José Martí
Letras y Huellas Desconocidas

Carlos Ripoll

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MARTÍ EN NUEVA YORK: LA PRIMERA VISITA

NOTAS

Al terminar los estudios en Zaragoza, Martí decidió ir a México para reunirse con su familia. Muy poco se sabía de este viaje. Fermín Valdés Domínguez habló de él en su "Ofrenda de hermano," pero ahora vemos que no era cierta la información que allí daba. Según ese escrito, había embarcado en Southampton, hacia México, y con pasaje de primera clase. Sin disponer de otros datos los biógrafos de Martí repiten las palabras de Valdés Domínguez, pero la salida no fue de Southampton, sino de Liverpool; ni cruzó el Atlántico con dirección a México, sino con destino a Nueva York; ni fue en primera, sino como emigrante en tercera clase. Hizo la travesía en el "Celtic," uno de los más modernos trasatlánticos de la White Star Line. Dejó el puerto inglés el 2 de enero de 1875, y después de una escala en Queenstown -hoy Cobh, Irlanda-, y doce días de vendavales y tormentas, llegó a Nueva York el 14, con noventa y ocho pasajeros. La memoria había traicionado al buen amigo de Martí cuando evocaba el episodio. Estas fueron sus palabras:

... después de un viaje por París y otras ciudades de Europa, llegó enfermo a Southampton. Allí debía embarcarse para México.... El barco que lo llevaba a Veracruz era de emigrantes, pero en aquel gran vapor había buenas cámaras para pasajeros de primera.... Luego que lo abrazó, [Valdés Domínguez] fue a la casa consignataria y entregó el importe de un pasaje de primera....

En un artículo que publicó Martí en México describe... sus horas de angustia a bordo de aquel trasatlántico. Decía Martí que se le dio un plato sucio y una cuchara, y se vio en un inmundo departamento en que era sofocante el hedor de la suciedad y de la miseria; allí, entre centenares de hombres empujados por la fatalidad, había un caldero apestoso que le hizo recordar el rancho del presidio de La Habana.(1) Y cuando quería buscar en aquellos rostros embrutecidos por el hambre y las enfermedades, ojos en los que brillara algún rastro de inteligencia o una lágrima de dolor, la voz del capitán lo sacó de su triste y dolorosa abstracción:

-¡Mr. Martí!- gritó el marino.

Y decía Martí: "No era el capitán quien me llamaba para que ocupara mi cómoda y elegante litera; era mi hermano el que me estrechaba entre sus brazos: era algo amado de mi Cuba que iba conmigo en aquel viaje triste que me llevaba quizás fatalmente a la muerte. (2)

Anuncio de los ocho transatlánticos de la White Star Line, que en tiempo de Martí iban de Liverpool a Nueva York. Entre ellos estaba el "Celtic", en el que hizo él la travesía.

Se supo que Martí no había ido directamente desde Europa a México al descubrirse en 1933 su llegada a Veracruz, en el "City of Mérida," procedente de Nueva York.(3) Quedaba entonces su viaje a través del Atlántico aún en mayor misterio. Salió de Nueva York el día 26 de enero, pero ¿cómo llegó a esa ciudad? ¿cuánto tiempo pasó en ella? El manifiesto de pasajeros del "Celtic," que se conserva en los National Archives de Washington, despeja esa incógnita: entre los viajeros se consignan estos nombres: "G. Hippolyte, de 41 años; J. Avar, de 22; Enrico Ma. Dello, de 17; G. Pauzzo, de 24; y José Martí, de 21"; y bajo los siguientes epígrafes los cinco declaran: "Occupation, Musician; The Country to which they severally belong, Italy; The Country of which they intend to become inhabitants, U. S. A.; Part of the vessel occupied by each passenger during the voyage, Steerage."(4) Martí iba a permanecer pocos días en Nueva York, sólo lo necesario para seguir viaje a México. ¿Por qué aparece en esa declaración jurada como un músico italiano que piensa radicarse en los Estados Unidos? Aún no estaba restringido el flujo de inmigrantes en este país, ni debe haber influido su situación legal respecto a España.(5) Por ahora habrá de quedar ese extremo sin aclaración, pero al poder precisar su llegada a Nueva York, y su estancia en la ciudad durante doce días, se revelan aspectos de su vida y de su pensamiento de mayor interés que el mero dato biográfico.

