MARTÍ TRADUCTOR: EL LALLA ROOKH DE MOORE
THOMAS MOORE MARTÍ TRADUCTOR EL LALLA ROOKH MARTÍ Y EL POEMA DE MOORE LAS ESTROFAS SALVADAS
Ninguno de los escritos perdidos de Martí se ha buscado con tanto afán como su traducción del poema de Thomas Moore. Y junto a "El Dorador", el artículo que tampoco se ha podido hallar, es ésa la más lamentable pérdida, si no por mérito de los versos del poeta irlandés por el ingente trabajo del traductor. Martí sintió un aprecio único por su traducción del Lalla Rookh, lo que de nuevo confirma su radical vocación romántica. En la carta testamento a Gonzalo de Quesada, cuando le indica cómo habría que ordenar su "papelería", lo primero que menciona con título, antes que el Ismaelillo, los Versos Sencillos, los Versos Libres, La Edad de Oro y toda otra prosa, es el Lalla Rookh; le escribió: "... No desmigaje el pobre Lalla Rookh que se quedó en su mesa..." Y al relacionar los tomos en que quería se recogieran sus escritos, añade: "Ahora pienso que del Lalla Rookh se podría hacer tal vez otro volumen. Por lo menos la Introducción podría ir en el volumen VI [sobre 'Letras, Educación y Pintura']".
Excluyendo lo que tenía publicado en libros, parecería que ningún otro escrito le iba a ser más fácil de hallar a su albacea literario que éste que Martí le dejó "en su mesa", pero eran los primeros días de la guerra en Cuba cuando a Quesada le llegaron las instrucciones de su maestro por cuya ausencia andaba en gestiones y viajes de propaganda. Al mes siguiente se produjo la tragedia de Dos Ríos y, poco después llegó a Nueva York Carmen Zayas Bazán reclamando los papeles del esposo, lo que obligó a Quesada a recogerlos en apuro para entregarlos, como le había pedido Martí, a Carmita Miyares; le había dicho: "...ella irá [a la oficina de 120 Front Street] a recoger todos los papeles...y ella los unirá a los que ya me guarda..." En esos trajines, con otros de sus escritos, debió perderse el Lalla Rookh de Martí.
THOMAS MOORE
Desde el gusto de una época es frecuente despreciar buena parte de lo que en la anterior mereció todo aprecio. Los pocos críticos que hoy se ocupan de la obra de Moore, casi sin excepción, lo consideran un poeta menor, y les cuesta trabajo entender la fama que disfrutó en el siglo pasado. Su contemporáneo Shelley llegó a igualarlo a Byron, y en 1834, al aparecer en Londres el tomo décimo de sus Irish Melodies, dijo un periódico de Dublín: "The poetry of the Irish Anacreon is imperishable while there exists a heart to beat with love, or pant with patriotism".

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El poeta escocés Thomas Moore (1779-1852), autor de Lalla Rookh. Dijo que empleó personajes y escenarios orientales, como Voltaire (en la tragedia Mahomet) para expresar a través de ellos su espíritu patriótico y su protesta contra la intolerancia.
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Nacido en Irlanda en 1779, Moore llegó a resumir la rebeldía de los católicos oprimidos por el protestantismo de Inglaterra. Era una situación similar a la de España respecto a Cuba, en cuanto a la explotación del país y las limitaciones que imponían a los nacidos en él, y fue por eso que debió interesar a Martí el Lalla Rookh, pues partes del poema están dedicadas a condenar tiranos y demagogos y a exaltar el patriotismo.
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En 1874 Víctor Hugo publicó en Francia Mes Fils, y la traducción de Martí apareció en un folletín de la Revista Universal, de México, a principios de 1875. Fue reproducido por Camilo Carrancá y Trujillo, quien lo había descubierto, en Martí: traductor de Víctor Hugo (1939).
