caracterizado a los primeros años de República la interpretación de externidad mayor, superficial y equivocada de una figura histórica que parecía no caber en aquel medio.

Nuestra generación precedente [escribe Francisco Ichaso] colocó a Martí en un plano astral y se puso a adorarlo. Sahumerio quemado en esta adoración es casi toda nuestra literatura alrededor de Martí. Verbalismo inflamado o delincuente. Desde lejos las finas aristas del hombre se pierden y queda en bloque la figura apostólica, majestuosa, imponente, pero sin estribaciones ni limaduras humanas.(10)

Con otros elementos del cambio de actitud en Cuba, el intento de incorporación de Martí al ritmo de la vida nacional es reclamado por los intelectuales. "A los héroes de espada y caballo, el pueblo los glorifica sin trámites" explicó Jorge Mañach, "a los otros, hay que enseñarles a glorificarlos".(11) Y agrega el biógrafo del Apóstol en su "Martí nonnato":

No hubo una "tradición" del ejemplo y los valores martianos. A Martí tuvieron que resucitarlo los intelectuales. La República, que pudo haber sido su encarnación inmediata, la presentación real de su espíritu, falló en el empeño. Y hoy Martí constituye, para los intelectuales, una norma desencarnada que hay que salvar a pura memoria; para el pueblo, una alusión no más, cargada de ironías. El nombre de Martí ocurre en letras amorosas; pero también en discursos nefandos. Debiera existir un poder que vedase mentarlo mientras no se le pudiera poner en consonancia con una realidad que lo ilustrara. El culto de Martí debiera ser, todavía, un culto de catacumbas hurtado al vejamen de los césares.(12)

Esa percepción religiosa de Martí la sienten todos los sectores de la generación. Luego, cada uno dará su interpretación personal al mensaje del mártir del 95, pero la "semejanza generacional', ofrece las coincidencias de una rebelión unánime contra la valoración superficial de su "héroe adorado". Mella, con su "posibilidad biográfica" y sus doctrinas revolucionarias, clama por una obra que consagre el culto martiano. Dice Glosando los pensamientos de José Martí: "Es imprescindible que una voz de la nueva generación, libre de prejuicios y compenetrada con la clase revolucionaria de hoy, escriba ese libro. Es necesario dar un alto, y, si no quieren obedecer, un bofetón, a tanto canalla, tanto mercachifle, tanto patriota, tanto adulón, tanto hipócrita . . . que escribe o habla sobre Martí.(13)

Es que a los miembros de esa generación les ofendía el ritual que ellos sienten falso por nacer de una superficial interpretación de Martí. Ichaso escribía: "Cuando la generación actual surge dispuesta a analizar, a discernir, choca con la postura adorante. Lo que aquélla busca no es el Martí adorable, entre otras razones, porque está ya encontrado, sino el Martí cognoscible". Y añade: "La juventud de hoy no puede resignarse a decir su martinuestro con las cadencias litúrgicas o el énfasis lírico con que hasta ahora lo ha hecho. Es preciso que se detenga en cada una de sus palabras e indague su profundo sentido".(14)

Desde, las páginas de la revista de avance sus editores explicaron, en 1929, la misión que sentían imperativa como grupo generacional: el "rescate de Martí", conferirle la "estatura cabal" a "su héroe adorado". Y dicen desde la sección "Directrices", que resume la opinión de "los Cinco" editores:

Martí sigue siendo entre nosotros -la frase es de Ventura García Calderón y nos duele muy hondo- "un ilustre desconocido". A nuestra generación, parece tocarle el duro privilegio de comenzar a comprenderle en su grandeza histórica y humana. No es que neguemos la labor meritísima de recopiladores y comentaristas de su obra ni que desconozcamos el serio valor de algún que otro ensayo sobre su acción política y su producción vastísima. Negamos, sí, que hasta ahora se haya hecho la labor que dé a propios y extraños la estatura cabal de nuestro héroe, el cuidadoso comprensivo análisis de su vida y de su "papelería" la síntesis de magno alcance que nos pondere la significación plena de aquella existencia iluminada.(15)

