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José Martí

Carlos Ripoll

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MARTÍ: "CARDO NI ORTIGA CULTIVO"

Si a los cubanos nos redujeran a un mínimo el conocimiento de Martí, el más pequeño saber de su obra, quedaría el número XXXIX de sus Versos Sencillos:

Cultivo una rosa blanca,
En julio como en enero,
Para el amigo sincero
Que me da su mano franca.

Y para el cruel que me arranca
El corazón con que vivo,
Cardo ni "ortiga" cultivo:
Cultivo una rosa blanca;

Todos aprendimos a recitar, de niños, esos versos. Se enseñaban por el noble mensaje, por el logradísimo ritmo que facilitaba conservarlos en la memoria, y porque eran de Martí. La tradición oral casi siempre los repetía tal como aquí aparecen; pero, con pocas excepciones, el séptimo verso se ha impreso "Cardo ni oruga cultivo": "oruga" en vez de "ortiga". Así, con "oruga" estaba en la edición príncipe, en tiempos de Martí, en 1891, y así lo han reproducido todas las ediciones de sus Obras Completas: desde las que empezó en 1900 Gonzalo de Quesada, hasta las que se terminaron en la Habana, en 28 volúmenes, en 1973, y también en la "Edición Critica" que publicó en 1985 la Editorial Letras Cubanas, de la Poesía Completa de Martí.

La mayor parte de los críticos ha preferido "oruga". El que más razonó sobre ello fue Manuel Isidro Méndez, quien dijo en su Estudio Critico Biográfico, en 1941: "Se ha discutido, y discute, si Martí escribió oruga u ortiga... Con gran percepción estética [Martí] toma del reino vegetal el cardo, que hiere a quien lo acaricia y no hermosea ni perfuma, y del reino animal elige la oruga, el más informe y repugnante de sus entes". Y, en favor de su opinión, alega, además que es difícil confundir, en la caligrafía de Martí, la letra "u" (que da la "oruga") con las letras "ti" (único cambio necesario para leer "ortiga"); y que Martí no se le habría escapado este cambio en la revisión de las pruebas.

Página de la edición original de los Versos Sencillos, en la que apareció por vez primera la palabra "oruga".

Años más tarde, cuando Eugenio Florit publicó en Nueva York José Martí; Versos, al llegar a ese pasaje aclara: "En nuestra edición respetamos la forma que aparece desde el principio por las razones apuntadas, principalmente, por M. Isidro Méndez". Nada hace pensar sin embargo, que Martí tuvo que preferir un vegetal y un animal, en vez de dos vegetales, ni que la caligrafía de Martí excluye la confusión (todo el que se ha enfrentado con manuscritos de Martí sabe cuántos pasajes son difíciles de leer); y, respecto al cuidado de Martí en la primera edición de sus Versos, ya se sabe que, cuando estaban en la imprenta, tuvo un disgusto con Enrique Trujillo, quien pagó la impresión, por lo que Martí no debió corregir las pruebas ni estar muy al tanto de su libro.

Poco antes que Florit, Ivan Schulman reprodujo también "oruga", pero pensando que se trataba de la planta de ese nombre, y aclaró al comparar la oruga y la ortiga: "Ambas plantas son de hoja puntiaguda, con la diferencia de que la ortiga segrega un liquido irritante. Es ocioso discutir cuál de las dos palabras es la más adecuada, ya que ambas formas implican, por analogía, símbolos de valor negativo". Pero Schulman, al transcribir la definición de "oruga", que tomó del Diccionario de la Lengua, no menciona algo positivo de esta planta, la cual, "es común en los linderos de los campos cultivados, y las hojas se usan como condimento por su sabor picante". Antiguamente se creía que la oruga, como la mostaza, escitaban la lujuria; la ortiga, por su parte, hasta en su etimología (del latino "urere", quemar; escocer) es toda mala.

La Antología de la poesía española e hispanoamericana, de Federico de Onís, prefiere la "ortiga," y también la traducción al francés de Armando Godoy: "ortie". En Buenos Aires, como señaló Schulman, habían preferido esta forma Raimundo Lida y Juan Carlos Ghiano. Pero  son sólo excepciones de lo establecido. Cuando Juan Marinello reprodujo en 1914 los Versos Sencillos, sin discutir el asunto, siguió la costumbre, pero cuando publicó las Poesías, en 1928, en la Colección de Libros Cubanos, aunque copia "oruga" pone esta nota al pie de la página: "En las numerosas transcripciones de estas dos estrofas de Martí hemos leído el séptimo verso como aquí se ve; pero parece fuera de toda duda que existe un error padecido al tomarlo de los originales manuscritos. Ese verso debió escribirse por Martí, cardo ni ortiga cultivo". Marinello no aclara por qué. Si bien los que defienden la "oruga" han expuesto sus razones, los que eligen "ortiga" no aclaran su preferencia.

Pero, ¿qué debemos seguir nosotros? ¿La tradición popular, oral, que dice "ortiga", o la erudita, de la letra impresa, que impone "oruga"? Sabemos dónde nació ésta, pero ¿cómo determinar la primera vez que se recitó con "ortiga"? Martí dijo en el prólogo de sus Versos Sencillos: "Se imprimen estos versos porque el afecto con que los acogieron, en una noche de amistad y de poesía, algunas almas buenas, los ha hecho públicos". Al leer sus versos ante aquel grupo de amigos que los hizo "públicos," ¿habrá dicho, "cardo ni ortiga cultivo"? Así lo habrían repetido sus oyentes.

Con "ortiga" me los enseñó Rosalía Santiesteban, una nana, que de muy niño me inició en el saber martiano. Y creo que deben leerse así por la lograda aliteración que se produce en "cardo ni ortiga", y en "ortiga cultivo". Pero más que nada, porque la unión de esas dos plantas como símbolo de pobreza e indigencia en un campo, aparece ya en la Biblia, cuando el "Libro de los proverbios", en las "Sentencias de los Sabios" (24, 30) quiere representar los males de la pereza, dice:

Pasé junto al campo del perezoso
Y junto a la viña del insensato,
Y todo eran CARDOS Y ORTIGAS
Que habían cubierto su haz,
Y su albarrada estaba destruida.
A su vista me puse a reflexionar;
Aquello fue para mí una lección.
Un poco dormir, un poco cabecear,
Otro poco mano sobre mano, descansando.
Y sobreviene como correo la miseria
Y como ladrón la indigencia.

Leídos los versos de Martí de esa manera, para "el cruel" que le "arranca el corazón" no cultiva lo que logran en el "Libro de los proverbios" el "perezoso" y el "insensato", sino el símbolo de caridad, la "flor blanca". No es aventurado señalar este pasaje como fuente inmediata de Martí sólo por la coincidencia del "cardo" y la "ortiga": hay algo más: las "sentencias de los sabios" aquí citadas aparecen inmediatamente después de aconsejar lo que Martí practica en sus versos; allí se lee: "No digas: Como me ha tratado a mí le trataré yo a él / Y le daré lo que se merece"; es decir, devolver bien por mal.

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