JACKSONVILLE Y OTRAS CIUDADES DE LA FLORIDA
Al regresar a Nueva York Martí fundó Patria, que decía en su primer número, insistiendo en la unidad: "Nace este periódico para mantener la amistad entrañable que une, y debe unir, a las agrupaciones independientes entre sí, y a los hombres buenos y útiles de todas las procedencias, que persistan en el sacrificio de la emancipación, o se inicien sinceramente en él... Para juntar y amar, y para vivir en la pasión de la verdad, nace este periódico". Y como los cubanos de Nueva York ya habían aprobado las Bases del Partido que Martí trajo de la Florida, poco después, el 10 de abril de 1892, cuando se cumplía otro aniversario de la Constitución de Guáimaro, se hizo la proclamación oficial del Partido Revolucionario Cubano.

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En la última visita de Martí a la ciudad de Jacksonville, a principios de 1895, se hospedó en el Hotel Travelers, dando el frente a Bay Street, que en esta foto de 1903 se ve indicado por una flecha. Más allá de ese hotel donde Martí sufrió el fracaso de Fernandina, estaba la fábrica de tabacos "El Modelo", —el edificio blanco en la misma calle, pero esquina a Clay Street—, la mayor de la ciudad, de la que era propietario Gabriel Hidalgo Gato y donde Martí habló el 23 de
diciembre de 1893.
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El 3 de julio salió de nuevo Martí en viaje de propaganda hacia la Florida. En los tres años que le faltaban para ir a la guerra de Cuba, hizo otros diez viajes semejantes. Además de en Tampa y Cayo Hueso, había un buen número de cubanos en Jacksonville, donde asimismo prosperaban varias fábricas de tabaco. Y había otros grupos menores de emigrados en Gainesville, Ocala y San Agustín. Al regresar de ése, su tercer viaje, camino a Nueva York, Martí se detuvo en Jacksonville, también para visitar en San Agustín la tumba del padre Varela, "aquel patriota entero, que cuando vio incompatible el gobierno de España con el carácter y las necesidades criollas, dijo sin miedo lo que vio, y vino a morir cerca de Cuba, tan cerca como pudo". Reunido con los cubanos de San Agustín, Martí les habló del espíritu del Partido y de los trabajos que realizaban sus compatriotas en otras ciudades de los Estados Unidos, y por aquella visita nació el "Club Patriótico Cubano Padre Varela", del que fue presidente Carlos Marín, y secretario, tesorero y vocal, respectivamente, Antonio Lujardo, Francisco Andrieu y Bernardo Hardoy. Uno de los miembros del club acabado de constituir les escribió a los editores de Patria una carta que apareció el 6 de agosto de 1892, en la que les decía: "... ustedes nos ganarán en número, pero a cumplir con nuestro deber no van a ganarnos: porque aquí estamos en guardia, velando los huesos del santo cubano, y no le hemos de deshonrar el nombre... Creo que han vuelto los tiempos grandes".
El puerto de Fernandina, al norte de Jacksonville, le pareció a Martí el más conveniente para las expediciones que darían inicio a la guerra en aquel pequeño poblado, con menor vigilancia, sería más fácil el trasiego de armas. Y allí, en el Florida House, en 1893, pasó unos días en secreto, como para probar el terreno, en entrevistas con varios conspiradores venidos de Cuba, pero sin interrumpir su comunicación con las organizaciones revolucionarias de otras ciudades. Desde Fernandina le escribió a Gonzalo de Quesada: "... Del martes acá, y es sábado, me he acostado una sola noche, desde el martes que llegó el comisionado de Matanzas, hasta este instante, en que acaba de irse Julio Sanguily... De noche, ellos dormían: yo, tira que tira, las llené de cartas. El día, oír y hablar: la noche, despachar las sendas comisiones. Sin embargo, mi mal se ha interrumpido, y vengo de admirar, como único reposo, una playa de oro brillante, festoneado de blanco, bajo un cielo violeta, azul y rosa..." Aquella misma playa fue después testigo del mayor fracaso de su gestión revolucionaria, cuando las autoridades americanas detuvieron allí dos de los barcos comprometidos en el llamado Plan de Fernandina.
