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Estamos, no en un momento de agonía, sino de crisis. Cuando Guillermo de Torre esboza los lineamientos para situar la generación del 27 en España, particularmente la figura de García Lorca, además de estudiar a los poetas de la época, considera imprescindible "prolongar algunas líneas de sus límites estrictamente líricos". Es así que relaciona la figura que está analizando -"como de hecho estuvo en vida- con otras, cultivadores de otros géneros". Para el crítico, con verdadera visión de lo que ella debe abarcar, "una generación propiamente dicha no puede reducirse a una sola rama literaria" (2) Por la calidad del grupo que vamos a estudiar, tendremos que rebasar alguna vez no sólo el límite de los géneros, sino también lo estrictamente literario. Creemos con Francisco Ayala que lo que define a una generación es, "en último término, una comunidad de espíritu, de sensibilidad, de actitudes, de preocupaciones, de problemas, de rasgos estilísticos generales -sin perjuicio del estilo particular y demás notas de la personalidad individual de cada uno de sus miembros".(3) Esos elementos están dispersos en los núcleos sociales que integran un período y se entrecruzan haciendo imposible la separación de una actividad que se influye e influye en las otras. Por el interés que tiene dejar bien aclarado el concepto y extensión que damos a un grupo generacional, copiamos el siguiente párrafo de Henri Peyre, de su obra sobre las generaciones:
La formación cultural de una generación está determinada por una serie de factores que condicionan la receptividad y hasta cierto punto la respuesta de ese grupo humano frente a problemas iguales. Por eso Ortega y Gasset considera que una generación constituye "cierta actitud vital" desde la que existe o siente la vida "un nuevo cuerpo social íntegro" de una manera especialísima. Es así que los miembros de ella vienen al mundo histórico dotados de ciertos caracteres típicos, que les prestan "una fisonomía común diferenciándolos de la generación anterior".(5) De ahí nace la cohesión que une a sus componentes. La idea de Ortega está íntimamente vinculada a las teorías que anunció François Mentré en 1920. Ellas aclaran en algún punto el pensamiento orteguiano. Para el investigador francés la unidad de la generación viene dada por la "mentalidad particular" de un grupo de hombres los cuales se sienten ligados por "la comunidad de sus puntos de partida, de sus creencias y deseos. . . La fuerza de las cosas les ha impuesto un programa colectivo que realizan bien o mal por su asociación voluntaria o dispersa".(6) Luego Mentré precisa en una definición de lo generacional, el concepto que sirve de apoyo para la presentación que debemos hacer: "La generación sólo puede definirse en términos de creencias y deseos, en términos psicológicos y morales. . . Una generación es, pues, una manera de sentir y comprender la vida, que es opuesta a la manera anterior, o al menos diferente a ella".(7) Será pues un comportamiento especial lo que identifique al grupo, un "estilo de vida" que se reflejará, "por lo que se refiere al artista, en la fisonomía de su producción"; para el héroe, "en el sello de sus hazañas, y para el santo, en el tono y forma de su santidad. En definitiva, se refleja en lo que es la vida misma".(8) Así, siendo una generación el grupo humano que "se realiza en el vivir" y teniendo su mayor diferencia con otros grupos en un particular "estilo de vida", tenemos que, para comprender un fenómeno generacional, se hace necesario analizar la vida interna de ese "personaje histórico" los rasgos característicos de su vivir en el "drama histórico" cuyos "actos"(9) según Ortega, duran quince años. Junto a la época que la precede, la generación actuará dentro de unos límites que trataremos de fijarle. Allí estará como el elemento de conjunción que Ortega llama "gozne sobre que ésta [la historia] ejecuta sus movimientos";(10) Ayala , "eslabón sobre que engrana el proceso histórico-social"(11); Marías, "articulación del cambio histórico".(12) Otro aspecto que nos interesa precisar es la duración del período generacional. Julián Marías, siempre con las teorías de Ortega, opina refiriéndose a este tema, que "la vigencia de una forma de vida dura quince años, aproximadamente".(13) Ese número de años tiene sin embargo toda la provisionalidad "de un expediente auxiliar, mediante cuyo empleo se introduce un principio de ordenación".(14) Esto obliga a señalar con algunas reservas, el momento de aparición del grupo generacional, es decir, las tentativas primeras que llevan ya un común denominador de actitudes, que según Peyre, se manifiesta entre los veinte y los veinticinco años. Hasta esa edad, el grupo generacional se mantiene sometido a los mismos estímulos. Luego, empiezan a manifestarse las matices personales de cada individualidad. Recurrimos nuevamente a las explicaciones de Henri Peyre:
