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MARTÍ: NUEVAS OBRAS COMPLETAS

Sobre el método
Sobre las atribuciones

Sobre las semejanzas

Sobre los "milagros"

El Martí verdadero

Protesto

Impreso en España acaba de llegar a Cuba el cuarto tomo de una “Edición Crítica” de las Obras Completas de Martí. El año pasado y a principios de éste, también bajo la dirección del Centro de Estudios Martianos, de La Habana, aparecieron los tomos anteriores, y se espera que terminada la colección llegue a tener más de cuarenta. 

Mejor que “crítica” debería llamarse esta edición “anotada”, toda vez que crítica es la que se basa en un texto nuevo o en diversas fuentes, lo que poco sucede aquí, mientras que la otra, como en este caso, es la que tiene notas explicativas o aclaratorias de los textos que presenta. Las notas al pie de la página y al final de estos libros, así como sus índices (onomástico, geográfico, de materias y cronológico), los enriquecen de manera notable, no así otras de sus características, las cuales pueden convertir esta colección, de acuerdo con los recursos de que dispone, en una de las más torpes y malogradas que se han hecho.  

Portada de los cuatro tomos de las nuevas Obras Completas, en "edición crítica", que hasta el presente han aparecido.

Sobre el método

Por lo visto hasta ahora se pueden repetir aquí muchos de los juicios que merecieron las anteriores Obras Completas de Martí (1963-1966), aparecidos en la Revista Iberoamericana, de la Universidad de Pittsburgh, en 1969, y en Cuadernos Americanos, de México, en 1974. Dichos juicios los recogió el libro José Martí: notas y estudios (1999), ya en este Web Site  eddosrios.org. Es que se vuelven a ordenar los textos de una manera que entorpece su disfrute y consulta. La idea de presentarlos de acuerdo con los temas es uno de los defectos de que adolecen todas las Obras Completas de Martí. Su origen está en las recomendaciones que él dio para ordenar una parte de sus escritos, jamás para toda su obra. “Entre en la selva y no cargue con rama que no tenga fruto”, le pidió a su albacea, pero la obra “completa” de un escritor tiene que incluir, tenga o no “fruto”, toda “rama” suya. Se imponen entonces unas reglas distintas al presentarlas, y más en casos como el de Martí, tan dado al ensayismo. La condición misma del género lleva a una gran variedad de materias. Montaigne, el padre del ensayo, habló de los “saltos” a que obligaban los muchos asuntos de sus escritos, lo que pueden repetir cuantos escritores, en todos los idiomas, con mayor o menor fortuna, lo siguieron. La obra de Martí debe ofrecerse agrupada, según el caso, por géneros (crónicas, poesías, discursos, cartas, teatro, narrativa) o por el lugar en que aparecieron originalmente (libros, o publicaciones periódicas: la Revista Universal, de México; La Opinión Nacional, de Caracas; La Nación, de Buenos Aires, Patria, de Nueva York) y siempre en orden cronológico. Los  índices cruzados, que hoy tanto facilitan a la imprenta las ordenadoras electrónicas, pueden así llevar al lector por los caminos de su interés. Y aún de mayor provecho será tener toda la obra de Martí digitalizada, como se ha hecho con el material reunido en José Martí: antología mayor (1995), también en este Web Site  eddosrios.org.

Unos cuantos ejemplos ponen en evidencia la arbitraria presentación de los escritos de Martí. En vez de reunir en un solo grupo lo que escribió para la Revista Universal, o que los editores de esta colección suponen suyo, 11 títulos, aparecen en el tomo primero porque tratan de Cuba; más de un centenar en el tomo 2 porque tratan de asuntos mexicanos; 7 títulos de temas europeos y más de 50 que se refieren a la música, al teatro, las artes visuales y a la literatura, en el tomo 3; y, por último, en el cuarto tomo hay 35 títulos en una sección dedicada al teatro, 10 en “Boletines parlamentarios” y cerca de 300 en “Sueltos y gacetillas”. Y al final del libro, sólo porque son de la época mexicana de Martí, incluyen los editores diez y seis cartas que deberían de estar, con todas las que escribió, en los tomos que se dediquen al epistolario. Por fortuna, como la poesía ya anda recogida en dos volúmenes, Poesía Completa (1985), no aparece aquí, dispersa también, la que publicó en México. 

