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No puede quedarse sin destacar la infamia de atribuir a Martí una gacetilla publicada sin firma que apareció en la Revista el 14 de marzo de 1875, acabado Martí de llegar a México. Dice así: Milagros Solo que hay milagros creyentes y decadentes. Aquí el crucifijo se fecunda. En España, la Virgen del Pilar de Zaragoza se deshace. Es fama en la ciudad que el Sr. Arzobispo llamó a un platero para que acicalase y limpiase a la Virgen, y llegó y palpó, y vio, que la Virgen inmortal y eterna se había humanificado en un pedazo de madera que se apolillaba; y prudente y sabiamente resignó el cargo de limpiador. Pero la Virgen se apolilla y en la cuidad es fama.
Para justificar la paternidad a Martí de esta gacetilla tan ofensiva como mal escrita, aunque le reconocen un "lenguaje inusualmente crudo", los encargados de estas Obras Completas aducen tres razones; son las siguientes: (1) Porque según consta en el 'Cuaderno de Apuntes 7' [a Martí] le interesaba acopiar datos sobre las supersticiones populares, para un estudio titulado Los milagros en América. (2) Porque Martí estaba recién llegado de Zaragoza, donde había vivido cerca de año y medio, circunstancia que parece explicar el hecho de que, al responder a los comentarios de La Colonia en las gacetillas del 18, 23 y 25 de marzo de 1875, [todas también de falsa adjudicación] aduzca su conocimiento personal del platero en cuestión. (3) Por su rechazo, en la gacetilla del 18, de la condición de 'chascarrillo' que La Colonia quiso derivar de una lectura malintencionada y de mal gusto de 'Milagros'. Y concluyen: "También es martiano el empeño por no perjudicar, publicando su nombre, al artífice de Zaragoza". Sí, en el "Cuaderno de Apuntes" número 7 Martí copió varios pasajes de un libro de historia sobre los indios de Bogotá, y sobre la leyenda de la laguna de Guatavita, en la que se suicidó una mujer acusada de adulterio. Los sacerdotes indígenas del lugar fingían apariciones de la muerta para que los creyentes le arrojaran riquezas en la laguna. Y comenta Martí a continuación de la cita: "De esta laguna salió aquella fama del Dorado, que a tantas ha destruido"; y agrega que esa leyenda "arroja luz sobre los milagros modernos y sobre la identidad del espíritu humano, y cómo en distintos pueblos obra igualmente en semejantes estados, y como fue siempre la grey sacerdotal". ¿Pero bien poco tiene que ver esa leyenda con los "milagros creyentes y decadentes" de que habla ese escrito de la Revista, con el "pelo" y las "uñas" del crucifijo de la Santa Veracruz y con la Virgen del Pilar que se había "humanificado" y que "se apolillaba"? El hecho de que por su anticlericalismo —tan fácil de comprender por los excesos, desvíos y abusos de la iglesia católica en sus días— le interesara la leyenda de Guatavita, no permite afirmar que ese escrito tan ramplón y de mal gusto, sea de Martí. Otros colaboradores de la Revista también podían haber vivido en Zaragoza, u oído o inventado lo de la limpieza de la Virgen, que dicen ocurrió hacía "tres años a lo sumo", que es cuando Martí vivía en Madrid. La gacetilla que siguió, del 18 de marzo está tan mal escrita que los editores le tuvieron que hacer varias correcciones para que no fuera demasiado escandaloso el disparate de la adjudicación; el original dice "mandado limpiar" y ellos corrigen "mandada a limpiar"; "y esto se dice" lo cambian por "A esto se dice…"; "a quien quiere" por "a quien quiera"; y "por donde pudo haber a chascarrillo", para que tenga algún sentido lo cambian por "tomado a chascarrillo". En la del 23 de marzo aumenta la falsedad de la atribución el juicio despectivo sobre la ciudad de Zaragoza, donde dice quien la escribió que "el pueblo bajo es todavía fanático" y donde "se vive la estrecha y murmuradora vida de provincia" (¡Zaragoza, la