IV
[Lo que mandó Martí de este escrito a La Nación fue fechado en Nueva York el 2 de setiembre de 1886; lo publicaron el 21 de octubre, y se encuentra en las Obras Completas en el tomo 11, página 53.
Otras crónicas de ese año se refieren al juicio de los anarquistas acusados de lanzar una bomba que mató a varios policías. No es fácil explicar por qué lo que sigue, Martí lo incluyó sólo en la versión para El Partido Liberal, publicada el 10 de setiembre de 1886.]
Correspondencia Particular para "El Partido Liberal".
SUMARIO. El proceso de los anarquistas. Sentenciados a muerte. La bomba de Chicago. Los anarquistas presos, y sus métodos. Las corrientes sociales en su obra sobre los caracteres destructivos. Estudio de la formación de estos conflictos, y análisis de sus elementos. Los trabajadores americanos repudian a los anarquistas alemanes. El jurado. Curso y escenas del proceso. El día de la sentencia. Las madres y las esposas oyen la sentencia. La mulata Parsons. El juez es saludado.
Nueva York 22 de Agosto.
Sr. Director de El Partido Liberal.[...]
No se quejaban contra nadie en especial, no querían matar a éste ni a aquél: no se fijaban en esta fábrica o la otra: querían arrasar, espantar, incendiar, matar sin orden. Ni una idea luce en tanto crimen. Sus artículos, sus discursos no tienen aquel calor de humanidad, no aquel grito vibrante de justicia que revela a los apóstoles cansados, a las víctimas que ya no pueden con el poso del tormento y en una hora de majestad infernal lo echan por tierra, a los espíritus de amor activo nacidos fatalmente para sentir en sus mejillas la vergüenza humana, y verter su sangre sin miramiento del bien propio en la faena de aliviarla.[...]
[Sin miedo hablaron el Fiscal y su abogado:] "¡De una vez por todas, descabezad a ese monstruo! ¡La vida de la nación es la que está en peligro! ¡La libertad no puede proteger a los que la emplean para asesinarla, y para predicar la destrucción de los que viven en ella honradamente, y el repartimiento a luz de incendio de la riqueza acumulada con el trabajo! ¡La sociedad no puede quedar a la merced de esos homicidas fríos!" Lívidos oían la acusación los infelices presos, que hasta aquel instante acaso no caían en la enormidad y alcance de su culpa.
Los defensores hablaron sin fortuna, procuraron en vano explicar los discursos y artículos que produjeron la matanza, ni intentar siquiera pudieron la contradicción del testimonio que probaba la fabricación y circulación premeditada de las bombas, y la identificación de los que las encendieron y lanzaron.[...] [Anonadaba tanta prueba: estremecía lo que se había oído y visto. Trascendía al tribunal el espanto público] causado por aquellas revelaciones, por las bombas frescas, por el puñal bañado en ácido prúsico, por la correspondencia que acusaba un tráfico constante en materias explosivas, por la predicación continua en el diario anarquista del derecho a usar de ellas contra el gobierno y la riqueza, por el proyecto evidente de reducir a Chicago a muerte y llamas.[...]
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