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Desde muy joven Martí tuvo conocimiento de la obra de Moore. Su maestro Rafael María de Mendive había publicado en Nueva York, en 1863, un pequeño libro con "Imitaciones" de las Irish Melodies, años más tarde reimpresas, y tanto gustaron que, al publicarse la segunda y la tercera edición de sus Poesías, allí volvieron a aparecer las Melodías Irlandesas. Mendive, por suerte, pudo salvar la rima de los originales, algo que luego los editores no le permitieron a Martí al encargarle la traducción del Lalla Rookh; estos ejemplos ponen de manifiesto la importancia de la rima al traducir a Moore: en "If Thou'lt Be Mine" Moore, con un tema muy frecuentado en la poesía amorosa, desde El Cantar de los Cantares hasta Amado Nervo, dijo en las estrofas iniciales:
If thou'lt be mine, the treasures of air,
Of earth, and sea, shall lie at thy feet;
Whatever in Fancy's eye looks fair,
Our Hope's sweet music sounds most sweet,
Shall be ours if thou wilt be mine, love!
Bright flowers shall bloom wherever we rove,
A voice divine shall talk in each stream;
The stars shall look like words of love,
And this earth be all one beautiful dream
In your eyes if thou wilt be mine, love! [...]
Las que Mendive imitó así en su composición "¡Sé mía!":
Los tesoros del cielo y de los mares,
Y cuanto más el universo encierra
De flores y de estrellas a millares,
Los hollarán tus plantas en la tierra.
Cuanto el humano pensamiento alcanza,
Radiante lo verá tu fantasía,
Y sueño, amor, delirios y esperanzas,
Todo es tuyo ¡si dices que eres mía!
A nuestro paso se abrirán las rosas
Por donde quiera; y en cualquier camino
Que la fuentes repitan misteriosas
El canto de algún ángel peregrino.
Que alguna estrella sobre el agua riele,
Que algún botón el céfiro desflore,
Que se sienta algún pájaro que vuele,
O que se escuche un corazón que llore;
A tus ojos la tierra será un sueño,
Y los astros profunda poesía,
Donde sólo el amor será tu dueño
¡Si llegas a decirme que eres mía! [...]
Y en "Evelyn's Bower", escribió el poeta irlandés:
Oh! weep for the hour,
When to Evelyn's bower
The Lord of the Valley with false vows came;
The moon hid her light
From the heaven that night,
And wept behind her clouds o'er the maiden's shame. [...]
Lo que el cubano recogió en las primeras estrofas de su "Evelina":
Llorad la noche en que el Señor del valle
Con perverso designio se encamina,
De secos tilos por la angosta calle,
Hacia el modesto albergue de Evelina.
En esta noche la argentada luna
El cielo le negó su luz fulgente
Tras nube que le oculta por fortuna
De casta virgen la manchada frente. [...]
El sonoro y rítmico "Farewell!" de Thomas Moore empezaba así:
Farewell! But whenever you welcome the hour
That awakens the night-song of mirth in your bower,
Then think of the friend who once welcom'd it too,
And forgot his own grieves to be happy with you. [...]
Y Mendive lo imitó en este "Adiós":
Adiós; y cuando llegue,
Para vosotros la hora
Que los nocturnos cantos de alegría
En los bosques despierta encantadora,
Pensad en el amigo que otro día,
También la celebraba,
Y sus profundas penas olvidaba
Gozoso en vuestra dulce compañía. [...]
MARTÍ TRADUCTOR
Antes de iniciarse en la carrera de escritor, en cualquiera de los géneros que le interesaron, Martí tradujo. Su primera creación literaria, de que se tiene noticia, está fechada el 14 de abril de 1868, y son los versos que le dedicó a Micaela Nin, la esposa de Mendive, por la muerte de un hijo; y meses más tarde otros le dedicó a la madre que cumplía 40 años, el 17 de diciembre. Mucho después en uno de sus papeles hizo esta confesión: "...Cuando yo tenía 13 años, revolvía con cierto desembarazo The American Popular Lessons, e inicié la traducción de Hamlet. Como no pude pasar de la escena de los sepultureros, y creía yo entonces indigno de un gran genio que hablara de ratones, me contenté con el incestuoso A Mystery, de Lord Byron".

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La casa Appleton, que empleó a Martí como traductor.
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La primera traducción por encargo, según dice en el mismo apunte, fue en Madrid, de un "contrato lleno de voces técnicas y extrañas"; y explica por qué realizó el trabajo: "Mis botines se quejaban de mi abandono y se hacía necesario reparar la brecha abierta; yo gané ocho pesos, lo que fue maravilla con mi bellaca traducción". Luego, estando en Francia, a fines de 1874, el poeta Auguste Vacquerie le pidió le tradujera "una hermosa canción" que quizás algún día se halle entre los papeles de ese amigo de Víctor Hugo; y también en París, por la gestión de Vacquerie, Hugo le entregó un ejemplar de Mes fils, que acababa de publicarse, para que lo pusiera en español; fue una de sus primeras publicaciones en México, en la Revista Universal, donde apareció, el 17 de marzo de 1875.