Ese es el momento en que aparecen los núcleos distintos que se mueven dentro de la generación y que asumen posiciones muchas veces contrarias frente a los mismos estímulos. Pero no debe confundir al observador del grupo generacional esas distintas reacciones. Como aclara Laín Entralgo en su obra Las generaciones en la Historia, y lo hemos de ver en la práctica, la semejanza" de esos núcleos "no es como el parecido anatómico entre dos rostros, ni un proceso, como el parecido entre dos modos de andar o gesticular".(16) Con los equipos de sus individualidades propias los componentes de la misma generación se van caracterizando y diferenciando, pero sin dejar de parecerse "históricamente", es decir, manteniendo "una común actitud fundamental ante su actuación histórica".(17) En ellos hay "una común filigrana" -como Ortega señala en El tema de nuestro tiempo- para los pro y los anti, los cuales "por mucho que se diferencien, se parecen más todavía".(18) Es decir , que la tónica del planteamiento y la temática de una generación identifican al grupo mucho más que la respuesta particular de cada componente. El historiador francés Thibaudet, al presenciar un panorama generacional, señala esa característica del concepto: "Ce qu'on appelle une génération littéraire, c'est peut-être tout simplement une certaine manière commune de poser des problèmes, avec; des manières très différentes de les résoudre, ou plutôt de ne pas les résoudre."(19) En su estudio sobre el modernismo y la generación del 98, Guillermo Díaz Plaja hace una detallada aplicación del, método de Petersen (20) sobre esos dos grupos que él considera distintas generaciones. En el capítulo que analiza los "aspectos cronológicos" de ellos, destaca la importancia que da Petersen a la coincidencia de fechas natales. "Todas las condiciones que hayan de estudiarse después deben partir de ésta, hasta cierto punto, mecánica coyuntura"(21), pero advierte `la arbitrariedad de toda tesis basada en puras experiencias".(22) Quizás una de las más unánimes conclusiones que se lograron en "Le second Congres international dhistoire littéraire" (Amsterdam, 1935), fue respecto a la discreción con que se deben señalar los límites en los grupos generacionales. En el "décalogue nouveau" que resumió los acuerdos de esa reunión se lee el siguiente consejo: "Tu verras dans les 'périodes' des courants et des mouvements que affleurent à des moments plus manifestes, mais tu te garderas de croire à des commencements absolus ou à des disparitions définitives".(23) Habiendo señalado algunos aspectos básicos del concepto de generación, podemos intentar la identificación de un grupo dentro de la historia literaria cubana. Pero antes, vamos a revisar algunos momentos de la aplicación del método generacional en Cuba. Enfoques generacionales en Cuba En el prólogo del Estudio sobre el movimiento científico y literario de Cuba, publicado como obra póstuma de Aurelio Mitjans, en 1890, se resalta el esquema que siguió el autor para presentar el panorama cultural cubano que allí aparece. "El plan de esta obra es digno de la mayor alabanza". dijo allí Rafael Montoro. "Abarca todos los géneros literarios y los agrupa en correctas y rigurosas clasificaciones, ordenando en amplios y bien deslindados períodos de tiempo, el general desarrollo de nuestra cultura".(24) Montoro se refiere a la original división de esa obra en la que aparecen dos "épocas": la primera "antes de 1790"; la segunda comprende desde 1790 hasta 1868 y queda subdividida en períodos de veinte, veintidós y veintiséis años que intuyen las oleadas generacionales de la historia. El concepto de generación con cierto rigor científico "fue expuesto por primera vez en Hispanoamérica", según advierte José A. Portuondo, de modo sistemático, por Antonio S. Bustamante y Montoro en su discurso de ingreso en la Academia Nacional de Artes y Letras de Cuba, en marzo de 1937.