Martí se refirió a ese viaje dos años más tarde, en unas páginas que escribió al terminar su travesía entre La Habana y Progreso, cuando iba a establecerse en Guatemala. Pero sin lo que ahora sabemos no se entendía aquella meditación donde habla de una tempestad en alta mar y concluye con un juicio sobre los Estados Unidos. Mientras estaba en el puerto mexicano, antes de embarcar a Izabal, dice en una carta a Manuel A. Mercado: "Escribo al correr de la pluma, un libro de pensamiento y narración. Más que lo que veo, cuento lo que pienso.(6) Las páginas que interesan aquí estaban destinadas a esa obra que nunca llegó a publicar: forman un breve ensayo perfectamente estructurado en el que tienen igual extensión tres asuntos: el ser humano, el mar, y la vida norteamericana; y en cada caso se vale de una comparación para mejor expresar sus ideas. El hombre "nace como arroyo murmurante, crece airoso y gallardo como abierto río, y luego, a modo de gigante que dilata sus pulmones, se encrespa ciego, y se calma generoso...," y siguen graves consideraciones sobre la conducta humana. El símil con el mar lo lleva al segundo tema: "Mido yo mi grandeza por la de los océanos irritados"; así le viene a la memoria su experiencia de 1875. Durante todo el viaje tuvo el "Celti" mal tiempo,(7) y como Martí, cuando anotó esos recuerdos, acababa de cruzar el Golfo de México en una travesía apacible, en el "City of Havana," que lo llevó a Progreso, le parece una nave "vulgar, cómoda, apática, sin gallardía en sus velas"; y el mar, "sombrío" y "mezquino batallador." Se imponía el paralelo entre las dos experiencias, y su temperamento lo lleva a preferir la de 1875. Con exaltación parecida a la de Chateaubriand, Wordsworth, Heredia, Espronceda y tantos otros escritores románticos ante semejante espectáculo, evoca la tempestad en el "Celtic." Identificado con la naturaleza, desafía el peligro, se siente crecer y se entusiasma con místico delirio por la violencia de los elementos:

... el negro Atlántico reunía todas las fuerzas de su seno, no cabía su cuerpo dilatado en la implacable orilla de sus mares, y se retorcía con sacudimientos montañosos, pidiendo fuerza al cielo, negro también y oscuro, como la frente de sañudo padre, que quiere detener con su ira las impaciencias de un hijo rebelado .... Bien firmes en las órbitas mis ojos, rey también entre tanta majestad, sentía hercúleas mis espaldas. Un religioso espíritu me transportaba; afán de batalla me poseía, hogar mío creía yo a aquel espacio negro y barco hondo, y regocijado como un niño, adoraba aquel peligro, que al fin me conocía y miraba al cielo alto, que es mi manera de pintarme de rodillas. ¡Qué desdén luego en mis ojos para todo lo que no amaba conmigo la tormenta!

Y concluye transformando la lucha de las olas y la embarcación en torneo de gigantes:

Eran el mar y el buque como masas de espíritus inmensos; placíanse en el combate, y reposaban de sus golpes como generosos enemigos. Allá viene la negra montaña, ladeado el cráter, crecientes las faldas, jadeante y horrible; y hace cresta, se extiende, se yergue, ya se lanza rugiente sobre el buque. Y el gran Celtic se dilata, se encorva, se inclina al lado mismo de la ola con su borde poderoso -el hondo aceroso borde, abre sus brazos férreos como para ahogar mejor a la montaña, y se endereza y se sacude, vencedor gigante; conmueve la onda horrible y la echa fuera. Tal vez adolorido, calla el mar esta labor de abismo, y fatigado de la lucha, se estremece sobre su base colosal, como si se desatara el ruido de bronce a sus miembros. Ruge sordamente, como monarca perturbado; mas otra vez, en cambio, corre de su férrea cabeza a su ligero extremo onda apacible, y parece, al resplandor de la tiniebla, un león satisfecho que lame con su lengua el pelo de oro.(8)