En ningún otro momento expuso Martí más acabadas sus ideas sobre la traducción que al prologar la pequeña obra de Hugo; allí dijo:
Estas páginas serenas me dominan; este sol me calienta; esta alma me habla. Ideas son fuerzas madres, que van y vienen, y se encarnan y se informan, y, siendo en sí las mismas, allá esplenden como soles en las inteligencias levantadas, aquí iluminan con luz pálida en los ingenios suaves y tranquilos. Pero son ideas, y verdad, y fuerzas, y grandezas, y allí donde las hallo, yo me hallo; allí donde me admiran, yo las siento; y si se concentran todas las ideas altas en una nevadísima cabeza, o soy su hijo, o soy su hermano, pero en aquella cabeza vivo yo.
Esa identificación del traductor con la obra que lo ocupa, para lograr una versión feliz del autor, es la misma expresada por Baudelaire al traducir a Edgar Allan Poe en 1864; le preguntaba a un amigo: "Savez-vous pourquoi j'ai si patiemment traduit Poe? Parce qu'il me ressemblait. La première fois que j'ai ouvert un livre de lui, j'ai vu, avec épouvente et ravissement, non seulement des sujets rêvés par moi, mais des phrases pensées par moi, et écrites par lui vingt ans auparavant". Y Martí encontró similar coincidencia al "Traducir Mes fils": "...Y como todo esto vive, y brota todo noblemente de aquella cabeza universal, y lo vi como a padre o como mío, lo amé y lo traduje con placer... Traducir es transcribir de un idioma a otro. Yo creo más, yo creo que traducir es transpensar; pero cuando Víctor Hugo piensa, y se traduce a Víctor Hugo, traducir es pensar como él, impensar, pensar en él". Así, con esa identificación, y sola con ella, se evita convertir en realidad el antiguo adagio de "traduttori, traditori", porque el acertado neologismo de Martí, "impensar", formado del prefijo negativo y el verbo, lo convierte en no-pensar, lo que excluye la reflexión, toda vez que lo pensado y dicho por el autor ya estaba, al menos en potencia, en el traductor. Y concluye Martí su prólogo con estas palabras: "El [Víctor Hugo] irradia; caliento de él mi espíritu; digo yo lo suyo; pudiera yo decirlo tan bien como la universalidad de esa alma alta, amada y venerada vivida en mí".

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Página titular del libro del diplomático argentino, y amigo de Martí, Estanislao S. Zeballos, del que dijo en la Revista de Derecho, Historia y Letras, en marzo de 1901: "Él [Martí] tradujo o dirigió la traducción de todos los documentos sobre Misiones que sometí al arbitro [de los Estados Unidos]". El libro consta de 334 paginas con 52 mapas, y cita numerosos tratados y documentos que debieron traducirse del español original al inglés. Ya había dado Martí pruebas de su especial manejo de esos idiomas al presentar el "dictamen" del 30 de marzo de 1891 en la Comisión Monetaria Internacional, de Washington, pero por la época en la que debían presentarse, y por la extensión y abundancia de estos documentos, es más que probable que Martí solamente haya dirigido su traducción.