Aún más reprobable es atribuirle a Martí, de manera infundada, y a veces hasta absurda y ofensiva, textos que a todas luces no son suyos o que no se puede probar que lo sean. Tan legítimo y noble es el deseo de encontrar una página de Martí aún no recogida, como es mezquino dejarse llevar por ese deseo, o por un bajo interés, y publicar como de él lo que no se tiene razón válida para adjudicárselo.  

En este tomo de la primera "Edición Crítica" de las Obras Completas de Martí, luego interrumpida, se eliminó mucho material que le quisieron atribuir a Martí, incluyendo la Gacetilla "Milagros".

Por el testimonio de sus compañeros de trabajo y amigos sabemos que Martí tuvo una amplia presencia en la Revista Universal: ahí esta el testimonio del poeta Juan de Dios Peza, que reprodujo José de J. Núñez y Domínguez en su Martí en México (1933): “Nosotros lo hemos visto en una redacción escribir el editorial, el boletín, las variedades y las gacetillas de un periódico en un solo día”; y en otra ocasión dijo que, en la Revista, Martí fue “cronista teatral, ‘boletinista’ o editorialista, gacetillero, cronista parlamentario, crítico de arte, etc., etc.” Y en la nota biográfica que publicó en 1895, con motivo de su muerte, el periódico católico El Tiempo, se lee: “Ninguno de los redactores [de la Revista Universal] escribía tanto como el cubano, que se distinguía por su estilo verdaderamente original, no comprensible a veces sin grandes esfuerzos intelectuales, por sus extrañas transposiciones y sus frases alambicadas, pero siempre espontáneo y florido”. Pero ese saber de su actividad en la Revista no autoriza a dar como suyo más de lo que publicó con su firma y de lo que con seguridad se le puede atribuir; no por el asunto de un texto, o por una frase feliz, o por un rasgo de estilo, o por una idea o concepto. Martí fue en México, como dijo mi antiguo profesor Andrés Iduarte en su Martí escritor (1945), “un mexicano de la Reforma... Con una posición tan firme y agresiva como la del más duro de los chinacos...” Y así se le puede confundir con los casi veinte redactores y los más de treinta colaboradores que tenía la  Revista, todos liberales, reformistas y anticlericales, a favor del gobierno de Sebastián Lerdo de Tejada, por lo menos hasta que se reeligió en 1876. Tan identificada estaba aquella publicación con el lerdismo que, al abandonar México el depuesto presidente, el 20 de noviembre de 1876, con él se fue el coronel José Vicente Villada, director y propietario de la Revista, cuyo último número había salido el día anterior.

Sobre las atribuciones

Como si de Martí fuera todo lo que en la Revista Universal trataba de Cuba, se le asignan escritos que nada autoriza la atribución. Se olvida que muchos exiliados cubanos se movían en los periódicos de México en aquella época, los que, como era natural, se intercambiaban noticias. Trabajaban en la Revista Alfredo Torroella y Antenor Lezcano, y en otros periódicos Nicolás Azcárate, Idelfonso Estrada Zenea, Andrés Clemente Vázquez, Nicolás Domínguez Cowan, Florencio y José Quintín Suzarte, José Miguel Macías y Antonio Zambrana. Y ni hay que buscar nombre de autor determinado para muchas de las breves notas como las que se le atribuyen a Martí, toda vez que en la primera página de la Revista, con el título de "Condiciones", se advertía: "Los comunicados de interés general se insertarán gratis, siendo cortos, los de interés particular por precios convencionales".