La descripción de la tormenta le trae entonces a la memoria su visita a Nueva York en 1875, y va al último asunto del ensayo. Martí se vio obligado a permanecer allí en espera de un barco para seguir viaje: entre el 14 y el 26 de enero no había ninguno con destino a México. Tuvo así tiempo de recorrer la ciudad y conocer sus principales barrios y atracciones. En un escrito de 1878 dejó constancia de la mala impresión que le había causado "la estatua mezquinísima de Lincoln" en Union Square;(9) y en otro, de 1889, habla de los cambios que se habían producido desde su primera visita: "Quien vio a New York hace quince años no lo conocería hoy: En Wall Street, por ejemplo, la gran calle de los bancos, resultan ahora enanos los edificios que parecían gigantescos entonces, y el lujo de aquel tiempo tiene que emperejilarse y echar pisos nuevos para no desmerecer de las babilonias de ladrillo crema y tierra cocida que les han crecido al lado. En lo alto de la ciudad, en la parte de las viviendas, aquellas hileras sombrías de piedra achocolatada han caído, casi totalmente, para abrir lugar a las casas originales y airosas de estos últimos años.(10)

Primera parte del Manifiesto del "Celtic" y del lugar donde aparece el nombre de José Martí, con el número 21, que en una etiqueta se lo prendían a la ropa, y por el cual sería llamado por los inspectores de inmigración.

Los días en que Martí conoció por vez primera los Estados Unidos eran de escándalos gubernamentales, agitación popular y crímenes. La administración de Grant hacía gala de arbitrariedades y abusos: por orden del Presidente las tropas federales invadieron Luisiana para imponer un gobernador despótico y venal que protegía el ejecutivo; el Congreso investigaba los sobornos del Pacific Mail, pero nadie tenía confianza pues varios legisladores estaban involucrados en el escándalo; en Arkansas se descubrió un complot para derrocar el gobierno del Estado; el comandante George E. Head y las tropas a su mando asaltaron las oficinas del Sheriff electo en Vicksburg, y a bayoneta calada lo depusieron. El 21 de enero el Journal of Commerce, de Nueva York, exigía que en ese año terminaran "the corruption, oppression, intolerance, bigotry and fanatacism," y clamaba por una "political revolution"; otro día los titulares de los periódicos hablaban del mitin de Boston, en Faneuil Hall, donde el pueblo enardecido protestó contra el gobierno; otro se refería al encarcelamiento de Whitelaw Reid, el director del New York Tribune, por haber denunciado la corrupción administrativa. Crímenes siempre: asesinatos, robos, violaciones; el Sun mantenía en primera plana una sección titulada "Curiosities of Crime." Y con la Guerra de Cuba y las reclamaciones a España por el "Virginius," Grant procuraba ganarse un tercer periodo presidencial.

La lucha de intereses que presenció Martí en sus días neoyorquinos le produjo el más desfavorable efecto. No faltaban antecedentes a sus juicios negativos sobre los Estados Unidos, pero es notable que en tan poco tiempo haya entendido los conflictos y las contradicciones de la época: la desmedida ambición, la crisis de los valores morales, la falta de espiritualidad. Dice en aquellas páginas de 1877: "¡Oh! la nación norteamericana morirá pronto, morirá como las avaricias, como las exuberancias, como las riquezas inmorales. Morirá espantosamente como ha vivido ciegamente. Sólo la moralidad de los individuos conserva el esplendor de las naciones." Y justifica enseguida su predicción: el norteamericano no ha sabido compensar sus excesos materiales con la devoción artística y el culto de la belleza, por los que Atenas se aseguró la gratitud y el recuerdo de la historia:

Los pueblos inmorales tienen todavía una salvación: el arte. El arte es la forma de lo divino, la revelación de lo extraordinario.... ¡Ay, que esta luz de siglos le ha sido negada al pueblo de la América del Norte! El tamaño es la única grandeza de esa tierra. ¡Qué mucho, si nunca mayor nube de ambiciones cayó sobre mayor extensión de tierra virgen! Se acabarán las fuentes, se secarán los ríos, se cerrarán los mercados, ¿qué quedará después al mundo de esa colosal grandeza pasajera? El ejemplo de la actividad, que si ha asombrado tanto a la tierra, aplicado a la tierra, debe salvarla y equipararla al cielo, cuando anime con igual empuje las naves veleras de las aguas, y las salvadoras realidades del espíritu.

La América del Norte desconoce ese placer de artista que es una especie de aristocracia celestial. Sólo las almas elevadas gustan toda la íntima belleza de ese mundo extramundano. La admiración universal alimenta el ara no apagada de la Grecia; pasó el pueblo, y quedó su reflejo; se prostituyó su nacionalidad y la Grecia es aún madre perenne y admirable, no ha perdido sus formas, a pesar de haber amamantado tantos hijos. Inagotable es la fuente de sus senos, inmarchitable la verde palma que sobre ellos abandona con molicie; empapados están sus labios todavía de la sabrosa y eterna miel de Himeto.(11)

Las opiniones negativas sobre la América del Norte no podían serle desconocidas a Martí, tanto las de fuente europea como hispanoamericana. En particular con referencia a su falta de espiritualidad y cultura habían sido casi un lugar común."(12) En su más antiguo Cuaderno de Apuntes, quizás en sus años de estudiante en La Habana, Martí hizo esta comparación entre las dos Américas: "Los norteamericanos posponen a la utilidad el sentimiento. Nosotros posponemos al sentimiento la utilidad"; y considera el peligro de imitar sus costumbres y leyes ya que ellas "han dado al Norte alto grado de prosperidad, y lo han elevado también al más alto grado de corrupción. Lo han metalificado para hacerlo próspero."(13) Pero aún no precisa culpas ni desarrolla sus juicios.

Cuando Martí y Valdés Domínguez vivían en Madrid, en 1872, la emigración cubana leía con elogios un nuevo periódico que apoyaba la causa de la independencia: era El Americano, que fundó ese año, y dirigía en París, el orador argentino Héctor F. Varela.(14) Allí publicaba unas crónicas sobre los Estados Unidos, que llamaba "Cartas" -muy semejantes a las que más tarde hizo famosas Martí-, el escritor camagüeyano José de Armas y Céspedes. Este pasaje es de la "Correspondencia de Nueva York" que iniciaba la serie:

La gran República entra en el periodo más crítico de su existencia pasando a la virilidad con un desarrollo demasiado violento.... Entre sus glorias y sus vergüenzas, sus progresos y sus atrasos, sus virtudes y sus crímenes, acaso pronto se decidirá a qué lado se inclina la balanza, si a la civilización verdadera o al refinamiento bizantino.

Prosperó favorecida por dos elementos opuestos: la libertad y la esclavitud; se engrandeció con la generosidad y el egoísmo, y en todas materias siguió presentando en complacido consorcio los más contrarios principios. Pero destruida ya aquella armonía de la Unión Americana de que tantos encomios se propalaban, difícil es prever las modificaciones que puedan seguir operándose en ella; que tantos indicios ofrece de que se reforme radicalmente al calor de las buenas doctrinas republicanas, como de que se lance de lleno en la centralización y el cesarismo.(15)

Castle Garden, por donde entró Martí en Nueva York en este viaje de 1875,  y en los que hizo después a esa ciudad. A partir de 1890, por los abusos que se cometían con los viajeros, ya el departamento de inmigración bajo el gobierno federal, las oficinas fueron trasladas a Ellis Island.