Pero no es sólo el descubrimiento de una mayor dimensión martiana lo que logra la generación nueva. Un universo de resoluciones se conmueve y las voluntades se aprestan para la lucha que nace antes de 1930. Precisamente en los comienzos de la vibración generacional, en 1923, Rubén Martínez Villena juraba una actividad, que no cesó hasta su muerte, para imponer, tal como él lo interpretaba, el ritmo martiano en la República. En los versos de su "Mensaje lírico civil" había escrito:

para que la República se mantenga de sí
para cumplir el sueño de mármol de Martí [&]
Para que nuestros hijos no mendiguen de hinojos,
la patria que sus padres nos ganaron de pie.
Yo juro por la sangre que manó tanta herida,
ansiar la salvación de la tierra querida."(16)

Los visitantes extranjeros descubrían el nuevo fervor cubano que iba presentando aspectos hasta entonces desconocidos del gestor de la independencia. "La generación de Mañach, Marinello, Félix Lizaso, entre otros, situándose en una posición de adecuada perspectiva", dijo Concha Meléndez, "ha comenzado la noble escultura martiana que nos desvelará a su término el verdadero Martí".(17) Y es que la época favorecía la incorporación del gran innovador en todas las inquietudes.

Recurrimos otra vez al testimonio de Luis Araquistain para recoger en la suya una impresión de aquella martiolatría creciente.

Hay un renacimiento del culto a José Martí en toda Cuba. El hecho es sintomático. & El recuerdo de Martí, de su insigne carácter de patriota, de su abnegación sublime, revive con creciente veneración en la nueva conciencia cubana. En algunos lugares de la isla se celebra todos los años una significativa fiesta martiana, una cena a media noche, que evoca los ágapes de los cristianos primitivos& Tenía algo de rito religioso, y el nombre de Martí sonaba en aquella atmósfera cordial y ferviente, como la de una catacumba romana, a símbolo mesiánico.(18)

Y al observar el resurgimiento que se origina en la fe de una religión nueva, comprende que se ha entrado en una época distinta; dice: "Ya se destaca en Cuba una nueva generación, los nietos ideales de los libertadores, que han nacido y crecen con nuevo espíritu social y con una nueva conciencia histórica". Y concluye: "No me extrañaría que, en algún plazo, no remoto, Martí, como el Cid, ganase batallas desde la otra orilla de la laguna Estigia".(19)

La huella histórica de esta generación es sin duda el descubrimiento de las posibilidades de Martí. Si la época no supo configurarse a la doctrina que desentrañaba, si Martí "rescatado" vuelve a incorporarse al martínuestro de la oración insentida, no es aquí el lugar para analizarlo. Sólo queremos señalar la importancia que tiene de "héroe adorado" entre estos cubanos y el reflejo literario de sus empeños por divulgar la doctrina del Apóstol. El centro cronológico de la generación que estudiamos coincide con un importante momento del interés por la figura de José Martí. "El año 1930 es pródigo en obras martianas", escribe Félix Lizaso en su ensayo "Medio siglo de culto a Martí".(20) Y es porque la madurez generacional se fue logrando con el mismo ritmo que crecía el conocimiento de aquel ideario.

A medida que la nueva generación fue dándose cuenta de los errores y de las dificultades que habían entorpecido los primeros veinticinco años de vida republicana, Martí fue tomando un relieve mayor, una presencia inevitable en las soluciones que se proyectaban. Al estudiar "The roots of Cuban Nationalism", y refiriéndose al rescate martiano de la tercera década republicana, escribió el Dr. Hennessy

It was this lost generation of students, exiles in their own land, who re-discovered Martí with his nostalgic yearning for an idealized patria and this exile's vision of a socially united, racially harmonious and economically independent country. His stature grew as the expansion of United States cultural and economic influence brought a note of urgency to the intellectuals' search for national identity.(21)

Más adelante explica la vigencia que adquiere la figura de Martí. Es que su doctrina había diagnosticado los males y previsto sus soluciones.