Los tres ejemplos que siguen, unas pocas líneas que a toda página aparecen en estas Obras Completas como artículos de Martí, ponen en evidencia la atribución gratuita:

1) Ha llegado a esta capital esta eminente artista [Eloísa Agüero de Ossorio] que ha sido largos años el encanto de la sociedad habanera. La saludamos cordialmente, y deseamos que le sea agradable y provechosa su permanencia en nuestro país (4 de mayo de 1875).

2) Error de lugar existe en el artículo publicado el jueves 'A La Colonia'. No fue a las puertas de Bayamo donde se dio muerte y mutiló al parlamentario Augusto Arango: fue a las puertas de Puerto Príncipe (29 de mayo de 1875).

3) El enérgico vate [Alfredo Torroella] a quien México no olvida, leyó unos valientes y robustos versos en la distribución de premios del colegio de San Juan, en Matamoros (12 de febrero de 1876).

Otros, que no son más que "comunicados de interés particular", simples noticias locales, también por capricho se le atribuyen a Martí: 

1) En Tehuacán se ha abierto el día 15 una escuela de primeras letras. El secreto de nuestro porvenir está en la escuela, como en la escuela estuvo el de la gran Prusia (30 de abril de 1875) .

2) Acaba de fallecer en Mérida el Sr. José García Montero, uno de los pocos soldados que nos quedaban del tiempo de la independencia. Un héroe ha muerto para la vida de la tierra, no para la memoria y el respeto de sus conciudadanos (9 de junio de 1876).

3) Hoy a las 9 se celebrará en la capilla del hospital francés, San Cosme 22, una misa solemne en celebración del rey San Luis, que fue un gran rey porque lo fue muy poco. Acudan a la ceremonia los patrióticos hijos de la Galia (25 de agosto de 1876).

Y, por último, otros de asuntos anodinos; véanse estos ejemplos:

1) No comuna, debió decir, al hablar de la discusión de presupuestos, el boletín de ayer. Comuna no es perfecto castellano (16 de mayo de 1875).

2) Nuestro antiguo boletinista se declara vencido por el Sr. Isidro Montiel y Duarte, en el uso de las rayitas inútiles (23 de enero de 1876).

3) Dice persona segura de la lealtad del carácter español que los peninsulares residentes en México van a remover en el Casino, como asunto de dignidad nacional, la confusa cuestión de La Iberia (16 de noviembre de 1876).

En la Revista Universal, como se anunciaba, era "de Política, Literatura y Comercio", y de esos temas escribió en ella Martí.

Se lee en la "Nota Editorial" que presenta el libro, como si fuera motivo mayor de orgullo: "El total de textos nuevos que figuran en este tomo asciende a doscientos treinta y cinco" —¡"Textos nuevos": escritos de dos o tres líneas! Y ¿cómo saben que son de Martí? Algunos, sin duda, pudieran serlo pero, como no hay manera de probarlo no se deben dar como de Martí en sus Obras Completas.

Cualquier cubano o alguien informado de los asuntos de Cuba puede haber escrito "Nuestra guerra" (22 de abril de 1875), "La señora Ristori" (11 de abril de 1875) , "Aladama y Echeverría" (7 de abril de 1875), "Virginius" (17 de marzo de 1875), "No haya miedo" (14 de marzo de 1875), entre otros de este cuarto tomo; y cualquiera pudo escribir, "Suceso doloroso" (20 de mayo de 1875), "Manuel Ocaranza (20 de abril de 1875)", "Longfellow" (14 de abril de 1875) , "No estamos solos" (11 de abril de 1875), "Hopkins" (25 de marzo de 1875), "Robo (14 de marzo de 1875)"... Dan como de Martí "Telegrama grave" (11 de abril de 1875) porque menciona el artículo "México y Norteamérica; estado de la cuestión" (14 de abril de 1875), que en el tomo dos dieron como suyo, y que asimismo pudo haberlo escrito cualquiera.