capital de aquel Aragón "franco, fiero, fiel, sin saña", para el que Martí siempre tuvo un lugar en su corazón!). Además, ¿por qué el autor no reveló el nombre del platero? ¿A qué tanto silencio si en "Milagros" dos veces dice que en Zaragoza "es fama" (conocido) el encargo del arzobispo, la visita del platero y el descubrimiento de que la Virgen se había "humanificado"? Y en la gacetilla del 18 de marzo repite que en Zaragoza todo el mundo sabe el asunto: "Y esto se dice a quien quiera oírlo en Zaragoza", y habla de "la innegable y pública visita del platero". ¿A qué viene entonces el decir de los editores que "también es martiano el empeño de no perjudicar, publicando su nombre, al artífice de Zaragoza". ¿Pero es martiana esa especie de barata chismografía? La última de estas gacetillas, —la que por cuarta vez habla del platero y de "la Virgen del Pilar que se deshace", cerrando el ciclo que empezó con aquella del crucifijo que "sin peinarlo con pomada de oso" le crecía el pelo, y de "la Virgen inmortal y eterna que se había humanificado"— apareció en la Revista ese 25 de marzo de 1875 conjuntamente con una poesía, ésa sí firmada por Martí, con fecha del día 23, que tituló "Muerto", de la que se transcriben los siguientes versos:
También de 1875 es "Virgen María", un poema que no publicó Martí, pero que debe haberlo escrito en los días de otro que apareció en la Revista Universal el 28 de noviembre de ese año: "Patria y Mujer". En ambos está presente la misma agonía y el mismo sufrimiento; en "Patria y Mujer":
Y en "Virgen María" le pide ayuda para serenar el "escozor" que siente "airado" y para "que la Patria no gima" y, al igual que en "Muerto", llama a la Virgen "Madre":
Cualquier comentario sobre el contraste entre aquellas gacetillas de los "Milagros" y estos versos ha de ofender la inteligencia del lector.
En su libro dijo Andrés Iduarte respecto al espiritualismo de Martí: “Hay un punto en el que Martí es irreductible. Ni el amor a México, ni su admiración por la Reforma, ni la amistad personal que lo unía a varios positivistas le hace ceder en su convicción espiritualista. Ya conocemos el debate que sostuvo en el Liceo Hidalgo”. Se produjo éste el 5 de abril de 1875, al mes de publicarse en la Revista Universal la gacetilla “Milagros”. Se discutía allí la existencia del espíritu. En aquella organización a la que pertenecían las grandes figuras del positivismo —Ignacio Ramírez, Guillermo Prieto e Ignacio Manuel Altamirano— se presentó Martí a combatir el sensualismo y el materialismo que sólo aceptaba como materia del conocimiento lo que por los sentidos le llegaba al observador. Gustavo Baz, boletinista de El Eco de Ambos Mundos, combatió el espiritualismo, y con ánimo muy cerca del que dominaba al autor de “Milagros”, dijo que la creencia religiosa era “tan vieja como las leyendas de fantasmas y aparecidos que han sido en todos los tiempos y en todas las sociedades el objeto de los temores y las esperanzas del vulgo, y a los que han rendido parias hasta los genios más ilustres de todos tiempos... He definido el espiritismo como la creencia que supone la inmortalidad del alma y la posible comunicación entre los espíritus de este planeta con agentes exteriores...” Martí le salió al paso y dijo: “¿Qué es el espíritu? Nos pregunta el señor Baz. El espíritu es lo que en él piensa, lo que nos induce a actos independientes de nuestras necesidades corpóreas, es lo que nos fortalece, nos anima, nos agranda la vida...” Y ¿cómo probaba la existencia del espíritu? Añadió con un fervor que podría suscribir cualquier creyente: “Con mi inconformidad en la vida, con mi necesidad de algo mejor, con la imposibilidad de lograrlo aquí, lo demuestro: lo abstracto se demuestra con lo abstracto, yo tengo un espíritu inmortal, porque lo siento, porque lo creo, porque lo quiero”.