Un desastre en Cayo Hueso, el incendio de 1886, provocó el éxodo de cubanos que hubo de dar tanta importancia a Tampa en las emigraciones. Otro acontecimiento inesperado provocó el segundo éxodo el cual, además de nutrir a Tampa y Jacksonville, les dio categoría entre los cubanos a Ocala y Gainesville: fue la huelga en "La Rosa Española", de William Seidemberg, a fines de 1893. Ante el temor de que tan importante fábrica dejara de producir, un grupo de americanos fue a Cuba en busca de rompehuelgas españoles. Aunque por la intervención del abogado Horatio S. Rubens, amigo de Martí, y con la ayuda de la Federación Obrera Americana, se pudo deportar a los obreros españoles, los cubanos de Cayo Hueso se sintieron ofendidos y decidieron abandonar la ciudad. Para adaptar este conflicto a la interpretación leninista de la historia, los críticos marxistas han querido presentarlo como una lucha entre el capital y el trabajo, diciendo que los que fueron a La Habana a buscar los rompehuelgas eran los industriales cubanos, y que luego los obreros, resentidos por el comportamiento de sus patronos, se marcharon de Cayo Hueso. Nada más incierto e injusto. Ni uno solo de los miembros de la Comisión que fue a La Habana era cubano, y cuando abandonaron el Cayo miles de obreros fue en compañía de buen número de dueños de fábricas. El coronel Fernando Figueredo fue a visitar distintos lugares de la Florida para decidir a dónde era mejor efectuar el traslado. Las Cámaras de Comercio de West Tampa, San Agustín, Ocala y Gainesville se disputaban a los cubanos, y, según el testimonio de Figueredo, al regresar de sus viajes, "el pueblo, con buen sentir, acordó dejar la elección del lugar a los manufactureros que habían de abandonar la ciudad... " Así se fueron de Cayo Hueso a establecerse en otros lugares de la Florida, con sus obreros, entre otros, los industriales Teodoro Pérez, los hermanos O'Halloran, Martín Herrera, Julio Ellinger, Ramón Govantes, Liborio J. Nápoles, Luis Angueira, y los dueños de otros talleres menores. Tanto agradó a Martí ese acuerdo entre el capital y el trabajo, que escribió en Patria: "... Aquél fue el instante en que quinientas almas, resignadas a vivir lejos de una tierra donde se maltratan sus derechos y se desconoce su virtud, enviaron a sus viejos, a sus mujeres y a sus jóvenes para rogar al hombre acaudalado con quien se emplean, que una sus esfuerzos a los de sus compatriotas, y los lleve a vivir donde no se les castigue por amarla. ¡Ah! ¡Escena bellísima!... ¡Así, en el destierro modesto, de que se suelen burlar lenguas impuras, vamos levantando la república fuerte y pacífica de mañana, no con los vicios y la cobardía, sino el trabajo, la pena y el amor!"
Desde antes de la huelga en Cayo Hueso, que llevó cubanos a Gainesville, ya había allí una colonia de emigrados, fundadores del Club Político número 1, y con éxito operaban las manufacturas de Gerardo Castellanos, López Vila y Marcelino Castillo. Martí reprodujo en Patria la carta de un residente de aquella ciudad que él había alabado porque supo apreciar el mérito y el espíritu de empresa de sus compatriotas: "...Que no nos dejen ir, le digo. Creen al cubano inteligente e industrioso, y es palpable el respeto que le merecemos por este esfuerzo nuevo que estamos haciendo por nuestra libertad..." Y Martí comentó satisfecho: "...es de justicia, porque el cubano no va de pordiosero ni de codicioso, comiéndose la tierra en un ferrocarril, ni vendiendo a peso los gemelos de a centavo, sino que ha ensanchado y favorecido las tierras todas, trigueñas o yanquis, que le dieron hospitalidad. Y ensancha y favorece... Volverá a Cuba un pueblo de creadores".
Jacksonville era, en importancia, la tercera colonia cubana de la Florida. También allí la industria del tabaco era la fuente principal de riqueza para los inversionistas cubanos y la forma de vida para los trabajadores. Una docena de fábricas funcionaban en el lugar, siendo las más importantes "El Modelo", de Gabriel Hidalgo Gato, que empleaba más de 200 personas, y "El Esmero", de José A. Huau, con una nómina algo menor. En una oportunidad Martí habló con elogio de "las familias ejemplares de Jacksonville", y en otra de sus "cubanos bien dispuestos..." Era que los emigrados de Jacksonville no se quedaban atrás en celo patriótico y en devoción a Martí: Juan Porro, que se describe como "un pobre obrero" contó a Patria cómo Martí quiso pasar desapercibido por la ciudad, el 15 de septiembre de 1893, y la reacción de los cubanos que lo descubrieron en la estación de ferrocarril: "... Esta emigración, corta hoy, lo rodeó en un solo abrazo, como los hijos a un padre; jóvenes y viejos, mujeres y hombres, y socialistas e individualistas, y el que tiene más como el que tiene menos..."; y añade esta reflexión muy de Martí y muy cerca de su estilo: "No hay cosa, no, tan bella ni tan poderosa en este mundo, como el corazón de los hombres cuando se juntan para fundar y para amar".
La primera noche de Martí en la Florida, en el Hotel Cherokee, de Tampa, el 25 de noviembre de 1891, fue de alegría y de mayores esperanzas; su última, del domingo 13 de enero de 1895, en el Hotel Travellers, de Jacksonville, fue toda de frustración y de angustia. Martí había invertido el tesoro de la revolución, unos 70 mil dólares, en preparar las expediciones que llevarían un millar de soldados a Cuba, y a sus jefes, y armas y municiones. Las autoridades americanas tuvieron conocimiento del contrabando y los barcos no pudieron salir de Fernandina, como se había planeado. En otro hotel de Jacksonville, con nombres falsos, esperaban varios militares que iban a salir en las expediciones; uno de ellos, Enrique Collazo, contó el encuentro con Martí en el Hotel Travellers: "... presa de una extraordinaria excitación nerviosa [Martí] revolvíase como un loco en el pequeño espacio que le permitía la estrecha habitación. Su escaso pelo estaba erizado, sus ojos hundidos, parecían próximos a llorar..."

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En Fernandina, la Florida House, en el número 20 de South 3rd Street, entre Atlantic Avenue y Ash Street, donde Martí se hospedaba. Al frente Gustavo J. Godoy, profesor de la Universidad de Jacksonville, quien logró que se reconociera la modesta construcción como un lugar histórico, y donde hizo instalar una placa que recuerda su importancia para la historia de Cuba.
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Escondidos y tristes salieron entonces de allí los conjurados, con destino a Nueva York, para reorganizar la guerra. Parecía que la revolución había fracasado aun antes de nacer... Pero los "pinos nuevos" que Martí descubrió en su primer viaje a la Florida, ahora, en su último, ya eran fuertes, y supieron resistir el temporal...
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