The concept of the "frustrated revolution" of 1895 now helped to explain the contrast between Martí's dream of a rejuvenated nation and the reality of graft and corruption. In this interpretation, United States intervention, rather than the legacies of Spanish rule or indigenous weaknesses, was responsible for the distortions in public life, and for the diversion of Cuban History from the course which Martí had mapped out.(22)

No murió con la generación ni en sus principales escritores el fervor por Martí. Cada actitud siguió dando la interpretación que les nació en la lectura martiana. Hasta su muerte en 1967, Félix Lisazo, el patriarca de la generación del 23, buscó la inspiración del Apóstol escribiendo sobre aspectos importantes de la vida de Martí.(23) Por eso parecen tan exactas las palabras de Francisco Romero, quien dijo de Lizaso: "Su encuentro con" la sombra de Martí es como el hallazgo de su propio destino".(24)

Desde los días de la revista de avance, Mañach y Marinello se consagran al estudio de Martí.(25) La interpretación distinta que cada uno de ellos logra de su doctrina es un símbolo -como señaló Lizaso- de la importante división que surge, por aquellos años, en el pensamiento de Cuba: "Puede decirse que así como entre ellos se bifurcó el camino que conducía a la meta deseada -la superación de nuestra vida nacional, en último término- de igual modo se separó el camino que seguiría nuestra juventud".(26) Para algunos miembros de este grupo generacional, la atracción ejercida por Martí reside en la suficiencia de su ideología. Entienden que la aplicación exacta del ideario martiano, lograría un mejor equilibrio para establecer en Cuba un régimen de justicia. Un ejemplo de esa interpretación lo ofrece Francisco Ichaso:

Martí se había anticipado también a las señales de los tiempos con reflexiones y apotegmas inspirados en las doctrinas sociales que iban ganando terreno por los años de su prédica. Sin ser un socialista, ni mucho menos un marxista, como han querido pintarlo los de este credo, fue un hombre que asimiló de esa filosofía materialista todo lo que tiende en ella a asegurar una mayor justicia y un más auténtico decoro para el hombre.(27)

Pero Marinello encuentra distinta inspiración en la obra de Martí. El impulso y la temática de sus preocupaciones dentro del comunismo, según él, nacen con la revisión del pensamiento martiano; dijo:

No podemos adoptar ante Martí la cómoda y lícita postura que afectamos ante un héroe de los viejos tiempos, cuya medida está ofrecida por la consumación de su obra o por la negación histórica de su acción. Los temas de Martí, sobre todo, son nuestros temas. La huella de su enfoque y de su exhortación andan en cuanto tocamos.(28)

Sin embargo, siempre ha advertido que no todo está en la palabra martiense y que las "conclusiones y orientaciones" de Martí no pueden ser "herramientas válidas para todos los casos".(29) Considera -de acuerdo con la dialéctica de su pensamiento- que su doctrina no puede ser "un evangelio", puesto que "la verdad política es variable y andadora".(30)

Mella acepta que Martí pertenece a otro momento histórico, pero encuentra en su "internacionalismo" un adelantado de la revolución mundial:

A pesar de ser, José Martí un patriota, es decir, un representante genuino de la revolución nacional tipo francesa de 1879 fue, como decía Lenin de Sun Yat Sen, representante de una democrática burguesía capaz de hacer mucho, porque aún no había cumplido su misión histórica. Luchaba por Cuba porque era el último pedazo de tierra del Continente que esperaba la revolución. Pero jamas ignoró el carácter internacional de la lucha revolucionaria. Se decía que era un hijo de la América. Cierto. Sólo hay que leer "Madre América" y entonces lo podremos afirmar.(31)

Mañach, por su parte, no se cansó de combatir el marxismo criollo. Y es que siempre trató de buscar en el ideario de Martí, motivos de parentesco espiritual con sus aspiraciones políticas; advertía:

Que no se intente ahora, por menesteres actuales de propaganda, presentarnos a un Martí precursor del radicalismo social. Sobre sus ideas al respecto no puede existir género alguno de dudas. En el conflicto de las humanas fortunas, la ternura nativa le pone del lado de "los pobres del mundo" y frente a las clamantes injusticias sociales. Pero hay también en él un difuso aristocraticismo de artista, y sobre todo, una intensa observación de la variedad humana, que pugna con la tentación igualitaria del demócrata. Su sentido del deber de creación a que los hombres están sujetos le hace repugnar cualquier parasitismo, cuanto más el que proceda de la inercia del rango o la mecánica del dinero; mas piensa que "los pobres sin éxito en la vida que enseñan el puño a los hombres que tuvieron éxito; los trabajadores sin fortuna que se encienden en ira contra los trabajadores con fortuna, son locos que quieren negar a la naturaleza humana el legítimo uso de las facultades que vienen con ella".(32)

El comunismo, como se ha señalado, hace su entrada en la vida nacional el mismo año en que nace la generación de 1923. Desde entonces, muchos seguidores de la filosofía marxista no han querido renunciar completamente a encontrar en Martí, por lo menos, un punto de contacto con el ideario que ellos sustentan. "Mella arranca de Martí y en su previsión pone la planta incansable".(33) dijo Marinello del fundador del partido, y en la actual revolución se pretende encontrar el puente de unión entre Marx y Castro:

Los dirigentes de la Revolución martiana de 1959 comprendieron el momento en que vivían y entendieron con toda claridad lo que José Martí habría entendido si hubiera vivido en nuestro propio tiempo y no en la Cuba y en la Norteamérica de finales de siglo. Y de ahí que si la Revolución de 1959 lleva al 26 de Julio hacia las vías del 7 de noviembre, si el documento formidable que es "La Historia me Absolverá" desembocaba inexorablemente en el "Manifiesto Comunista", también "La Historia me Absolverá" tenía como origen, como inicio, el "Manifiesto de Montecnsti".(34)

Las inmensas. posibilidades de Martí han permitido esa incorporación de su pensamiento que logra, en todas las épocas, las más contradictorias interpretaciones. La palabra martiana no parece nacida antes de la independencia, tiene siempre el embrujo de un presente, de un hoy que la convierte en instrumento poderoso de lucha. Por eso conmovió a esta generación y aún hoy, es el común denominador en el pensamiento de todos los cubanos. Es que Martí, aparte de la intuición de sus ideas, tuvo una manera especialísima de transmitirlas con el "sentido de futuridad" que descubre esta observación de Humberto Piñera en "Martí pensador":

Cada línea de sus meditaciones parece concebida para ser realizada en un momento posterior, que se ofrece como inacabable nueva ocasión de mejora del presente. "Se habrá de defender, en la patria redimida, la política popular en que se acomoden por el mutuo reconocimiento las entidades que el puntillo o el interés pudieran traer a choque; y ha de levantarse, en la tierra revuelta que nos lega un gobierno incapaz, un pueblo real y de métodos nuevos, donde la vida emancipada, sin amenazar derecho alguno, goce de todos". "Desde sus raíces se ha de construir la patria con formas viables, y de sí propias nacidas, de modo que un gobierno sin realidad ni sanción no lo conduzca a las parcialidades o a la tiranía". "Triste patria sería la que tuviese el odio por sostén. . . ." "La libertad ha de ser una práctica constante para que no degenere en una fórmula banal& " Y así podríamos multiplicar las citas martianas en las cuales el sentimiento de una constante realización como constante proyecto de perfección deja ver claramente la porción de idealidad que fundamenta su pensamiento".(35)

Y esa "constante realización" ha ido tiñendo nuestra historia con su presencia inacabable. "Bajo la yerba, yo también creceré" dijo en palabra adivina. Y creció -como hemos tratado de mostrar- desde aquella etapa histórica que vamos estudiando.

Vanguardismo criollo

Los versos de Martí que encabezan este capítulo hablan también del poeta. "Mi verso crecerá", dice, aquí entendido como mi poética, mi poesía, y ello nos dirige, después de haber mostrado algunas interpretaciones de su pensamiento, a otro nivel de este estudio, al análisis del vanguardismo cubano y de la revista de avance.