Basten algunos comentarios sobre el contenido del segundo tomo. Le atribuyen "Los Estados Unidos y México" (3 de julio de 1875), que sí tiene abuso de los dos puntos y algún adjetivo que pudiera ser de él, pero poco más, y lo que parece decidirlos es la prevención contra los Estados Unidos, común, sin embargo, y con buenas razones, en muchos mexicanos, pero que les permite decir que ese artículo "constituye un antecedente de su posterior toma de conciencia antimperialista [sic], visible ya en las crónicas que sobre la Primera Conferencia Internacional Americana escribió para La Nación". Los cinco artículos de "Una ojeada a la exposición", entre el 5 de diciembre de 1875 y el 26 de enero, no es más que una aburrida enumeración de los productos expuestos, maderas, artesanías, minerales. Tampoco debe de ser de Martí "El ayuntamiento. Su conducta…"( 24 de noviembre de 1875, pero que quizás tentó a los editores, —a lo mejor a alguno deseoso de ganar galones por su ateísmo marxista-leninista, o por cobardía o complejos—, por el chiste contra la religión, tan ajeno a Martí, al terminar, cuando dice reprochando el mal estado de las calles; se pregunta: "¿Por qué abundan tanto en inmundicias las calles de Santa Inés, San Gerónimo, San Pedro y San Pablo? Liberalismo de los Munícipes: han hecho esto, sin duda, por concentrado odio a los santos".

Una última observación antes de terminar este capítulo. Se relaciona con un escrito de Martí que apareció en la Revista Universal que no se había recogido en ninguna de sus Obras Completas. Lo reprodujo por vez primera Camilo Carrancá y Trujillo en su folleto Martí, Castelar y la revolución de Cuba en 1875 (1932), sin atribuírselo a Martí: como si fuera de un autor desconocido, se limita a presentarlo con estas palabras: "La Revista Universal del 5 de junio de 1875 escribió", y ahí lo puso junto a otros firmados por Martí, de su polémica sobre el tribuno español con el periódico La Iberia, en los que declara algo que parece no han tenido en cuenta los editores de esta "Edición Crítica"; dijo el 9 de junio de 1875, en "A La Iberia":

Quiero decir una vez más a La Iberia que todas las opiniones que exprese yo en la Revista tienen un carácter exclusivamente particular, que yo creo que todas las ideas que se hacen públicas deben ir siempre autorizadas con la firma de quien las produce… Cuanto yo digo sobre Cuba en ella tiene con mi firma, modesta, pero particular y precisa autorización.

El artículo que Carrancá y Trujillo no le atribuyó a Martí, por lo que nunca se había recogido, se reprodujo como de Martí, en 1999 en el libro A los cien años de Castelar, publicado en Nueva York por la Editorial Dos Ríos; allí se dijo que "la peculiar construcción aforística del último párrafo ya permitía suponer su origen" y que "luego Martí, en un artículo que lleva su nombre confirma que ese escrito era suyo". Un año después salió el primer tomo de la Edición Crítica que aquí se comenta, y en él se transcribe, sin decir de dónde lo sacaron, el párrafo de Martí al que se alude en el libro sobre Castelar; y en este año 2001, en el tomo cuarto, reprodujeron completo al artículo con este solo comentario: "No aparece en O[bras] C[completas]". Hicieron bien los editores de esta Edición Crítica en ocultar el nombre del autor de A los cien años de Castelar donde por vez primera se hizo la atribución de ese escrito a Martí: merece la repulsa de los que han participado, y participan, de una u otra manera, en "la falsificación de Martí en Cuba".  

Retrato de Martí en sus días mexicanos.

