La vida íntima y secreta de
José Martí

Carlos Ripoll

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APÉNDICE
En letra negrilla aparecen los pasajes que no se incluyeron en la transcripción anterior. Un clic al final de cada carta, lleva a su facsímil.

CARTAS DE BLANCA DE MONTALVO

[I] Feliciana me da expresiones para ti.

Zaragoza, 26 de diciembre de 1874.

Pepe,. El día 25 recibí tus dos cariñosas y tristes cartas, pero, a pesar de lo tristes que son y lo que lloro cuando las recibo, me parece que me dan vida, que respiro cuando veo carta tuya Y sin duda por la nieve se detuvo la primera carta, pero llegaron el mismo día. Mira tú si me vigilan que no las pude leer hasta las cinco de la tarde, desde las diez hasta las cinco. Figúrate si estaría yo contenta, he tomado una determinación, y es ésta: cuando digan a paseo, a paseo, a todo, estar conforme con todo, y las tengo muy contentas, pero si se me enfadan alguna vez es porque [si] me pasean la calle, no me asomo, [si] salgo a paseo [y] me siguen voy incomodada y no vuelvo la cara, enseguida me dicen lo hacía cuando te seguía Pepe, porque me gustaba éste, y no te gusta con cuando yo digo que no se [palabra ilegible] la gorda empezando por la simpática lo ponen por la nubes, que es un muchacho muy elegante, muy fino, aunque no le conozcan y [si] el muchacho las oye se pondría como un pavo. Para que veas lo que hacen: el otro día se murió la de [palabra ilegible], no sé si la conocías, y su marido cuando se casó con ella era viuda; las dos mujeres se han muerto de la misma enfermedad y yo dije que no me casaría con él; hacía tres días que dijo mamá lo mismo que yo, y no hicieron más que oírmelo a mí, enseguida dijeron que por que soy una tonta, que es un hombre con muy buenas cualidades, en fin es un guapo chico, yo entonces no pude callar y les dije : "Hace tres días que lo decíais vosotras y ahora porque lo digo yo os ponéis en contra, y no es más que os habéis empeñado en que me tienen que gustar todos, y no me gusta ninguno, y menos los de aquí; si alguno me gusta es forastero conque no hacemos nada con ponerlos por la nubes". A esto no me dijeron nada más que me lo mandarían hacer a mi gusto, en la Alfarería, como ya te dije en mi anterior, siempre así. Papá no me dice nada y el abuelo muy al contrario, pues te quería mucho. Con mamá y la simpática estoy ahora peor, pues tengo una prima que cuando salimos le gustan todos, y en particular los militares; yo digo que no me gustan, y hasta ésta va en contra mía, pero a mí nadie me saca de mi paso: siempre digo lo mismo, y de los de aquí digo la verdad, que me apestan: están viendo, que para salir [ellos] la mayor parte [de la gente] tiene que cerrar la puerta, porque son unos horteras y se dan un tono que parecen unos señoritos, y de que la mayoría trasciende a géneros ultramarinos, y mi orgullo, si es que lo tengo, es porque no tengo ningún pariente tendero.

Conchita, la pobre, no hace más que consolarme y me saca muchos ejemplos diciéndome que aun te curarás, que a uno le iban a cortar la pierna y vino otro médico y lo curó, y ahora está tan bueno porque no le [palabra ilegible] lo mismo a Pepe; ten paciencia, yo espero volverle a ver . Así está siempre, y cuando estoy algún rato contenta ves a esta criatura gozar y hacer todo cuanto yo le diga

Adiós, Pepe del alma. Cuídate mucho y no sufras por mí. Ya basta que sufra uno de los dos. A tu madre y hermanas dales un abrazo, pues aunque no las conozco, bien sabe Dios que las quiero. Adiós, tu Blanca. Facsímil

§

[II] Zaragoza 25 de enero de 1875. Te escribo sin saber si habrás recibido alguna carta mía, pero cuando llega el día de salir el correo no puedo dejar de escribirte aunque hoy no podré escribirte mucho porque el pulso me tiembla bastante y me cuesta mucho trabajo escribir.

Yo no quería que mis cartas te hicieran sufrir. Cuando me escribas, dímelo aunque no haga más que contarte las cosas tal como me pasan, pero dímelo.

Mamá y Juana no me dejan vivir, me tienen mareada. Te digo la verdad, que no sé qué hacer. A mamá le ha entrado la manía diciéndome que no la quiero. Quiere que me gusten todos, y en particular los militares, y yo, viendo un militar no sé lo que por mí pasa pues es una cosa que no puedo ver, y mamá se enfada. Y me dice qué es lo que me gusta; la Juana, lo mismo, pero cuando más se enfadan es cuando están hablando y no digo una palabra. Dicen, lo mismo nos oye como quien oye llover. Yo hablo menos que antes pero es porque sufro más yo. Acuérdate que te lo digo: si algún día te dicen que tu inocente Blanca no vive o ha hecho algún disparate, no lo dudes, pues yo no puedo vivir así

Cuando mamá me regaña y está siempre con lo mismo, y lo mismo que si me estuvieran quemando, pues me hace más daño que mamá se enfade conmigo que nada, y ella cree que no la quiero; esto me mata, siempre estoy llorando, la cabeza no sé qué hacer con ella, pero siempre callando; mi genio lo conozco, no es para vivir así porque sufro por cualquier cosa y todos están contra mí; no hago yo una cosa que esté bien hecha; enseguida se enfadan así como con mi hermana, por lo contrario, todo está bien hecho; yo conozco que es más pequeña, todo lo conozco, y que tiene que hacer más gracia, pero el que la hayan tomado contra mí, no. A Juana le dije [que] no me pienso casar, con que no me preguntes, y esto que es lo único que hablé, ya no los puedo sufrir: si no hablo, malo, y si hablo, peor; yo no sé qué hacer; me figuro que cuando mamá te escriba, si no en la primera carta, te andará [diciendo] , te dirá, que te he olvidado; te lo pido de rodillas, que no lo creas hasta que yo te lo diga. De las cartas que le has escrito, aunque la dices que me hable de ti, no me ha dicho nada, pero yo la he leído.