"En alto grado poseyó Martí, innatamente, el sentido de la poesía vanguardista" escribió Roa en los primeros tiempos del culto martiano y de la fiebre del vanguardismo. Ese otro aspecto de la figura del Apóstol, la novedad de su estilo, sirve para la identificación que logra con él la etapa vanguardista cubana. "Antes que los ultraístas", añade Roa, en "Martí, poeta nuevo", "ya él había proclamado -en alguno de sus prólogos relampagueantes-, la sencillez de la forma. Y había cantado en páginas de acero la belleza trepidante de los puentes"(36)

Desde las páginas de La poesía moderna en Cuba afirmaban sus autores: "Es en nuestros días cuando la obra de Martí se ha adentrado en el espíritu de las nuevas generaciones poéticas".(37) Significativamente se inicia dicha antología con un ejemplo de los Versos Libres que subyugan a los amantes de lo nuevo por la libertad y la sorpresa de esa obra de Martí. En época esencialmente antimodernista no podía permitirse que su "héroe adorado" fuera visto, ni siquiera, como precursor de aquella tendencia poética. Volvemos al "Martí, poeta nuevo" para anotar estas valoraciones:

Precursor del modernismo denominan críticos agudos a José Martí. Y se equivocan, en parte. Precursor en cuanto amó la libertad artística, la estética acrática, el verso de una sola pieza, la renovación ideológica. Radicalmente antimodernista en lo referente a la elección de los motivos. Bien distintos a los de Casal y Silva, de Gutiérrez Nájera y Darío quienes se llegaron a encerrar en la hermética Bastilla del subjetivismo. Los versos de Martí no responden a falsas posturas, a simulados dolores. Nacieron casi siempre "de grandes miedos o grandes esperanzas".(38)

Pero no sólo es la actitud humana o el origen de la inspiración en Martí lo que logra la comprensión vanguardista, también en su concreción poética aparece la forma nueva, el expediente del lenguaje martiano contiene los recursos que emplea la vanguardia:

Esencialmente nuevos son los Versos Sencillos. Cualquier poeta de vanguardia puede firmarlos como propios sin traicionar sus ideales estéticos, por muy avanzados que éstos sean. Adviértense en ellos -a excepción de la rima- todos

los ingredientes que se emplean en el laboratorio gigantesco de la poesía nueva. Nada falta, ni la sinceridad artística ni la metaforización constante.(39)

Es natural que fueran esos aspectos de la poesía de Martí, lo que más admiración provocaba en el vanguardismo cubano, de cuyo nacimiento y ulterior evolución se trata ahora.

En realidad La poesía moderna en Cuba no tenía obras verdaderamente "nuevas" si consideramos lo que por 1926 se estaba produciendo en otros países hispánicos. Pero había que iniciar una liquidación de valores gastados y esa fue la misión de la antología de Lizaso y Fernández de Castro. Los "nuevos". Llegan sólo hasta la última manera de Juan Ramón Jiménez",(40) como se dijo en 1927, pero estimulan el ambiente poético, y pudiera decirse que preparan los atrevimientos vanguardistas.(41) En dicha obra la tónica del pesimismo nacida con la primera etapa republicana logra su reflejo en el verso amargo de Tallet. Son siempre como estos que escribe recordando al amigo muerto:

Tú no has muerto de tifus ni de la meningitis
como dicen los médicos;
tú te has muerto de asco, de imposible o de tedio.(42)

Llega también a la intuición "unanimista" de María Villar Buceta, quien recogió de Jules Romains el parentesco del hombre y las cosas: "somos una ofrenda votiva puesta en el ara universal".(43) Otro aspecto importante de la antología queremos destacar. Es la intranquilidad vital y la preocupación que luego evoluciona hacia la preocupación social. El mejor ejemplo es el de aquel biznieto del Marqués del Real Tesoro, Rubén Martínez Villena.(44) Luego encuentra en la ideología marxista el cauce para su inquietud que chocaba con la "calma" del ambiente.