(25) En dicha oportunidad, Bustamante explicó la idea de generación siguiendo las teorías de Ortega y Gasset, y la posible aplicación del sistema de Petersen. Recomendó el empleo del esquema generacional como el mejor vehículo para acercarse a una correcta interpretación del proceso cultural cubano: "La búsqueda de nuestro pasado valioso, genuino" dijo, "sólo puede llevarse a feliz culminación indagando cuáles son nuestras generaciones falsas, intelectualmente parasitarias; épocas cumulativas, que vivieron, como ha dicho Ortega y Gasset sintiendo una perfecta homogeneidad entre lo recibido y lo propio".(26) Al año siguiente, en 1938, aparecen los Ensayistas contemporáneos de Félix Lizaso con una distribución generacional para los escritores allí representados. El autor de esa obra encuentra en el primer período republicano dos grupos `que se enlazan y entrecruzan". Respecto al momento histórico que nos interesa escribe: "En 1920, poco más o menos, comienza a darse a conocer una generación que trae alientos nuevos y nuevas fórmulas".(27) Desde que se inició el estudio de las letras cubanas siguiendo las normas de las teorías generacionales con alguna fidelidad, se han intentado varias divisiones. Sin querer hacer un recuento de todas las que se han ensayado, ofrecemos algunos ejemplos. Ellas muestran la diversidad de criterios que han existido al intentarse esas clasificaciones. Ya en La poesía moderna en Cuba 1882-1925 aparecen por grupos con ciertos rasgos casi generacionales la división de poetas: "los precursores"; un período de "Transición"; otro, de "plenitud de la lírica"; "orientaciones diversas" y, por último, "los nuevos". En el prólogo dicen los antologistas: "Las divisiones que hemos adoptado corresponden con bastante aproximación, según nuestro criterio, a los distintos períodos que con caracteres propios se marcan en el desarrollo de la producción poética en estos últimos tiempos".(28) Del "período" final -donde aparecen José Z. Tallet, María Villar Buceta, Rubén Martínez Villena, Juan Marinello, Andrés Núñez Olano, Regino Pedroso y otros- dicen los autores:
Por su parte Ichaso llama a ese mismo grupo "la generación que nace con el siglo y cuya irrupción en la vida pública tiene lugar entre los años 1920 a 1930".(30) En La literatura cubana en el siglo XX aparece el enfoque generacional para presentar en él un panorama literario de la República. De allí transcribimos un párrafo que sintetiza la interpretación de Raimundo Lazo:
Este mismo autor ofrece una división desde el siglo XVIII, en su obra La Teoría de las Generaciones Y su Aplicación al Estudio Histórico de la Literatura Cubana. Allí aparece una serie de diez grupos que se extienden desde los nacidos en 1762 hasta los nacidos en 1929. A la generación donde aparece el vanguardismo le corresponde el número nueve y las fechas de nacimiento de los que incluye se extienden desde 1891 hasta 1913, siendo los más antiguos el poeta Mariano Brull y el ensayista Félix Lizaso. A este grupo lo llama, en esa obra, "segunda generación republicana" y de ella dice que su "advenimiento y triunfo queda encerrado entre las dos últimas guerras mundiales".(32) Lazo concluye en su nueva Literatura cubana:
Fernández Retamar escribe del grupo que nos interesa: "La segunda generación republicana presenta dos promociones. A éstas se alude con frecuencia llamándola, por motivos más políticos que literarios, generaciones de 1923 y de 1930 respectivamente".(34) Y más adelante aclara el significado de las fechas relacionándolas con la "protesta de los 13" (de la que luego trataremos) en el primer caso y con el inicio de la revolución que destituye el gobierno de Machado, la segunda. Una división por "generaciones teatrales" se ensaya en Teatro cubano contemporáneo. La "segunda generación" justifica su nacimiento con la "protesta de los trece", y se extiende hasta la aparición de una tercera, a la que pertenecen escritores "cuyas fechas de nacimiento abarcan desde 1910 hasta 1927".(35) Portuondo encuentra cuatro grupos al clasificar los escritores de la era republicana. Cada uno se estudia en un capítulo cuyos títulos son: "La política", "Las Masas", "Formalismo", y "Revolución".