PRÓLOGO
Martí enviaba algunos de sus escritos a más de un periódico. Así sucedió con cierto número de ellos que publicaron en distintas fechas El Partido Liberal, de México, y La Nación, de Buenos Aires. Y aún los hay repetidos en La Opinión Nacional, de Caracas; El Lunes, de México; El Sudamericano, de Buenos Aires; La Opinión Pública, de Montevideo; y en La Revista Ilustrada y El Economista Americano de Nueva York. A veces salían idénticos en los dos lugares, pero, con frecuencia, al copiarlos por segunda vez, como le sucede a todo el que vuelve sobre lo que ha escrito, los alteraba ordenando de manera diferente los párrafos, haciendo transposiciones, cambiando palabras y hasta suprimiendo o añadiendo pasajes. Es un grupo de esas adiciones, cuando su extensión o interés lo justificaba, lo que recoge este libro. En 1971 había su compilador publicado otro, también con material ausente de sus Obras Completas, con el título de Escritos desconocidos de José Martí: aquéllos eran de Patria; éstos proceden del periódico mexicano El Partido Liberal, donde Martí colaboró entre 1886 y 1891.
Como se puede comprobar, esas versiones del mismo trabajo merecen un estudio que jamás han recibido. En muchas ocasiones los cambios tienen no sólo aciertos de estilo y curiosas preferencias, sino también ideas, juicios y temas nuevos que facilitan el entendimiento del político, del crítico y del pensador. Los 22 trabajos desconocidos que se agrupan aquí son algunos de sus más notables ejemplos. La colección excluye, por supuesto, muchas variantes cuyo lugar no es éste, pero que no se podrán desconocer cuando se intente una seria y cuidada edición crítica de sus Obras Completas.
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Un grupo de los que estudian a Martí en Cuba ha estado durante mucho tiempo buscando con inútil afán las huellas de Marx o los anuncios de Lenin en Martí para justificar los abusos de los gobernantes y disimular los extravíos y fracasos a que su mentalidad colonial, su soberbia, su ignorancia, sus rencores y frustraciones personales han llevado al país. Por adulación servil reaccionaban así ante la voluntad oficial que les encomendó, al crear un Centro de Estudios Martianos, según reza el Decreto que le dio vida, "la tarea de esclarecer los vínculos profundos entre el ideario martiano y la revolución contemporánea... y auspiciar el estudio de la vida, la obra y el pensamiento de José Martí, desde el punto de vista de los principios del materialismo dialéctico histórico..." Y el día que se inauguró el Centro, el Ministro de Educación ordenó a los que de alguna manera iban a trabajar en él, a "cumplir el compromiso de estudiar las relaciones entre el pensamiento de José Martí y las tareas de la revolución socialista", para concluir diciendo: "Grande y valioso aporte hará el Centro de Estudios Martianos si con el pensamiento de José Martí y con el instrumento científico del materialismo histórico, logra exponer, con información y datos concretos, los lazos que unen el movimiento democrático revolucionario del Maestro con el ideario socialista de Marx, Engels y Lenin. Bastaría con este empeño para justificar la existencia de la institución".
Hoy, ante el descrédito del marxismo-leninismo, han abandonado en parte ese empeño pero, con el mismo impulso falsificador, pretenden demostrar que el también fracasado totalitarismo impuesto en Cuba es la culminación del anhelo martiano para el país. Como el pensamiento y la vida de Martí niegan todo parentesco con esas doctrinas y su práctica de gobierno, no han podido lograr dichos objetivos, lo que ha hecho que se reduzcan en la isla las publicaciones sobre Martí. Como disculpa las autoridades alegan no tener papel, pero sí les sobra para atraer con folletos y anuncios de mujeres semidesnudas y arenas de playa como en los tiempos de la dictadura de Batista y de los corrompidos gobiernos anteriores el turismo del dólar; o para promover negocios de los que se aprovecha la usura extranjera, aun peor que la de los tiempos de la penetración imperialista de los Estados Unidos en la isla.
