II
[Lo que mandó Martí de este escrito a La Nación fue fechado en Nueva York el 3 de junio de 1886; lo publicaron el 16 de julio, y se encuentra en las Obras Completas en el tomo 10, página 465.
Lo no conocido, publicado solamente en El Partido Liberal el 8 de junio de 1886, es lo que sigue.
Es probable que esta parte no la enviara Martí a La Nación porque casi toda ella solamente interesaba a México.]
Correspondencia Particular para "El Partido Liberal".
SUMARIO: El vicepresidente del Ayuntamiento de Nueva York condenado a nueve años diez meses de penitenciaría por cohecho. Su delito. Quiénes son los regidores de New York y cómo viven. Vicios, policías, rufianes y regidores. Cómo se maneja acá el Ayuntamiento. Cruzada pública contra la corrupción municipal. Tachne, el sentenciado. Escenas del proceso. Sentencia terrible. Escenas de su entrada en la penitenciaría. El vicepresidente está lavando camisas. Un proyecto de ley que prohíbe que los extranjeros posean tierra en los Estados Unidos. Cuarenta mil obreros piden la entrada libre de las materias primas. Lo que se dice aquí de México. Un ataque al tratado en el Sun de New York. La parada de coches en el Parque Central.
New York, 23 de mayo
Señor Director del Partido Liberal.[...]
Prepáranse ahora, en estos últimos días de Congreso, acuerdos importantes. El Congreso parece tener interés en que no se revisen los dictámenes escandalosos de las reclamaciones de La Abra.
Lleva vías de éxito un proyecto de ley en el cual se prohibe que posea tierra en los Estados Unidos quien no sea, o haya declarado su intención de ser ciudadano americano, como que con el sistema de hoy se da el escándalo de que un marqués de Tweeddale, de Inglaterra, que de fijo mira a los Estados Unidos como una dehesa, posea ya más de millón y medio de acres cultivables, muchos de los cuales tiene arrendados con la mira de traer acá el odioso plan de Irlanda que hace de los infelices arrendatarios nueva especie de siervos de la gleba. La comisión de Asuntos Navales aconseja el gasto de doce millones de pesos en reparar la Escuadra, que sería hoy, puesta en fila toda ella, una lamentable procesión de tortugas y esqueletos. Y los proteccionistas que ya tenían la cabeza aturdida del golpe, que dieran en ella los trabajadores en las industrias de lana, pidiendo al Congreso la entrada libre de ésta en el país, ahora andan en Washington como si tuvieran la cabeza partida en dos, porque cuarenta mil obreros de Filadelfia demandan a la casa de Representantes, en una exposición que es un pasmo de lógica llana, la entrada libre de todas las materias primas de la industria, para que la vida en general se abarate, lo cual precisa ahora que el trabajo escasea con la paralización industrial, y para que, siendo en consecuencia de eso más bajos los salarios y más barata la producción de los artículos, puedan éstos competir en el extranjero con los de fábrica europea, y haya así, con más venta, más trabajo. Estos hombres de hecho son soberanos filósofos. Bueno es oír lo que dicen los libros, pero es mejor oír lo que dicen los yunques.
De Washington han venido a New York en estos días formidables ataques al tratado con México, que pende ante el Congreso para reglamentación. El ataque más brillante se publicó en el "Sun" de esta mañana. Que el tratado es todo en favor de México, y una burla de los Estados Unidos.
Que no es verdad que queden libres de derechos los artículos norteamericanos que lo parecen porque no cobrarán las Aduanas Federales, pero cobrarán las de los Estados, lo cual viene a ser lo mismo. Que el tratado no ha sido más que un habilísimo movimiento diplomático de México, con el cual obligó a Inglaterra y a Alemania, alarmadas por las concesiones propuestas a los Estados Unidos, a ceder en asuntos graves de diplomacia e inmunidad futura, en cambio de concesiones de comercio iguales a las que llegase a hacer a los Estados Unidos. Que México, una vez que ha logrado de Inglaterra el asentimiento a revisar en una Comisión los reclamos ingleses, y de Alemania el compromiso de no entablar reclamaciones diplomáticas en casos individuales de sus súbditos, no desea que se apruebe el tratado, con el que sólo se propuso alarmar a Inglaterra y Alemania. Que las convenciones últimas de México con esos países les conceden todo lo que concedería el tratado a los Estados Unidos, y como éstos fabrican más caro que aquéllos, resultará que a pesar del tratado, México continuará comprando a los ingleses y alemanes. Que lo que más importa acaso a estos comerciantes no se trata en el proyecto, y es la reforma del sistema de manifiestos y facturas que con las multas y zozobras que causan no permite calcular los rendimientos exactos de los artículos que se envían, ni establecer un tráfico provechoso y firme. Que estas dificultades de Aduana, por errores nimios en las facturas y los manifiestos, podría remediarse con dar validez definitiva, salvo en casos de fraude, a un certificado de legalidad que expidiese para cada envío en el lugar de embarque el Cónsul de México. Que los alemanes son los únicos que se entienden en México con las Aduanas, y que no hay en México casas de comercio norteamericanas ni inglesas, porque ni ingleses ni norteamericanos saben entenderse con aquellas Aduanas. Y que el tratado, por todas estas razones, de las que algunas se ve que cojean, debe quedarse donde está ahora en el Congreso. Es de observar que este artículo del "Sun" de New York viene de mano mayor, y de demócrata de mucho poder en el Congreso, por lo que no se le tenía hoy en cierto hotel de políticos como simple opinión de diario, sino como una vanguardia de palea, sacada en New York a la luz para que lo vea mejor toda la nación que mira a New York como a su guía, y se asesora de ella. A tiempo que los graves políticos de este cierto hotel comentaban los argumentos del "Sun" o se dolían de la muerte del abuelo de Miss Folson que retardaría las bodas sigilosas del Presidente Cleveland, o hablaban del tremendo combate de púgiles que se preparan para celebrar con gran desbaratamiento de narices de atleta la Declaración de la Independencia el 4 de Julio; y contaba en un corro un caballero entusiasta la marcha triunfante de las carrozas de lujo en la Parada de Coches que a imitación de Inglaterra celebra aquí la gente de caudales, "los diez de arriba", no bien se abren en los parques las ramas de rosas blancas, y dan a los jardines un casto color de adolescencia las amables lilas. La Parada en sí, como todo lo copiado, venía pobre: ocho coches nada más de caballos muy ricos, con galanes de sombrero blanco y señoras suntuosas en las imperiales, y delante de la procesión seis policías en sus caballos negros; pero lo de ver no eran los coches en sí, guiados por los mismos petimetres que imitan en sotos alquilados, vestidos de casaquines rojos que se van burlando de ellos, las cazas de zorros de los lores ingleses, porque estos ricos de segunda mano están que mueren por no haber nacido lores; lo de ver era toda la gente de carruaje de New York que, para ver pasar la parada de carrozas de colores con sus clarines y bocinas, llenaban el piafar de la vida y los colores del deseo el vasto Parque Central, dorado por el sol grato de la tarde, donde, como convalecientes que sonríen, se van cubriendo de hojas de un verde tierno las ramas de los árboles.
José Martí
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