Sobre las semejanzas

El primero en recoger los escritos mexicanos de Martí fue su discípulo Gonzalo de Quesada y Aróstegui. En el tomo XV de su Martí. Obras (1919) se lee: "Mucho fue lo que Martí escribió en México, 1875, en la Revista Universal y en otros periódicos. Una de las secciones que redactó en dicha revista la tituló Boletín, y firmaba Orestes. De estos Boletines son los párrafos siguientes". Y siguen diez páginas de pasajes sin título ni fecha. Años más tarde se publicaron en Madrid, ocho tomos de las Obras Completas (1925-1929) de Martí, "ordenadas y prologadas por Alberto Ghiraldo", y en el "Volumen V", dedicado a "Nuestra América" aparecieron siete artículos completos precedidos por la siguiente nota: "Este capítulo y los siguientes, relativos a asuntos mexicanos, fueron publicados por Martí en la Revista Universal con el título de Boletín y firmados con el seudónimo Orestes. Nosotros los tomamos de la colección donada a un redactor de El Mundo, de la Habana, por el publicista Antonio de la Peña Reyes" —en 1919 ese periódico había reproducido algunos de esos "Boletines". Ghiraldo dio sus fechas, hizo ligeras alteraciones en los títulos, pero el último que incluyó, "El día de Juárez", no era de la Revista Universal, sino de Patria, el periódico de Martí en Nueva York, donde salió el 14 de julio de 1894, por el aniversario de la muerte de Juárez el 18; era como un preludio de su próximo viaje a México.

Entre 1933 y 1936, en La clara voz de México, hizo pública Camilo Carrancá y Trujillo la más inteligente, cuidada y honesta recopilación de los escritos mexicanos de Martí. Al presentar su obra dijo el ilustre historiador y diplomático: "Desde que iniciamos la busca de los trabajos martianos en nuestros periódicos, quedó planteada para nosotros esta cuestión importante: ¿Deben reproducirse todos o sólo aquéllos que se consideren de trascendencia? Y francamente optamos por lo primero". Ni una sola de esas breves notas que ahora quieren atribuirle a Martí incluyó en su obra Carrancá y Trujillo, quien siguió trabajando en su empeño hasta su muerte en 1942. Dos colecciones de Obras Completas siguieron lo que dio La clara voz de México respetando el valioso aporte de Carrancá y Trujillo: en los tomos 48, 49 y 50 (1942-1943) de la Editorial Trópico, dirigidas por Gonzalo de Quesada y Miranda; y en el segundo tomo de las de la Editorial Lex, al cuidado de Manuel Isidro Méndez, Mariano Sánchez Roca y Rafael Marquina, en 1946.   

La cacería de textos para adjudicárselos a Martí llevó a quienes editan estas Obras Completas a otros extravíos, siempre naturales en donde no hay un espíritu crítico. Entran en artículos de la Revista  y, si encuentran un párrafo que les "parece" de Martí, lo ofrecen como suyo, y desechan lo que no les "parece" de Martí. Así nos encontramos con una selección de textos, o pedazos de ellos, unos de Martí y otros que "parecen" de Martí. Con el número de la página en que aparecen en el cuarto tomo, se relacionan varios ejemplos de lo que dicen justificando la atrevida cirugía:

Se suprime el párrafo final, que no parece escrito por Martí (21).
Se han suprimido numerosos párrafos, que no parecen de Martí (24).
Se eliminan las secciones siguientes que no parecer [sic] escritas por Martí (32).
Se suprime la sección final que no parece escrita por Martí (39).
Se suprime la sección final que no parece de Martí (42).
Se suprimen las secciones que siguen por no parecer de Martí (44).
Se suprimen varias secciones que no parecen escritas por Martí (47).
Se suprimen las secciones siguientes por no parecer escritas por Martí (58).
Se suprimen las secciones siguientes por no parecer escritas por Martí (59).
Se suprime la continuación de ese Correo, que no parece escrita por Martí (61).
Se suprimen las dos secciones siguientes que no parecen escritas por José Martí (71).
Se suprimen varias secciones, que no parecen escritas por Martí (72).
Se suprime la sección siguiente por carecer de rasgos del estilo martiano (82).
Se suprime todo lo que sigue, que no parece escrito por Martí (84).
Se suprime el final, que no parece escrito por Martí (86).
Se suprime la sección que sigue, por consistir solo [sic] de anuncios teatrales (89).
Las secciones que siguen no parecen escritas por Martí (90).