(36) Como puede observarse, no hay un criterio único para calificar y dividir las generaciones de los años de República.(37) El mismo Jorge Mañach emplea dos designaciones al referirse a su generación. En un artículo periodístico titulado "La generación expectante", escrito en 1930, decía: "No hay que mirar mucho en torno para advertir que una buena parte de esta generación nuestra está ya condenada. La parte que tuvo más prisa". Y continúa para distinguir la otra parte agregando: "La generación de la treintena actual tiene otra porción, la mayor que todavía está inédita, y en esta ineditez conserva su fuerza". Y dice luego: "El problema de esta parte de la generación hoy en punto de madurez, es el de la viabilidad de su pronunciamiento, que es a su vez, el problema político inmediato de Cuba, visto desde el aspecto hombre".(38) En 1957, y también refiriéndose a la suya, escribe Mañach: "Una nueva generación, excluida virtualmente de ellos", se refiere a los partidos políticos de la época, "acude sin embargo por otras vías a su deber histórico. Es la generación del 25, que combina la inquietud cultural con la preocupación política" (El subrayado es nuestro).(39) Vemos así que el propio Mañach llama a su grupo una vez, generación del 25 y otra generación de la treintena. Es verdad que la distancia de veinte años que separa estas dos opiniones confiere perspectivas distintas al hecho observado. Es necesario que señalemos ya el momento en que surge una nueva actitud ante la vida. Pero no quiere esto decir que en una generación quepan, dentro de sus estrechos límites temporales, el contenido total de su especialísima visión histórica. Tenemos el caso del ensayista Francisco J. Castellanos que muere en 1920 y pertenece a esta generación que estudiamos tanto como puede pertenecer cualquier político, escritor o poeta cuya actividad vital se produce dentro de los límites que le hemos impuesto.(40) Aquéllos son los precursores, se adelantan a su tiempo y parecen hablar un lenguaje futuro. También hay rezagados que constituyen la prolongación de un grupo generacional extinguido; en cierta forma son profetas al revés. Con estas aclaraciones véanse algunos acontecimientos que ubican el grupo histórico que nos interesa. Precisemos primero el momento de aparición en Cuba del nuevo cielo generacional. Si se acepta que el alcance máximo, el punto de madurez para la generación de la treintena, como la llamó Mañach,(41) es precisamente el año 1930, tendremos que con la extensión de aproximadamente quince años debiéramos encontrar sus inicios hacia 1923, y en 1938 comenzarla el grupo a perder cohesión. Veamos lo que sucede en esos momentos históricos. 1) En 1923 se produce la "protesta de los trece". Empieza a verse "una actitud distinta, nueva en los intelectuales cubanos que hasta entonces no han, expresado directa y militantemente, con riesgo personal, su inconformidad ante la corrupción gubernativa".(42) Pero también representa un momento de revisión literaria organizado por los nuevos críticos y poetas. "Nos reuníamos un grupo de amigos animados por el empeño de preparar una antología de la nueva poesía cubana (43) -explica Félix Lizaso- y de allí, de aquel empeño revisionista del pasado, nace el espíritu de rebeldía que se manifiesta en la protesta contra el Secretario de Justicia en la Academia de Ciencias de La Habana. Cinco de los trece que estuvieron presentes en ese acontecimiento fueron luego editores de la revista de avance, vocero del vanguardismo cubano, de la que se habla en el próximo capítulo: Ichaso, Lizaso, Mañach, Marinello y Tallet. 2) En el mismo año de 1923 se constituye el "grupo minorista", que duró hasta 1928 y cuyos propósitos quedaron señalados en su manifiesto del 7 de Mayo de 1927. De ese documento anotamos los siguientes postulados: "Por la revisión de los valores falsos y gastados; por el arte vernáculo y, en general, por el arte nuevo en sus diversas manifestaciones; por la introducción y vulgarización en Cuba de las últimas doctrinas, teóricas y prácticas, artísticas y científicas". Y seguían otros de marcada preocupación social. Uno de sus más activos componentes, Emilio Roig de Leuchsenring describe así el minorismo:
A ese grupo minorista pertenecieron todos los que en algún momento fueron editores de la revista de avance, es decir, los cinco que estuvieron en "la protesta de los 13", más Martí Casanovas y Alejo Carpentier. En resumen podemos decir con Lizaso que el "minorismo" fue "la conciencia histórica de un momento, que halló ese molde único e imprevisto, y en él vació sus más caros ideales".(45) 3) Durante todo ese año, Mañach escribe las crónicas que aparecen luego en sus Glosas. Allí comienzan a perfilarse las bases de su conocida conferencia "Crisis de la alta cultura cubana".(46) En 1923 el discípulo del poeta Salvador Díaz Mirón, Julio Antonio Mella (47), al igual que en la "protesta de los 13", dirigida por Rubén Martínez Villena, pretende impedir el traslado del Museo Nacional.(48). También en 1923 Martínez Villena escribe sus mejores versos. En "Mensaje lírico civil" el nuevo espíritu de protesta y rebeldía de la generación está patente:
Además "Motivos", "Exaltación en negro sostenido mayor", "El desfile de los grandes", "El campanario del silencio". Y sobre todas ""La pupila insomne":
4) "En 1923 el comunismo hizo su aparición en Cuba".(51) Harding nombra al General Enoch H. Crowder, primer embajador de los EE. UU. en Cuba. Se inician las luchas por la reforma universitaria según las normas del movimiento argentino de 1918. Empiezan las actividades revolucionarias para fundar la Primera Confederación Nacional de Estudiantes, de la que fue primer secretario Aureliano Sánchez Arango. Termina una etapa de la injerencia norteamericana en Cuba.(52). Se organiza la asociación de Veteranos y Patriotas que pronto pasa de la protesta cívica a un alzamiento que fracasó en sus comienzos.(53) 5) En 1923 se publica la novela La Conjura de la Ciénaga que inicia la tendencia criollista hasta el Marcos Antilla, la "novela del cañaveral", de Luis Felipe Rodríguez.(54) Se publican el estudio sobre folklore cubano Un catauro de cubanismos de Fernando Ortiz y Medio siglo de historia colonial de Cuba de José Antonio Fernández de Castro. Aparecen, según algunos críticos, signos vanguardistas en la poesía.(55) Llega el maestro Pedro Sanjuán y Nortes para fundar la Orquesta Filarmónica y aparecen los temas cubanos en la música de Amadeo Roldán. 6) En 1923 cumplen 25 años (recuérdese la opinión de Peyre respecto a las edades de los miembros de una generación que se inicia) Jorge Mañach y Juan Marinello; 24 Martínez Villena y Esténger; 26 Sergio Carbó y José Antonio Fernández de Castro; 32 Lizaso, y Mariano Brull; 23 Francisco Ichaso, Amadeo Roldán y Lydia Cabrera; 30 Tallet; 20 Carlos Prío, Lino Novás Calvo, Florit y Mella; 19 Alejo Carpentier y César García Pons; los pintores Abela y Víctor Manuel; 32 y 26; Amelia Peláez y Carlos Enríquez 22.(56) Una vez señalados algunos acontecimientos que indican el nacimiento en 1923 del nuevo grupo generacional, pasamos a relacionar aquello que muestra su momento de madurez. La fecha que corresponde al centro cronológico del período que estudiamos, que es 1930. En ese año, además de intensificarse la lucha contra la tiranía machadista -que recibe el impulso decisivo a partir de la muerte de Rafael Trejo (30 de septiembre)- la producción de los escritores que nos interesan está en su mayor actividad y ya se perfilan claros sus derroteros. "El año de 1930, comienzo de la revolución antimachadista", escribe Portuondo, "señala el nacimiento de este nuevo momento en el que los problemas sociales se imponen con carácter sustantivo en la obra de los principales escritores".(57) Al valorar ese momento histórico desde el inicio de la última revolución cubana, escribe Loló de la Torriente: Cuando comienza 1930, un valioso grupo de cubanos ha realizado una obra intelectual nueva, profunda y cubanísima. Es por aquellos años, y en virtud de aquella obra que se enriquece nuestro patrimonio cultural, que el pensamiento y la acción vuelven a identificarse luchando en la misma trinchera contra el colonialismo y las formas de opresión imperialista. La batalla de la liberación espiritual es tan ardua como la económica y política.(58) 1) En el año 1930 ya ha realizado su labor la revista de avance cuya importancia trataremos de mostrar más adelante. 