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En la casa Appleton, de Nueva York, Martí trabajó de traductor, y lo que de él se conserva son las Antigüedades Griegas, de J.F. Mahaffy, y las Antigüedades Romanas, de A. S. Wilkins, ambas de 1883; las Nociones de Lógica, de W.S. Jevons, de 1885, y la novela de Hugh Conway Called Back que él le dio el título de Misterio, de la cual existe una edición de Montevideo (Imp. á vapor de La España, calle 25 de Mayo 142), de 1886, el mismo año en que salió la de Appleton, pero que no se menciona en las bibliografías de Martí. De esa tediosa labor se quejaba: cuando se disponía a traducir una novela de Dinah M. Mulock, lo que parece no llegó a hacer: le escribió a Enrique Estrázulas: "...Me preparo a traducir John Halifax, Gentlemen. ¡Y tener que pasar por estas horcas, y pasarme meses tendidos peinando libros ajenos!"; y en carta a Nicolás Domínguez Cowan, para excusarse de no haberle podido escribir, le decía en 1886:
...Vivo en una especie de espanto de espíritu, que ni para escribir a los que más quiero me deja fuerzas. No me argumente que traduzco y escribo para diarios: ése es el pan ganar, para el que la honradez da fuerzas: precisamente lo mezquino de esas ocupaciones, en la forma incompleta en que las tengo, me pesa como una culpa, y padezco de lo poco que hago. Pero a V. le ha parecido bien Misterio, que me ha venido pesando como un delito, y me le ha hecho el honor de leerlo en familia; de modo que ese pecado no debe ser más que venial, y arrepentido de haberlo tenido por mortal, me levanté, después de recibir su carta, a acariciarle el lomo al libro...
Martí se valió de la obra de otros en La Edad de Oro: de Laboulaye, de Emerson, de Andersen, pero no son verdaderas traducciones, por los cambios, y por lo que añade y suprime; a la única que sigue algo más de cerca es a Helen Hunt Jackson, para superarla, en su versión de "Los dos príncipes", la cual, aclara, surge de una "idea de la poetisa norteamericana". De las traducciones que se conocen de Martí, con excepción del Mes Fils, ninguna deja ver tanto gusto en el trabajo como el que realizó después con Ramona, la novela de Helen Hunt Jackson. Mucho apreciaba esta obra, que creyó tendría gran demanda en Hispanoamérica, pues la publicó en español por su cuenta, no sólo por su mensaje, sino también con la esperanza de hacer dinero: en Washington la registró a su nombre: en el reverso de la página titular dice con su mal inglés: "Entered According to Act of Congress, in the Year 1889, by José Martí, in the Office of the Librarian of Congress at Washington"; y asimismo la inscribió en México por medio de su amigo Mercado; el texto de la certificación, como no se ha publicado, se transcribe aquí; dice:
Se ha enterado el Presidente de la República [Porfirio Díaz] del ocurso de Ud., fecha de ayer, en el que, como apoderado del Sr. José Martí, declara que éste se reserva con arreglo al artículo 1234 del Código Civil, el derecho de propiedad literaria que le corresponde respecto de la versión castellana que ha hecho de la novela americana "Ramona", de Mrs. Helen Hunt Jackson; declaración que desde luego se manda publicar en el Diario Oficial, sin perjuicio de incluirla también en su oportunidad en la noticia trimestral que ordena el citado Código. Dígolo a Ud. para su inteligencia, acusándole al mismo tiempo recibo de los dos ejemplares que acompaña de la versión mencionada, a los que ya se da la distribución correspondiente. Libertad y Constitución. México, Diciembre 26 de 1888.

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Como se ve en este documento, que no se conocía, por medio de su amigo Manuel A. Mercado, Martí obtuvo en México los derechos de autor para su traducción de Ramona.
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Al presentar el libro Martí escribió, en sus primeras páginas, en elogio de la obra:
Ramona es un libro que no puede dejarse de la mano: se le lee día y noche, y no se quisiera que el sueño nos venciese antes de terminar su lectura... No es un libro de hediondeces y tumores, como hay tantos ahora, allí donde la vida se ha maleado; sino un lienzo riquísimo, un recodo de pradera, un cuento conmovedor, tomado, como se toma el agua de un arroyo, de un país donde todavía hay poesía... El primoroso gusto de su autora afamada, de Helen Hunt Jackson, le permitió escribir una obra de piedad, una obra que en nuestros países de América pudiera ser de verdadera resurrección, sin deslucir la magia de su cuento... Con más arte que Harriet Beecher Stowe hizo en pro de los indios, en pro acaso de alguien más, lo que aquélla hizo en pro de los negros con su Cabaña del Tío Tom. Ramona, según el veredicto de los norteamericanos, es, salvas las flaquezas del libro de la Beecher, otra Cabaña...