Por la caída del gobierno de Lerdo de Tejada y el triunfo de la reacción conservadora de Porfirio Díaz, a quien apoyaba la iglesia, Martí decidió abandonar México y establecerse en Guatemala. Meses más tarde regresó para casarse, y de allí salió de nuevo a fines de 1877. En el viaje de luna de miel fue dándole los últimos toques al libro que saldría publicado poco después con el título de Guatemala. Era un estudio sobre el potencial del país, sobre sus costumbres y su gente, y sus creencias; véase en estos pasajes cómo describe las imágenes religiosas:
¡Que bellas iglesias ostenta Guatemala! [En la de San Francisco] alguna fiel creyente en el perfume de las flores que regala, envía a la hermosa Virgen el perfume de su alma candorosa… Gran templo tiene también la Virgen de la Merced; y blancas paredes luce Santo Domingo, el del hábito blanco; majestuoso atrio ofrece la Catedral, vasta y artística; linda torre eleva al Cielo el elegante templo de la Recolección. Es San Francisco, el monje austero; Santo Domingo, el pacífico santo; la Merced, matrona augusta; la Recolección, una hermosa mujer arrepentida. Allá, hacia el Norte, la Ermita del Carmen; acá, hacia el Sur, la Ermita del Calvario; aquélla, grave como una conciencia que sufre y se recoge; ésta, triste y luminosa como María al pie de la Cruz. Volvamos, pues, con un crucifijo en las manos, que allí [en la Antigua] los hacen muy buenos, y de allí es uno que está en el oratorio íntimo del Papa. Juan Perales, el escultor antigüeño. Para Cristos, no tiene rival. Toca la madera y ya está sangrando… En España y Francia no quieren Cristo que no sea de Perales… [Quirino Castaño] hizo el muy venerado señor de Esquipulas, el Cristo negro de expresión doliente, de delgado torso, de estudiadas formas… Virgen hay de la Piedad en el Calvario renombrado que incita a llorar: también llora ella. Ésta fue obra de Vicente España… No hay templo sin su escultura predilecta. A bien que yo vi en París disputarse reñidamente una Concepción menuda de [Buenaventura] Ramírez. Está contenta la Virgen madre; su ropaje azul ondula airosa, su cuerpo esbelto pliégase a modo de arcángel que asciende… Un triste [¿Martí?] dijo un día, ante una escultura de Santo Domingo: '¡Oh, qué hermosa! ¡Parece que han visto llorar a Magdalena!' Y como la Virgen de la Piedad tiene en el manto tan hermosos pliegues, ¡quién fuera católico para, en la hora de la tribulación, ampararse en ellos!.
Años más tarde, en unos apuntes que escribió en francés, quizás para publicarlos en el periódico The Sun, de Nueva York, vuelve Martí sobre asuntos de "La América Central", y allí, de lo que ahora interesa, informa con similar respeto: Se pagan absurdamente las pequeñas esculturas del maestro Ramírez. El Cristo de madera que estaba en reclinatorio de Pío IX era una admirable escultura hecha, según me han dicho, en la Antigua, muy cerca de Guatemala. En una pobre iglesia se ve todavía una Virgen de los Dolores, que es sin duda, para los que han visto muchas, una de las imágenes más bellas del dolor puro. La expresión de la cara, la naturalidad de la actitud, la riqueza de los pliegues en la túnica, la flexibilidad y hermosura del conjunto, todo impresiona en esa maravilla. Se cuenta en la ciudad que un rico inglés logró comprarla, y se iba ya rumbo a Europa con su tesoro bien embalado, pero el pueblo se sublevó, persiguió y apedreó al comprador, y la Virgen de los Dolores, nombrada también Nuestra Señora de Machén, fue reinstalada con gran pompa en su iglesia. Otra Virgen, Nuestra Señora de la Piedad, es también muy venerada. Su hijo, un Jesús imperfecto, reposa sobre sus rodillas; ella está sentada y lo mira con profundo amor. Con lo dicho hasta aquí basta para confirmar el acertado juicio de Medardo Vitier en su Martí, estudio integral (1954): "Puede negarse su fe en las imágenes o su actitud de adorador. No puede negarse su respeto a la devoción que inspiran". La gacetilla "Milagros" y la secuela de las tres que la seguían, se publicaron en 1973 en el tomo 28 (Nuevos Materiales) de las Obras Completas de la Editorial Nacional de Cuba. No tuvieron allí ninguna explicación. Pero cuando en 1985 apareció el "Tomo