Y esta perenne abulia, esta inercia del alma
que no siente, ni espera, ni rememora nada:
ni una ansiedad siquiera para el futuro: calma, calma;
ni una nostalgia de la vida pasada.(45)

El mismo acento está presente en sus "Motivos de la angustia indefinida". Lleva allí su protesta inútil en el conocido subtítulo: "Mi vida: una semilla en un surco de mármol".

¡Oh, consciente impotencia, para vencer la empresa
de traducir al verso la aspiración informe!
Angustia irremediable: conservar inconfesa
la tragedia monótona del vivir uniforme ...
y temer el ansiado reposo, donde cesa
esta resignación a seguir inconforme
de todo: ¡de sí mismo, del labio que se besa
de la verdad pequeña y del Enigma enorme!(46)

Al lado de la conformidad provisional de algunos que luego sí fueron "nuevos", y desde ciertos versos de la antología, se anuncia una renovación poética. La selección de Lizaso y Fernández de Castro señala, por lo menos, el punto más alto de una estética a partir de la cual surge la rebelión vanguardista. Quedaron allí señalados con aguda perspicacia crítica los principales valores de la próxima poesía y una norma clasificadora para los poetas.(47) Las reuniones que se celebraron para preparar la antología conjugó la intranquilidad de poetas y críticos. Con la publicación de La poesía moderna recibían igual sacudida el academicismo y la retórica de la primera generación republicana.(48) A la "protesta de los 13 se le sumó la protesta de los "nuevos" para templar los espíritus que actuarían en la insurgencia vanguardista primero y la política después.

Vamos a señalar algunos aspectos del vanguardismo cubano, pero antes será conveniente observar cómo lo interpretaron los miembros de la primera generación republicana. El ataque inicial va, como siempre, dirigido a la poca productividad del movimiento. Dijo Miguel Angel Carbonell en 1930:

En Cuba estarnos hoy en presencia del brote vanguardista que no ha logrado aún ni dentro ni fuera de ella plasmarse en una fórmula definitiva. Adopta esta tendencia la misma actitud suficiente de todas las propagandas revolucionarias dentro del arte. Nada nuevo ha aportado como no sean anárquicas libertades de expresión, refiriendo la idea a sugerencias que generalmente sólo sugieren la convicción de nuestra incapacidad para traspasar las fronteras de la locura.(49)

Y otro intérprete de la época que en este momento está siendo sustituida, resume en su queja las bases del vanguardismo. Desde la misma "Academia Nacional de Artes y Letras" decía Ramón A. Catalá:

El ansia de renovación que pugna por abrirse paso en el mundo, alcanza a la literatura de un modo avasallador. Se quieren formas nuevas, se aspira a otra idealidad, se piden distintas resonancias... Se le exige, además, la abominación de lo pasado, el leal propósito, la voluntad inquebrantable de no parecerse, lo que produzca hoy, a nada de lo que ha dado de sí una época anterior. Este momento de confusión, este tránsito conmovedor en que se aspira a devorarlo todo, a arrasarlo todo, para levantar sobre las cenizas de lo viejo algo que sea distinto, de lo que contenga en sí mismo la vitalidad juvenil que necesitamos, debe ser tenido por uno de los más peligrosos y difíciles momentos de la historia. de la civilización.(50)

En ese mismo año de 1930, Rodríguez Embil analiza en una conferencia que titula "El vanguardismo europeo y nuestra América", el origen de la tendencia "nihilista" que él ve acentuada desde la terminación de la guerra: "Nos hallamos aún en plena crisis. El arte, la literatura se hallan en realidad desorbitada y en pleno devenir como las. modas, como las costumbres, como la vida toda.(51) Más adelante quiere descubrir el mecanismo secreto de la "inquietud" y la motivación última de la estética nueva. Cree que el origen verdadero de la vanguardia está en la renuncia de los valores superiores y razona diciendo:

Esta insatisfacción y esta inquietud son bajo cierto aspecto sus timbres de honor y de grandeza, mas no pueden ser en sí mismos su fin. Hemos creado una inmensa y complicadísima maquinaria para aturdirnos y dar miedo a nuestra sociedad. No queremos ni podemos resistir la soledad y el silencio, engendradores fecundos de toda realidad superior; andamos huyendo de nosotros mismos, temerosos de enfrentarnos con nuestro Dios. Buscamos nuestra Palabra en vano, porque, al propio tiempo que la buscamos, nos llevamos las manos a los oídos interiores para no escucharla.(52)