Igual que con la obra de Hugo, en esta novela Martí se mantuvo algo más fiel al original: usando el neologismo de Martí, puede decirse que su trabajo fue "impensado", también, quizás, por su identificación con el tratamiento del asunto y por su aprecio de la autora; unas líneas mostrarán la fidelidad de la traducción; así empezaba la novelista: "It was sheep-shearing time in Southern California; but sheep-shearing was late at the Señora Moreno's..."; lo que Martí traduce así: "Era tiempo de esquila en la Baja California, pero la esquila estaba retrasada en lo de la Señora Moreno..." Y en el último párrafo de la novela se lee:
Sons and daughters came to bear his name. The daughters were all beautiful; but the most beautiful of them all, and, it was said, the most beloved by both father and mother, was the eldest one: the one who bore the mother's name, and was only stepdaughter to the Señor Ramona, daughter of Alessandro the Indian.
Y Martí:
Hijos e hijas le nacieron al caballero mexicano. Las hijas eran muy hermosas; pero la más hermosa de todas, y dicen que la más querida del padre y la madre, fue la mayor, la que sólo llevaba el nombre de la madre, y no era más que hijastra de Felipe, Ramona, Ramona, la hija de Alejandro el indio.
Por uno u otro motivo, todos los empeños editoriales de Martí le habían fracasado la publicación de Ismaelillo, de la Revista Venezolana, de La Edad de Oro; y la empresa "La América Publishing Company", cuyo certificado de inscripción, de fecha 6 de diciembre de 1883, se encuentra en los archivos del Estado de Nueva York; y la otra "empresa editorial" que quiso constituir con tres socios, de la que se conserva contrato de fecha 13 de diciembre de 1886, pero su Ramona, aunque no tuvo todo el éxito que él esperaba, al menos los ejemplares que logró vender en México y la Argentina le permitieron sacar los mil pesos de la tirada, y hasta pudo con las utilidades, según confesión propia, comprar algunos libros para su biblioteca. El original inglés, sin embargo, logró numerosas ediciones, y hay alguna reciente, y aún hoy puede encontrarse en los estantes de las mejores librerías.

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La más extensa traducción, conocida, que hizo Martí del español al inglés, es su dictamen en la Comisión Monetaria Internacional, y nunca ha sido recogida en sus Obras Completas, a pesar de que muestra su peculiar dominio del idioma. Arriba la página titular del libro donde salió publicado el documento, y, abajo su principio, el cual iba precedido por estas palabras: "Con el consentimiento de la Comisión, el Hon. Sr. Martí, procedió a leer, primero en castellano, y luego en inglés, según la traducción hecha por él mismo, el siguiente dictamen"; y seguido de ese fragmento del principio, el final del documento.
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No debe terminarse este epígrafe sobre Martí traductor sin mencionar sus versiones al español, no muy felices, de poesías de Horacio, Emerson, Longfellow, Poe y Augusto de Armas; y dos de sus trabajos mayores del español al inglés: el conocido dictamen que presentó en la quinta reunión de la Conferencia Monetaria Internacional Americana el 30 de marzo de 1891, el cual aparece en la edición facsimilar que hizo de todas las reuniones, en l957, el Banco Nacional de Cuba; y otro, olvidado, que mencionó en 1901 Estanislao Zeballos, ministro de la Argentina, según recuerda Dardo Cúneo en su libro Argentina y la primera conferencia panamericana (1955): debió de ser el libro Argument for the Argentine Republic Upon the Question with Brazil in Regard to the Territory of Misiones, Submitted to the Arbitration of the President of the United States in Accordance with the Treaty of September 7, 1889, Presented by Estanislao S. Zeballos, que es una prolija colección de documentos, historias y notas diplomáticas, de 334 páginas, publicado en Washington en 1894. Dijo el ministro argentino en su evocación: "Él [Martí] tradujo o dirigió la traducción, de todos los documentos sobre Misiones que sometí al árbitro; y cuando lo invité a arreglar cuentas de honorarios, solamente aceptó, con delicadeza suprema, el importe modestísimo de sus gastos de viaje y personales".