Y en su segunda "Carta" aún está más cerca de Martí después de su viaje a Nueva York:

No hay nada verdaderamente bello, nada artístico en los referidos entretenimientos de estos pueblos sajones; todo, por el contrario, es rudo y material.... Natural es que la raya británica de uno y otro hemisferio que a sus glorias en invenciones útiles y adelantos materiales no han podido añadir las escuelas de arte, no paguen tributo en esas fiestas nacionales al amor de lo bello; pero la raza que ha producido las obras artísticas que más ennoblecen a los humanos, la raza que aun en su época de decadencia ostenta monumentos que envidian las más ricas, y ha conservado su preeminencia en poesía, música, pintura y escultura, deberá, cuando se dedique a esos juegos, hacerlos dignos de los Olímpicos que fueron la escuela de los héroes griegos.(16)

Poco después de la primera visita de Martí a Nueva York, cuando ya vive en México, la Revista Chilena reprodujo una conferencia titulada "Los Estados Unidos en 1875." Era del más prestigioso crítico cubano en la emigración: Enrique Piñeyro; allí decía:

... ¡Es el país del dinero, del dollar omnipotente! En la lucha a brazo partido que cada individuo se prepara a empeñar, apenas desciende a la arena de la vida, toman todos parte, el hombre, la mujer, el niño. Ni el sexo ni la edad entibian en el pecho el ardor de esa ambición vulgar. Hay un cierto grado de instrucción, más generalizado quizás que en otras partes, pero exclusivamente encaminado a la práctica ordinaria de la vida y unido a una aspereza, a una ruda educación de atleta que repugna y que lastima. Las bellas artes, flor divina de la civilización humana, cuyo cultivo es una de las necesidades supremas del corazón, o no existen, o florecen destituidas de encanto y poesía, objeto a menudo de especulación y de almoneda.(17)

Dos meses antes de aquellas páginas en que Martí hablaba del "Celtic" y de la vida norteamericana, cuando iba en tren hacia Veracruz para seguir después a Cuba, el 30 de diciembre de 1876, escribió su más antigua censura de los Estados Unidos que podemos fechar; eran días de angustia y de incertidumbre para México: con motivo del derrocamiento del presidente Lerdo, el gobierno de Washington se había vuelto más amenazador y exigente: Porfirio Díaz se vio obligado a hipotecar el tesoro nacional y gravar el país con impuestos para cumplir los pagos de la deuda americana; entonces Martí dijo, "México crece. Ha de crecer pa. la defensa, cuando sus vecinos crecen pa. la codicia. Ha de ser digno del mundo, cuando a sus puertas se vea librar la batalla del mundo."(18) Y añade con evidente preocupación antiimperialista:

¿Qué va a ser América: Roma o América, César o Espartaco? ¿Qué importa que el César no sea uno, si la nación, como tal una, es cesárea? ¡Abajo el cesarismo americano! ¡Las tierras de habla española son las que han de salvar en Am. la libertad! las que han de abrir el continente nuevo a su servicio de albergue honrado. La mesa del mundo está en los Andes.(19)

Al llegar a México en 1875, Martí, durante varias semanas, tuvo que compartir la miseria en que vivía su familia mientras trabajaba en un modesto empleo en la imprenta de la Revista Universal

Sobre la actitud de Martí hacia los Estados Unidos decía Enrique José Varona en 1902: "Martí admiraba la poderosa democracia, que aplicaba tan felizmente ante sus ojos las teorías que le eran más caras; pero no la amaba. Todo su amor iba desbordado hacia los pueblos del Sur, hacia lo que él llamaba con mimo espontáneo, nuestra América."(20) Pero no era ésa la única razón: él sabía que el peligro hispanoamericano no estaba en la reserva y la prudencia sino en la exaltación ciega del "vecino formidable," y también por eso, desde que conoció la América sajona en su primer viaje a Nueva York, y la América latina en el que hizo a México, se dedicó, "sin recelo y sin deslumbramiento," a señalar los aspectos negativos de la vida norteamericana.

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