Hoy vi a Fermín que venía de paseo con las célebres patitas, y al verme ellas se echaron a reír como si yo fuera objeto de risa, pero la verdad es que no esperaba otra cosa de personas sin educación y menos de ésas que tienen perdida la vergüenza hace mucho tiempo. Adiós, Pepe del alma, no te olvides de tu Blanencha.

Cuando me escribas dirige el sobre a mi nombre y a esta calle. Facsímil.

§

[III] Pepe. [Hace] más de dos meses que no recibo carta tuya. Esto, sin poderlo remediar, me hace dudar de aquel cariño que decías me tenías y que yo creí. Pero ahora veo que con la ausencia se ha ido apagando. Nunca creí que fuera digna de olvido la inocencia [con la que] yo te quería más que a mi vida, y este cariño ha merecido olvido. Nunca lo hubiera creído de ti.

No te he escrito más por no saber dónde estabas, porque Simón dijo a Feliciana que estabas en Barcelona por no poder ir a México, y ahora me dicen que estás en tu casa. Triste es para mí si quiero saber de ti tener que preguntar y saberlo otras personas antes que yo. Esto me hace daño, pues ya conoces mi carácter. Tú me ofreciste escribirme siempre, ¿Por qué no lo haces? No creas que no recibiendo carta tuya te olvidaré, pues te lo juro por quien soy que antes morir que olvidarte, y para vivir así era preferible morir.

Si recibes esta carta contéstame pronto, no me hagas sufrir más, escríbeme, que recibiendo carta tuya estaré más contenta y si eso consigo del Pepe de mi alma, no habrá dicha mejor para tu Blanca.

Como no has vuelto a escribir a mamá, no he tratado de retratarme. ¿Cuándo me mandarás el tuyo, y aquellas páginas que te llevaste . Pepe, ¿cuándo te volveré a ver? [Facsímil].

§

[IV] Pepe, estoy pasando por ello y me parece mentira. Me ofreciste escribirme y no lo has hecho ni siquiera una vez, ni para darme la noticia de que habías llegado con felicidad al lado de tu querida familia, ya querida por mí. Lo veo y no lo creo. Te escribí, como me dijiste, a Eusebio y dos a tu mamá La primera creo la habrás recibido, las dos últimas no, porque me dijeron que valían los sellos de dos reales y ahora me han dicho que deben costar una peseta. Veremos si ésta te llega y si es digna de que se la conteste.

Este invierno lo he pasado en Madrid, donde vi a Fermín, y no le hablé porque me dio vergüenza; éste creo te lo habrá dicho, y también que me vio vestida de luto. El día 20 de junio murió mi papá, Q.E.P.D., y para distraer a mamá de su grande dolor fuimos a Madrid. Murió de resultas del estómago, a los 44 años de edad, la misma que murió mi verdadero papá, así es que para mamá no hay consuelo, y aquí en Zaragoza no ha salido más que para salir al tren; yo tampoco he salido de casa casi nada por donde no hay gente, pero no me importa porque desde que tú te fuiste no sé lo que me pasa que no me gusta nada y a todos los hombres los encuentro feos. Mamá me dice que me lo va a mandar a hacer y me llama ridícula y tonta, que si creo que todas se casan con el primer novio que tienen; yo le doy la razón, pero demasiado conoces tú mi genio. A ti es el hombre que yo he querido, y creo que serás el único, pues no quiera Dios que yo me llegue a casar, ya que no ha podido ser contigo que no lo sea con otro, porque sería desgraciada acordándome de ti. Muchas veces me he deseado la muerte, y creo que sería un día bueno para mí sabiendo como sé que no puedo ser tuya y que no te volveré a ver, aunque de esto no he perdido las esperanzas. Pepe, contéstame, te lo pido por lo que más quieras tú en este mundo, por Dios te lo pido aunque no sea más que para dar la única alegría que de ti espera esta criatura que desde que no la escribes no hace más que llorar y no tener un rato bueno cuando estoy sola. Mi abuelito ha estado estos últimos meses bastante malo, y le tengo que vestir y desnudar, pero lo hago con más gusto que si me mandaran a paseo, porque veo que ya es muy viejo y si no obedeciese sería un cargo de conciencia que no me dejaría vivir el día que se muriera, el no haber hecho su voluntad. Conchita y Paco buenos, y Enrique está en el Colegio de Artillería

Por última vez, contéstame, aunque [no puedes] pensar el trabajo que me ha costado escribirte sin que me vean. Adiós, Pepe del alma. Tu Blanca... Contéstame a la calle de Don Jaime I, No. 27, 3a izquierda, Zaragoza.

que nos hemos mudado este año, a nombre de Feliciana. Expresiones de Feliciana.  [Facsímil].

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