EL LALLA ROOKH
De las casi un millar de entradas que tiene Thomas Moore en el National Union Catalog, más de cien son de ediciones y traducciones del Lalla Rookh. El extenso poema narrativo, publicado por vez primera en Londres, en 1817, que ocupa 328 páginas en el tomo sexto de los Poetical Works of Thomas Moore (Boston, 1856), reunidos por él mismo, lo forman cuatro cuentos, de fuerte sabor romántico, en verso con pasajes en prosa. Son la invención del joven trovador que acompañó a Lalla Rookh cuando ésta se dirigía desde Delhi, en la India, hasta Cachemira, para allí casarse con el joven rey de Bujara, a quien nunca había visto. Feramorz, el trovador, se presentó a Lalla Rookh como enviado del prometido para entretenerla durante el viaje, pero ella se enamoró de él y sufría pensando en su compromiso. Al llegar a su destino, sin embargo, la bella Lalla Rookh, que según Moore significa "mejillas de tulipán", descubre que el apuesto trovador era el propio rey con quien se iba a casar.
Las cuatro historias son: "The Veiled Prophet of Khorassan", "Paradise and the Peri", "The Fire-Worshippers", y "The Light of the Haram [Harem]." Por lo que interesa aquí la obra de Moore, sólo se hará referencia a la primera y la tercera, sin duda las mejores del poema. En "The Veiled Prophet of Khorassan" Moore presenta la figura tradicional del tirano: Mokanna, el profeta, ha forzado a la joven Zelica a ser suya, pero ésta no puede olvidar a su amante, el valiente Azim, a quien daban por muerto en una batalla. La noticia, sin embargo, era falsa, y Azim aparece al frente de los rebeldes dispuestos a derrocar a Mokanna. Acosado por sus enemigos, en sus últimos momentos, el profeta cubre con su velo a Zelica, y el propio Azim la mata al confundirla con el tirano, y así el desconsolado amante va a pasar el resto de su vida rezando junto a la tumba de Zelica.
So many years, had come to him, all drest
In angels smiles, and told him she was blest!
For this the old man breth'd his thanks, and died.
And there, upon the banks of that lov'd tide,
He and his Zelica sleep side by side.
En el profeta y los suyos presentó Moore a los que gobernaban Irlanda traicionando sus ideales; y Martí pudo descubrir en ellos a los españoles, puesto que todas las tiranías se parecen, e identificarse con Azim, el defensor de la patria, y ver, en la vil acción de Mokanna, en la muerte de Zelica, la maldad de España que, por soberbia, preferiría, al perderla, rendir a Cuba al extranjero.
Aún mayor interés debió tener para Martí "The Fire Worshippers". Además de ser la parte de menos pesada lectura, de acuerdo con el gusto actual, y donde se encuentran más aciertos en la composición y en el manejo del asunto, y hay más clara referencia a los acontecimientos políticos de su país. Trata de la guerra de los zoroastros persas, los parsis, contra sus opresores musulmanes. El héroe aquí es Hafed, de quien se enamora Hinda, hija de un emir la cual no sabe que su amado es uno de los adoradores del fuego, enemigo de los suyos. Con la solución de Calisto y Melibea, y de Romeo y Julieta, mueren los dos. El héroe está inspirado en el revolucionario Robert Emmet, compañero de Moore en el Trinity College, que fue ahorcado en 1803 al fracasar un levantamiento contra los ingleses; ya le había dedicado alguna de sus Irish Melodies, como ésta, de las más famosas:
Oh! breathe not his name, let it sleep in the shade,
Where cold and unhonour'd his relics are laid:
Sad, silent and dark be the tears that we shed,
As the night-dew that falls on the grass o'er his head.
But the night-dew that falls, though in silence it weeps,
Shall brighten with verdure the grave where he sleeps;
And the tear that we shed, though in secret it rolls,
Shall long keep his memory green in our souls.
Página titular del Lalla Rookh en la edición de 1885, que se conserva en la New York Public Library, igual a la que tenía Martí en su biblioteca, y las páginas del Lalla Rookh donde se encuentra el pasaje traducido por Martí, al que se hace referencia en este trabajo: "And still, whene'er at Haram hours… And won with shouts of victory!"
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Sobrados mártires tenía Cuba que Martí pudo asociar con el joven Hafed (Emmet), de Moore; sin entrar en la Guerra Grande: Agüero, Hernández Echarri, Estrampes, Bernabé Varona. Y en la situación de la isla habría de pensar a cada paso de la lectura de "The Fire Worshippers," y en su personal compromiso ante ella.