II" de la que quiso ser una "Edición Crítica" de las Obras Completas, también bajo los auspicios del Centro de Estudios Martianos, aunque aceptó algunos trabajos de atribución dudosa, no las incluyó. Aquel proyecto se detuvo en ese "Tomo II". Quince años después se reanudó el empeño de aquella "Edición Crítica" con la que aquí se comenta, que tiene un prólogo de Fidel Castro en el que la califica de "rigurosa", por lo que puede cumplir, dice, "un requisito esencial del marxismo para la interpretación científica de la historia" y así ayudar a creale al cubano una "verdadera conciencia comunista". En lo que hasta el presente ha aparecido se lee en su primera página: "Este tomo estuvo a cargo de Cintio Vitier (responsable), Fina García Marruz y Emilio de Armas". Testigo excepcional del estudio y del rechazo de las cuatro gacetillas sobre los "Milagros" del crucifijo de la Santa Veracruz y de la Virgen del Pilar, el autor de estas páginas se comunicó con el profesor de Armas a fin de conocer su opinión sobre el asunto. Amable nos contestó autorizando la publicación de sus juicios, y con tan valioso testimonio, como con broche de oro, termina esta reseña. Dice la carta del doctor de Armas: Con sorpresa e indignación he comprobado que los actuales compiladores de las Obras completas de José Martí (en la edición crítica que realiza desde hace más de veinte años el Centro de Estudios Martianos, de Cuba) han incluido en el tomo IV de la serie, publicado recientemente en La Habana, cuatro textos que habían sido radicalmente descartados por los editores que iniciamos dicha empresa: Cintio Vitier, Fina García-Marruz y yo. Se trata —junto a otras páginas igualmente dudosas— de las gacetillas anónimas 'Milagros', publicada en la Revista Universal, de México, el 14 de marzo de 1875, y las tres que siguen sobre el mismo asunto (del 18, el 23 y el 25 de marzo). Los textos están estrechamente relacionados, y la inclusión de ellos es imprescindible si se desea justificar la incorporación del primero. 'Milagros' fue inicialmente atribuido a Martí por los compiladores del tomo que, en 1973, se añadió a la edición de sus Obras completas concluida por la Editorial Nacional de Cuba en 1966. Este tomo (28. Nuevos materiales) apareció como un anexo a dicha edición, y allí se mezclaron textos realmente martianos con otros de muy dudosa atribución. Entre éstos, la inclusión de la gacetilla 'Milagros' hace pensar en un criterio editorial tan tendencioso como ajeno a la honradez. Se trata de una nota burdamente redactada (su desconocido autor escribió: 'hay milagros creyentes' en lugar de 'creíbles', 'se había humanificado' en vez de 'humanizado'); chabacana en grado extremo ('el crucifijo se fecunda', 'sin peinarlo con pomada de oso, también ha crecido el pelo al crucifijo', y 'se lo cortan, y vuelve a crecer: este crucifijo es un pólipo'); groseramente ofensiva ('la Virgen se apolilla'), y —por si todo esto fuera poco— de un nivel intelectual rasante. Sólo el afán de presentar a Martí como un feroz enemigo de todo sentimiento religioso —coincidente con la 'ofensiva ideológica' desatada por el gobierno cubano en torno de la obra martiana— puede haber animado a los compiladores del tomo 28 a cometer un acto de vandalismo editorial como lo fue el de atribuir a Martí la paternidad de aquella gacetilla. Sobre la base de estos argumentos, los editores que iniciamos la primera edición crítica de las Obras completas de Martí, llegamos a la conclusión de que la malhadada página contradecía las cualidades ya ampliamente demostradas por Martí —como escritor y como hombre esencialmente ético— en 1875, por lo que debía suprimirse de cualquier futura compilación. En contraste con 'Milagros', acordamos incluir en la edición crítica de la Poesía completa de Martí (La Habana: Editorial Letras Cubanas, 1985, tomo II) la composición 'Virgen María', cuyo original, mecanuscrito y rectificado a mano por Martí, 'se encontraba en el Archivo Nacional de Cuba, anexo a un álbum con los estatutos del Partido Revolucionario Cubano, según expusimos en la nota correspondiente (II, p.180). Este poema no figuraba en las Obras Completas de la Editorial Nacional de Cuba, de 1963-1966. Apareció originalmente en 1920 en una Antología de poetas americanos de la editorial Sopena, de Barcelona, y de allí la tomó Juan Marinello para su libro de 1929 Poesías de José Martí, y la reprodujo luego Manuel Isidro Méndez en las Obras Completas de la Editorial Lex, en 1946, con algunas variantes que no figuran en el mecanuscrito. La transcripción exacta de 'Virgen María puede leerse en nuestra edición (tomo II, p. 158), y basta con citar su primera estrofa para recordar la insalvable distancia que media entre el lenguaje de José Martí y el de un anónimo 'gacetillero' de la Revista Universal:
Los actuales compiladores de las Obras completas martianas, en cambio, no han vacilado ante esta abrumadora diferencia, según lo demuestra la nota que alguno de ellos escribió para justificar la incorporación de la gacetilla al tomo IV de la nueva edición: 'No obstante su lenguaje inusualmente [sic, por ‘inusitadamente’] crudo', dice la nota, 'puede atribuirse esta gacetilla a Martí por tres motivos' (p.108). El razonamiento de los compiladores es tan extenso como la propia gacetilla, lo cual es indicio del gran interés con que abordaron su incorporación. Y los 'tres motivos' mencionados por ellos son: 1) la intención que una vez tuvo Martí de realizar un estudio sobre las supersticiones populares en América, según anotó en su Cuaderno de Apuntes 7; 2) 'porque Martí estaba recién llegado de Zaragoza, donde había vivido cerca de año y medio', y 3) su rechazo, en la gacetilla del 18 [de marzo de 1875], de la condición de ‘chascarrillo’ que La Colonia [Española] quiso derivar de 'una lectura malintencionada y de mal gusto de ‘Milagros’. Siguiendo este razonamiento hasta sus últimas consecuencias, habría que atribuirle a Martí todos los comentarios anticlericales y todas las referencias a Zaragoza (y, ¿por qué no?, a sus aldeas circundantes) que aparecieran de manera anónima en la prensa liberal mexicana entre 1875 y 1876. Por otra parte, la gacetilla del 18 de marzo, 'A La Colonia', es tan poco martiana como 'Milagros', y su incorporación a las Obras completas no parece otra cosa que la mentira que sigue al crimen como coartada. Para darse cuenta de ello, basta con citar la torpe ubicación sintáctica del adverbio en la segunda oración del texto: 'y La Colonia no conoce los chascarrillos bien' (p.115). Por otra parte, los propios compiladores tuvieron que 'mejorar la redacción de esta segunda gacetilla, según lo reconocen en las notas al pie de página. Para adjudicarle a toda costa estos dos textos a Martí, debieron rectificar la frase 'la Virgen del Pilar, mandado limpiar', por 'la Virgen del Pilar, mandada a limpiar'; donde el redactor de la Revista escribió: 'A esto se dice a quien quiere oírlo en Zaragoza', ellos le enmendaron la plana: 'Y esto se dice a quien quiera oírlo'. De este modo, las incorrecciones en el uso de preposiciones, conjunciones y modos verbales aparecen así como erratas de impresión, y no como faltas elementales de redacción. Nada pudieron hacer, sin embargo, con una afirmación como 'y se piensa fundadamente que la Virgen está hecha de una madera corruptible', pues no presenta más falla que la de su pedestre nivel intelectual, y esto no hay cómo encubrirlo. Quien haya leído unas cuantas páginas de José Martí, sería incapaz de reconocer al autor de El presidio político en Cuba, 'Nuestra América' o La Edad de Oro, en estas cuatro gacetillas, escritas con tal impotencia de estilo y de pensamiento, que ni al nombre del más olvidado redactor de La Revista Universal le aportarían relevancia alguna. Y ahora, 125 años después, los compiladores de la nueva Edición Crítica de las Obras completas de Martí, le atribuyen esos textos al más complejo y rico estilista de la lengua española en el siglo XIX. Según el reconocimiento de créditos que figura al comienzo del volumen, 'La preparación inicial de este tomo estuvo a cargo de Cintio Vitier (responsable), Fina García-Marruz y Emilio de Armas'. Pues bien: Emilio de Armas rechaza la utilización de su nombre para distorsionar la obra y el pensamiento de José Martí. Emilio de Armas |
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