Y no escapa al crítico el verdadero saldo que tiene que arrojar el vanguardismo, la razón primera que viene a explicar su existencia. "Libertad", dice: "he ahí la palabra casi única, que 1e podrá seguramente justificar el movimiento literario y artístico de la post-guerra".(53)

Pero los cambios profundos no sólo afectan la forma y la temática de la obra literaria, advierten los opositores de la vanguardia. El cosmopolitismo de las nuevas escuelas tiende a disminuir, según ellos, la cohesión de la débil nacionalidad cubana. Carbonell advirtió:

Una tendencia lamentable tiene a mi juicio el vanguardismo: la desnacionalización de nuestro ideario, incorporándolo a la corriente anárquica que baja de la Rusia soviética amenazando inundar el mundo. Se hace el vacío y se tacha de cursi a toda manifestación tendiente a revelar nuestro pasado, que bueno o malo es fundamento de nuestra personalidad y estamos en el deber de espigar y depurar.(54)

El último director de Cuba Contemporánea (1913-1927), Mario Guiral Moreno, analizó en un estudio detallado el Auge y decadencia del vanguardismo literario en Cuba. Consideró que una de las más notables características de este movimiento era que los poetas escogían "como temas de sus versos a los objetos materiales, aun a aquellos de carácter burdo o grosero, entonando cantos y loas a los vegetales, a los metales, a las máquinas, a los buques, a las locomotoras y, en general, a las cosas inanimadas".(55) Y refiriéndose a las manifestaciones del vanguardismo en la prosa, comenta con igual ironía:

La prosa vanguardista está acorde con la poesía de ese género: el estilo es el mismo y no hay desemejanza en las ideas. Las cosas inanimadas tienen alma -¡qué gran paradoja! y, en cambio lo espiritual se materializa, para que la inversión resulte lo más completa posible. Así lo reconocen y confiesan los mismos adeptos y críticos del vanguardismo."(56)

Para Guiral Moreno el saldo del vanguardismo criollo fue muy exiguo. Sólo le acredita la "gran libertad de expresión" que logró la poesía, además de la "incruenta decapitación de las letras mayúsculas".(57)

Regino Boti hizo también una curiosa y severa crítica de la poesía vanguardista. Respecto a su temática intensamente aséptica, señala "su menosprecio en cantar al amor y la mujer, como una derivación de la proclama de deshumanización del arte subscripta por el polígrafo Ortega y Gasset".(58). Respecto a la "técnica" de versificación, considera que adolece de "una pasmosa pobreza", pues nunca un poeta de vanguardia publica una composición trabajada, sino "simples apuntes y escorzos". De las metáforas, que tanto emplea el vanguardismo, dice que son más "rebuscadas que bellas"; como ejemplo del abuso en la imagen cita estos versos del uruguayo Alfredo María Ferreiro:

¡Qué dolor debe dar
ser siempre Ford!
Ser Ford&
y no ser un alado Packard,
un soberbio Lincoln,
un trompudo Renault,
o un ancho Cadillac.
Ser Ford,
ser siempre hojalata,
y que todos digan:
-Ahí va un Ford,
Como quien dice:
-Ahí va un cualquiera.
¡Saber en lo íntimo
de las bujías y del carburador
que se es automóvil como los otros autos,
y a lo mejor, mejor!& (59)

Descubre además el aspecto de preocupación política que alguna vez se filtra en la doctrina del arte nuevo, y añade este comentario sobre el vanguardismo criollo:

Nuestra poesía de vanguardia está agitada por un soplo comunista que mira a Rusia. Esto es una moda. Un tópico literario. Con el tiempo se mirará a China. Y por último a América.... El error, para mí, de nuestra lírica del día, es que hace de lo sociológico un programa, anteponiendo la acción social a la estética. Y nada más deplorable que la sociología en verso.(60)

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