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José Martí
Carlos Ripoll
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A raíz de la muerte de Martí, después del intento de Gómez por rescatar el cadáver en poder de los españoles, hizo que desfilaran sus hombres por el lugar en que había caído y que allí depositaran un guijarro del Contramaestre en su memoria. Lograda la independencia, aquel primitivo montículo fue sustituido por este obelisco levantado por suscripción popular organizada por José Rafael Estrada, alcalde de Palma Soriano.
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Vista aérea del obelisco en Dos Ríos. Abajo, hacia la izquierda, estaba el Paso de Santa Úrsula, sobre el Contramaestre, que cruzó Martí a galope; el árbol a la izquierda del obelisco indica el lugar de la finca de Rosalío Pacheco, por donde Martí pasó en su carrera poco antes de caer abatido por la fusilería española, apostada en el camino a Remanganaguas, a la derecha superior de la foto.
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En el cementerio de Remanganaguas, donde estuvo unos días sepultado el cadáver de Martí, el comandante Manuel Secades hizo construir este obelisco, en el que lee: "En este lugar recibió por primera vez cristiana sepultura el cadáver de nuestro Martí", cosa que no es cierta, pues los españoles echaron el cadáver en un hueco en la tierra.
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Juan Sánchez en 1922, según un retrato de Rafael Lubián Arias, autor de La ruta de Martí (1938), el carpintero que construyó el ataúd en el que fue trasladado el cadáver de Martí desde Remanganaguas hasta Santiago de Cuba pasando por Palma Soriano y San Luis. El recibo de los 8 pesos que costó y el ataúd.
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Tirado en el piso, el 24 de mayo de 1895, exhibieron los españoles el cadáver de Martí al llegar a Palma Soriano. Allí estuvo expuesto, según testigos, a profanaciones y burlas del populacho. En ese mismo lugar de la plaza principal se inauguró el 24 de Febrero de 1912 este monumento, como el obelisco de Dos Ríos producto de una suscripción popular dirigida por el ex-alcalde de la ciudad, José Rafael Estrada.
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MUERTE Y EXEQUIAS DE MARTÍ (2)
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Obelisco levantado en el cuartel de la Guardia Rural, en San Luis, en el lugar en que se colocó el ataúd de Martí el 26 de mayo de 1895. Foto del Catálogo de la exposición fotográfica vida de Martí en el cincuentenario de su muerte (1945)
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Cabeza del cadáver descompuesto de Martí, tal como lo exhibieron los españoles en el cementerio de Santa Ifigenia, en Santiago de Cuba.
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Este dibujo, publicado el 27 de junio de 1895 en el Nuevo Mundo, de Madrid, en el que aparece el coronel Ximénez de Sandoval hablando junto al cadáver de Martí, se ha reproducido con frecuencia ya que esconde la poco gallarda actitud de ese militar español que permitió a sus soldados robarle las pertenencias al muerto, transportó el cadáver como si fuera un fardo sobre una mula y lo enterró sin caja ni ceremonia en el cementerio de Remanganaguas.
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Al cumplirse uno de los primeros aniversarios de Dos Ríos, se congregó un numeroso grupo de cubanos en el cementerio de Santa Ifigenia, frente al lugar en que se habían depositado los restos de Martí, en el nicho 134 de la galería que se ve al fondo.
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El 24 de Febrero de 1907 se exhumaron los restos de Martí que aquí aparecen, para colocarlos en el panteón que se inauguraba ese día. Entre las personas que presenciaron el acto estaban, entre muchos otros, el hijo de Martí; el gobernador de Oriente, Federico Pérez Carbó; los generales Rafael Portuondo Tamayo y Saturnino Lora; los médicos Guillermo Fernández Mascaró y Pedro Hechavarría; Emilio Bacardí y el notario Donato Valiente.
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El panteón de 1907 se construyó en el mismo lugar del nicho 134, y se guardaron los restos de Martí en "una caja de plomo" que fue "herméticamente soldada", según el "Acta de exhumación" de ese día. En la placa se lee: "1853-1895 / Martí / Los cubanos te bendicen".
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Mausoleo con un busto de Martí en la columna del frente, diseñado por José Bofill, director del Museo de Santiago de Cuba.
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Uno de los primeros martianos, Rafael G. Argilagos, empezó en 1914 una campaña para construir "una tumba digna de Martí". Tiempo después el Ayuntamiento de Santiago de Cuba aprobó un acuerdo para ese fin, en 1937 del Congreso de la República asignó los fondos para convertir el proyecto en realidad. En 1947 se trasladaron los restos a una cripta del Retablo de los Héroes, en el propio cementerio, y allí estuvieron hasta que quedó terminado el panteón definitivo.
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Terminado el panteón, el viernes 29 de junio de 1951 se exhumaron los restos de Martí para luego llevarlos al palacio del Gobierno Provincial desde donde partiría el cortejo hacia su último destino. En la foto se ve a Argilagos colocando la urna que guardaba los restos en un cofre de bronce. Están presentes, a su izquierda, Luis Casero Setién (ministro de Obra Públicas y antiguo alcalde de Santiago de Cuba) y a su derecha Felipe Salcines (rector de la Universidad de Oriente). Un año antes de su muerte, en Miami, el doctor Casero le contó al autor de estas líneas que, en el proceso del traslado, al haber sostenido en sus manos parte del cráneo de Martí, se le quedó en ellas polvo de aquellos sagrados huesos, por lo que durante varios días no quiso lavarse las manos.
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Representantes de todos los partidos políticos, junto a docenas de miles de cubanos, estuvieron presentes en el entierro: de la oposición: Eduardo R. Chibás, Ramón Grau San Martín, Juan Marinello…; del gobierno, además de Casero, Antonio de Varona, Eduardo Suárez Rivas, Juan R. Andreu…). En esta foto se ve la primera guardia de honor, el sábado 30 de junio. A la izquierda, el presidente de la República, Carlos Prío Socarrás, acompañado de varios de sus ministros, representantes de los cuerpos legisladores y del poder judicial. Carlos Hevia, Miguel Suárez Fernández, Félix Lancís, Ramón Zaydín, Lincoln Rodón… Al fondo las banderas de todos los países americanos.
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Ninguna guardia de honor le hubiera sido más grata a Martí que ésta de niños con la mano en el pecho; de ellos dijo en La Edad de Oro: "Para los niños trabajamos, porque los niños son los que saben querer, porque los niños son la esperanza del mundo, y queremos que nos quieran, y nos vean como cosa de su corazón".
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Un sargento del ejército pone la urna sobre el armón de artillería que llevó los restos de Martí al cementerio de Santa Ifigienia.
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Desde las puertas y balcones de las casas por los que pasó el cortejo, los santiagueros le arrojaron pétalos de rosas blancas. Al llegar al cementerio, el presidente Prío se adelantó para llevar hasta el mausoleo la caja cubierta con la bandera y allí depositar los restos en el interior de la tumba. Terminó de esa manera el entierro cubano de Martí.
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Mausoleo de piedra construido sobre seis pilares, obra del escultor Mario Santí.
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"Yo quiero, cuando me muera, / Sin patria, pero sin amo, / Tener en mi losa un ramo / De flores ¾¡y una bandera!" (Martí, en sus Versos Sencillos).
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