MARTÍ Y EL POEMA DE MOORE
Desde muy joven debió conocer Martí el Lalla Rookh, pero la primera referencia en sus Obras es de 1887, cuando en una de sus cartas a La Nación, de Buenos Aires, al referirse a una "Gran exposición de ganado", comenta, con recurso impresionista y mezclando realidad y fantasía: "Muros parecen las ancas de los toros... catedrales dormidas parecen estos padres ciclópeos: levantándose del suelo con la pesadumbre visible de su potencia: en el lomo pudieran descansarles camarines, como el que llevaba a Lalla Rookh cuando iba enamorada de su poeta Feramorz".
Poco después, el 18 de julio de ese año, los editores de Boston que habían publicado una edición del poema de Moore en 1884 y otra en 1885, que es la bellamente ilustrada que tenía Martí en su biblioteca (Lalla Rookh, An Oriental Romance, dice la página titular), le escriben en estos términos a Martí:
Dear Sir:
We were very glad to receive yours of July 13 as Mr. Bonalde had promised us that we should receive the entire MSS of Lalla Rookh before the l5th of June and we have not heard or seen anything from him since. We should be very glad to get the matter settled and shall look for the first installment.
Very truly yours,
Estes & Lauriat
A principios del año siguiente, en 1888, en carta a Enrique Estrázulas, entonces en París, Martí le escribe::
Pronto va a salir, con ilustraciones magnas, mi traducción del "Lalla Rookh", en que hay unas cuantas páginas del pobre Bonalde que esconde dignamente su infelicidad, y del silencioso Tejera. Como me den dos ejemplares, le mando uno. El libro es de lo más rico que puede salir de prensa alguna, y las láminas de varias tintas, llevan al pie los nombre más famosos. Las láminas será lo único que Ud. verá; ¡porque los versos! Y tiene mucha razón, porque los estamos haciendo muy malos, y no con más jugo que sonoridad, que es como se deberían hacer.
En La Edad de Oro, en el número de agosto de 1889, en su artículo sobre "Músicos, poetas y pintores", tiene presente al autor de Lalla Rookh, de quien dice: "El irlandés Moore componía a los trece, versos buenos a su Celia famosa, y a los catorce había empezado a traducir del griego a Anacreonte... Moore se libró pronto de estos modelos peligrosos, y alcanzó fama mejor con los versos ricos de su Lalla Rookh y la prosa ejemplar de su Vida de Byron".
El mayor número de datos sobre la traducción de Martí se encuentra en la carta que le escribió a Manuel de la Cruz el 3 de junio de 1890; le agradece el envío de su libro Episodios de la Revolución, se lo elogia con la mayor generosidad, y le dice:
¿Me permite en muestra de mi agradecimiento por haberse acordado de mí, y de mi alegría porque le ha salido a mi patria un buen libro, mandarle las primicias de mi traducción de Moore, en la parte que pueda conmover el corazón cubano, que es aquel de los cuatro poemas del Lalla Rookh donde pinta penas como las de Cuba, con el amor que él tenía a su Irlanda? El poema va traducido en verso blanco, por voluntad del editor y no por la mía; no porque no ame yo el verso blanco, como que escribo en él, para desahogar la imaginación, todo lo que no cabría con igual fuerza y música en la rima violenta; sino porque a Moore no se le puede separar de su rima, y no es leal traducirlo sino como él escribió, alardeando del consonante rico, y embelleciendo a su modo, con colgaduras y esmaltes, los pensamientos. Pero Ud. hallará que hay versos que están como deben, puesto que restallan como latigazos: y me les perdonará sus faltas, por el afecto con que se los envío, y porque los escribí pensando en Cuba...
Ya no hablaba de la traducción con páginas de Pérez Bonalde y de Diego Vicente Tejera, sino de su trabajo, una parte de él, que debió ser el de los adoradores del fuego, con el ejemplo del rebelde Hafed sublevándose contra los conquistadores árabes.
LAS ESTROFAS SALVADAS
Como era de esperarse, Gonzalo de Quesada hizo cuanto estuvo a su alcance para encontrar la traducción perdida: ya tenía publicados once tomos de las Obras del Maestro, como llamó a su recopilación de los escritos de Martí, y no había dado con ella; y se sentiría culpable de la pérdida toda vez que, según Martí, se la había dejado en "su mesa"; así, con la natural preocupación, entre otras gestiones, le pidió al general Leonardo Wood, gobernador general de Cuba durante la intervención americana, que indagara sobre el asunto: su hijo Gonzalo de Quesada y Miranda, en 1935, publicó esta carta que recibió el general desde Massachusetts:
The Plimpton Press
Norwood, Mass.