¿Y cómo explicar que un mismo artículo anden varios escritores, como si a uno se le acabara el aliento y tuviera que ir otro en relevo? ¿Porque un pasaje les "parece" de Martí?  También parece de Martí este escrito publicado en la Revista el 17 de junio de 1875:

Las pastorales, las predicaciones de los curas, la propaganda revolucionaria llevada por el mismo arzobispo a todos los pueblos del Estado [de Michoacán], dieron por fin el resultado apetecido y se lanzó el grito de rebelión, y los bandidos se organizaron en gavillas, y comenzó el saqueo y el incendio, y los crímenes repugnantes se verificaron en poblaciones indefensas.

Pero ese escrito es de José Vicente Villada, el director de la Revista. Sobre el mismo asunto y con igual ira e imputación escribió días después, el 22 de junio, Martí en su Boletín:

No tardan las gavillas de Michoacán en recordar su existencia con un hecho cruel y triste. Anúncianse con el crimen, cométenlo cada día, y aún pretenden nombre más blando que el de criminales…Mal hacían ensangrentando el seno débil de la patria: mas excusábanlo luego, al menos, su arrojo y su valor: inician las gavillas guerra nueva que los católicos mexicanos protegen; parece a los protectores noble regocijarse con los crímenes, porque los crímenes se cometen al grito que les place.

A fines de mayo de 1875 se declararon en huelga los sombrereros por una reducción de los salarios impuesta por los dueños de las fábricas. Contra la injusticia así se protestó desde la Revista en un artículo del 4 de junio; en el que se lee:

Sin alteración de precios en las materias primeras, sin perturbaciones extraordinarias en el mercado, ni trastornos notables para los capitalistas sombrereros, uno o dos de éstos disminuyeron el precio de las tarifas asignadas al trabajo de sus oficiales, y éstos, no conformes, trataron de resistir legalmente a esta rebaja y declararon la huelga.

Poco después, y por el mismo asunto, se volvió a defender a los huelguistas el 10 de junio de 1875:

El artesano que comienza a tener conciencia de su propio valer, se rebela contra el capitalista dominante, no ya con dominio respetable de justicia y de razón, sino con el que protegido por la miseria de los obreros, en ella se apoya para hacerla todavía más miserable… Por vez primera se concreta de un modo solemne esta aspiración justísima, ahora que un ramo de artesanos inaugura la vida de un derecho nuevo y nueva vida.

La huelga terminó a fines de julio, y hasta entonces continuó la Revista su campaña en favor de los obreros: en un artículo titulado "La huelga de los sombrereros", del 11 de julio de 1875,  se dice:

Lo que vemos de cierto en esta cuestión es el oculto despecho de que surja el trabajo con derecho, de que tenga su ciudadanía el obrero, de que hable al oído del amo con el lenguaje de la igualdad democrática. Se oyen los alegatos del obrero con la extrañeza con que se escucharon antes los reclamos del esclavo.

El 15 de julio se destaca esta frase conciliatoria en un artículo: "El derecho del obrero no puede ser nunca el odio al capital; es la armonía, la conciliación, el acercamiento común de uno y de otro"; y dos días más tarde esta otra: "Si es odiosa la tiranía del patrón, lo es también la del obrero".

En lo transcrito se ve la continuidad de una actitud ante el conflicto, y podrían suponerse varios artículos de una sola pluma, pero eran de dos: del principal redactor de la Revista, Guillermo Prieto, son el primer párrafo, el tercero y la ultima frase; de Martí la anterior y los párrafos segundo y cuarto. Sin la información que nos permite identificarlos ¿cómo concluir qué es de uno y qué es del otro? Los dos están dentro del pensamiento liberal de la Reforma; los dos manejan lo que podríamos llamar ideas "martianas".  

El licenciado Ignacio Manuel Altamirano, simpatizaba con la independencia de Cuba, amigo de Martí y el primer redactor de la Revista Universal.