2) Han aparecido, muchas obras básicas de los principales miembros de la generación. La poesía moderna en Cuba (1926) de Félix Lizaso y José Antonio Fernández de Castro; Epistolario de José Martí y los Artículos desconocidos de José Martí (1930) de Félix Lizaso; Liberación (1926), Juventud y vejez (1927) y Poesías de José Martí (1928) de Juan Marinello; Góngora y la nueva poesía (1927) de Francisco Ichaso; Jorge Mañach, La Crisis de la alta cultura cubana (1925), Estampas de San Cristóbal (1926), Indagación del choteo y Tiempo muerto (1928). 3) Se publican los versos de Surco (1928), de Manuel Navarro Luna.(59) Se ha iniciado definitivamente la poesía negra con: "Bailadora de rumba" de Ramón Guirao, "Liturgía" de Alejo Carpentier, "Rumba" de José Z. Tallet, "Motivos de son" de Nicolás Guillén. Enseguida se desarrollan la poesía proletaria con: "Proletario" de Lino Novás Calvo, "Salutación fraternal al taller mecánico" de Regino Pedroso; la poesía pura con los "Poemas en menguante" de Mariano Brull, "Trópico" de Eugenio Florit y "Júbilo y fuga" de Emilio Ballagas. Amadeo Roldán ha triunfado en Europa y los EE. UU. después de sus composiciones "La Rebambaramba", "Danza negra", etc. Evidentemente que el año de 1933 tiene su mayor significación por haber triunfado el proceso revolucionario contra Machado, pero queremos señalar que, a pesar de ser un año de difícil producción literaria, se publican Martí el apóstol de Jorge Mañach, Poética: ensayos en entusiasmo de Juan Marinello, Ecué-Yamba-ó de Alejo Carpentier, El negrero de Lino Novás Calvo, Marcos Antilla de Luis Felipe Rodríguez, y Barraca de Feria de José Antonio Fernández de Castro".(60) Si aceptamos que la extensión generacional es de quince años, el grupo que nos ocupa debe terminar su actividad mayor hacia 1937 o 1938. Así coincidiría con el nacimiento del nuevo ciclo poético que ha señalado la crítica con la Muerte de Narciso de Lezama Lima y la publicación de la revista Verbum. Cuando esta nueva generación cumple los siete años empiezan a publicarse Orígenes y la Revista Cubana de Filosofía, ésta bajo la dirección de Gracia Bárcena y Humberto Piñera. Pero ya desde que la generación de 1923 había alcanzado los quince años, en 1938, no tenían sus miembros cohesión por "semejanzas históricas". No vamos a detenernos en la aplicación del "recetario crítico", como llama Serrano Poncela al grupo de factores esenciales que confirman la existencia de una generación".(61) Pero en esa "vía falsa" de Petersen (62) se encuentran perfiles que sí nos interesa destacar dentro del grupo que estudiamos. Primero el "guía generacional" que reúne los rasgos necesarios para ejercer caudillaje. Según Petersen, "se puede entender de diversas maneras el concepto de guía: a) como organizador que se coloca a la cabeza de los de la misma edad. b) Como mentor, que atrae y señala el camino. c) Como héroe adorado por su época".(63) La figura de Enrique José Varona es tan amplia y significativa en la historia cubana, que es difícil asignarla a una particular generación.(64) Al explicar el origen y desarrollo de la importante revista Cuba contemporánea (1913-1927), que constituye un valioso exponente de esos años, dice su último director Mario Guiral Moreno: "Enrique José Varona, a quien debemos la mayor gratitud por habernos dado desde el primer número de Cuba Contemporánea su aplauso caluroso y valiosísimo, y por haber mantenido con el grupo fundador de nuestra revista las más estrechas relaciones, haciéndonos el honor de ser para nosotros, sin pretenderlo él, algo así como un director espiritua1".(65) Pero la importancia de Varona y la valoración que de él hicieron los cubanos no desaparece con el suceder generacional. No había nacido la última generación que lo conoció, y sus miembros sintieron la presencia de Varona. Transcribimos las palabras de uno de sus componentes; dice Gastón Baquero al recordar la muerte de la "flor de mármol", como lo llamó Martí: "Desde este día (de 1933), pesamos menos sobre la superficie de la tierra. Fuimos invadidos un poco más por la sombra. Nos quedamos ¡quizás por cuánto tiempo todavía! huérfanos de la luz y del espíritu".(66) La paternidad espiritual de Varona se manifiesta, sin embargo, con mayor relieve entre los miembros de la generación que estudiamos, es decir, entre "los discípulos de los discípulos de Próspero", como llamaba Edwin Elmore a las generaciones hispanoamericanas de la década entre 1920 y 1930 en relación a Varona.