Noviembre 25 de 1912
Mi estimado general Wood:
Tuve gran placer en ver su conocida firma al pie de su carta de noviembre 19, y he tenido gran gusto en recopilar la información que pude obtener relacionada con el Lalla Rookh de Martí, aunque me temo mi información resulte desalentadora para las personas interesadas en la misma. Todo lo único que se llegó a poner en letras de molde en el University Press, fueron unas cuantas páginas de muestra para el prospecto del editor, y el manuscrito, en su totalidad, nunca llegó a manos del impresor. Esto lo he confirmado, no sólo en los registros en Cambridge, sino también en los registros en la oficina del editor. Por lo tanto, talmente parece que si los editores no pueden hacer ninguna luz en cuanto al actual paradero del manuscrito, que toda investigación resulta prácticamente inútil. Ni siquiera existen en el University Press pruebas de plana de las pocas páginas que llegaron a pararse y, naturalmente, nunca llegaron a imprimir ejemplares.
Ruego tome nota que ahora tengo negocios con la casa impresora arriba mencionada, con la cual estoy asociado desde hace tres años.
Con mi mejores deseos, créame, siempre, cordialmente suyo,
William Dana Orcutt.
Algunos investigadores, después, han hecho gestiones buscando el manuscrito, pero jamás se encontró huella del mismo: es que nadie se había percatado de que entre los papeles de Martí había dos estrofas de la famosa traducción, las cuales, a pesar de encontrarse en franco proceso de elaboración, son una modestísima y lejana muestra de lo que debió ser su trabajo en los versos blancos que, contra su voluntad, le impuso el editor: ciertamente, como le dijo Martí a Manuel de la Cruz, "a Moore no se le puede separar de su rima, y no es leal traducirlo sino como él escribió, alardeando del consonante rico, y embelleciendo a su modo, con colgaduras y esmaltes, los pensamientos..." La primera es de "The Veiled Prophet of Khorassan", y Martí la copia primero en inglés:
And music too, dear music! that can touch
Beyond all else the soul that loves it much
Now heard far off so far as but to seem
Life the faint exquisite music of a dream.
Y a continuación la traduce así, dejando tachadas en el manuscrito versiones anteriores de los versos::
Y la música allí, música cara
Que más que todo el corazón conmueve
De quien la adora, y desde lejos llega
Como el rumor de un delicioso sueño
El otro pasaje aparece nada más que en su versión española: es de los adoradores del fuego, y dice:
Cuando a la hora de harén, le llevo flores
Y refrescos de olor: "Hinda", me dice;
Si está de hora feliz: "Hinda, tu novio
Un soldado ha de ser: a las doncellas
Mejor con las batallas se enamora".
Y viene del inglés, no muy cerca de lo que escribió Martí, donde se observa otra vez la riqueza de la rima de Moore, que sí pudo felizmente imitar Mendive, en contraste con los desmayados versos blancos que no hubiera querido Martí, y con razón, para esta empresa:
"And still, whene'er at Haram hours,
"I take him cool sherbets and flowers,
"He tells me, when in a playful mood,
"A hero shall my bridegroom be
"Since maids are best in battle woo'd,
"And won with shouts of victory!
Si con tan pequeña muestra se atreve uno a imaginar lo que debió ser la traducción del Lalla Rookh, se puede concluir, otra vez, que, al valorar su propia obra, lo mismo que en el aprecio de alguno de sus colaboradores, Martí no mostró un juicio a la altura de su inteligencia. En la carta testamento a Gonzalo de Quesada, en la que tanta importancia le daba a su traducción de Moore, inmediatamente después de mencionarla, habla, también como si fuera obra de mérito mayor, de un "drama indio", que dejó escrito en Guatemala sobre la independencia de ese país. Se trata de "Patria y Libertad", que asimismo estuvo mucho tiempo perdido, que tiene un noble mensaje patriótico, pero cuyo valor literario es menos que mediocre y no está muy por encima de lo que dejan suponer estas poco afortunadas estrofas de su traducción de Moore.
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