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UNA CARTA INÉDITA DE GABRIELA MISTRAL

Poco después de inaugurada la República, Rubén Darío hizo un viaje a Cuba y, para imitar a Martí cuando llegó a Caracas, que fue a la estatua de Bolívar "sin quitarse el polvo del camino", del puerto fue el poeta al monumento a Martí, en el Parque Central de La Habana. Con razón encontró Darío mezquina la estatua, y dijo que "la isla entera sería todavía pequeño zócalo" para honrar su memoria.

Desde entonces esperaban los cubanos para erigir el monumento apropiado. El del Parque Central, construido en 1905, no tenía otro mérito que el de haber sido el primero que se hiciera a un héroe de las guerras de independencia, y el de haberse costeado por suscripción popular.

En 1938, a instancias de Fulgencio Batista se organizó una comisión para convertir en realidad aquel anhelo, pero ni en los cuatro años de su presidencia, ni en los que siguieron de Grau San Martín, se adelantó el proyecto. Fue a raíz de un desagradable acontecimiento que de nuevo empezó a pensarse en el asunto. A principios de 1949, a poco de ocupar Prío Socarrás la presidencia, unos marineros de un barco de guerra americano, que paseaban borrachos por el Parque Central, se encaramaron en la estatua de Martí y la profanaron. Eran aquellos días de grandes conflictos entre los auténticos y los comunistas, y muchos dijeron que el incidente fue preparado por éstos, que allí tenían listo un fotógrafo para desacreditar el gobierno y poner en una difícil situación a los Estados Unidos. Lo cierto es que, a partir de entonces, y porque se acercaba al año del centenario del natalicio de Martí, la comisión encargada del monumento comenzó a actuar de manera efectiva. Félix Lizaso, desde 1938, había participado en cuantas gestiones se hicieron para ese fin, y fue, además, el que tuvo la buena idea de celebrar un congreso internacional de escritores martianos con motivo de la fecha [Ver a continuación de este artículo una breve historia gráfica del monumento a Martí en La Habana].

La admiración de Gabriela Mistral por Martí, a quien había dedicado estudios magistrales, y el prestigio de la escritora, hicieron que Lizaso le escribiera dándole a conocer los planes y para pedirle consejo respecto al monumento. La respuesta de la gran poetisa chilena fue uno de los pocos papeles que trajo Lizaso cuando vino a este país, en 1961, y me la entregó para que dispusiera de ella como estimara conveniente. Ahora que Barnard College [1978], por donación de Doris Dana, acaba de recibir la biblioteca y los archivos de Gabriela Mistral, me ha parecido oportuno hacer pública la carta para que vaya después a formar parte de aquella colección. La entrega la hará el señor Serafín Vilariño, director de la Unión de Cubanos en el Exilio, quien ha mostrado particular interés en el documento y en la diligencia, en este año del 125 aniversario del natalicio de Martí, como un modesto homenaje de los emigrados cubanos a la memoria de quien tanto quiso a Cuba, de "Gabriela martiana". La carta dice:

Tan querido Lizaso:

No acabo de entender el cómo su carta del 12 de febrero llega a mí hoy 22 de abril (pero en todo anda la pereza y la mala gana de nuestros criollos). Perdone Ud., amigo mío: ninguna culpa tengo en este atraso fantástico.

Muy linda la idea de un homenaje americano para nuestro hombre ultra-americanista. Nosotros tenemos en Cuba al mejor de nuestro diplomáticos, a E. V. Bello. El obtendrá la cuota de Chile para el monumento (yo no soy persona grata para el Pres[idente]. de Chile…) Para él, que nunca fue vulgar, hay que pensar en un monumento en su línea. Por contestar a Ud. con rapidez sólo he examinado esta probabilidad: bajo la figura, en los 4 costados, o bien sin cuadratura, en un solo friso redondo, los países nuestros podrían estar representados por "cosas" terrícolas y propias de cada uno. Chile tiene en su escudo un huemul + un cóndor. Pondríamos el primero aunque mis compatriotas siempre han preferido el cóndor—porque la Arg[entina]. Tal vez quiera usar el cóndor. O viceversa. Bolivia y Perú tiene llama y vicuña. Uds. sus palmeras divinas. Podría salir un friso fenomenal y a la vez naturalísimo: las criaturas nuestras—animales y reptiles haciendo presencia…Seguramente se necesitaría, en tal caso, para evitar choques en el estilo, un solo escultor que hiciese todas la figuras. Cada país pagaría su parte—su símbolo.

No sirvo yo, ni mucho ni poco, amigo mío, para este asunto mayor. Busque Ud. otros pareceres, todos los que pueda. Y desde luego, ojalá se salga de la eterna figura con levita, de todo lo sobajado. Perdone el lápiz. Me daña menos la vista. Y ayúdeme con el texto corregido [posiblemente de dos conferencias] de Martí para ir redondeando un libro mío de prosa que debe salir… algún día.

Para Ud. y para los demás amigos habaneros—nunca olvidados—va un abrazo fuerte de su

Gabriela martiana

Consulado de Chile
Casella 69, Rapallo, Italia

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