(67) Vamos a comentar brevemente algunos juicios de su significación dentro del período que nos interesa. No sólo los estudiantes universitarios de Cuba permanecen "bajo la dirección espiritual de Enrique José Varona"(68), cuando se inicia en 1927 la lucha contra Machado, sino que casi todos los escritores que pertenecen a ese núcleo histórico reconocen su influencia. La voz del gran maestro "orientaba las conciencias juveniles" escribe Lizaso en su Panorama de la Cultura Cubana.(69)69) "El orientador", el "guiador que cree en el futuro" vuelve a llamarle en su ensayo "Varona: Culminación y Síntesis de los anhelos de Cuba"(70); y en "Varona y la juventud", afirmó "Nuestra juventud, en períodos de nuestra vida republicana, encontró en Varona el mentor y el guía que siempre ha sido".(71) El otro compilador de la famosa Antología de 1926, José Antonio Fernández de Castro dejó dicho de él: "Los ejemplos saltan a la vista: toda la generación de 1930 -durante su formación revolucionaria- tuvo como cimero ejemplo, y sabia guía, la actuación pública de Varona, y hoy tienen a honra honrarlo como a su maestro y precursor".(72) También en Francisco Ichaso aparece el culto a Varona. Reconoce su condición de director espiritual durante la juventud del crítico: "Nuestra generación se quedó con muy pocos de los viejos maestros", escribe en Ideas y aspiraciones de la primera generación republicana. "Los intangibles fueron Manuel Sanguily y Enrique José Varona. En el primero tomó la juventud lecciones de gallardía y combatividad". Y añade:
Al cumplirse el primer aniversario de la protesta estudiantil de 1927, hizo Raúl Maestri una relación de los hechos ocurridos, y al referirse a la presencia de Varona en aquel acontecimiento escribió: "Varona es de nuestros contemporáneos el único que ha ido al templo sin apetitos de mercader. Honrémonos con su tutela moral".(74) Tres años más tarde, cuando con la muerte de Trejo se repitió una protesta estudiantil, volvió Varona a dirigir la rebeldía de aquella juventud. Al evocar este acontecimiento de la "generación que tuvo a Enrique José Varona como maestro", dice Raúl Roa de él: "No le fue dable plasmar, ni regir, el espíritu de las viejas generaciones republicanas; pero sería, ya anciano y enfermo -recompensa inefable de una vida fecunda, gloriosa y rebelde- el evangelio vivo de nuestra generación. Pasmados le vimos erguirse, bizarramente, sobre sus ochenta años, para combatir la tiranía y exhortamos al sacrificio ... (75) ¿Qué parentesco espiritual podrían encontrar aquellos cubanos en la figura de Enrique José Varona? Vamos a ensayar una explicación. Prescindimos de la estatura moral e intelectual que tanto debía impresionar a los jóvenes cubanos, en aquel ambiente donde no abundan ni la sabiduría ni las virtudes cívicas. El primer factor que inspiraba en Varona debió ser -su condición de heredero de Martí, quien es, sin ninguna duda, "el héroe adorado" de la época, para usar las palabras de Petersen. Luis Araquistain visitó a Cuba en 1927 y dejó escritas impresiones muy útiles para comprender el ambiente cultural cubano de la década entre 1920 y 1930. En La agonía antillana señaló todos los núcleos que se movían en los comienzos de aquel período: el grupo "minorista"; los editores de la revista 1927 (revista de avance); "el subgrupo de jóvenes que anima Martínez Villena", los fundadores de América Libre muy influida "por el comunismo ruso y por la revolución mejicana";(76) en la "retaguardia" Cuba Contemporánea; la "Institución Hispanocubana de Cultura" el grupo de Orto en Manzanillo, etc.
Y concluye sagazmente su análisis de la significación de Varona anotando: "Enrique losé Varona es el sucesor más legítimo de Martí. En torno de estos dos nombres va despertando y articulándose una nueva Cuba".(78) No podemos señalar en la obra de Varona, dentro del marco de este trabajo, los puntos de contacto con la inquietud y la preocupación de la generación que ahora examinamos, pero será conveniente transcribir los más significativos párrafos de una carta que escribe a Jorge Mañach, precisamente en el año 1930. Aquí veremos la reacción del noble anciano ante el estímulo de los nuevos tiempos:
Más adelante, asumiendo el papel de "Próspero" resume el mensaje que va, transformándose, de Martí, a Rodó hasta la Revolución mexicana:
Y, sabiéndose mirando por una generación arenga a sus discípulos mientras se une al entusiasmo de "los tiempos que alborean".