En vez de esas torpes actividades bien podían los investigadores de Cuba dedicar su tiempo y recursos a difundir el verdadero pensamiento de Martí, a recoger las versiones diversas de sus escritos; a corregir las numerosas erratas con las que se han publicado sus Obras Completas; a ordenar éstas de una manera inteligente y práctica con índices cruzados, como están las de los principales escritores del mundo; y a pasarlas a un CD-ROM orientado a texto que permita localizar vocablos y temas en sus escritos, y la impresión de pasajes en los equipos domésticos hoy de uso corriente.
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Desde que en 1946 se dieron a conocer en México las cartas de Martí a su amigo Manuel A. Mercado, se sabía que muchos de sus trabajos para El Partido Liberal no se habían recogido. Algunos ya estaban en Martí: en los Estados Unidos, que editó Gonzalo de Quesada y Aróstegui en 1902, y a éstos se añadieron los de las Obras Completas de la Editorial Trópico (1936-1947), la Editorial Lex (1946) y de la Editorial Nacional de Cuba (1963-1973). Pero aún quedaban muchos por recoger.
En 1980, con el título de Nuevas Cartas de Nueva York, publicó en México Ernesto Mejía Sánchez 29 de esos trabajos desconocidos de Martí que habían aparecido en El Partido Liberal; tres años más tarde los reprodujo el Centro de Estudios Martianos, en La Habana, con el título de Otras crónicas de Nueva York: José Martí. En esa obra se indica, sin aclarar en qué consistían, si hay "ligeras variantes", "muchas variantes" o "adiciones" entre lo que publicó La Nación y lo de El Partido Liberal, o si son "idénticas" las crónicas. Todas las que no se conocían se reprodujeron allí, y eran siempre trabajos completos, pero las partes que Martí añadía a lo que iba para México está ausente de dicha colección, y algunas de ellas son los Escritos Desconocidos que aquí se reúnen.
Como los "Sumarios" con los que Martí presentaba sus articulos eran por lo general diferentes en cada periódico, al ser los de El Partido Liberal asimismo material desconocido que facilita su lectura, van aquí también copiados. Ya desde el cotejo de los "Sumarios" los que de La Nación, y los de El Partido Liberal se evidencia que Martí quiso ser más explícito y llano en lo que iba para México que lo que publicarían en Buenos Aires. Las variantes en los textos entre los dos, por otra parte, parece también confirmar la voluntad de Martí de hacer más fácil la lectura en El Partido Liberal.
En este libro, sólo como ejemplo, se transcriben pasajes paralelos de dos artículos, y se verá en ellos ese deseo de Martí: es lo publicado en El Partido el 23 de marzo de 1887 (escrito número VII) y el 26 de abril de 1888 (número X); aquél empieza en el "Sumario" con una "Ojeada sobre la política en los Estados Unidos"; y el otro con "La traslación solemnísima de los restos del general Páez a Venezuela"; y en La Nación dicen los "Sumarios", mucho más breves, que corresponden a esos trabajos: "Movimiento social y político de los Estados Unidos", y, el otro, "Traslación de los restos del General José A. Páez de Nueva York a Venezuela".
Para distinguir los materiales, lo de México se transcribe en letra mayor, mientras que lo de La Nación va en letra menor, en cursiva y entre corchetes, lo mismo que toda información adicional que interese al escrito, y el tomo y la página en que se encuentra lo conocido en las Obras Completas de la Editorial Nacional de Cuba
Se han tratado de corregir en estos Nuevos Escritos Desconocidos las erratas con que aparecieron en El Partido Liberal, y de presentarlo, siempre en orden cronológico, lo más cerca posible a los originales. Donde se interrumpe lo escogido, por ser lo que sigue igual o muy cercano a lo que ya se conoce, se indica con tres puntos entre corchetes.
En la selección y preparación de estos Nuevos Escritos Desconocidos de José Martí ayudó Manuel Alberto Tellechea, a quien desde aquí se le agradece otra vez su generosidada y eficacia.
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