Otros parecidos de estilo y de ideas conviene traer aquí. Ignacio Manuel Altamirano, el primero y más importante de los "colaboradores" de la Revista, escribió el Prólogo del libro Flores del Destierro (1868) —título que se supone quiso Martí para una colección de sus versos—, del poeta José Rivera Río, en el que se hacía eco del programa de Víctor Hugo del arte útil, el arte al servicio de la virtud ("Le Beau serviteur du Vrai"), lo que manera admirable resumió Martí años más tarde en su conocido apotegma: "Narciso no se ha de ser en las letras, sino misionero", a lo que añadió: "No se ha de escribir para hacer muestra de sí, y abanicar como el pavón la enorme cola; sino para el bien del prójimo" (La Nación , Buenos Aires, 11 de enero de 1885) ; y Altamirano:

Querríamos que nuestros poetas más bien entonaran cantos de aliento y de valor que esas elegías de la duda y de los pesares, por más que esto les imponga un sacrificio penoso. Ocultar sus dolores íntimos les daría mayor interés, revelando el heroísmo de una alma que se sobrepone a sus propios dolores para consolar los ajenos… El señor Rivera Río sabe que el poeta debe antes que todos, y más hoy, proponerse un fin humanitario y social. La elegía es deliciosa; pero cuando encierra un fondo de filosofía consoladora y dulce, la elegía es un canto del cielo.

Martí mostró en la Revista Universal una constante preocupación por la falta de originalidad en el país: "México tiene su vida; tenga su teatro" dijo el 8 de junio de 1875: "Toda nación debe tener un carácter propio y esencial"; y el 14 de agosto:  "A propia historia soluciones propias. A vida nuestra, soluciones nuestras"; y el 23 de setiembre: "La imitación servil extravía en economía como en literatura y en política". Y Altamirano en el Prólogo de Las minas y los mineros (1882), de Pedro Castera, insiste en el tema:

Uno de los defectos de que hemos adolecido en lo ya cultivado y que han hecho observar no pocos críticos europeos, ha consistido en la servil imitación del extranjero. Efectivamente, en materia de legislación, de economía social, aun de bella literatura, la imitación ha dominado nuestras producciones y ha cortado el vuelo a la inspiración espontánea, de la originalidad nativa.

No es posible ignorar el amor de Martí a España, la España buena, desde La República española ante la Revolución Cubana (1873) hasta el "Manifiesto de Montecristi" (1895), y muchos ejemplos de ese amor hay en su obra; baste éste en su estudio sobre la poesía de Rafael Pombo:

A España se la puede amar, y los mismos que sentimos todavía sus latigazos sobre el hígado la queremos bien; pero no por lo que fue ni por lo que violó, ni por lo que ella misma ha echado con generosa indignación abajo, sino por la hermosura de su tierra, carácter sincero y romántico de sus hijos, ardorosa voluntad con que entra ahora en el concierto humano y razones históricas que a todos alcanzan, y son como aquellas que ligan con los padres ignorantes, descuidados o malos a los hijos buenos.  

Y Altamirano, en el Prólogo del libro Cuahtémoc (1886) de Eduardo del Valle, dijo, no sólo con ideas muy cerca de Martí, sino también con una prosa que Martí no desdeñaría:

Amamos a España no por Hernán Cortés y su cuadrilla de aventureros audaces y afortunados, que conquistaron a México, pero que esclavizaron a su pueblo; sino por el recuerdo de Bartolomé de las Casas, de Pedro de Gante, de Martín de Valencia, de Vasco de Quiroga, de los benefactores, de los misioneros, de los protectores del vencido, de los buenos, en la antigüedad; y de Javier de Mina, que vino a redimir con su bendita sangre los crímenes de la conquista, y que murió por nuestras libertades; de Rafael del Riego, que con su glorioso movimiento contribuyó de modo indirecto a darnos  patria, y de Juan Prim, que desdeñando con su carácter altivo, desempeñar el papel de Barrandas, no quiso prestar ayuda a la infamia de la intervención. Esos son los hombres que nos hacen amar al pueblo moderno ésos son los legítimos lazos de parentesco que nos unen a España. Sobre todo, el lema de los mexicanos es el que dejó el gran Morelos, cuando dijo en Acapulco al recibir el castillo rendido por el gobernador español: '¡Viva España hermana; no dominadora de América!'

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