Hay también razones estéticas. Nos referimos al parentesco que se establece por los ataques de los vanguardistas contra el modernismo poético que coinciden con la actitud de su maestro. Sobre esta característica advierte Zum Felde que Varona parece no haber entendido o no haber estimado el movimiento modernista en la poesía hispanoamericana, y narra esta anécdota:
Es bien conocida la actitud de repudio de los movimientos de vanguardia respecto al modernismo. Decía Regino Boti: "Esta revista de avance, publicación cerrada, unánime y exclusiva, reacciona contra lo imperante, contra lo existente, contra el modernismo reabsorbido en la conciencia cubana".(81) Aunque Jorge Mañach fue el principal fundador de la revista de avance, y su máximo organizador, no creemos que, en lo literario, se pueda, sin exagerar, considerársele como "director que se coloca a la cabeza de los de la misma edad", aunque en algún momento se le atribuyó ese derecho.(82) Quizás en el caso que estamos tratando habrá que concluir, como lo hace Pedro Salinas en su análisis de la generación del 98, afirmando que solamente por la "apetencia del caudillo", es decir, por la búsqueda que de él hay en el grupo, "el Führer está presente precisamente por su ausencia".(83) Antes de estudiar el "héroe adorado" de esta generación, en la figura de José Martí, queremos analizar un último factor de los que señala Petersen. Es el lenguaje generacional. Al igual que el estilo de un escritor representa una manera particular de interpretar la vida, también dentro de una generación pueden analizarse sus formas de expresión. Aunque el estilo particular de una época es "lo primero que el público capta cuando asoma en el horizonte una nueva generación",(84) no es fácil adivinar todo el contenido de esas preferencias de los escritores. Vamos a intentarlo siguiendo las explicaciones de Jorge Mañach en Historia y Estilo. "La estética del arte de vanguardia" escribe Mañach, "pretendía adoctrinar el intento de construir una experiencia nueva -es decir, fiel a la época- con las imágenes de aquel mundo de crisis . . . no podía faltarle acogida en [Cuba] una república americana de democracia falseada". Y añade: "El vanguardismo prendió aquí, pues, no sólo por mimetismo o por emulación de lo contemporáneo, sino también y principalmente por insatisfacción social".(85) Volvamos ahora al problema estilístico. El lenguaje empleado por el vanguardismo tiene un contenido agresivo. No es solamente la temática el instrumento de ataque, lo es también el neologismo atrevido, la metáfora inesperada, la falsificación de la sintaxis. Pero todas esas aventuras lingüísticas tenían una razón de ser. Y Mañach lo confiesa diciendo:
En toda latitud son frecuentes los casos en que se ve la utilidad del vanguardismo para agredir "lo viejo" y someter a la más severa crítica los valores tradicionales. Vistos así las exageraciones del vanguardismo adquieren su verdadera significación. Las excentricidades de los movimientos estéticos, en general, no son meros caprichos que pueden descansar como curiosidades inútiles en el fondo de las antologías; son como jeroglíficos modernos que esconden el secreto de una época que trasciende. El estilo aclara los móviles conscientes e inconscientes del vanguardismo. Y Mañach, lo advierte:
En los mismos años que hizo Mañach esta valoración, Mario de Andrade explicaba en el Brasil el proceso de su modernismo, versión carioca de la vanguardia, diciendo: "prêparou o estado revolucionário das outras manifestaçoes sociais do pais".(88) Mañach, por su parte, confirmaba el honroso título que ya le había dado al vanguardismo desde 1934: "El estilo de la revolución". Es por eso que, al igual que muere en el Brasil en 1930 ("já nâ tinha mais razaô de ser, comprido o seu destino legítimo"), desaparece en Cuba cuando se inicia la revolución: "El vanguardismo" dijo Jorge Mañach, "sucumbió entre nosotros como movimiento polémico tan pronto como las conciencias creyeron hallar oportunidad real de expresión en lo político".(89) Concluye este ensayo de valoración estilística con unas palabras que hasta cierto punto justifican el trabajo que venimos realizando: "El estudio de nuestra expresión no es faena puramente estética al margen de la más honda preocupación cubana, sino que sirve, por el contrario, para descubrir, tras los ocios aparentes de la forma, las imágenes, las vicisitudes, los problemas y los anhelos del alma colectiva".(90)
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